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domingo, 27 de noviembre de 2022

Flor de Pascua: algo más que una flor


Las flores de Pascua ya están haciendo su aparición en viveros y floristerías. En diciembre, cuando la Navidad se acerque, inundarán los comercios, las oficinas y los hogares de todo el mundo cristiano.

En España, la producción de flores de Pascua alcanza los nueve millones de unidades. Una minucia comparada con Estados Unidos, el país donde empezaron a cultivarse a gran escala, donde desde hace años las flores de Pascua son las plantas en maceta más vendidas y han logrado imponerse a pesar de que solo se comercializan durante un período de dos meses, mientras que sus competidoras se venden durante todo el año.

En Estados Unidos las popularísimas flores de Pascua se conocen como “poinsettias”, un reconocimiento al primer embajador de Estados Unidos en México, Joel Roberts Poinsett, que en 1828 envió esquejes de la planta a su país. Tras volver a Estados Unidos, Poinsett se dedicó a cultivar esta flor navideña en su finca de Charleston, Carolina del Sur, y aprovechó para regalarla a algunos de sus amigos en Navidades, coincidiendo con la época en la que planta tiene unos colores más vivos. Así fue como nació la tradición de usar esta flor en Navidad. Por eso, en Estados Unidos el Congreso decidió en 1991 que el día de la poinsettia sería el 12 de diciembre, para conmemorar la muerte de Poinsett, fallecido ese mismo día de 1851.

Poinsett, botánico aficionado, encontró esta ardiente flor silvestre mexicana en el estado de Taxco, donde los aztecas la llamaban desde tiempos inmemoriales “cuetlaxochitl”, la “flor de pétalos que se marchitan”, que simbolizaba para los mexicas la pureza y la nueva vida que obtenían los guerreros muertos en batalla y por eso se colocaba en los altares dedicados quienes morían en cumplimiento de su deber.

Los atributos de pureza y renacer que le conferían los mexicas fueron aprovechados por los frailes novohispanos que la colocaban en los altares durante la celebración de la Navidad, aprovechando que su florecimiento -el encendido color rojo de las hojas- sucedía durante las festividades decembrinas.

Cuando el gran Alexander von Humboldt la descubrió en sus recorridos por el Virreinato de la Nueva España, envió unos ejemplares a su preceptor, el director del Jardín Botánico de Berlín Carl Ludwig Willdenow. Willdenow, un botánico de primera, no se dejó engañar por el tamaño y la belleza de lo que parecían grandes pétalos escarlatas y relacionó aquellas grandes flores con las pequeñas agrupaciones de flores (inflorescencias o ciatos) que caracterizan a plantas como las vulgares “lechetreznas” del género Euphorbia, que tanto abundan en los bordes de los caminos o en los barbechos del Viejo continente.

Figura 1. Izquierda: esquema de un ciatio de Euphorbia corollata, fotografiada al natural a la derecha. Los ciatios de esta planta se disponen en ramas en los extremos de los tallos. Cada ciatio tiene forma de copa que contiene los órganos reproductivos, cinco brácteas blancas que parecen pétalos y cinco nectarios verdes en las bases de esas brácteas. En la misma planta se producen flores masculinas (estaminadas) y femeninas (pistiladas) separadas. Cada flor masculina está reducida a un estambre, mientras que cada flor femenina tiene un ovario formado por tres carpelos y con un estilo tripartito. Abajo a la derecha: la lechetrezna, Euphorbia serrata, es una hierba muy común en los campos españoles.

Las euforbias tienen una alta especialización en la inflorescencia: el ciatio, que agrupa flores unisexuales (Figura 1). Cada ciatio consiste en una flor central femenina o pistilada rodeada de grupos de flores masculinas cada una de ellas reducida a un solo estambre. Todas las flores están rodeadas por un involucro con un número variable de glándulas productoras de néctar en sus márgenes, lo que indica que la polinización es principalmente zoófila. Realmente, el ciatio la hace parecer tanto a una flor hermafrodita que el gran naturalista Carlos Linneo y otros botánicos contemporáneos la interpretaron como una flor verdadera. Sin embargo, en el Jardín de Plantas de París J.-B. Lamarck fue el primero en notar a principios del siglo XIX que el ciatio era una inflorescencia y así se la sigue reconociendo.

Foto 1. Sección longitudinal de un ciatio de E. tridentata

Willdenow se dio cuenta de que aquella no era una Euphorbia cualquiera, sino que mostraba la típica exuberancia y el brillante colorido de muchas flores tropicales. Willdenow anotó en la etiqueta del pliego el nombre con el que se incorporaría a la nomenclatura botánica oficial: Euphorbia pulcherrima ("la euforbia más hermosa"). Unos años después, el botánico escocés Robert Graham propuso el nombre de Poinsettia pulcherrima en homenaje a su “descubridor” americano.

 

Figura 2. A pesar de su exuberancia, la flor de Pascua Euphorbia pulcherrima repite el modelo básico de las inflorescencias de todas las euforbiáceas.

Como la planta florecía cuando los días eran cortos en pleno invierno, se convirtió rápidamente en un icono navideño y, a principios del siglo XX los encantadores dibujos de flores de Pascua de color rojo brillante aparecían con frecuencia en las tarjetas de felicitación navideña. Bien entrado el siglo XX, una familia de productores californianos de flores, los Ecke, dieron con la técnica de cultivarlas en maceta y, acompañadas de una potente campaña publicitaria, exportaron sus plantas por todo el mundo.

En la Foto 2 aparece un detalle de los múltiples pseudantos (falsas flores) rodeados por una o varias capas de brácteas (hojas modificadas) rojas que resultan muy vistosas para los insectos polinizadores típicas de Euphorbia pulcherrima. Las flores se llaman ciatios o ciatos (del latín cyathyum; copa pequeña). El tejido verde que rodea cada flor es el involucro (del latín involucrum: envuelta), una aglomeración compacta de pequeñas brácteas (bractéolas) fusionadas en una estructura acopada que contiene en su interior múltiples flores masculinas y una sola flor femenina. 

Foto 2. La imagen muestra una inflorescencia de la flor de Pascua formada por la acumulación ramificada de varias falsas flores o pseudantos. Los pseudantos de las euforbiáceas, la familia en la que se incluye la flor de Pascua, son tan característicos que reciben el nombre especial de ciatos. La inflorescencia (1) está formada por varios ciatos dispuestos en racimos de pedúnculos (2) rodeados por grandes brácteas rojas (3). Cada ciato acopado está rodeado por un involucro (4) al que se adhiere una glándula nectarífera o nectario (5). Para evitar la autopolinización en estos ciatos las flores masculinas (6) han madurado antes y por eso las flores femeninas todavía no han emergido de sus respectivos ciatios.

Unidas al involucro pueden verse unas estructuras amarillas brillantes llenas de líquido: son las glándulas de néctar (nectarios) que exudan un néctar azucarado para recompensar a los polinizadores Emergiendo del involucro se pueden ver unos filamentos rojos. Son las flores masculinas reducidas a estambres (cada flor es un estambre) sostenidos por pedicelos: una ceñidura marca el lugar en el que termina el pedicelo y comienza el estambre propiamente dicho, en cuyo extremo están las anteras amarillas en las que incluso se pueden ver algunos granos de polen.

Foto 3. Mitad derecha: una sola flor con estigma, estilo y ovario (1) comienza a emerger de su ciatio (2); el involucro tiene adherida una glándula de néctar bilabiada (3). En mitad izquierda se observan varias flores masculinas casi marchitas (4) con sus glándulas de néctar arrugadas tras haber exudado todo su néctar (5). Las hojas rojas que rodean las inflorescencias (en su mayoría desenfocadas) son las brácteas (6).

En la parte derecha de la Foto 3, que es un detalle de un ciatio, se muestra una sola flor femenina con estigma, estilo y ovario emergiendo de su involucro, al que se adhiere una glándula de néctar bilabiada de color amarillo verdoso. En la Foto 4 aparece una sola flor femenina con estigma, estilo y un ovario que emergen de su involucro en el extremo de un pedicelo grueso (un pequeño tallo) que es casi tan largo como la flor misma. 

Foto 4. Una flor femenina con estigmas (1c), estilo (1b) y ovario (1a) emergiendo de su ciatio (2a), un conjunto de bractéolas fusionadas con extremos rojizos desflecados (2b) levantado sobre un pedicelo grueso (2c) que es casi tan largo como la flor misma. También emergen del involucro varias flores masculinas marchitas (3) con estambres y anteras visibles que aún tienen polen amarillo. El involucro tiene adherida una glándula de néctar (4). En la imagen, el ciatio está creciendo desde el punto de ramificación de un tallo, donde está emergiendo una bráctea y se ve una cicatriz de la yema de un ciatio cortado. 

Como se consigue mantenerlas y hacerlas florecer en las fiestas navideñas

Las flores de Pascua son plantas de “días cortos”, que florecen cuando comienzan a acortarse (después del 21 de junio en el hemisferio norte, lo que ocurre durante el verano y el otoño), es decir, cuando la duración de la noche es mayor. No pueden florecer con días largos o si se expone la planta a una luz artificial durante varios minutos en medio de la noche, porque requieren un periodo ininterrumpido de oscuridad antes de que el desarrollo floral pueda comenzar. La luz natural nocturna, como la luz de la luna o los rayos no tienen suficiente intensidad o duración para interrumpir la floración. La duración del periodo de oscuridad requerido para inducir la floración varía entre especies y variedades de una especie.

Las flores y las brácteas rojas de la flor de Pascua se consiguen tras una exposición de la planta a unos tres meses de días con poca luz (unas ocho horas al día). De esta forma, y teniendo en cuenta la cantidad de luz recibida, los viveros de todo el mundo consiguen que las macetas estén en plena floración y con las brácteas rojas justo a tiempo para las fiestas navideñas.

Por eso, en teoría, controlando la cantidad de luz, se podrían hacer florecer en cualquier momento del año. Aunque estamos acostumbrados a desecharlas al acabar las fiestas, es posible mantenerlas todo el año e incluso hacerlas reflorecer si se les da el cuidado necesario. La mayoría de las flores de Pascua mueren tras unas semanas en interior debido a la falta de humedad o al riego inadecuado, pero, si se les da el cuidado que necesitan, sobrevivirán en interiores, aunque necesitarán un periodo de reposo en primavera, durante el cual habrá que regarlas menos.

Para volverlas a hacer florecer en el siguiente periodo navideño, hay que asegurarse de que reciben luz solo durante ocho horas diarias, manteniéndolas en la oscuridad total el resto del día durante los dos o tres meses anteriores. Aunque conseguirlo es más fácil en viveros e invernaderos dedicados al cultivo de plantas de interior para venta, es posible hacerlo en casa si se tiene buena mano con las plantas. ¡Ánimo, paciencia y suerte! ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca