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domingo, 3 de septiembre de 2017

Pilobolus, el organismo más rápido del mundo

Las heces de herbívoros son el hábitat de las especies de Pilobolus, cuyos esporangióforos blanco-amarillentos aparecen en la fotografía. Foto. 
¿Alguna vez te has parado a mirar de cerca las heces de un caballo? No, ¿verdad? Pues te has perdido un espectáculo: el del ser vivo más rápido del planeta: el hongo Pilobolus, del que existen varias especies, todas ellas con idéntico comportamiento. Vean este vídeo y luego lean.
Pilobolus es un descomponedor coprófilo (del griego copro y filia: atracción por las heces fecales) lo que, eufemismos aparte, significa que vive a expensas de la mierda. Hagamos primero una loa de los descomponedores, sin los cuales hace tiempo que la vida habría desaparecido de la faz de la Tierra enterrada en sus propios restos. Descomponedores los hay en todos los reinos orgánicos –desde las bacterias a los mamíferos- pero abundan especialmente en algunos como el de los hongos.
Para Pilobolus, los excrementos de herbívoros son su hogar y su festín; todo lo que no sea estar rodeado de heces es transitorio, un paso más en el camino hacia la felicidad total que representa para ellos una buena bóñiga fresca. Así las cosas, este hongo apenas visible al ojo humano salvo cuando se reproduce, se las ha ingeniado para buscar su medio natural. Incluso lo que para muchos organismos es un fin -la reproducción sexual- para Pilobolus es algo así un acto de última voluntad, una actividad que solamente llevará a cabo cuando las condiciones del medio le sean tan desfavorables que o se reproduce o muere. Mientras haya excrementos a su alrededor, no pierde el tiempo: crece todo lo que puede, absorbe todo lo que encuentra y se reproduce rápida y eficazmente por vía asexual.
El moho del pan presenta el mismo ciclo vital que Pilobolus. La gran diferencia es que en el moho del pan el esporangio es una vesícula terminal que dispersa sus esporas por el viento. En Pilobolus el esporangio es lanzado como una bala de cañón. Elaboración propia.
Pilobolus es un Zygomycete, es decir, un hongo de la misma clase que el conocido moho del pan. El moho del pan, Rhizopus nigricans, cuyo ciclo aparece en la figura adjunta, es otro organismo especializado en descomponer materia orgánica. Rhizopus extiende su delicado cuerpo, el micelio, formado por unos delgados filamentos llamados hifas, sobre el pan o sobre cualquier otra materia orgánica similar. Mientras crece produce continuamente esporas asexuales que se forman en el interior de unos minúsculos esporangios esféricos y negros, que contienen centenares de esporas que son liberadas al medio una vez que el esporangio se rompe. La dispersión de las ligerísimas esporas la realiza el viento. El ciclo de vida del moho del pan es similar al de Pilobolus, pero este ha debido resolver un problema que le ha convertido en un verdadero misil.
Pilobolus kleinii. 1: extremo del esporangióforo. 2: vesícula subesporangial. 3: esporangio lentiforme. El esporangióforo y la vesícula recubiertos de cristales de oxalato cálcico. Foto.  

El ciclo de vida de Pilobolus comienza con un esporangio apenas visible pero cargado de centenares de esporas que aterriza sobre la hierba. Cuando un animal, un caballo o cualquier otro herbívoro, pace, consume también el esporangio. Este resiste el ataque de los ácidos gástricos y sobrevive a través del tracto gastrointestinal y, sin germinar, sale otra vez a la luz con las heces fecales. Pilobolus ha acabado su viaje y ya está en su hogar, que es como una gigantesca despensa de sabrosas (para él) heces. Así que hace lo que haría cualquiera después de un largo viaje en ayunas: comer. Para alimentarse necesita crecer, puesto que los alimentos los obtiene segregando enzimas digestivos sobre los excrementos para luego absorber los nutrientes por difusión a través de todo el micelio.
De manera que una vez en la bóñiga calentita y cargada de nutrientes, el esporangio libera sus esporas y de cada una de ellas surge un micelio que descompone ávidamente el medio que la rodea. A medida que se alimenta, la despensa mengua, así que el previsor Pilobolus se multiplica por reproducción asexual, un método rápido y eficaz para propagarse. Únicamente cuando vengan mal dadas, cuando las condiciones ambientales le sean muy desfavorables, el hongo realiza la reproducción sexual mediante la producción de una zigóspora de resistencia en la que aguardará a que escampe.
La estructura asexual de las especies de Pilobolus es única. Se compone de una hifa transparente, el esporangióforo, una especie de hilo de apenas un par de milímetros, que se eleva por encima de los excrementos para rematar en una vesícula esférica de color amarillo vivo. En su extremo se desarrolla un único esporangio con forma de lenteja, que es al principio amarillo y posteriormente negro. El esporangióforo tiene la notable capacidad de orientarse para apuntar directamente hacia una fuente de luz. La vesícula subesporangial, rellena de líquido, actúa como una lente, concentrando la luz a través de pigmentos carotenoides depositados cerca de la base de la vesícula y dirigiéndola hacia la luz.
Cuando la presión de turgencia dentro de la vesícula sube a un nivel suficiente, unas siete atmósferas o más (la presión de unos neumáticos normales es de unas dos atmósferas), la burbuja revienta y el esporangio sale disparado hasta alcanzar una distancia máxima de unos dos metros. Para un esporangio de menos de un centímetro, eso supone una aceleración de 0 a 20 km/h en sólo dos nanosegundos, más de 20.000 veces la aceleración de la gravedad, lo que equivale a un ser humano que fuera lanzado a 100 veces la velocidad del sonido (121.792 km/h) [1]. La orientación del esporangióforo hacia el sol temprano de la mañana, garantiza que el esporangio se dispara a cierta distancia de los excrementos, aumentando las posibilidades de que se adhiera a la vegetación y sea ingerido por un nuevo hospedante.
Pilobolus kleinii. Foto.  
Después de maravillarnos con lo que estas esporas increíbles son capaces de hacer, sólo cabe preguntarse: ¿por qué lo hacen? La respuesta tiene que ver con la física del tamaño del proyectil en entornos aéreos, pero comenzaremos con lo básico. Para que estos hongos se reproduzcan primero tienen que ser comidos por un herbívoro, pero tienen un problema: crecen en heces. Un herbívoro sano no come sus propias heces, por lo que los hongos tienen que disparar sus esporas sobre la hierba limpia.
El único problema es que estas esporas son tan pequeñas que las fuerzas aerodinámicas se intensifican exponencialmente. Cuanto más pequeño y ligero sea algo, más fácil es que las fuerzas aerodinámicas contrarresten la fuerza que lo impulsa. Trata de lanzar una pelota de pingpong tan fuerte como puedas; después lanza una pelota de golf. Ambas tienen la misma forma y un tamaño similar, pero obviamente la de pingpong se quedará más cerca debido a las fuerzas aerodinámicas contrarrestantes. Así que, básicamente, como las esporas son tan increíblemente pequeñas y ligeras necesitan esa fuerza explosiva con el fin de impulsarse lejos de las heces en las que crecieron.
Otra adaptación de Pilobolus es que el esporangio está cubierto de cristales de oxalato de calcio. Además de servir como un mecanismo de protección frente a los ácidos, su naturaleza hidrófoba hace que el esporangio voltee sobre sí mismo y quede fijado sobre su base pegajosa después de haber aterrizado en una gota de rocío, lo que le permite aferrarse al sustrato vegetal. El mecanismo de descarga de Pilobolus es explotado por nemátodos parásitos incluyendo gusanos pulmonares del género Dictyocaulus. Los nematodos pulmonares larvales excretados por herbívoros infectados escalan a los esporangióforos de Pilobolus y salen disparados sobre el esporangio. Completan su ciclo de vida cuando ellos y su vector Pilobolus son ingeridos por un nuevo huésped. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[1] El animal más rápido del mundo es, según cuentan, el escarabajo tigre (género Cicindela), que llega a alcanzar el equivalente a 400 km/h. Hay quien sostiene, sin embargo, que es el ácaro Paratarsotomus macropalpis, que duplicaría esa velocidad.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Tilapias, culturistas y el sexo de los cocodrilos

Crocodylus acutus. Foto
¿Por qué unos individuos son machos y otros hembras? Dejemos a un lado el caso de las plantas, en las que la determinación del sexo es algo más compleja, y fijémonos en los animales. En ellos el sexo está biológicamente determinado bien por la genética (es decir, está fijado en los cromosomas), bien por la temperatura de incubación, lo que ocurre en algunos anfibios, reptiles y peces que no poseen cromosomas sexuales en su material genético. El medio modifica el metabolismo de las células embrionarias, haciendo que se diferencien unas de otras y determinando el sexo.
Por lo general, en el caso de los cocodrilos, a mayores temperaturas la proporción de machos será mayor, mientras que a bajas temperaturas la proporción de hembras aumenta, aunque en algunas especies las hembras se desarrollan en mayor proporción tanto a temperaturas bajas como altas, y los machos se desarrollan en mayor proporción a temperaturas intermedias. [1] Al menos esto es lo que se sabía hasta ahora, pero esta misma semana, el 1 de septiembre, gracias a un artículo publicado en Science,  hemos sabido que las cosas están cambiando. Empecemos por ver este vídeo.
Chris Murray (derecha) sacar sangre de un cocodrilo para la prueba de 17 α-metiltestosterona. Foto 
Si quieres saber si un cocodrilo es un macho o una hembra, tienes que atraparlo, lo cual no resulta fácil con animales como el cocodrilo americano (Crocodylus acutus) un animal que alcanza cinco metros de longitud y 500 kg de peso. Una vez atrapado, inmovilizado y cegado, hay que introducir el índice en la cloaca, la cavidad situada en la base de la cola. Si hay una protuberancia, es un macho, si no la hay, hembra. Capturar adultos es complicado. Capturar crías es más fácil, pero determinar su sexo es más difícil, así que el equipo de investigación, dirigido por  Murray, ecofisiólogo de la Universidad Tecnológica de Tennessee en Cookeville, capturaba crías y luego las examinaba en el laboratorio del Parque Nacional Palo Verde de Costa Rica. Los jóvenes cocodrilos tienen un pequeño nódulos en la cloaca, que en los machos tiende a ser más largo, más rojo, más complejo y con un lóbulo más.
Después de examinar los genitales de casi 500 cocodrilos en Palo Verde, Murray y sus colegas encontraron algo extraño: la proporción de sexos escapaba a las tasas normales, porque el número de machos cuadriplicaba al de hembras. Las biopsias pusieon de relieve que los tejidos de los animales estaban contaminados con un esteroide sintético. Desde el principio, los investigadores sospecharon que ese esteroide era el causante del cambio de sexo.
El esteroide, la hormona 17α-metiltestosterona (MT), se prescribe a los hombres con deficiencias de testosterona y a las mujeres mayores con cáncer de mama. Se sabe también que los culturistas abusan de ella, pero ¿cómo podría haber aparecido en un remoto pantanal de la Costa Rica rural? Una posible pista: Las piscifactorías de los alrededores del Parque alimentan a las tilapias con piensos enriquecidos con la hormona, que transforma a las hembras en machos de crecimiento más rápido y comercialmente más rentables. Murray y su equipo están investigando ahora sí esa es la causa del cambio de sexo en los cocodrilos.
La investigación tiene interés para el ecosistema del pantanal  y para la población en general. Además de distorsionar la proporción de sexos, la hormona podría interrumpir la reproducción de los animales, lo que significa una seria preocupación habida cuenta de que los cocodrilos americanos ya están catalogados como vulnerables, y esa zona de Costa Rica es un santuario para la especie. La contaminación también podría estar alterando el comportamiento de los cocodrilos, haciéndolos más feroces. Si eso es así, podría incrementarse el conflicto con los seres humanos, que ya es de por sí un problema en Costa Rica. La hormona podría también afectar a las tortugas, aves, peces y otras criaturas acuáticas. Y dado que todas las piscifactorías tropicales alimentan las tilapias con piensos enriquecidos en MT, la hormona podría estar causando problemas en otros lugares.
Las piscifactorías de tilapias se han multiplicado en Centroamérica como consecuencia del incremento de la demanda en Estados Unidos y otros lugares. Los criadores les alimentan con piensos enriquecidos en  17α-methyltestosterona para aumentar la proporción de los machos, que son de mayor tamaño que las hembras. Foto
Durante más de 20 años, investigadores de todo el mundo se han preocupado por los efectos de los disruptores endocrinos. Un disruptor endocrino o disruptor hormonal, es una sustancia química, ajena a la especie animal a la que afecta, capaz de alterar el equilibrio hormonal, es decir, de generar la interrupción de algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas, o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad a lo habitual. Tienen origen natural o artificial, y pueden actuar a dosis muy bajas sobre una gran diversidad de organismos. Normalmente, al hablar de interruptores endocrinos nos referimos a sustancias contaminantes que pueden provocar infertilidad o incluso cambios de sexo en peces e invertebrados. En los seres humanos parece que no tienen un efecto tan radical, pero sí afectan a la fertilidad y pueden provocar pequeñas deformaciones como genitales ambiguos o testículos que no bajan al escroto.
De los pocos andrógenos conocidos que afectan al medioambiente, el acetato de trembolona, un esteroide sintético suministrado al ganado para acelerar su crecimiento, ha sido la fuente de mayor preocupación. Los resultados de varias investigaciones han encontrado que un derivado excretado por el ganado reduce la fertilidad de los ciprínidos usados en laboratorio, transforma el pez cebra femenino en macho e induce otros efectos masculinizantes. Hasta el momento la MT no estaba citada como un disruptor endocrino.
Cuando Murray llegó a Palo Verde en 2012  como estudiante de doctorado, el director de la Estación de Investigación del Parque le dijo  que investigar sobre el sexo de los cocodrilos era un tema del máximo interés para una tesis: un estudio reciente había encontrado en el parque una proporción 3:1 entre machos y hembras.
Para comprobar ese dato, Murray formó un grupo para capturar cuantos animales les fuera posible y averiguar lo que estaba pasando. Después de identificar el sexo de 474 cocodrilos de siete lugares diferentes, descubrieron que la población era aún más sesgada que el estudio anterior, con aproximadamente 3,5 machos por cada hembra. La disparidad se mantiene en todas las edades. En 2015, los machos representaron casi el 80% de las crías y el 60% de los adultos.
Distribución de Crocodylus acutus. Fuente
Las cifras resultan aún más sorprendentes porque el calentamiento global debería estar favoreciendo las proporciones de sexos en dirección contraria. A diferencia de los humanos, los cocodrilos y los caimanes no tienen cromosomas sexuales. Si un embrión se convierte en macho o en hembra depende de la temperatura del nido durante la incubación. La media de las temperaturas bajas en Palo Verde ha aumentado alrededor de 2,5 °C en menos de 20 años. Para medir el impacto que el aumento debería haber tenido, Murray y su equipo guardaron termoreceptores dentro de huevos de plástico y los enterraron en 25 nidos de cocodrilos. En 2016, el equipo estimó, basándose las temperaturas de los nidos, que las hembras debían superar a los machos en casi dos a uno. Algo estaba distorsionando los efectos térmicos.
Los investigadores habían oído que varias granjas de tilapia alrededor del parque usaban MT y se preguntaron si podría influir en el desarrollo sexual de los animales. Para comprobar la hipótesis de trabajo, inyectaron tres concentraciones diferentes de MT en huevos del cocodrilo americano (Alligator mississippiensis), que sirvieron como testigos. Luego los incubaron a temperaturas que sólo debían producir hembras. Aproximadamente el 60% de los huevos dosificados con los dos niveles más altos de MT produjeron machos. La MT tiene un efecto masculinizante, concluyeron.
En abril, encajó otra pieza del rompecabezas. El grupo informó que había encontrado el producto químico en muestras de sangre y yemas de huevo de los cocodrilos de Palo Verde, lo que confirmaba que habían estados expuestos a la MT. En contra de lo que se aseguraba, la hormona no se biodegradaba en determinadas condiciones naturales.  Estudios anteriores realizados por las agencias reguladoras de los alimentos habían afirmado que las tilapias engordadas con piensos enriquecidos en MT eran seguras para el consumo humano. Ahora había que revisar esos estudios, porque aunque todavía no se pueda afirmar nada concluyente que afecte al consumidor en general, los niveles bajos de andrógenos pueden ser perjudiciales para mujeres embarazadas.
La fuente de la hormona sigue siendo la gran pregunta. La MT no aparece normalmente en el medio natural, porque  está ligada a los medios antrópicos. Las piscifactoría de tilapia son el sospechoso número uno, ya que podrían liberar la MT en el medio acuático. Cómo llegaban hasta los cocodrilos es otra cuestión. Puede que de vez en cuando algunos cocodrilos se metan en las granjas y se den un festín. Pero todos los cocodrilos examinados en Palo Verde contienen MT, y todos no pueden haber estado alguna vez dentro de las piscifactorías. En lugar de ese supuesto, Murray y sus colegas sospechaban que la tilapia se escapan de las granjas y son devoradas por los cocodrilos, que absorben la MT y la almacenan en la grasa corporal.  Cuando las hembras producen huevos, pasan la hormona a sus crías.
Murray reconoce que él y sus colegas no tienen ninguna evidencia directa que implique las granjas y están investigando otras fuentes potenciales. El compuesto ha aparecido en la sangre y en los huevos de cocodrilos en el río Tárcoles a unos 100 km de Palo Verde, que, además, forma parte de otra cuenca fluvial Los cocodrilos contaminados de Palo Verde pueden estar migrando a la zona de Tárcoles, piensa Murray. Pero la MT también podría entrar en el medio ambiente a través de otras rutas, posiblemente desde la contaminación que se origina río arriba en la capital del país, San José. Dado que, legalmente o ilegalmente,  la gente está consumiendo la hormona, podría entrar en las aguas residuales de la ciudad. Algunos ecólogos como Kevin Fitzsimmons, un biólogo de la Universidad Arizona, que ha trabajado en piscifactorías de tilapias de todo el mundo, sostiene que los culturistas utilizan tanta MT que resulta más probable que sean ellos, más que las piscifactorías, los culpables de estar contaminando las aguas.
En definitiva, esta historia es una muestra más de cómo, directa o indirectamente, las actividades humanas están interfiriendo en los procesos que condicionan la biodiversidad. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.



[1] Gunther, H.V., Eidenmüller B. (2005). Incubation of reptile eggs. Krieger Pub. p. 214.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Lagartijas y aros atrapamoscas: una curiosa simbiosis

Lagartija balear Podarcis lilfordi. Foto.
Los ecosistemas insulares del Mediterráneo se caracterizan por una baja disponibilidad trófica y, en consecuencia, por un número reducido de vertebrados terrestres. Además, las islas mediterráneas tienen un pequeño número de depredadores autóctonos, al menos antes de la llegada humana durante el Holoceno.

La lagartija endémica balear Podarcis lilfordi es el único vertebrado terrestre que vive sin interferencias significativas de depredadores y / o competidores en varios islotes costeros de Baleares. Esa situación promueve el aumento de un conjunto variado de rasgos demográficos y biológicos limitados en algunos casos a una o más poblaciones. P. lilfordi se parece mucho a otras lagartijas. Pasa los días tomando el sol para calentarse y cazando insectos. También tiene tendencia a alimentarse de néctar y polen, lo que les convierte en importantes polinizadores de un puñado de especies vegetales de las islas como el perejil de mar  Crithmum maritimum y la lechetrezna Euphorbia dendroides. También se ha demostrado su papel como dispersor de semillas (Saurocoria). Pero hay una interacción mucho más compleja entre el aro atrapamoscas (Helicodiceros muscivorus = Dracunculus muscivorus) y la lagartija P. lilfordi, una relación descrita en la Isla Aire (Menorca) por Pérez Mellado et. al. (2009).

Aro atrapamoscas Helicodiceros muscivorus. Foto.
Si se organizara un campeonato mundial de plantas estafadoras, el drago atrapamoscas subiría al podio. Es también una campeona de la supervivencia. Durante millones de años sufrió mutaciones adaptativas que han ido transformando su aspecto hasta lograr la perfección actual. Es una reliquia del Mioceno que en la actualidad puebla las costas rocosas de las islas e islotes que hace unos 6 millones de años conformaban la región Tirrénica: las Islas Baleares, Córcega y Cerdeña, siempre cerca de las colonias de gaviotas.

Sus típicas hojas carnosas están provistas de un pecíolo alado y de una lámina con un largo lóbulo anterior y dos lóbulos posteriores. La planta surge de un gran tubérculo globoso (14 x 7), profundamente enterrado entre las grietas de las rocas calcáreas litorales. El tubérculo permite que la planta se reproduzca vegetativamente generando pequeños tubérculos alrededor del principal.

Sección longitudinal de la inflorescencia de H. muscivorus. 1: flores femeninas; 2:empalizada inferior; 3: flores masculinas; 4: empalizada superior; 5: apéndice estéril del espádice; 6: espata. Esquema propio a partir de dos fotos.

La inflorescencia (espádice) es la propia de otros miembros de la familia Araceae y está formada por una densa espiga de numerosas flores pequeñas empacadas alrededor de un eje carnoso (un espádice), que puede ser estéril en el ápice, y que usualmente tiene por debajo una gran bráctea como una hoja o un pétalo (una espata). En el caso del aro atrapamoscas, la inflorescencia, que dura un solo día, se asienta sobre un largo pedúnculo (12-16 cm) parcialmente enterrado. La espata por su cara externa es de color verde con manchas que recuerdan la piel de una serpiente, mientras que por su cara interna muestra un llamativo color púrpura pálido de apariencia cárnea que luce abundantes pelos purpúreos. La parte inferior de la espata está enrollada en forma de tubo y alberga las flores masculinas y femeninas situadas en la parte inferior del largo espádice, que puede alcanzar en caso extremos los 40 cm y que como media tiene unos 25.

Detalle de la embocadura de la espata. Foto.
Antes de seguir, déjenme decir que los ingleses llaman a esta planta “dead horse” por razones olfativas que ahora explicaré. En conjunto, la inflorescencia se asemeja la zona perianal de un mamífero muerto y produce un olor fétido durante unas pocas horas después de la salida del sol. La inflorescencia engaña a las moscas por la vista y el olfato. La superficie peluda color carne de la espata imita a un animal muerto en descomposición y el extremo de la espádice se parece a la cola peluda de una rata con sus tricomas purpúreos muy oscuros dispuestos en una especie de escobillón para limpiar probetas. La flor emite un intenso hedor a carne putrefacta que atrae a las escasas moscas carroñeras que sobreviven en las costas rocosas alimentándose de los cadáveres de gaviotas, ratas y cabras asilvestradas.

Pero a esta consumada estafadora no le basta el doble trile del olor y la textura. También genera su propio calor. El apéndice que sobresale de la espádice exhibe un fuerte episodio de termogénesis asociado a la producción del olor, alcanzando un máximo de 30 °C cuando la temperatura ambiente es de unos 15. Las flores masculinas son altamente termogénicas y mantienen temperaturas estables de cerca de 24 °C. La termogénesis del apéndice no depende de temperatura ambiente, sino de las flores masculinas que aumentan la temperatura con la disminución de temperatura ambiente. Se sabe como estas plantas regulan física y fisiológicamente el fenómeno de la termogénesis, pero no como funciona la base molecular para el control de la temperatura, aunque cada vez hay más evidencias de que la misma está ligada a unas proteínas desacopladas que no completan el proceso de síntesis de ATP mitocondrial cuyo resultado es el la creación de una energía que se disipa en forma de calor. [1]



Mosca carroñera sobre el espádice. Foto.

Otras moscas han caído también en la trampa y algunas de ellas ya han sido engañadas previamente por otra flor y llevan polen adherido a su cuerpo. En su desesperación por salir pasan una y otra vez sobre las flores femeninas y las polinizan. Cuando H. muscivorus detecta que sus flores femeninas ya han sido fecundadas, madura rápidamente las flores masculinas que se cubren de polen. Al mismo tiempo deshidrata los pelos descendentes y los pelos radiales que dejan de hacer de barrera y permite que salgan las moscas, pero al hacerlo pasan por encima de las flores masculinas y se llevan con ellas el polen que es muy pegajoso. Una vez fuera y desesperadas por el hambre son atraídas con engaño por las inflorescencias de otros ejemplares y vuelve a empezar el proceso de la polinización.

Inflorescencia fructificada. Foto
Y ahora volvamos a las lagartijas. Como era de esperar, la termogénesis llama la atención de los reptiles. Atraídos por la fuente de calor, las lagartijas que toman el sol en la espata se dan cuenta rápidamente de que la planta es también un cazadero de primera. Las moscas atraídas y atrapadas por las flores son piezas fáciles. Esto puede parecer contraproducente para nuestro aro,  porque ¿para qué le sirve un animal que se come a sus polinizadores?

Y es que el mutualismo no termina atrapando moscas. En algún momento, algunas lagartijas se dieron cuenta de que los frutos son también una comida muy nutritiva. Este comportamiento se extendió por toda población hasta el punto de que P. lilfordi es actualmente un consumidor de las bayas carnosas del aro y un dispersor de sus semillas. Las semillas que han pasado a través del tracto intestinal de una lagartija tienen el doble de probabilidades de germinar. Esta función ha quedado demostrada al intentar germinar semillas en macetas: las que han pasado previamente por el tubo digestivo de una lagartija tienen un índice de germinación cercano al 100%, mientras que si se siembran los frutos directamente sin retirarles la pulpa no germinan o lo hacen en un bajísimo porcentaje.

A pesar de que las lagartijas se comen a sus polinizadores, los aros de la isla Aire se han beneficiado de las interacciones con sus camaradas de sangre fría. Lamentablemente, esta nueva relación puede no durar mucho tiempo. La introducción de gatos y ratas en las islas ha reducido drásticamente la población de las lagartijas hasta el punto de que la UICN los ha considerado como una especie en peligro de extinción. Queda por ver si los aros atrapamoscas siguen el mismo camino. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
Mira este vídeo.

 [1] Ito, K., Yukie, A. Johnston, S. D., Seymour, R.S., Ubiquitous expression of a gene encoding for uncoupling protein isolated from the thermogenic inflorescence of the dead horse arum Helicodiceros muscivorus. J. Exp. Bot. (2003) 54(384): 1113-1114.doi: 10.1093/jxb/erg 115. http://jxb.oxfordjournals.org/content/54/384/1114.short

jueves, 31 de agosto de 2017

La garra del diablo: Proboscidea louisianica

Figura 1. Foto.
Cuando salgo de desayunar en un Denny’s de Kearney (Nebraska), un intenso olor me lleva hasta un descampado donde crece Proboscidea louisianica, a la que por aquí llaman Devil’s Claw (Garra del Diablo). El nombre común proviene de sus frutos, una cápsulas dehiscentes que cuando se desecan forman dos cuernos rígidos y dentados con aspecto de cepos que evolucionaron en respuesta a los grandes mamíferos que una vez vagaron por el Nuevo Continente.
La planta (Fig. 1) es una hierba anual con tallos que miden más o menos un metro de largo. Las hojas, opuestas, miden más o menos un palmo (25 cm) de ancho. Toda la planta está cubierta de pelos glandulares que contienen pequeñas gotas de aceite, que hacen que la planta se sienta viscosa al tacto y le otorgan un aroma fuerte. El aceite esencial se evapora y provoca que en todos los lugares donde crece la planta aparezca un característico olor acre y desagradable (para mi). La corolas siempre lobuladas (Fig. 2) presentan colores muy distintos: lavanda, púrpura-crema, amarillenta con manchas púrpuras o de color blanco opaco a algo rosado, pero siempre con guías de néctar amarillentas y con o sin manchas purpúreas. Una sola planta puede producir hasta 80 frutos. El fruto es una cápsula dehiscente de unos diez centímetros de largo con un pico largo, estrecho y curvado. Cuando el fruto se seca y la parte carnosa se desprende, el pico duro se divide en dos cuernos, que triplican el tamaño de la cápsula.
Figura 2. Diferentes coloraciones de las corolas de Proboscidea louisianica. En todas ellas son visibles las rayas amarillas de las guías del néctar. Fotos.
Debido a las semejanzas superficiales en la flor y a la morfología de la semilla, cuando yo estudiaba Botánica en Tercero de Biológicas, el género Proboscidea se situaba en la familia Pedaliaceae, pero las clasificaciones filogenéticas más recientes y aceptadas lo sitúan en la familia Martyniaceae, una de cuyas especies, Martynia annua, la  única de su género, tiene una cápsula también bicorne pero de dimensiones más modestas y de ahí que sea conocida como “uñas de gato”. Toda la familia Martyniaceae es exclusiva del Nuevo Mundo. 
P. lousianica es una planta nitrófila que crece en zonas alteradas por el hombre y los animales en la porción meridional del sur de Norteamérica. Hay algunos caracteres que hacen que esta especie sea muy interesante para los botánicos. Entre otras cosas, sus enormes cápsulas son un mecanismo perfecto para adherirse a la piel. Ese método de dispersión de las semillas gracias a los animales, la zoocoria, es relativamente común en la naturaleza, pero lo que sorprende de esta planta es el enorme tamaño de las cápsulas, que parecen perfectamente adaptadas para ser transportadas ancladas al pelaje de grandes mamíferos. Hoy son transportadas por el ganado y antes lo hicieron los bisontes, pero antes de la aparición relativamente reciente de los bisontes en el continente americano, la planta debió servirse de animales grandes desaparecidos al final de la última era glacial. Se cree que esta planta puede ser un anacronismo de esa era.
Figura 3. Cápsula inmadura
La flora con la que estamos familiarizados hoy en día pasó milenios evolucionando con mamuts y perezosos gigantes, típicos representantes de la megafauna de la edad glacial norteamericana. Se piensa que muchas de las interrelaciones entre animales y plantas probablemente se desarrollaron durante este tiempo y aún no se han perdido debido a la cantidad relativamente limitada de tiempo transcurrida desde la extinción de estos grandes mamíferos. En alguna parte leí que hay quien piensa que las cápsulas están "diseñadas" para atrapar a pequeños mamíferos como los ratones, cuya muerte y descomposición in situ proporcionaría a las semillas un cadáver en descomposición rico en el que germinar ventajosamente. Nunca he podido encontrar alguna otra referencia en apoyo de esa hipótesis.
Otra característica anatómica intrigante de esta especie son las innumerables glándulas pegajosas que cubren toda la planta. Esas glándulas atrapan fácilmente a los insectos que aterrizan o tratan de trepar por la planta. Los análisis químicos de los fluidos secretados por las glándulas demuestran que contienen enzimas digestivas, pero todavía no hay ninguna evidencia de que P. louisanica sea carnívora.
Es más probable que estas glándulas sean una forma de defensa contra los insectos herbívoros y de hecho funcionan bastante bien. Un breve roce con la planta te deja los dedos pegajosos y viscosos. Hay una hipótesis que sugiere la posibilidad de que al atrapar insectos herbívoros, la planta pueda atraer insectos carnívoros que coman a los herbívoros y luego "paguen" a la garra del diablo con heces ricas en nutrientes. Otra hipótesis apunta es que las glándulas hacen que la planta se cubra de granos de arena con el paso del tiempo. Tal armadura arenosa sería disuasoria para herbívoros hambrientos. Otro mecanismo defensivo, supongo, es el olor desagradable a ropa sudada que emite, pero ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito. A quienes no parece desagradar es a los muchos abejorros (Bombus fervidus) que pululan alrededor de las flores, junto a otras abejas nativas y otros insectos que no logro identificar, en cuyo interior buscan el dulce y abundante néctar. Está claro: P. louisanica es entomófila y zoócora. Todo su ciclo de vida depende de los animales.
Figura 4. Cápsula seca.
Esa tarde, en el centro de visitantes de Chimney Rock, aprendo el uso que le dieron a la planta los nativos americanos. Los frutos verdes son comestibles y eran consumidos por amerindios. Al igual que los de otras especies de Proboscidea, los frutos secos fueron muy utilizados en la cestería nativa, entre otros por los hopi y  los apaches. Los cuernos secos se podrían incorporar en las cestas para formar patrones o ser utilizados como instrumentos de costura. Proporcionaban un colorante negro, especialmente cuando se mezclaban con ceniza. Los Tohono O'odham, un pueblo del desierto de Sonora, domesticaron la especie y utilizaron la fruta seca oscura para teñir de negro sus diseños de cestería. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.