Páginas vistas en total

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sacar el dinero no es la mejor idea



Alertados por El ocaso del euro, el artículo publicado por el Nobel Paul Krugman el pasado 13 de mayo en The New York Times, en el que alerta acerca de que en España se restrinja el acceso de los impositores a sus cuentas de ahorro, algunos amigos, escamados por el asunto de Bankia, me plantean la misma pregunta: ¿Qué pasa con mi dinero si quiebra mi banco? Trataré de contestar a la pregunta de la forma más simple posible. Pero antes de hacerlo me permitirán adelantar dos cosas. Primero, que no hay motivos para el nerviosismo y que sacar el dinero no es la mejor idea. 


Para ilustrar mejor mi explicación, citaré de Reginald McKenna, banquero y político liberal que fue ministro de Economía de Gran Bretaña entre 1915-1916. McKenna sabía lo que se traía entre manos cuando escribió que «los bancos pueden, y así lo hacen, crear dinero mediante el crédito [...] Y quienes controlan el crédito de la Nación dirigen la política de los gobiernos y sostienen en las palmas de sus manos el destino de la población».


En una entrada de este mismo blog me ocupé de la forma en que los bancos –emulando el milagro de los panes y los peces- multiplican el dinero. El sistema, que todos asumimos porque nos conviene cada vez que solicitamos un préstamo, es un sistema fiduciario basado en la fe y en el crédito, término que, como “credo”, viene de creer. Para creer hay que tener confianza en el sistema; si la confianza falla, el sistema se deploma y, como decía uno de los protagonistas de The company men: “al día siguiente no hay comida en los supermercados”. 


El dinero no vale nada, ni siquiera el papel y la tinta con los que se imprime. Lo que realmente tiene valor son las cosas que se adquieren con él.  Por eso, esté pensando usted lo que esté pensando en estos momentos, no confunda lo importante con lo superfluo: el dinero es un sistema de trueque y sólo las cosas tienen un valor real. 


El dinero se crea de la nada a través de un proceso de elaboración de créditos que no se diferencia en mucho de las pirámides de tipo Ponzi como las de Nueva Rumasa o Forum Filatélico, artificios embaucadores que están legalmente proscritos y sus creadores acaban (o deberían acabar) en prisión. Aunque el sistema bancario no es muy diferente, la clave esta en su aceptación universal: los gobiernos lo sostienen y lo apoyan porque hasta ahora ha demostrado ser el único capaz de garantizar la actividad económica. 


Permítanme que insista en este punto: el dinero es humo. Un banco presta varias veces el importe de lo que tiene depositado. Supongamos que usted abre una cuenta con diez euros; el banco, siendo optimistas, guardará en su caja un euro y prestará nueve. Eso lo repite con todos sus clientes. Supongamos ahora que estos son un millar y todos ingresan diez euros. El banco tendrá un depósito de 10.000 euros, pero como en realidad prestará 9.000, en su caja quedarán mil euros, el equivalente a los depósitos de cien de sus impositores. 


Si usted va al banco y retira sus diez euros, no encontrará ningún inconveniente: el banco se los reintegrará y en la caja quedarán 990. Suponga ahora que corre el rumor de que el banco está en problemas y los impositores corren a retirar sus fondos. Los 99 primeros (después de usted) podrán retirar sus respectivos depósitos, pero para el que llegue después (que será el 101 contándole usted) no quedará nada salvo el apunte contable, porque la caja estará vacía y el banco tendrá que echar el cierre ante la imposibilidad de devolver el dinero prestado. 


Si eso se hace extensible al conjunto del sistema bancario y se intenta una retirada masiva de depósitos, se generará una situación de pánico bancario, la antesala de una crisis financiera sistémica a la que los gobiernos de cualquier país sólo pueden responder prohibiendo temporalmente la retirada de fondos de los impositores, como sucedió en el famoso “corralito” decretado en Argentina en 2001. Esa es la más terrible de las situaciones posibles para un impositor y todavía más para los ahorradores modestos. Lo mejor, pues, es confiar y mantener la fe en el sistema esperando a que escampe.


Veamos ahora cómo le garantiza el sistema los depósitos que usted, modesto impositor, confía a su banco. La quiebra de Banesto que provocó el delincuente Mario Conde en 1993 sirvió para para aprender la lección. Ahora bien, como trataré de explicar, la lección es teórica pero de imposible aplicación práctica cuando se produce la quiebra de un banco grande. Desde que Conde cometió la felonía que arruinó a miles de accionistas, se crearon en España los fondos de garantía de depósitos. Hasta el año 2011 existían tres fondos de garantía diferentes, cuyo fundamento era el siguiente: las cajas, los bancos y las cooperativas de crédito realizaban una serie de aportaciones periódicas que servían para ir alimentando el depósito. Si una entidad financiera concreta quebraba, cada particular podía recuperar hasta 20.000 euros del fondo correspondiente.


En el año 2011 una Directiva europea creó una figura homóloga, el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito (FGD), que no alteró el mecanismo de alimentación, pero elevó la cantidad de dinero asegurado. Este depósito permite a cada titular recuperar hasta 100.000 euros de su cuenta bancaria si la entidad entra en números rojos. 


Pero, ¿qué ocurre si un particular tiene más dinero ahorrado? Temporalmente no podrá recuperarlo y se convertirá en acreedor de entidad quebrada. Por eso, los expertos aconsejan repartir los ahorros y no acumular más de 100.000 euros por titular y entidad bancaria. Según esto, la mejor alternativa sería, por tanto, abrir cuentas en distintos bancos o tener varios titulares en una misma cuenta. Eso dicen los expertos. También podrían decir misa, pero no valdría para los domingos. La realidad es más cruda. 


El problema es que el FGD, que sirve para rescatar a los depositantes, está seco debido a que fue utilizado para cubrir las intervenciones del Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB) en los rescates de otras entidades menores que han venido produciéndose en los últimos años. Además, aunque estuviera boyante no sería suficientemente grande para cubrir una quiebra como la de Bankia. Nuestros ahorros seguirán estando garantizados aunque el FGD no tenga actualmente un solo euro, porque el fondo sirve para garantizar quiebras de entidades menores, pero es imposible que atienda el caso de quiebra de una entidad financiera mediana o grande. Es decir, de manera independiente al saldo del FGD, si una entidad española del tamaño de Bankia quiebra, el FGD nunca podrá atender las necesidades de capital de sus impositores. La única garantía que tienen nuestros ahorros es la confianza en el sistema financiero, no hay otra. 


Pondré otro ejemplo. Supongamos una entidad cualquiera que tenga aproximadamente un 10% de los depósitos en España, es decir, unos 110.000 millones de euros (M€). El saldo global del FGD rondaba antes de su descapitalización los 6.000 M€. Supongamos que la entidad quebrase. Si suponemos que sólo el 50% de los depósitos son inferiores a 100.000 euros, tendríamos que hacer una cobertura de 55.000 M€. Con las coberturas previstas, realmente da lo mismo que el FGD tenga cero euros o 6.000 M€, dado que cualquier entidad financiera mediana supera con creces las provisiones del FGD aunque estuviera a tope, que no lo está. Dicho de otra forma, cuando aparece una crisis sistémica no hay fondo que pueda aguantarlo. Ni aquí ni en ninguna parte. 


En resumen, la cobertura real de los depósitos la otorga la confianza en el sistema, y no otra cosa. Ya pueden existir FGD con miles de M€ de reserva, que una quiebra de una entidad mediana provocará la pérdida segura de buena parte del dinero de los impositores.


Por eso, correr a sacar dinero es una mala, muy mala idea.