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martes, 29 de mayo de 2012

Bankia: Europa ya está aquí



En la última semana ha comenzado a fraguarse el asalto final de un combate cuyo resultado estaba cantado: el rescate de España que no se parecerá al de Grecia sino al de Irlanda. De los dos modelos de intervención europea (Grecia por su deuda pública e Irlanda por su deuda bancaria), España se asemeja más a la segunda, aunque durante los primeros meses del Gobierno Rajoy hay una relación cada vez mayor entre nuestro riesgo bancario y nuestro riesgo soberano. Pero el final se parecerá mucho: aunque el rescate se hará para salvar a la banca y no al Estado, las consecuencias serán muy similares porque Europa podría condicionar aspectos como la política fiscal o los servicios públicos y exigir duros planes de reestructuración interna.
España está sumida en una profunda crisis económica de naturaleza sistémica: el sector privado, especialmente el sector financiero, es insolvente y no podrá pagar las deudas asumidas. Como la banca no puede atender sus obligaciones, la deuda pública se ha convertido en el mecanismo más efectivo de socialización de pérdidas y privatización de ganancias, es decir, de transferencia de dinero público a manos privadas. Son los mercados financieros los que prestan el dinero necesario para que el Estado pueda seguir operando, pero a su vez exigen condiciones de ajuste que hacen cada vez más difícil devolver esos mismos préstamos. Es decir, los planes de ajuste recortan servicios públicos pero a la vez deterioran el crecimiento económico que posibilita que haya ingresos suficientes.
El asunto se agrava porque las actuales autoridades políticas y económicas hacen un diagnóstico erróneo sobre las razones que han provocado la crisis económica, porque a diferencia de lo mantienen Rajoy y su camarilla, España no presenta un problema de competitividad o de ineficiencia del sector público. El problema real es otro: España presenta un problema de insolvencia del sector privado altamente endeudado alrededor de unos activos inflados cuyo precio se ha hundido y que además continuará cayendo. El sector financiero, que de manera irresponsable permitió esa deuda con una insensata política de préstamos, es insolvente. Como consecuencia de esa insolvencia y del error de diagnóstico, las recetas ofrecidas no hacen sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país, sumido en una economía en recesión, con un consumo y una inversión muy débiles por la falta de crédito, que reducen la recaudación de impuestos, un nivel de paro cada vez más insostenible, que detrae cada vez más el consumo, aumenta el déficit público e incrementa la deuda del Estado, mientras las reformas económicas están sin terminar, especialmente la reforma financiera, cuyo alcance todavía presenta suficientes dudas hasta que sea completamente diagnosticado.
Echemos cuentas. Empecemos por la de los derechos recortados, los impuestos subidos y el dinero público regalado en millones de euros (M€). Recortes: Sanidad y Educación, 10.000; congelación de las pensiones, 1.800; salarios de funcionarios, 4.000; recorte en los presupuestos 2012, 27.300. Subidas de impuestos: IVA al 18%, 6.500; IRPF, 4.100 millones; impuestos al tabaco, 150; tasas judiciales, 214 millones; cambio impositivo para grandes empresas, 5.350; amnistía de defraudadores fiscales, 2.500. En total, se han recortado 43.100 millones de dinero público principalmente de las partidas que garantizan el Estado del Bienestar y se han subido impuestos por valor de 16.314 millones de euros. En cualquier caso, pura calderilla comparada con la colosal trampa del sistema bancario.
Continuemos por el candente tema de BFA-Bankia a la luz del último informe del Banco de España de abril de 2012. Antes de hacerlo, debo aclarar lo que en la jerga financiera se conoce con el acrónimo LTRO (Long-Term Refinancing Operation, operación de refinanciamiento a largo plazo), un mecanismo que instituyó el Banco Central Europeo (BCE) en 2011 con objeto de evitar que una caída del estilo Lehman Brothers colapsara a la banca privada europea, que estaba teniendo serias dificultades para obtener dinero en los mercados. Gracias al LTRO, el BCE prestaba a los bancos europeos que lo solicitaran dinero a devolver en tres años a una tasa de interés del 1%. A finales de febrero del 2012, el BCE había prestado a la banca europea cerca de un billón de euros.
El problema es que en los últimos meses nos hemos entrampado hasta las cejas con la deuda avalada para BFA-Bankia y el resto del programa de la LTRO. A finales de 2011 la financiación oficial neta del BCE para la economía española en el balance del Banco de España era de 175.000 M€. Cuatro meses después, a 30 de abril de 2012, la deuda era de 304.000 M€, es decir que desde que gobierna Rajoy el balance casi se ha duplicado.
Echemos ahora las cuentas sobre los activos inflados que soportaban la ficción del sistema. La banca española en su conjunto tiene 800.000 M€ de activos comprendidos en la categoría de bonos basura según la calificación de las agencias de riesgos. Seamos benévolos y consideremos que solamente 400.000 de ellos son activos tóxicos directos e indirectos derivados de la burbuja financiera e inmobiliaria. Las dos reformas financieras llevadas a cabo por el Gobierno Rajoy han puesto sobre la mesa un aprovisionamiento de 80.000 M€ para toda la banca española. El agujero de Bankia que ha salido a la luz es de 23.000 M€. Ya tenemos 103.000 M€. El suelo se compraba a base de préstamos que la banca española promovía y alentaba a 5.000 o 6.000 euros el metro cuadrado y se calcula que hay unos 40 billones (sí, billones, con B de Bankia) de metros cuadrados en toda España sin construir que no valen nada.
Conclusión: faltan por "aflorar" cerca de 300.000 M€ principalmente del suelo que la banca española tiene en sus activos y que no valen ni un 10% de lo que figura en sus balances. Y esto lo saben Bruselas y el FMI que han ofrecido a España 500.000 M€ para que sanee la banca española, porque son conscientes de que el problema de nuestra banca es un atracón de ladrillo y suelo demasiado grande para ser digerido en solitario por España. Sumen los 300.000 M€ que encabezan este párrafo, añádanles los 103.000 de marras y el rescate de 19.000 para Bankia de la última semana, y nos acercaremos al medio billón de euros que Europa nos ofrece desde hace meses.

Y ya llego al asunto de BFA-Bankia, que tiene unos activos totales (valor de libros contables que, no lo olviden incluyen suelo, ladrillos y otros activos tóxicos) de 325.000 M€. Con ellos, BFA-Bankia debe garantizar 173.000 M€ de los depósitos de los ahorradores (cuya devolución se supone que está garantizada) más la ayuda concedida hasta ahora: avales del Estado, 28.500 M€; créditos LTRO, 40.000 M€; 4.465 M€ del Fondo de Reestructuración Organizada Bancaria (FROB); y 19.000 M€ en deuda pública de la última semana de mayo. Es decir, que el Estado y el FROB garantizan unos 265.000 M€ del balance de la entidad. Por tanto, la rueda de molino con la que quieren hacernos comulgar es que los activos de Bankia valen más de 265.000 M€. Y eso, francamente, no se lo tragan ni los cocodrilos.
España está en pleno ojo del huracán: debe convencer a los mercados y a sus socios de sus planes para Bankia y para los activos tóxicos del sistema bancario. Nuestros socios, que se han hartado de escuchar explicaciones sobre el sistema financiero más sólido del mundo, están hartos de improvisaciones y sorpresas, incluyendo los braceos incoherentes del ministro de Guindos, convertido en una especie de Chiquito de la Calzada, pero sin gracia. Con un horizonte económico que se complica y en medio de la depresión social que suponen los casi seis millones de parados, la Comisión ha señalado ya que una parte de esa presión podría aliviarse con la concesión de un año más para cumplir con el déficit y con la reiterada oferta de conceder 500.000 M€ para que sanee nuestra renqueante banca. 

No es de extrañar que la declaración solemne de Rajoy en Bruselas, al acudir a la cumbre con sus homólogos europeos -«España no tiene interés ni intención, a fecha de hoy, de acudir a un rescate europeo para los bancos españoles»- goce de la incredulidad general y subraye por enésima vez más la sistemática improvisación del Gobierno, siempre por detrás de la realidad en este asunto. 
En solo tres meses todos los mitos de competencia económica del PP se han derrumbado. Rajoy se resiste a aceptar la intervención europea porque esa es la prueba del nueve de sus falacias. Pero la suerte está echada. Mientras tanto, no se preocupen por la vida: siempre termina mal.