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sábado, 15 de septiembre de 2018

Antietam, 17 de septiembre

Amanecer en el campo de batalla de Antietam.

El día de combate más sangriento en la historia de los Estados Unidos, la batalla de Antietam, terminó con un empate táctico, aunque con una victoria estratégica para la Unión, que frustró la invasión del norte por parte de la Confederación. Como consecuencia de esa batalla, la Proclamación de Emancipación transformó la guerra civil estadounidense en una cruzada en pro de los derechos humanos.
El 17 de septiembre de 1862, en los alrededores del riachuelo Antietam, Maryland, se libró la Batalla de Antietam (Batalla de Sharpsburg, en la historiografía sudista) el primer gran combate de la guerra civil estadounidense que se produjo en territorio norteño, a menos de 180 km de la Casa Blanca. La batalla fue un acontecimiento decisivo en la Guerra de Secesión y la más sangrienta de la historia americana que se haya librado en un solo día.
La batalla se produjo poco después de la Campaña de Maryland, una ofensiva dirigida por el general confederado Robert E. Lee, que empujó a sus tropas hacia el norte y hacia Maryland a principios de septiembre de 1862. Las tropas de la Unión, bajo el mando del indeciso y cauteloso general George B. McClellan, un buen ingeniero, pero un militar que jamás había ganado una batalla, al que Lincoln llegó a considerar un traidor, estaban desmoralizadas.
Como un imparable vendaval de sangre y fuego, el Ejército de Virginia del Norte de Lee -45.000 hombres- cruzó el Potomac y penetró en Maryland el 3 de septiembre de 1862, tras su victoria en la segunda batalla de Bull Run el 29 de agosto. La estrategia de Lee era triple: hacer acopio de provisiones, bastimentos y municiones saqueando el Norte, reclutar más soldados en el estado fronterizo de Maryland, en el que había un número considerable de simpatizantes de los confederados, y lograr un impacto en la opinión pública previo a las cercanas elecciones presidenciales que hiciera tambalearse la candidatura del presidente Abraham Lincoln.
Las cañas se volvieron lanzas para la Confederación cuando, el 13 de septiembre, la casualidad vino en ayuda de los unionistas. Mientras que los 90.000 hombres del Ejército del Potomac de McClellan se desplazaban parsimoniosamente para interceptar a Lee, dos aburridos soldados de la Unión dieron con un campamento abandonado por las tropas de la Confederación y se pusieron a rebuscar. Encontraron tres cigarros envueltos en un papel. La envoltura era, ni más ni menos, una copia de la Orden 191 emitida por el General Lee cuatro días antes, que describía los planes de movimiento de las tropas confederadas.
El maizal de Miller, epicentro de la batalla. Foto.
La Orden indicaba que Lee había dividido su ejército y dispersado geográficamente partes del mismo (a Harpers Ferry, en Virginia Occidental, y Hagerstown, en Maryland), de manera que cada grupo podía ser aislado y vencido si McClellan se movía con la suficiente rapidez. Sin embargo, McClellan esperó unas 18 horas antes de decidir sacar ventaja de esta información y reorganizar sus tropas, por lo que desperdició la oportunidad de infligir a Lee una derrota decisiva. Con todo, el cauteloso general unionista movió la mitad de su ejército hacia Maryland.
En la Campaña de Maryland hubo dos enfrentamientos de importancia previos a la batalla de Antietam. El general de división Thomas J. “Stonewall” Jackson capturó el gran arsenal de Harpers Ferry, mientras que McClellan logró pasar a través de las montañas Blue Ridge gracias a su victoria en la batalla de South Mountain. A la larga, el primero de ellos tuvo una enorme importancia táctica debido a que una gran parte del ejército de Lee estuvo ausente del campo de batalla al principio de la batalla de Antietam, esperando la rendición de la guarnición de la Unión en Harpers Ferry; el segundo debido a que las fuertes defensas confederadas en dos pasos de las montañas retrasaron lo suficiente el avance de McClellan para permitir a Lee concentrar el resto de sus tropas en Sharpsburg.
Lee tomó posiciones cerca de esa población, desplegando sus fuerzas disponibles al otro lado del riachuelo de Antietam el 15 de septiembre. Era una excelente posición defensiva, aunque no inexpugnable. Las dos primeras divisiones de la Unión llegaron el 15 de septiembre y el grueso del ejército lo hizo aquella misma tarde. Pese a que, de haberse producido, un ataque inmediato del ejército federal la mañana del día 16 hubiese contado con una aplastante superioridad numérica frente a los confederados, la precaución característica de McClellan y su errónea creencia de que Lee contaba con más de 100.000 hombres hizo que aplazara el ataque para el día siguiente. Eso proporcionó a los confederados más tiempo para preparar sus posiciones defensivas y permitió llegar desde Hagerstown al ejército del general Longstreet, y, desde Harpers Ferry, a parte del de Jackson, exceptuando la división de A.P. Hill.
Confederados muertos antes de la iglesia de Dunker en el campo de batalla Antietam. Foto de Alexander Gardner. Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
En la madrugada del 17, los dos ejércitos se encontraron en la Batalla de Antietam. Durante ese día, los soldados de la Unión participarían en tres ataques principales contra la Confederación. La primera carga comenzó esa mañana contra el flanco izquierdo de Lee en un maizal propiedad de la familia David R. Miller, donde se había emboscado la infantería de Jackson. Al ver el brillo de las bayonetas confederadas ocultas en el maizal, el general unionista Joseph Hooker ordenó detenerse a su infantería y montó cuatro baterías de artillería que dispararon sobre el campo obuses y metralla por encima de los soldados federales. El fuego de artillería y de los fusiles actuó como una guadaña, cortando los cuerpos de los soldados confederados como si fueran mieses: «… todos los tallos de maíz en la parte norte y la mayor parte del campo fueron cortados tan bien como si hubiese sido hecho con un cuchillo y los caídos yacían en filas precisas, tal y como habían estado formados en sus filas hacía pocos instantes», escribió Hooker en su informe.
Infierno artillero en la iglesia de Dunker. El intenso fuego de artillería procedente de esta sección de las líneas confederadas ayudó a hacer retroceder los asaltos de la Unión en la mañana del 17 de septiembre de 1862.
La batalla terminó sobre las cinco y media de la tarde. Las pérdidas fueron importantes en ambos lados. La Unión tuvo 12.401 bajas, incluyendo 2.108 muertos (el 25% del ejército federal). Las bajas confederadas sumaron 10.318 hombres, 1.546 de ellos muertos (el 31% del ejército confederado. Ese 17 de septiembre murieron más estadounidenses en combate que en cualquier otro día de la historia militar de los Estados Unidos, incluyendo el Día D en la Segunda Guerra Mundial.
La tarde del 18 de septiembre, las fuerzas de Lee comenzaron a cruzar el Potomac para volver a Virginia. La retirada envalentonó al Norte y allanó el camino para que el presidente Lincoln emitiera su Proclamación de Emancipación cinco días después. La Proclamación de Emancipación dio un doble propósito a la guerra; la preservación de la Unión y la abolición de la esclavitud. Con todo, frente a quienes piensan que esa Proclamación acabó con los esclavos en Estados Unidos, se olvidan de que se aplicó solo a los esclavos en tierras controladas por los confederados; no se aplicó a los cuatro estados esclavistas que no estaban en rebelión (Kentucky, Maryland, Delaware y Missouri), ni a Tennessee (ocupado por tropas de la Unión desde 1862) y específicamente excluyó los condados de Virginia que pronto formarían el estado de Virginia Occidental.
Cementerio Nacional de Antietam en Sharpburg, Maryland.
La Proclamación no fue lo único que firmó Lincoln después de Antietam. Lincoln relegó a McClellan del mando del Ejército del Potomac el 7 de noviembre, finalizando de hecho su carrera militar. Resentido, el general se presentó como candidato demócrata a las presidenciales de 1864. Lincoln lo vapuleó: en el Colegio Electoral obtuvo 212 electores contra 21 de McClellan.
Ninguna otra batalla en la guerra tuvo tantas consecuencias de gran trascendencia como Antietam. En julio de 1863 la doble victoria de la Unión en Gettysburg y Vickburg asestó otro golpe que debilitó una renovada ofensiva confederada en el este y aisló el tercio de la Confederación del resto. En septiembre de 1864 la toma de Atlanta por parte de Sherman anuló otro debilitamiento de la moral del Norte y puso las bases para el camino final de la victoria de la Unión. Hubo también momentos fundamentales. Pero no hubieran ocurrido nunca si la triple ofensiva confederada en Misisipi, Kentucky y sobre todo Maryland no hubieran sido derrotadas en el otoño de 1862. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.