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miércoles, 27 de febrero de 2019

El cambio que no cesa


A finales del pasado mes de septiembre, la Agencia de la Atmósfera y los Océanos de Estados Unidos (NOAA) publicó los datos que confirmaban que durante más de 400 meses consecutivos el planeta ha superado la media de temperatura desde que hay registros (1). En contraposición a 1816, el año del verano que nunca llegó, estamos viviendo veranos eternos en los que continua la tendencia denunciada en 2016 y 2017, los años más calurosos desde que comenzaron los registros en 1880 (2). El último informe presentado por el IPCC el pasado 8 de octubre (3) y el de la NASA (4) reiteran que hay más del 95% de probabilidad de que las actividades humanas, traducidas en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), especialmente reflejadas en el aumento del CO2 (Figura 1), sean la causa del aumento del calentamiento global del planeta.
Figura 1. El gráfico de arriba muestra los niveles de CO2 durante los últimos tres ciclos glaciares, obtenidos analizando núcleos de hielo. El gráfico de abajo muestra los niveles atmosféricos de CO2 medidos en el Observatorio Mauna Loa, Hawái, en los últimos doce años. Los gráficos, basados en la comparación de muestras atmosféricas contenidas en núcleos de hielo y mediciones directas más recientes, proporcionan la evidencia de que el CO2 atmosférico ha aumentado desde la Revolución Industrial. Las medidas actuales (409 ppm) son de octubre de 2018. Fuente (6).

Desde el comienzo de la Revolución Industrial cada vez hay más evidencias de un calentamiento global, esto es, de una tendencia ascendente de la temperatura en toda la Tierra, motivada por las actividades humanas, que está provocando un efecto inducido en el cambio climático natural (5). Algunas consecuencias de cambiar el efecto invernadero natural son difíciles de predecir, pero sabemos a ciencia cierta que acusarán ciertos efectos de que ya son perceptibles por varias pruebas y evidencias que resumo en los siguientes apartados.