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domingo, 10 de febrero de 2019

Fracking y gas natural en Estados Unidos: los inversores espabilan

Durante años, el ruinoso negocio de la fractura hidráulica se ha estado financiando gracias a las inversiones (léase préstamos) (1, 2, 3, 4, 5). Ahora el tiempo se acaba y los operadores se enfrentan a la dura realidad: devolverles su dinero a los inversores.
Dopadas a través de deudas colosales, año tras año las empresas dedicadas al fracking han estado presentando resultados espectaculares de producción de gas y petróleo, al tiempo que prometían a los inversores grandes beneficios futuros. Pero después de más de una década inmersos en el "milagro del fracking", los inversores están dando señales de que están seriamente preocupados de que los beneficios no lleguen nunca y, como resultado, el grifo del crédito se está cerrando.
Aparentemente, el crecimiento en la producción ya no es la solución para la industria del gas natural de Estados Unidos, que hasta ahora se presentaba como más fiable que la del petróleo. En una entrevista en The Wall Street Journal, Matthew Portillo, director de operaciones del banco de inversión Tudor, Pickering, Holt & Co., lo ha dejado meridianamente claro: «El crecimiento es una enfermedad que lo ha tapado todo […] Y debe ser curada antes de que el sector [del gas natural] pueda atraer el interés de los inversores a largo plazo».
Los indicios de que los inversores de gas ya no están contentos con el crecimiento a cualquier coste abundan. Para empezar, varios de los principales productores de gas natural han anunciado recortes de gastos en 2019. Después de anunciar despidos en enero,  EQT , el mayor productor de gas natural de Estados Unidos, ha anunciado que reducirá el gasto en un 20% en 2019.
Como ya he escrito en alguna ocasión, las tasas de interés históricamente bajas después de la crisis de las hipotecas basura de 2008 fueron un elemento clave para que las compañías de fracking gastaran y perdieran dinero hasta convertir a la industria de las lutitas en el negocio de Abundio. La banca de Wall Street ha estado financiando una década de producción de petróleo y gas a través del fracking incentivando la producción por encima de las ganancias. Esos incentivos han funcionado en dos direcciones: récords de producción y récords de pérdidas.
Sin embargo, de la misma forma que conceder préstamos hipotecarios a personas de dudosa solvencia no era un modelo sostenible de negocio, prestar dinero a empresas que se lo gastan sin obtener ganancias no es sostenible. Los inversores de Wall Street están ahora preocupados por la devolución de los capitales invertidos, y, en consecuencia, las tasas de interés que les comienzan a aplicar a las compañías de fracking están llegando al punto de que pedir prestado más dinero se está convirtiendo en un riesgo financiero insostenible para los operadores. Y como no ganan más dinero del que gastan, necesitan recortar gastos.
CNN Business informó recientemente que las compañías de petróleo y gas dejaron de pedir dinero prestado en octubre de 2018, pero no por moderación, sino porque «los inversores, temerosos de los impagos, exigieron una prima considerable para prestar a esas empresas energéticas». Tal y como informó The Wall Street Journal, como muchas compañías de fracking no cumplan con sus previsiones de producción,  los inversores tienen buenas razones para estar asustados.
Los días de préstamos ilimitados a bajo interés para una industria que viene registrando pérdidas año tras año durante una década podrían estar llegando a su fin. Como explicó Spencer Cutter, el analista financiero de Bloomberg a CNN : «Los inversores despertaron y se dieron cuenta de que el negocio se había basado en deuda».
Un ejemplo paradigmático de lo que está sucediendo son los desesperados apuros que está sufriendo Chesapeake Energy el productor líder de gas en Estados Unidos y el operador que normalmente se exhibía como el modelo a seguir para la explotación mediante fracking. La de Chesapeake fue una gran historia de éxito financiero inicial (basada en el precio de sus acciones, no en las ganancias reales), y en 2008, su entonces CEO Aubrey McClendon, conocido como el "KIng Shale", fue el CEO mejor pagado en la lista de Fortune 500.  
Desde esos tiempos de vino y rosas, Chesapeake ha pasado por tiempos muy difíciles. El precio de las acciones está en mínimos históricos, en los que se ha mantenido durante años. Chesapeake se ha mantenido a flote obteniendo préstamos en efectivo y actualmente tiene una deuda de alrededor de 10.000 millones de dólares. Incapaz de ganar dinero fracturando gas, Chesapeake ha adoptado una nueva estrategia: fracking para petróleo.
The Wall Street Journal informó recientemente este cambio en la estrategia de Chesapeake, al que se refirió como "inoportuno" y que solamente serviría para "agotar su finanzas ya desgastadas". Pese a todo, Chesapeake va a echar el resto en esta nueva estrategia. Según el mismo periódico, el presidente ejecutivo de Chesapeake , Doug Lawler, anunció que la compañía «planea dedicar al menos el 80% de los gastos de capital de 2019 a la producción de petróleo porque considera que el crudo es la clave para un futuro más rentable».
Uno de los principales productores de gas en América y un "pionero del fracking" está abandonando el gas como un camino hacia un futuro económicamente rentable. El hecho de que Chesapeake crea ahora que el fracking para el petróleo es un camino hacia un futuro rentable a pesar de todas las pruebas en contra, impregna su estrategia del tufo de la desesperación.
Mientras que en Estados Unidos los políticos de los dos grandes partidos han aplaudido hasta hartarse a la industria del petróleo y el gas, los inversores parecen estar perdiendo el entusiasmo. La llamada revolución de las lutitas, el milagro del fracking, puede haber dado lugar a una producción récord de petróleo y gas, pero el verdadero milagro, que las compañías de lutitas hagan dinero con ello, aún no ha ocurrido.
La industria del gas natural de Estados Unidos se enfrenta a una crisis con un mercado de suministro excesivo y productores que están perdiendo dinero a espuertas. Para salvar sus cuentas, esos productores necesitan desesperadamente precios más altos del gas natural. Pero los precios más altos del gas hacen que las energías renovables se vuelvan aún más atractivas para los inversores, lo que puede llevar a que el gas siga los pasos del carbón, muriendo a manos del libre mercado.
Puede que transcurra algún tiempo, pero o los inversores se espabilan o se quedan sin dinero. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.