Una serie de decisiones equivocadas del Consistorio de Nueva York condujeron a que una laguna natural de Manhattan, Collect Pond, fuera desecada y sellada de mala manera en 1811; luego, sobre el vaso recrecido con áridos de la antigua laguna se levantó un barrio para gente acomodada y aporofóbica que llevaba el nombre de su parque central, Paradise Square.
Al poco tiempo, los problemas sanitarios surgidos como
consecuencia del deficiente sellado de la laguna hicieron que todas las
familias acomodadas que pudieron permitirse el lujo de mudarse abandonaran el
barrio a su suerte. Comenzó una gentrificación al revés: el antiguo barrio
residencial fue inmediatamente ocupado por los más pobres de los pobres: esclavos
liberados y emigrantes europeos y asiáticos.
Apenas veinte años después, en la década de 1830,
Paradise Square se había convertido en el famoso Five Points representado en el grabado de 1827 de George Catlin que encabeza este artículo,
uno de los barrios neoyorquinos históricamente más míseros, conflictivos y
peligrosos, que sirvió de escuela a muchos criminales de principios del siglo
XX, como Lucky Luciano y Al Capone, cuyas carreras comenzaron entre las
pandillas que deambulaban por el barrio extorsionando a los residentes y
dirigiendo redes de apuestas y prostitución.
El crimen era solo la mitad de la historia de Five
Points: la alta densidad de población y el mal drenaje de las aguas subterráneas
que alimentaban Collect Pond habían convertido el barrio en un pestilente
lodazal idóneo para favorecer el brote de enfermedades. A lo largo del siglo
XIX, casi todos los focos de cólera de Nueva York se originaban allí.
Five Points estaba comprendido entre las cinco calles
que dieron nombre al vecindario: Mulberry, Anthony, Cross, Orange y la
desaparecida Little Water Street. En la década de 1840, los inmigrantes judíos de
origen alemán establecieron el primer distrito étnico de Nueva York en la calle
Baxter, mientras que los afroamericanos manumitidos fueron llegando poco a poco
a medida que huían al norte de la línea Mason-Dixon hasta parar en la estación
del Underground Railroad, situada en el 36 de la calle Lispenard. Una placa histórica situada
en la fachada de la cafetería La Colombe Torrefaction recuerda hoy que
allí estuvo la estación.
Cada uno de la mayoría de los edificios de Five Points
albergaba más de mil personas en uns "viviendas", que eran
básicamente los peores habitáculos de Nueva York, unos cuchitriles de una
habitación, muchas veces del tamaño de las despensas de las mansiones de Broadway.
Los edificios se hundían lentamente en la marisma enterrada y se inclinaban como
bloques borrachos.
Las calles eran callejones lóbregos, encharcados y
poco iluminados donde ladrones y atracadores asaltaban a los transeúntes. Dentro
de los edificios la seguridad no era mucho mejor. Del edificio de la antigua Old
Brewery, reconvertido en viviendas, se decía que jamás había pasado una
noche sin que alguien fuera víctima de un asesinato.
Charles Dickens se atrevió a entrar en el barrio en
1842, y, como escribió en su American Notes, salió
con una impresión nada benévola:
«Sumerjámonos en la zona de Five Points. Este es el
lugar donde unas callejuelas estrechas se desvían a izquierda y derecha
apestando a suciedad... Casas en ruinas, abiertas a la calle, por cuyas amplias
grietas en las paredes otras ruinas amenazan la vista, como si el mundo del
vicio y la miseria no tuviera nada más que mostrar. Viviendas atroces que deben
su reputación al robo y al asesinato. Todo lo inmundo, lo decadente y lo
corrupto se halla aquí».
Pero la cúspide de su notoriedad como barrio violento
y marginal llegó en las décadas de 1880 y 1890, cuando pandillas despiadadas
como los Conejos Muertos inmortalizados por Martin Scorcese en Gangs of New
York se echaron enloquecidas a las calles luchando por hacerse con los negocios
turbios de los sórdidos callejones laterales. A pesar de ello, esas temibles
condiciones no impedían que la burguesía neoyorquina participara en un
pasatiempo nuevo y moderno, el slumming,
que consistía en un tour guiado en el que familias y parejas de clase alta, con
la nariz tapada con pañuelos perfumados, desfilaban por el barrio para contemplar
la miseria a su alrededor.
En 1880, los esfuerzos por erradicar la delincuencia
lograron que se demoliese Five Points. Fue una victoria pírrica, porque la
gente simplemente se mudó al vecino Lower East Side. El Lower East Side experimentó
una profunda remodelación después de la publicación en 1890 de How the Other Half Lives (Cómo vive la otra mitad), un libro de Jacob Riis que fue un retrato revelador
de la vida en los barrios bajos que agitó a los reformadores de finales del
siglo XIX. A los cuatro años de la aparición del libro, el ayuntamiento había derribado
casi todas las viviendas del barrio sobre las que hoy se extiende el Civic
Center, donde se levantan muchos edificios oficiales.
En 1897, Calvert Vaux, el paisajista que había
diseñado Central Park, dirigió una operación de remodelación del barrio reemplazando
gran parte de las viviendas marginales por Columbus Park, el nombre que
recibiría en 1911. La llegada de una nueva ola de inmigrantes asiáticos a
principios del siglo XX acabó poco a poco con lo que quedaba de la diversidad
étnica de Five Points, que pronto se convirtió en un sector más del creciente Chinatown.
En 1991, mientras trabajaban en una parcela destinada a
un nuevo edificio federal en el Civic Center, los trabajadores dieron con los
restos de un antiguo cementerio africano. El camposanto albergaba entre diez y
veinte mil sepulturas. En 2006, el sitio de excavación fue declarado monumento
nacional, y en 2007 se erigió un monumento conmemorativo.
Aunque ya no se puedan encontrar tugurios por allí y no se perciba el hedor a turba podrida y basura mezclada con los olores de desechos humanos, sangre y pólvora, uno todavía puede darse un tranquilo paseo por las calles de los antaño terroríficos Five Points. Simplemente, hay que dirigirse a Columbus Park.
