jueves, 9 de febrero de 2017

El cartero llama dos veces o el timo de las begonias

Begonia involucrata.
La palabra “pseudoantera” no viene en el Diccionario de Font Quer (sí figuran pseudoántico y pseudanto) así que la robo del inglés "pseudoanthry" y la usaré para describirles unas curiosas estructuras que observé hace algunos años en unas flores de Begonia que crecían en la Sierra de Chiapas, en el mismo bosque en el que crecía Lacandonia schismatica, de la que me ocupé en anteriores entradas.
El género Begonia comprende alrededor de 1.500 especies, de las que alrededor de 150, además de casi 10.000 variedades e híbridos, se comercializan para su uso en jardinería. Son oriundas de las regiones tropicales y subtropicales de América, África y Asia. El único otro miembro de la familia Begoniaceae es Hillebrandia, que tiene una sola especie en las islas Hawái. Cuando las estudiaba hace algunos años, había otro género, Symbegonia, que recientemente los especialistas incluyeron en Begonia. Solo puedo decir que sin Symbegonia estamos mejor.
La especie en cuestión era B. involucrata y lo que llamó mi atención fueron unas curiosas estructuras que semejaban anteras pero que no tenían polen. La planta, una herbácea perenne nemoral, tenía inflorescencias en racimo abierto muy ramificado; unas presentaban flores con anteras cargadas de polen y otras que parecían tener anteras estériles. Yo sabía que la mayoría de las especies de Begonia son unisexuales monoicas, de manera que, si unas flores eran con toda seguridad masculinas, las otras debían ser femeninas. Mi cuentahílos de campo no me permitía ir más allá. Tomé unas fotos y lo dejé correr. Ahora he vuelto sobre ello y he indagado. Les cuento mi modesto hallazgo.
Detalle de una flor femenina del género Begonia. Foto
Aunque me gustan las begonias, incluida la que cuida con mucho mimo Rosario Sánchez Alonso, la secretaria de mi departamento universitario, la verdad es que nunca me he parado a observarlas detenidamente. Desde ahora lo haré. Lo que me llamó la atención de aquella planta era que emitía un suave aroma dulzón, pero parecía no tener nectarios, así que me plantee cómo se las apañaba para recompensar a los insectos polinizadores, habida cuenta de que sus llamativas flores y el olor eran un síntoma claro del complejo síndrome de entomofilia.
No había ninguna pregunta que hacerse con respecto a la recompensa que obtenían los polinizadores al acudir a las flores masculinas: ingentes cantidades de polen procedente de un fascículo central de estambres culminados por unas generosas anteras amarillas. Ese es un incentivo más que suficiente para que cualquier insecto visite una flor masculina. Pero ¿qué pasaba con las que parecían ser las flores femeninas? ¿Acaso eran tan vistosas que atraían a los insectos simplemente por su belleza? ¿Quizás su aroma era tan embriagador que los yonquinizados polinizadores perdían la cabeza? Pues no; si un insecto no obtiene algún tipo de recompensa no volverá.
La respuesta está en las pesudoanteras, que dan gato por liebre a los incautos polinizadores. Eche un vistazo al estigma de una flor de Begonia como la de arriba y se maravillará de su estructura intrincada y de su vistosa coloración amarilla. El estigma imita por completo a las anteras cubiertas de polen de las flores masculinas. Cuando visitan las flores femeninas, los insectos que buscan el polen rico en azúcares se van con tres palmos de narices, pero esa visita es todo lo que requieren las astutas damas. Mientras que el insecto se afana buscando polen, los pelos erizados del estigma recogen los granos de polen de una visita anterior del incauto. Con un poco de suerte, esa flor era una begonia masculina.
Begonia involucrata. (a) una pareja de flores la masculina a la izquierda. Las flores carecen de pétalos, pero poseen dos sépalos tepaloideos. Las ramificaciones del estigma mimetizan a los estambres. Las inflorescencias proterándricas son panículos umbeliformes. Fuente.
Esa estrategia de “timo” floral funciona una y otra vez debido al juego de los números. Al producir un montón de flores masculinas y muchas menos flores femeninas, las begonias están seguras de que, por desencantados que estén después de una de sus infructuosas visitas, los insectos volverán una y otra vez a repetir la jugada. A diferencia de lo que ocurre en los casinos, los jugadores siempre ganan. Esto tiene un doble beneficio para la planta: se ahorra la producción del costoso néctar y se asegura la llegada del fecundador correo, aunque el cartero tenga que llamar dos veces.
Se preguntarán ustedes que, si la planta recibe polen de sus propias flores, es decir, si se autofecunda, corre el peligro de degenerar (repásese la historia de las viejas monarquías endogámicas, la de Austrias y Borbones, sin ir más lejos). No hay problema. La mayoría de las begonias, tal y como sucede en B. involucrata, son proterándricas, lo que significa que primero maduran las flores masculinas y, más tarde, cuando el polen se ha acabado, lo hacen las femeninas. Para los amigos del morbo, un último dato. El polinizador de B. involucrata es una abeja sin aguijón, Trigona grandipennis, un tipo a lo Nacho Vidal en el mundo de la tribu tropical Meliponini
Y ahora, si desea aprender algo más de la estrategia de B. involucrata, les recomiendo dos lecturas que a mí me han venido de perillas: 1, 2