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domingo, 19 de febrero de 2017

Nuestro hombre en Guam, la isla de las serpientes

«Y el Señor envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió». Números 21: 6.
«Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”?» Génesis 3:1.

El cardenal Burke, nuestro hombre en Guam. Foto
Roma. 16 de febrero. Uno más de los titulares de prensa que encabezan la misma noticia: «En una sorprendente movida estratégica, el papa Francisco decidió enviar al cardenal estadounidense Raymond Burke, uno de los máximos opositores a su línea reformista, a la Isla de Guam, a más de 12.000 kilómetros de distancia, con la misión de juzgar un caso de pedofilia». Si el cardenal ha soñado alguna vez con encontrar a la maléfica serpiente bíblica, la que entregó la manzana a nuestra madre Eva, ha dado en el sitio adecuado.
Gracias a 1898. Los últimos de Filipinas, la película de Salvador Calvo, la Guerra de España contra Estados Unidos, cuyo episodio postrero -el último grupo de las tropas españolas que permaneció sitiado en una iglesia de San Luis de Tolosa en Baler- retrata la película, ha vuelto a salir a la luz pública. Resumo. La Guerra hispano-estadounidense, denominada comúnmente en España como Guerra de Cuba o Desastre del 98, fue un conflicto bélico que enfrentó a España y a los Estados Unidos en 1898, como resultado de la intervención yanqui en la Guerra de Independencia cubana. Al final del conflicto España fue derrotada por goleada y se vio obligada a entregar la cuchara. Se perdió Cuba (que se proclamó república independiente, pero quedó bajo tutela de Estados Unidos), así como Puerto Rico, Filipinas y Guaján, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos.
En Filipinas, la ocupación estadounidense degeneró en la Guerra Filipino-Estadounidense de 1899-1902, que acabó con los tagalos en manos de los americanos. El resto de posesiones españolas de Extremo Oriente fueron vendidas al Imperio alemán mediante el Tratado Hispano-Alemán de 1899, por el cual España malvendió sus últimos archipiélagos -las Marianas (excepto la ya perdida Guaján), las Palaos y las Carolinas- a cambio de 25 millones de marcos.
La isla de Guaján, que está situada estratégicamente en el camino entre Filipinas y los puertos españoles del Pacífico controlados por el Virreinato de Nueva España, servía de escala para el Galeón de Manila, la ruta comercial más famosa de la región. Cuando Estados Unidos la ocupó, Guaján siguió cumpliendo una misión esencial, por lo que se convirtió en una base naval estadounidense. Como los gringos son incapaces de pronunciar la jota como dios manda, desde entonces empezó a ser conocida como Guam, nombre que todavía conserva.
El valor estratégico de la isla no pasó inadvertido al Imperio japonés, que la ocupó apenas una semana después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Por los mismos motivos, las tropas aliadas necesitaban recuperarla con urgencia para que sirviera de plataforma para la conquista isla a isla de toda Oceanía. Su localización, a mitad de camino entre Nueva Guinea y Japón, la convertían en una cabeza de puente excepcional que permitió el vuelo de los bombarderos B-29 para atacar a domicilio a los nipones.
Boa irregularis. Foto.
La intensa actividad durante la guerra exigía un apoyo logístico extraordinario, que se ejecutó mediante un puente aéreo y marítimo desde Australia y Nueva Guinea. Un inesperado polizón llegó por ese puente: la serpiente arborícola café (Boiga irregularis). Veni, vidi, vici. Desde su llegada, en tan solo treinta años, desaparecieron dos de las tres especies de murciélagos, y varios reptiles. Los pájaros de Guam habían evolucionado sin depredadores, así que las serpientes se pusieron las botas (de haber tenido patas) a base de asaltar nidos para zamparse huevos y polluelos. Generaciones enteras de confiados pajarillos desaparecieron.
Debido a la pérdida de polinizadores que eran devorados por las prolíficas serpientes, cuya multiplicación aumentaba exponencialmente por la falta de predadores específicos, la diversidad vegetal se modificó por un efecto en cascada. La ausencia de murciélagos, reptiles y aves insectívoras permitió la proliferación de insectos, que favorecieron a su vez una explosión de arañas que, en ausencia de depredadores, multiplicaron por cuarenta sus poblaciones.
Los hábitos trepadores de B. irregularis permiten que se aficionen a los tendidos eléctricos, lo que provoca pérdidas de varios millones de dólares al año por cortes eléctricos. Aunque todavía no han reclamado a Chicote, los hoteleros locales acusan, vaya usted a saber por qué, a serpientes y arañas de crear un ambiente poco atractivo para los superferolíticos turistas. Además, los insectos que logran escapar a los quelíceros de las arañas, constituyen una plaga para los cultivos y un tormento para los visitantes. Claro que, si de turismo se trata, la boa arborícola da sopa con hondas a las agencias más avezadas: se han hecho centenares de avistamientos de esta especie en otras islas como Arube, Wake, Tinian, Okinawa, Diego García, Hawái, e incluso en Rota, que ya sé que no es una isla, oiga, hasta donde no habrá llegado con Viajes Halcón, digo yo. Una población incipiente acaba de aparecer, como el cardenal Burke, en Saipán. Si ve alguna por su casa, informe de su presencia en este enlace.
La boa constrictor de la imagen se está zampando
un gonzalito (Icterus nigrogularis) en la isla de Arube.
Foto: Greg Peterson (Aruba Birdlife Conservation)
En 1984 los pájaros de la isla se dieron por extinguidos. Se los habían comido prácticamente todos. Ante la desaparición de las especies nativas, la dieta de la serpiente arborícola café puso proa hacia otros vertebrados introducidos en Guam, sobre todo hacia algunos geckos y roedores. Pero estos no tienen problemas en mantener poblaciones elevadas, pues proceden de lugares donde han evolucionado con depredadores y saben cómo se las gastan, pero también cómo esquivarlos. Los ofidios, a los que al parecer les encanta robar al descuido las hamburguesas de los campistas y gallinas en sus corrales, pueden, además, consumir carroña y aparecen tan campantes por los cubos de basura. Según dicen, quizás como un atavismo de sus relaciones con Eva, les encantan los artículos de higiene femenina usados.
Lanzamiento de 2.000 ratones en  Guam.
Foto NBC News.
En la actualidad, se están haciendo pruebas, que hubieran hecho las delicias del profesor Frank de Copenhague o del mismísimo profesor Bacterio, para controlar a la serpiente a través de un sofisticado sistema de ratones muertos rellenos con paracetamol (letal para los ofidios; sí hombre, para los ofidios, no para usted) lanzados en cajas de cartón por paracaídas, de modo que se mantengan en altura, fuera del alcance de animales domésticos (los gatos son extremadamente sensibles a este medicamento: ¡cuidado con su mascota!). Esto tal vez alivie alguno de los problemas asociados al reptil: reducirá las probabilidades de que se introduzcan en otras islas, pero los ricos ecosistemas de una isla tropical se han perdido para siempre.
La llegada de otra especie foránea, el cardenal Burke, involuntario cazador de curas pedófilos, cuya proliferación urbi et orbe recuerda a la de las serpientes, puede que arregle el problema a base de agua bendita. ©Manuel Peinado Lorca.