domingo, 26 de febrero de 2017

Una polinización retorcida

La arquitectura floral típica del género Impatiens con órganos reproductores en la parte dorsal de la flor conduce inevitablemente a la deposición de polen en la parte dorsal de las cabezas de los polinizadores (Figura 1A). En el caso de I. frithii, sin embargo, la situación es muy diferente. Gracias a la curvatura atípica del espolón del néctar, que no está curvado hacia abajo, como es habitual, sino ligeramente hacia arriba (Figura 1B), la flor se retuerce cuando los colibríes buscan el néctar ya que el espolón se ajusta a la forma del pico del pájaro. Por lo tanto, el polen se coloca en la superficie ventral del pico o de la cabeza del ave (Figura 1C, 1D). Fuente
Asegurar que el polen de una flor alcance otra flor de la misma especie es primordial para la reproducción sexual de las plantas. Los mecanismos para conseguirlo han sido uno de los principales impulsores de la diversidad de formas, tamaños y colores que vemos en las flores de las angiospermas. A veces el mecanismo resulta extraño. Ese es el caso de las flores de Impatiens frithii.
La planta fue descubierta en 2002 en las montañas Bakossi y en el monte Etinde, en el oste de Camerún, de donde es endémica. Desde que se descubrió, sus flores fueron un rompecabezas. Como todos los Impatiens, guardan el néctar en el fondo de un largo espolón. Sin embargo, el espolón curvo de I. frithii es único en el género: está dirigido hacia arriba y no curvado hacia abajo como en la mayoría de sus congéneres. Esa curvatura es desconcertante porque la mayoría de las Impatiens africanas son polinizadas por colibríes. El espolón curvado, que hace difícil el acceso al néctar, parecía un impedimento para que fuese alcanzado por un pájaro. Sin embargo, aunque escape a nuestra imaginación, el hecho es que año tras año la planta era polinizada, fecundada y producía frutos y semillas. Alguien debía polinizar a esa pequeña epífita de una u otra manera.
Gracias a cámaras remotas y a mucha paciencia, dos botánicos checos,  Michael Bartoš y Štěpán Janeček fueron capaces de registrar los mecanismos de polinización, que publicaron en Science. Como cabía esperar, rápidamente se dieron cuenta de que los colibríes eran los principales polinizadores de esta especie. Que se esperara, no quiere decir que no fuera sorprendente observar cómo podían hacerlo. Descubrieron la notable forma en que las flores depositan el polen en las aves.
Cuando un colibrí liba la flor para buscar el néctar, su pico se ajusta al contorno del espolón y eso hace que toda la flor gire. A medida que se retuerce, las anteras y el estigma contactan con la base del pico del ave. Esa es la diferencia con otros Impatiens que depositan el polen encima de las cabezas de los pájaros que las visitan.
Esta adaptación destaca en dos aspectos. Por un lado, es elegantemente simple. Todo lo que se necesita es una pequeña alteración de la arquitectura floral. En segundo lugar, al colocar el polen en la parte inferior de la cabeza, la planta garantiza que solo el polen de su especie entrará en contacto con el estigma de otra flor de la misma especie. Eso es lo que llamamos aislamiento reproductivo, que es un factor importante en la especiación. ©Manuel Peinado Lorca

Si quieren ver un breve video sobre el proceso de polinización, pulse este enlace