Páginas vistas en total

domingo, 5 de febrero de 2017

Los nuevos reyes de las selvas africanas

Midiendo un ejemplar de Sequoia sempervirens.
Foto.
Novedades en el selecto club de los árboles más altos del mundo. El pasado mes de octubre, un artículo publicado en la revista Biodiversity and Conservation informó del hallazgo en los bosques del Kilimanjaro, la montaña más alta de África, de unos árboles que compiten en talla y volumen con los colosos americanos y australianos que constituyen unos auténticos rascacielos de lignina.
Los árboles altos son el resultado de una tormenta perfecta de historia evolutiva y condiciones ambientales únicas (King 1991). Desde las secuoyas de la costa del Pacífico y de la Sierra Nevada californiana hasta los eucaliptos de Tasmania, pasando por algunos jayanes asiáticos, la combinación de suelos fértiles, clima húmedo y fresco, bajos niveles de perturbación y competencia por la luz han llevado a algunas especies a crecer en proporciones alucinantes. Resultaba un tanto anómalo que, en África, un continente en el que las selvas compiten en biomasa y diversidad con las más frondosas del mundo, no se hubieran registrado ejemplares arbóreos de más de 80 metros de altura, el rango mínimo que hay que cumplir en la lista “Forbes” de los quince árboles más grandes del planeta. Medidos con una tecnología láser especial, requisito imprescindible para ser homologados, estos ejemplares encabezaban el ranking hasta octubre de 2016:
  1. Sequoia sempervirens: 115,92 m. Redwood National Park, California, EEUU. Si quiere trepar a un árbol de esta especie, pulse este enlace
  2. Pseudotsuga menziesii var. menziesii: 99,7 m. Brummit Creek, Condado de Coos, Oregón, EEUU.
  3. Eucalyptus regnans: 99,6 m. Arve Valley, Tasmania, Australia.
  4. Picea sitchensis: 96,7 m. Prairie Creek Redwoods State Park, California, EEUU.
  5. Sequoiadendron giganteum: 95,7 m. Sequoia National Forest, California, EEUU. 
  6. Shorea faguetiana: 94,1 m. Danum Valley, Sabah, Borneo, Malaysia.
  7. Eucalyptus viminalis: 91 m. Evercreech Forest Reserve, Tasmania, Australia.
  8. Eucalyptus globulus: 90,7 m. Tasmania, Australia
  9. Eucalyptus delegatensis: 87,9 m. Tasmania, Australia
  10. Eucalyptus obliqua: 86 m. Tasmania, Australia.
  11. Pinus lambertiana: 83,45 m. Yosemite National Park, California, EEUU.
  12. Tsuga heterophylla: 83,34 m. Prairie Creek Redwoods State Park, California, EEUU.
  13. Pinus ponderosa: 81,77 m. Siskiyou National Forest, Oregon, EEUU.
  14. Abies grandis: 81,4 m. Glacier Peak Wilderness, Washington, EEUU.
  15. Chamaecyparis lawsoniana: 81,08 m. Jedediah Smith Redwoods State Park, California, EEUU.
Hyperion comparado con la
Estatua de la Libertad y la torre del Big Ben.
Fuente.
En la conocida y prestigiosa Flora of Tropical East Africa (1952-2002), los ejemplares africanos de mayor talla no superaban los 65 m, límite solo rebasado por una especie introducida, el gomoso azul de Sydney (Eucalyptus saligna), que alcanzó los 81,5 metros antes de morir en 2006. El problema, como en tantas otras cosas, no es el tamaño sino la ignorancia: hay demasiadas zonas de África poco estudiadas, especialmente las que están alejadas de algunos puntos calientes de la biodiversidad, como la región del Cabo, Maputalandia o las montañas del Oriente Afromontano. Por lo tanto, es más que posible que muchas especies arbóreas de gran talla han sido pasadas por alto o que, debido a la escasez de muestreos, muchas especies pueden haber sido registradas en hábitats donde la abundancia limitada de recursos, la alta competencia y otros factores hayan impedido un crecimiento muy alto.
El equipo de investigación germano-suizo que ha encontrado al coloso africano centró sus muestreos en la montaña más alta de África, el Kilimanjaro, en Tanzania. La montaña más alta de África ofrece una gran variedad de tipos de bosques que van desde los bosques tropicales secos de sus faldas hasta las exuberantes selvas tropicales hiperhúmedas de alta montaña (Hemp 2006). Como se trata de una de las montañas más famosas del mundo, la flora y la vegetación del Kilimanjaro se consideran bien investigadas.
Altura, circunferencia y localización de
algunos de los árboles más altos del planeta.
Fuente.
Durante los últimos 25 años el equipo estudió la vegetación del Kilimanjaro en casi 1.700 parcelas repartidas por toda la montaña. El análisis incluyó unas 600 parcelas forestales, entre las que se encontraban varias establecidas en bosques submontanos a 1600 m de altitud. En esa zona las condiciones ambientales son muy favorables y, por lo tanto, la mayor parte de ella se utiliza para la agrosilvicultura tradicional, para plantaciones de café o como pastizales. La intensa explotación antrópica ha reducido las mejores parcelas de bosque a las gargantas angostas y escarpadas en las que la agricultura es impracticable.
En esos lugares sobreviven retazos relícticos de bosque que son el testimonio actual de los antiguos extensos y lujuriosos bosques del Kilimanjaro. En ellos se han descubierto especies nuevas y otrs que solamente se conocían de las montañas del Oriente Afromontano (Hemp 2006). En una de ellas encontraron trece ejemplares extraordinarios de Entandrophragma excelsum, un representante de las Meliáceas, la familia de la codiciada caoba del género Swietenia. Las tallas de los trece gigantes oscilaban entre 53,7 y 81,5 metros, lo que sitúa a este último en el décimo cuarto puesto de los árboles más altos del mundo, desplazando del selecto “club de los quince” al ciprés gigante norteamericano Chamaecyparis lawsoniana.
Entandrophragma excelsum. Foto.
Mientras que muchas meliáceas como la caoba son famosas por el valor de su madera, lo que ha provocado su tala selectiva hasta ponerlas en peligro de extinción, lo que ha salvado a E. excelsum es que produce madera de una densidad muy baja, lo que por un lado la exime del hacha de los leñadores (de hecho este árbol se respeta como árbol de sombra en los cafetales) y por otro, como a densidad baja más crecimiento, su rápido estiramiento impide que las lianas lleguen hasta su copa frenando su crecimiento, un fenómeno que se produce en muchos árboles de las selvas tropicales africanas.
Al contar los anillos de crecimiento utilizando técnicas de dendrometría de alta resolución, el más viejo de ellos tenía más de 470 años de edad. Una combinación única de peculiaridades anatómicas (madera de baja densidad, crecimiento rápido) y condiciones favorables del hábitat podría explicar el enorme tamaño. Lamentablemente, debido a la larga historia de la agricultura y a la historia más reciente de la tala ilegal, los exuberantes bosques ricos del Kilimanjaro están desapareciendo rápidamente. Dado que sólo quedan unos cuantos kilómetros cuadrados de este hábitat de Entandrophragma, el Kilimanjaro (y África) están al borde de perder no sólo un “archivo” biogeográfico único con una vegetación muy diversa, sino también sus árboles más altos. La inclusión de estos valles en el futuro Parque Nacional Kilimanjaro sería una excelente y urgente posibilidad de protección.