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miércoles, 3 de julio de 2019

El negocio del fracking sigue su camino a la perdición


Recientemente, el ex CEO del mayor productor de gas de lutitas (shale gas) de Estados Unidos dijo en una sala llena de asistentes a un congreso petroquímico lo que cualquier analista financiero competente debería haber revelado hace muchos años: en general, la industria del gas y el petróleo de lutitas ha estado destruyendo capital desde su creación.
«El hecho es que cada vez que meten la perforadora en el suelo, erosionan el valor de los miles de millones de dólares que se han invertido anteriormente», dijo Steve Schlotterbeck, ex jefe del gigante de gas natural EQT, en un congreso de la industria petroquímica. «Francamente, no es de extrañar que el valor de sus acciones siga cayendo dramáticamente».
Pero, la verdadera noticia no es que la industria de gas y petróleo de lutitas haya estado destruyendo el capital desde el principio. Lo relevante es que, una vez liberado de las responsabilidades de su antiguo trabajo, lo ha admitido.
Schlotterbeck calcula que la industria en su conjunto ha destruido el 80 por ciento de su valor desde 2008. Resulta que la llamada revolución de las lutitas es una revolución tanto en lo que se refiere a la estupidez de los inversores como de la tecnología, una tecnología que parece no poder producir beneficios reales a la industria. El ex CEO agregó que desde 2015 ha habido 172 quiebras entre las compañías de exploración y producción que participan en el negocio de gas y petróleo de lutitas.
La verdadera relevancia de este mensaje reside tanto en donde se dijo como en quien lo dijo. Schlotterbeck se estaba dirigiendo a los asistentes a la Muestra y Conferencia de Petroquímica del Noreste celebrada en Pittsburgh a mediados de junio. El rumor predominante en la conferencia era un plan para convertir a Pensilvania y Ohio, que se están situados encima de los grandes recursos de gas de lutitas, en un centro petroquímico y de plásticos similar al que existe en las costas estadounidenses del Golfo.
Esa idea se basa principalmente en lo barato que resulta el gas natural como consecuencia de la gran sobreproducción procedente de los perforadores de esquisto. El pronóstico de Schlotterbeck, que los promotores de la petroquímica parecían no haber tenido en cuenta, es que algún día los precios bajos tendrán que subir sustancialmente para mantener a los perforadores a flote. Eso puede suceder de dos maneras, explicó: autodisciplina o una nueva serie de quiebras que reduzcan la producción eliminando empresas.
De cualquier manera, los precios subirán significativamente, derrumbando el meme del "gas barato" que impulsa la visión de un maravilloso país petroquímico en Pennsylvania y Ohio. La reducción de la oferta irá de la mano de precios más altos, que generalmente van de la mano. ¿Qué pasará entonces las enormes inversiones en refinerías petroquímicas?
Lo mismo ocurre con la miopía de la industria eléctrica de Estados Unidos, que sigue agregando a su producción centrales de gas natural. No se puede argumentar que el cambio a gas natural por carbón haya sido fundamental para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos. La quema de gas natural todavía emite gases de efecto invernadero, y la apuesta por el gas natural en la generación eléctrica ha frenado la inversión en energías renovables que son mucho más bajas en su huella de carbono.
Lo que probablemente sorprenderá a la industria eléctrica es lo mismo que sorprenderá a los nuevos emprendedores petroquímicos que quieren instalarse próximos a los yacimientos de gas natural Marcellus y Utica Shale en Pennsylvania y Ohio: precios mucho más altos para el gas natural.
Lo cierto es que ambas unos y otros están basando su futuro en supuestos extremadamente optimistas sobre los precios y el suministro de gas natural. Este análisis detallado e independiente del petróleo y el gas de lutitas basado en datos reales de los pozos explica por qué estas suposiciones no son realistas. En resumen, lo que hacen las compañías de exploración y producción es perforar los sitios más productivos, los "puntos dulces", para luego pasar a lugares mucho más difíciles de explotar que exigirán muchos más recursos para perforar y producir y, por lo tanto, requerirán precios significativamente más altos. Todo esto podría suceder a mediados de la década de 2020.
En oposición a las proyecciones tremendamente optimistas de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, que dicen que los suministros de gas natural continuarán creciendo hasta 2040, la producción de gas natural a partir de los pozos de gas de lutitas probablemente será para entonces solo una fracción de lo que es hoy.
Eso traerá como consecuencia que habrá una gran cantidad de infraestructuras petroquímicas y eléctricas, sin valor o al menos devaluadas, y muchos inversores enfadados.
Entender que este resultado es más que probable no exige una habilidad paranormal para observar el futuro. Tenemos las evidencias justo delante de nosotros al ver los balances y resultados de las compañías de petróleo y gas de lutitas americanas. Las finanzas de la industria están en ruinas sencillamente porque no pueden ganar dinero con precios tan bajos.
De ello se deduce que no es razonable esperar que los inversores sufran pérdidas continuas desde este momento y mediados de siglo para subsidiar a las industrias eléctrica y petroquímica vendiéndoles gas natural barato.
Ese era el punto de vista de Schlotterbeck, que es el mismo que algunos venimos sosteniendo desde hace años. Si la industria del fracking no da en bancarrota es sencillamente porque se mantiene en un esquema Ponzi que el Gobierno estadounidense tolera porque a los consumidores les viene de perillas el gas natural barato para que su dinero se destine a otras actividades económicas y eleve el PIB doméstico y global.
Pero es un esquema tan insostenible como era el de las hipotecas basura, que tardó varios años en desplomarse, pero que al final se derrumbó estrepitosamente. Al tiempo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.