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sábado, 19 de agosto de 2017

La verdadera historia de las estatuas confederadas

Estatua del general Robert E. Lee en Charlotteville, Virginia. 
En una rueda de prensa celebrada el pasado martes 15 de julio por la tarde, el presidente Trump defendió como una “defensa del patrimonio sureño” la protesta ultraderechista en el campus de la Universidad de Virginia del viernes anterior, en la que los manifestantes,  muchos de los cuales llevaban antorchas tipo Ku Klux Klan y hacían saludos nazis, cantaban consignas racistas. Los asistentes, dijo el presidente, estaban allí para evitar que el ayuntamiento de Charlottesville derribara una estatua del general confederado Robert E. Lee, lo que él piensa es una causa perfectamente razonable para reunirse porque:
No todas esas personas eran neonazis, créanme. No todas esas personas eran supremacistas blancos. Esa gente también estaba allí porque querían protestar por la caída de una estatua de Robert E. Lee. […] Muchas de esas personas estaban allí para protestar por la caída de la estatua de Robert E. Lee. Esta semana, le toca a Robert E. Lee y otra le tocará a Stonewall Jackson. ¿Le tocará después a George Washington? Hay que preguntarse ¿dónde terminará todo esto?
Trump acertaba en que la protesta era sobre la protección de una estatua…. sobre el papel. Pero sostener que la protesta no era racista, es un enorme error impropio de un presidente bien asesorado algo que, según todos los indicios, no parece ser el caso.
En un informe público del Southern Poverty Law Center, una organización dedicada al seguimiento de los derechos de grupos marginales estadounidenses, arroja mucha luz sobre lo que verdaderamente hay detrás de los monumentos y estatuas confederadas que salpican algunos estados americanos. Hay al menos 1.503 símbolos de la Confederación en espacios públicos. Hay por lo menos 109 escuelas públicas que llevan el nombre de prominentes confederados y muchas de ellas con muchos estudiantes afroamericanos. Hay más de 700 estatuas y monumentos confederados erigidos en lugares públicos de todo el país, la mayoría de ellos en los estados sureños.
Gráfico original con el que elaboré el anterior. Los puntos verdes son las escuelas que llevan el nombre de personajes confederados. Los azules son las estatuas y monumentos erigidas junto a los juzgados. Los rojos son monumentos erigidos en otros lugares. Fuente.
Las fechas en que se erigieron esos monumentos o se pusieron nombres a las escuelas son claves. La mayoría de ellos no fueron erigidos inmediatamente después de la Guerra Civil, como algunos nos quieren hacer ver. De hecho, hasta 1890 había muy pocas estatuas o monumentos dedicados a los líderes confederados. La mayoría de ellos fueron erigidos mucho más tarde, en pleno auge del movimiento racista americano. Les hago un resumen muy breve y simplificado:
1861-1865: Guerra civil.
1865-1875: Era de la reconstrucción.
1875-1895: Termina la era de la reconstrucción. Los estados sureños promulgan leyes de tipo “Jim Crow”,[i] que limitan los derechos de los afroamericanos. En 1896, el Tribunal  Supremo declaró que esas leyes eran constitucionales.
1895-1915: Con los negros privados de sus derechos y las leyes Jim Crow vigentes, los blancos del sur comienzan una campaña de terror contra los negros. Los linchamientos se disparan, el KKK renace y los racistas empiezan a construir estatuas confederadas y monumentos por todas partes.
1915-1955: La legislación tipo Jim Crow impera en todo el Sur.
1955-1970: La era de los derechos civiles comienza después de que el Tribunal Supremo dictamine que las leyes Jim Crow son inconstitucionales. Los blancos del sur montan una resistencia masiva y violenta, y comienzan a erigir nuevos monumentos confederados.
Sí, estos monumentos fueron puestos para honrar a los líderes y soldados confederados, pero el momento en que fueron erigidos deja bastante claro cuál era la verdadera motivación: simbolizar físicamente el terror blanco contra los negros. En su mayor parte se construyeron durante épocas en que los blancos del sur estaban organizando campañas de odio y subyugación contra los negros. Durante esas campañas, se enviaban mensajes a los tribunales mediante la erección delante de los edificios judiciales de estatuas ecuestres de Robert E. Lee, el general en jefe de los ejércitos confederados.
El bajorrelieve levantado en la fachada de una montaña en Stone Mountain, Georgia, es el mayor del mundo. Los representados son Jefferson Davis, Robert E. Lee y Stonewall Jackson.
Nadie debería pensar que estas estatuas estaban destinadas a honrar la memoria de los combatientes. Fueron erigidas mucho más tarde y la mayoría de ellas lo fueron para apoyar y reforzar explícitamente los esfuerzos organizados y violentos para someter a los negros y mantener la supremacía blanca en el Sur. Hay, pues, una razón por la que los negros consideran que estas estatuas son símbolos de la intolerancia y el terror: Sencillamente porque lo son.
Y una última cuestión. La equivalencia que hace Trump entre estatuas confederadas y las dedicadas a George Washington inciden en su profundo desconocimiento del fondo de la cuestión. Washington era un dueño de esclavos, sí, pero el significado de una estatua de Washington no es necesariamente pro-esclavitud o pro-supremacía blanca, mientras que ese es exactamente el objetivo de la gran mayoría de monumentos confederados en los Estados Unidos. Una vez que se entienda ese significado, resulta obvio por qué los neonazis y los supremacistas blancos se unieron en la defensa de los monumentos confederados. La única cuestión que queda por responder es por qué el presidente de los Estados Unidos, de haber podido, se hubiera unido a ellos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[i] Se llamaron leyes “Jim Crow” a un conjunto de leyes estatales y locales promulgadas en los Estados Unidos entre 1876 y 1965, que propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas bajo el lema «separados pero iguales» y se aplicaban a los afroamericanos y a otros grupos étnicos no blancos. Algunos ejemplos de leyes Jim Crow fueron la segregación en las escuelas públicas, en lugares públicos, fuentes públicas de agua potable, transporte público y la segregación en baños y restaurantes. En general, el resto de las leyes Jim Crow se anularon por la Ley de Derechos Civiles de 1964​ y la Ley de Derecho de Voto de 1965.