Vistas de página en total

Mostrando las entradas para la consulta jasmónico ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta jasmónico ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de octubre de 2018

Señales de tipo nervioso y mecanismos de defensa en plantas


Las plantas son atacadas por miles de herbívoros frente a los cuales poseen defensas muy originales, como la que induce el canibalismo entre las orugas que las atacan. A diferencia de los animales, que pueden huir o esconderse cuando son atacados por sus depredadores, las plantas no pueden hacerlo debido a su naturaleza inmóvil, pero que no puedan hacerlo no significa que permanezcan indefensas, listas para ser devoradas por cualquiera que pase por allí.
Además de defensas físicas tan evidentes como espinas y aguijones, las plantas dependen de una serie productos químicos para su defensa. El mundo de la fitoquímica es extraordinariamente sorprendente y, como desconocemos más de lo que conocemos sobre él, cuando leemos algunas investigaciones como la que vamos a comentar nos ocurre lo que a Alicia cuando miraba detrás del espejo: se abre ante nosotros un país de maravillas. Una de estas maravillas comienza a desvelarse gracias a unos recientes artículos de investigación que demuestran que las plantas utilizan mecanismos de transmisión nerviosa cuyo fundamento biomolecular es muy similar al utilizado por los animales. Para sobrevivir, plantas y animales actúan de una forma análoga: cuando se enfrentan a alguna amenaza, envían mensajes a través de su organismo.
Como conté en una entrada anterior, las plantas no hablan con el lenguaje articulado de los humanos, pero se comunican mucho y muy bien, sólo que de forma diferente a los animales. Se comunican a través de unas moléculas volátiles que se producen en el exclusivo metabolismo secundario del mundo vegetal. Cuando una planta es atacada por un patógeno, inmediatamente produce moléculas volátiles que pueden viajar kilómetros como un aviso a todas las demás para que preparen sus defensas.
El mecanismo de defensa funciona. Un caso muy explícito ocurrió hace diez años cuando en Botsuana introdujeron en un parque 200.000 antílopes, que comenzaron a zampar acacias con voracidad. Unas pocas semanas después muchos murieron y al cabo de seis meses murieron más de 10.000, sin que los responsables del parque supieran la causa. Hoy sabemos que fueron las plantas. Las acacias habían aumentado la concentración de taninos en sus hojas hasta convertirlas en veneno.
Los científicos usaron una proteína fluorescente para seguir la respuesta química de una planta al recibir un ataque. La planta parecía ser capaz de ‘sentir’ el daño, pues, cada vez que era atacada, respondía produciendo ácido jasmónico, una hormona vegetal relacionada con el estrés biótico, que, al parecer, comunica a estos organismos que debe activar sus defensas. Foto de Simon Gilroy. University of Winsconsin Madison.
Veamos ahora los mecanismos de comunicación interna, que en los vertebrados, como todo el mundo sabe, descansan en el sistema nervioso. Los animales requieren redes de señalización molecular rápidas y de largo alcance para integrar la detección y la respuesta en todo su cuerpo. En el sistema nervioso central de los vertebrados, el aminoácido glutamato actúa como un neurotransmisor excitador que facilita el intercambio de información a través de la activación de los canales iónicos receptores de glutamato, unos sensores que convierten esta señal en un aumento de la concentración de iones de calcio intracelular que se propaga a órganos distantes, donde luego se inducen en respuestas fisiológicas como las de defensa.  
En los vertebrados las señales eléctricas portadas por los iones de calcio ayudan a las neuronas a enviarse mensajes entre sí, por ejemplo, cuando se trata de dar la orden a los músculos de las extremidades para que salgan pitando ante cualquier peligro. Las plantas no pueden decir “raíces para que os quiero”, pero las investigaciones están demostrando que las plantas detectan señales locales, como el ataque de herbívoros, y transmiten esta información a través de su cuerpo para activar rápidamente las respuestas de defensa en las partes no dañadas.
Un grupo internacional de investigadores acaba de publicar un artículo en Science en el que muestran que una planta lesionada en una hoja por un insecto herbívoro puede alertar a otras hojas para que comiencen a preparar con anticipación las respuestas de defensa. Los investigadores han descubierto que cuando reciben alguna amenaza, las plantas activan una serie de defensas químicas que se propagan por su el organismo hasta llegar a las hojas distantes.
Para realizar el experimento, los investigadores dejaron que unas orugas se alimentaran de Arabidopsis thaliana. Después añadieron glutamato y, para seguir la senda de los iones de calcio, usaron una proteína verde fluorescente que, como las farolas en una calle, iluminaba las distintas partes del organismo a medida que se iban activando con la respuesta química. Sorprendentemente, observaron que las plantas parecían ser capaces de ‘sentir’ el daño, pues, cada vez que eran atacadas, respondían produciendo ácido jasmónico, una hormona vegetal relacionada con el estrés biótico, que, según parece, comunica a estos organismos que deben activar sus defensas. Los científicos pudieron contemplar la respuesta de la planta gracias al brillo de la proteína fluorescente que seguía el rastro de la respuesta de la planta.
Por lo tanto,  como hacen los vertebrados, la señal sistémica de alarma comienza con la liberación de jasmónico, que es percibido por los canales iónicos. Luego, estos activan un torrente de cambios en la concentración de iones de calcio que se propagan a través del floema y a través de los canales intercelulares llamados plasmodesmos. Esta señalización a larga distancia basada en el jasmónico es rápida: en cuestión de minutos, una hoja no dañada responde a las señales de una hoja distante.
Adivinar cómo plantas y animales ha evolucionado de maneras similares para responder a amenazas parecidas es todavía un misterio, pero por ahora podemos afirmar que, a pesar de su inmovilidad, las plantas se las han ingeniado para defenderse a pesar de no poder poner pies en polvorosa.  © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 2 de julio de 2025

LAS ORUGAS SABOTEAN MOLECULARMENTE A LAS PLANTAS

Los científicos han descubierto que las orugas inyectan armas químicas en las plantas que desactivan sus defensas antes de que puedan formarse.


El sabor amargo o picante que caracteriza a algunas brasicáceas (la familia de coles, rábanos, brócolis, rúculas, coliflores, repollos y mostazas), forma parte de la defensa de las plantas contra ser devoradas; si es así, ¿cómo pueden las orugas devorar las hojas sin problemas? La respuesta está en la saliva de la oruga.

Es un problema que vale la pena investigar si se tiene en cuenta que el mercado mundial de las brasicáceas valdrá más de cuarenta mil millones de euros este año. Pero este es un mercado asediado por plagas como Spodoptera littoralis, cuya oruga devora sin problemas plantas de más de cuarenta familias. Además de eso, hay especialistas como la mariposa blanca de la col Pieris brassicae, que buscan las brasicáceas porque se han adaptado tanto a la vida en ellas que no pueden sobrevivir en otras plantas. Simplemente las comen bocado tras bocado, así que ¿qué pasa cuando muerden una brasicácea?

Spodoptera littoralis

Los botánicos creían que las plantas detectaban el daño y activaban alarmas químicas como el ácido jasmónico. Este ácido activa los genes defensivos, produciendo compuestos tóxicos y paredes celulares más resistentes para repeler al atacante. Las orugas, a su vez, tendrían sus propias defensas contra estos ataques.

Los ataques de las orugas no solo se acompañan de daños físicos. Las orugas también tienen saliva, y los botánicos han pensado que las plantas pueden detectar esta saliva para activar sus defensas más rápidamente. Pero si las plantas pueden usar la saliva de las orugas, ¿pueden las secreciones orales de las orugas contener sustancias químicas que saboteen las defensas de las plantas?

Para responder a esta pregunta, dos investigadores han hecho unos experimentos simulando picaduras de orugas en la planta Arabidopsis thaliana. No es una col ni un repollo, pero pertenece a la misma familia. Además, es una planta de genoma muy plástico y está muy bien estudiada, por lo que es más fácil rastrear qué sucede con los genes cuando se producen las mordeduras. En este caso, pudieron estudiar miles de genes a la vez.

Las picaduras que realizaron eran punciones de un milímetro similares a los agujeros causados por la mordedura de una oruga joven. Luego agregaron dos microlitros de saliva de Pieris brassicae en algunas plantas; sobre otras agregaron saliva de Spodoptera littoralis; finalmente, otro grupo de plantas recibió agua pura que actuaría de testigo con respecto a las respuestas defensivas provocadas en las plantas que recibieron saliva. Cualquier defensa adicional causada en las plantas de los dos primeros grupos tendría que haber sido causada por la saliva añadida. Tres horas después y veinticuatro horas después de las picaduras, analizaron el ARN.

Hembra (izquierda) y macho de la mariposa de la col Pieris brassicae

La prueba del ARN es fundamental. Todos los genes están codificados en el ADN, pero no tienen ningún efecto a menos que produzcan copias de ARN que viajen a los ribosomas para comenzar a construir proteínas. Es decir: no basta con que el gen esté presente en el ADN; tiene que estar "activado" para que produzca efecto. Por lo tanto, descubrir qué ARN está presente indica qué genes están realmente teniendo efecto.

Los investigadores descubrieron que el daño por sí solo afectaba a 800 genes, pero la situación cambió drásticamente cuando la planta detectó la saliva de la oruga. En ese caso se vieron afectados más de 5.000 genes, lo que amplificó las respuestas a las heridas y desencadenó respuestas al estrés. Pero entre todas estas alarmas de defensa, algo se silenció: la saliva parece inhibir la expresión de genes implicados en el fortalecimiento de la pared celular y la producción de glucosinolatos alifáticos.

Los glucosinolatos alifáticos son las defensas químicas de la planta, unos metabolitos secundarios que contienen azufre. Cuando saboreas el rábano picante o la mostaza amargos, estos compuestos intentan convencerte de que comer más es una mala idea. Los glucosinolatos alifáticos se activan por la enzima mirosinasa. Las células vegetales intactas mantienen separados estos dos componentes, pero cuando una pared celular se rompe por la picadura de una oruga, se unen para crear su carga tóxica. Al inhibir la capacidad de la planta para producir glucosinolatos alifáticos, las orugas eliminan el peligro incluso antes de que se produzca.

Otro frente de batalla fue la cicatrización de las heridas. Los investigadores descubrieron que la saliva también bloqueaba el gen FER114, el gen que ayuda a la planta a cicatrizar heridas. El efecto combinado es que, cuando las nuevas orugas empiezan a comer una hoja, esta se vuelve mucho más apetecible para todas sus hermanas, que proceden a devorarla.

El valor de esta investigación reside en que revela cuán sofisticada se ha vuelto esta carrera armamentística molecular. Durante décadas, los fitopatólogos han intentado anticiparse a las plagas reforzando las defensas de las plantas, unos intentos que acababan al comprobar que las orugas terminaban por adaptarse. Ahora sabemos por qué la batalla ha sido tan difícil. Las defensas no importan si las orugas no tienen que enfrentarse a ellas. Es claramente un enfoque que ha tenido éxito, ya que tanto las plagas especializadas como las generalistas han adoptado la misma estrategia.

Este descubrimiento abre nuevas líneas de investigación. Los científicos ahora pueden buscar en la saliva de la oruga las moléculas específicas que desactivan las defensas de las plantas, lo que podría conducir a elaborar contramedidas específicas. También se podrían buscar variedades de plantas naturalmente resistentes a este sabotaje molecular.

No ocurrirá de un día para otro, pero las soluciones acabarán por aparecer.

jueves, 20 de junio de 2019

Las plantas huelen a sus enemigos

Solidago altissima
Cada vez está más claro que las plantas perciben y responden a señales olfativas. Sin embargo, nuestro conocimiento sobre la especificidad y la sensibilidad de tal percepción sigue siendo muy limitado. Se sabía que la vara de oro (Solidago altissima), una planta de la familia de las margaritas, produce más defensas cuando percibe las emisiones volátiles de un herbívoro específico que vive exclusivamente a sus expensas, la mosca Eurosta solidaginis, cuyo ciclo de vida completo se desarrolla en la planta.

Un artículo en Nature ha demostrado que las señales químicas emitidas que sostienen que la interacción entre la vara de oro y la mosca se deben a un compuesto químico, la E, S-conophthorina (ESC), contenido en la emisión volátil producida por las moscas machos, cuya acción específica de “cebado” de las defensas equivale a la producida por el total de la mezcla volátil. Además, aunque la intensidad de la respuesta de la planta depende de la dosis de la emisión total, las plantas responden incluso a concentraciones muy bajas de ESC. Los resultados ahora publicados establecen las bases para futuros estudios encaminados a dilucidar los mecanismos moleculares subyacentes al olfato de las plantas.

La vara de oro  puede detectar los compuestos químicos que emiten las moscas macho para llamar a las hembras que buscan depositar sus huevos. Foto: Nick Sloff, Penn State
Las plantas responden activamente a los entornos siempre cambiantes y frecuentemente impredecibles en los que viven. Esta capacidad de respuesta se ve facilitada por diversos sistemas perceptivos que les permiten elaborar información sobre las características ecológicamente relevantes de su entorno y responder adaptándose a ellas. Las habilidades perceptivas de las plantas desempeñan papeles particularmente importantes en la mediación de sus interacciones con una amplia gama de otros organismos, incluyendo antagonistas tales como herbívoros y patógenos. En las últimas décadas, la inducción de las defensas de las plantas en respuesta a las señales asociadas con el ataque de herbívoros y patógenos se ha convertido en objeto de una investigación muy extensa. Sin embargo, se sabe relativamente poco acerca de las señales específicas que provocan tales respuestas en las plantas o de los mecanismos por los cuales las perciben.

Las respuestas de defensa inducibles pueden describirse como un modo de plasticidad adaptativa que beneficia a las plantas al evitarles gastos innecesarios en mecanismos de defensa en aquellos ambientes en los que no viven sus antagonistas, y adaptarlas a los antagonistas particulares que se encuentran en el medio. Las ventajas de las defensas inducibles pueden ser mejoradas por el cebado de la defensa, que no mejora directamente la resistencia de las plantas, sino que conduce a una producción más rápida y / o más fuerte de las defensas después de haber percibido el ataque. Los cebados de defensa pueden ser provocados por encuentros previos con antagonistas específicos o por señales ambientales percibidas antes del ataque. En este último caso, la fiabilidad con la que un marcador potencial predice el riesgo.

El cebado defensivo se ha encontrado previamente en respuesta a una variedad de señales ambientales que incluyen indicadores mecánicos y bioquímicos de la presencia de herbívoros o de sus puestas en los tejidos de las plantas. Otras investigaciones han explorado el cebado mediante señales olfativas, centrándose principalmente en las emisiones volátiles de los tejidos vegetales dañados, que han demostrado capacidad de provocar el cebado en varias especies de plantas. En un estudio publicado hace años, el equipo investigador que ha publicado el trabajo en Nature, demostró que las defensas de las plantas también pueden cebarse por exposición a volátiles emitidos directamente por las moscas machos de E. solidaginis.

Las moscas machos emiten una mezcla de productos químicos que resultan atractivos para las hembras. Una vez que estas llegan y se fertilizan los huevos, las hembras los depositan dentro del tallo de la planta. Cuando los huevos eclosionan, las larvas comienzan a alimentarse devorando los tejidos dentro del tallo. Se piensa que los productos químicos de la saliva de las larvas provocan que la planta crezca anormalmente y forme una agalla, envoltura protectora de tejido vegetal alrededor de las mismas. Las moscas reducen notablemente la vitalidad de las plantas atacadas al disminuir el número y el tamaño de las semillas que produce, porque cuando los tejidos vegetales resultan dañados, la planta desvía recursos desde la producción de semillas la elaboración de la envoltura del parásito.
Agalla formada por la picadura de E. solidaginis en los tallos de Solidago altissima. Si se corta en dos mtades, puede observarse en el interior la larva.

En aquel artículo expusieron que las varas de oro expuestas a los productos químicos emitidos por las moscas machos producían mayores cantidades de un químico de defensa, el ácido jasmónico (y otras defensas asociadas), que se produce cuando son atacadas por las larvas. Además, las respuestas defensivas más fuertes de las plantas expuestas a la emisión de los machos tanto en el laboratorio como en el campo redujeron significativamente la herbivoría en relación con las plantas de control no expuestas. También descubrieron que las moscas hembras evitaban plantas previamente expuestas a la emisión masculina cuando buscaban sitios de oviposición. Cuando se publicó ese artículo en 2012, era el único ejemplo documentado de la respuesta de una planta a una señal odorífera producida por insectos, aunque los investigadores aventuraron que probablemente existirían efectos de cebado similares en otros sistemas coevolucionados.

El equipo había descubierto que las varas de oro responden a estímulos volátiles. Pero, ¿cómo son de sensibles? El objetivo principal del estudio cuyos resultados se publicaron el mes pasado fue ampliar la comprensión de las respuestas olfativas de la planta mediante la identificación de las señales específicas responsables del cebado de las defensas de S. altissima después de su exposición a la emisión volátil de E. solidaginis. Para conseguirlo, identificaron los volátiles emitidos por los machos y ensayaron respuestas de defensa de S. altissima a equivalentes sintéticos individuales.


Un abejorro se afana buscando néctar en una vara dorada.
Un objetivo secundario fue investigar la sensibilidad de S. altissima a la emisión de E. solidaginis mediante el examen de las respuestas de las plantas a diferentes niveles de exposición para obtener información sobre la naturaleza y las capacidades del sistema perceptivo de la planta. Por ejemplo, documentar una alta sensibilidad a un determinado compuesto sugeriría una capacidad perceptiva perfectamente afinada, tal vez mediada por un sistema de receptores específico, como se ha documentado en el caso de la percepción por las plantas de la hormona gaseosa etileno.

Lo que encontraron es que las varas de oro son capaces de detectar incluso pequeñas concentraciones de ESC. El análisis de otros componentes de la mezcla produce resultados consistentes con la hipótesis de que la respuesta de la planta se debe exclusivamente a ese compuesto. Esto es importante porque probablemente significa que la planta tiene un mecanismo dedicado exclusivamente a percibir ese compuesto. Los resultados proporcionan pruebas de que la planta puede detectar un solo compuesto de la mosca, lo que apoya la idea de que hay una estrecha relación coevolutiva entre ambas. 

En otras palabras, así como la mosca se ha adaptado para aprovecharse de la planta, esta se ha adaptado para protegerse de la mosca. Este trabajo establece así las bases para futuros estudios encaminados a dilucidar los mecanismos moleculares subyacentes a la percepción de las plantas, así como las implicaciones más amplias del olfato de las plantas en este sistema. En cualquier caso, queda claro que las plantas tienen más sentidos y sensibilidades de las que se les suponen (1, 2, 3). ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Este artículo fue publicado en 2017 en el desaparecido diario digital "Última hora Madrid".