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jueves, 21 de julio de 2016

Archaeoraptor liaoningensis: el pollo de Piltdown

Se veía venir. En otoño de 1998, durante la reunión de la Society of Vertebrate Paleontology en Utah, circularon rumores sobre la existencia de un fósil de pájaro primitivo que iba a resolver la vieja cuestión del origen de las aves. El fósil, sacado ilegalmente de China según se rumoreaba, estaba en manos de un coleccionista privado. Ese mismo año, el enigmático ejemplar fue presentado en una exposición geológica comercial en Tucson, Arizona. El Museo de los Dinosaurios de Blanding, Utah, lo compró por 80.000 dólares en febrero de 1999. El museo estaba administrado por Stephen A. Czerkas y su esposa Sylvia, quienes no tenían títulos universitarios. 

El matrimonio Czerkas contactó con el paleontólogo Phil Currie, quien a su vez informó a la National Geographic Society (NGS). El 15 de octubre de 1999 la NGS ofreció una conferencia de prensa en la que anunció un descubrimiento espectacular: En el noreste de China se había encontrado un fósil de 125 millones de años de edad que parecía ser el largamente buscado eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves. Durante décadas, los paleontólogos habían debatido si las aves descienden de los dinosaurios. Ese fósil, al que el redactor de la NGS se apresuró a bautizar Archaeoraptor liaoningensis, (literalmente "ladrón antiguo de Liaoning"), parecía proporcionar una prueba concluyente de que, efectivamente, así era.


Además de la conferencia de prensa, la NGS, publicó simultáneamente en su conocida revista un entusiasta artículo sobre el hallazgo (Feathers for T. rex? National Geographic, Noviembre: 98-107), que encargó ¡a su redactor de arte!, Christopher Sloan, no a un paleontólogo, un error que no tardarían en pagar con el descrédito. Cuando vivía, escribió un imaginativo Sloan venido arriba, el pájaro tenía aproximadamente el tamaño de un gran pollo o un pavo. Pero era un pavo muy especial, porque su larga cola era de dinosaurio. 

Como había ocurrido 80 años antes con el hombre del Piltdown, una quimera manipulada constituida por un cráneo humano deforme, la mandíbula de un orangután y los dientes de un chimpancé, la mezcla de fragmentos de dinosaurios y de aves hizo que los investigadores creyeran haber encontrado el eslabón perdido entre uno y otro grupo de vertebrados del Mesozoico. «Sus largas alas y su cuerpo pequeño exclaman ¡Pájaro!, mientras que su larga cola rígida grita ¡dinosaurio!» De lo que Sloan no se percató en ese momento, fue de que el cuerpo y la cola juntos deberían haber gritado ¡fraude!

Pronto empezaron a aparecer las dudas. Xu Xing, un científico chino que había ayudado inicialmente a identificar el fósil, se dio cuenta de que era un fraude cuando encontró un segundo espécimen que era un duplicado exacto, esto es, la imagen especular, de la cola del Archaeoraptor, pero unido a un cuerpo diferente. En una carta publicada a principios de 2000 por la NGS, Xu Xing precisó cautelosamente que era más que probable que la sección de cola no correspondiera al cuerpo superior. Con frecuencia, aclaraba, cuando se extraen del suelo, los fósiles petrificados se parten en dos fragmentos idénticos, produciendo dos conjuntos de imágenes especulares en sendas losas fósiles. Evidentemente, alguien había tomado una de las losas en las que estaba incrustada la cola fósil y la había fijado a un fósil de un ave, produciendo de este modo una criatura quimérica, un híbrido entre dinosaurio y ave.

No fue el único. En julio de 1999 Currie y Czerkas llevaron el fósil al laboratorio del doctor Timothy Rowe de la Universidad de Texas para que fuese analizado mediante tomografía de alta resolución. El 29 de julio, Rowe rubricó su concluyente informe: determinó que los fragmentos de la parte inferior, la cola y las piernas eran de un animal distinto al resto del cuerpo, haciendo notar que posiblemente fuera una manipulación intencionada. 

En la primera semana de septiembre, Currie, envió el fósil a su preparador, Kevin Aulenback, del Museo de los Dinosaurios de Blanding, para realizar un nuevo estudio. Aulenback concluyó que el fósil era «un espécimen compuesto de por lo menos tres, con un máximo de cinco especímenes distintos», lo que los Czerkas -que tenían el claro de interés de hacer caja con el fósil de su propiedad- negaron airadamente. Currie no informó a la NGS de estos datos.


El 13 de agosto de 1999, Stephen Czerkas, Currie, Rowe y Xu enviaron a Nature un trabajo titulado A New Toothed Bird With a Dromaeosaur-like Tail. En el artículo se señalaba el problema dos veces e incluía una figura que ilustraba los puntos en los que se apreciaba que una de las piernas y la cola eran las contrapartes que componían la losa principal. En agosto de ese mismo año Nature rechazó el trabajo. Los autores entonces sometieron al trabajo a la revista Science, que lo mandó para la revisión paritaria. Dos revisores informaron a Science que «el espécimen fue pasado de contrabando fuera de China en posesión ilegal» y que el fósil había sido «modificado en China para realzar su valor». Science entonces rechazó el trabajo. Según Sloan, los Czerkas no informaron a la NGS sobre los detalles de los dos rechazos. Por eso cometieron la ingenuidad de publicar el artículo sin someterlo a revisión por pares. 

Consumado el desaguisado de su publicación, NGS reconoció su error en un nuevo artículo en el que además hacía un análisis más completo de la forma en que había sido engañada (Report to Members: Archaeoraptor Fossil Trail. National Geographic [octubre de 2000: 128-132]). El redactor que escribió en nombre de la Sociedad, Lewis M. Simmons, adimitió que habían sido alertados del posible fraude, pero habían preferido anotarse el tanto de la sensacional publicación de un no menos fabuloso hallazgo. De acuerdo con ese artículo, la historia del "ladrón antiguo de Liaoning", comenzó en julio de 1997 en Xiasanjiazi, China, donde unos granjeros excavaron los estratos de pizarra en busca de fósiles para venderlos a los traficantes, práctica común a pesar de su ilegalidad. Un granjero encontró un fósil raro de un pájaro dentado que mostraba las impresiones de las plumas. El fósil se rompió en pedazos cuando intentaron extraerlo. Cerca, en el mismo foso, encontraron otros pedazos, incluyendo una cola emplumada junto con las patas. El mismo granjero unió varios de estos pedazos de la forma que supuso correcta, a sabiendas de que completo sería más valioso. Fue vendido en junio de 1998 a un distribuidor autorizado anónimo y pasado de contrabando a los Estados Unidos. 

Las ramificaciones del escándalo han llevado a los creacionistas utilizar al Archaeoraptor como un argumento contra la evolución, contemplándolo como una evidencia de malas prácticas realizadas para apoyar la teoría evolutiva. La revista estadounidense News & World Report fue la primera en referirse al fraude como el caso del «pollo de Piltdown». Los creacionistas tomaron el rábano por las hojas y pasaron a considerar a Archaeoraptor como un caso comparable de fraude. Sin embargo, a diferencia del hombre de Piltdown, Archaeoraptor no fue un engaño intencionado


Fósil de Microraptor gui, bajo luz normal.
La flecha blanca muestra las plumas y la negra los lugares donde no existían.
La barra de escala mide 5 cm. Fuente.
Además, la autenticidad de Archaeoraptor no es imprescindible como prueba fundamental para la hipótesis de que las aves son terópodos, ya que está corroborada suficientemente por otros datos. Hoy, todos los paleontólogos están de acuerdo en que la cuestión de que las aves derivan de los dinosaurios terópodos está fuera de debate. Para mayor abundamiento, en el caso de Microraptor, cuyo fragmento de cola fue utilizado en la artificiosa reconstrucción de Archaeoraptor, se ha demostrado que tenía alas y rastros claros de plumas rectrices, por lo que se asume que debió haber tenido por lo menos una capacidad de planeo y constituye un ejemplo excelente de un fósil transicional entre dinosaurios terópodos y aves.