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martes, 19 de julio de 2016

Los ratones teñidos del doctor Summerlin


25 de mayo de 1974: en la "primera” del New York Times, además de la muerte de Duke Ellington, dos noticias agitan el mundo político y científico. La primera se refiere al Watergate. La segunda da cuenta de una investigación interna en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, uno de los institutos de investigación de más renombre mundial, que ha concluido con el descubrimiento del fraude realizado por uno de sus más eminentes investigadores.

Robert Alan Good (1922 –2003)
En diciembre de 1973, el número 40 de la revista La Recherche ensalzó los sensacionales resultados obtenidos en las investigaciones de William Talley Summerlin. Este dermatólogo norteamericano trabajaba bajo la dirección del prestigioso inmunólogo Robert A. Good en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, uno de los centros de investigación de más renombre mundial, en donde investigaba en la inmunología de los trasplantes. 

Summerlin, que por entonces tenía solamente 35 años, es decir, estaba lejos de alcanzar la madurez científica, había llegado hasta allí por méritos propios. Era un investigador tan brillante en el área de la inmunología dermatológica que llegó a ser conocido como el "muchacho de oro de la dermatología". Trabajaba tanto, que frecuentemente dormía en su laboratorio y empezaba a trabajar de madrugada; daba, además, la apariencia de ser un científico concienzudo y vocacional, que había dedicado su vida entera a la investigación. Antes de llegar al Sloan Kettering había trabajado en los mejores laboratorios y colaborado con los científicos más prominentes de su campo. Como recordó B. J. Culliton en un artículo publicado en Science (184: 1154; 1974). sus artículos se habían publicado en las revistas científicas del máximo nivel. Como el doctor Good se acercaba a la edad de jubilación, el mundillo de la especialidad pensaba que Summerlin no sólo sería su sucesor sino que, además, superaría al gran maestro de la Inmunología estadounidense.

Hagamos ahora un pequeño pero imprescindible preámbulo. Es bien conocido el problema que plantean los injertos entre individuos no emparentados; si se injerta a un sujeto receptor, un órgano o un tejido procedente de un donante no emparentado, las defensas inmunitarias del receptor lo rechazan rápidamente. Para evitarlo, se suele administrar al receptor un tratamiento inmunosupresor, que disminuye la reacción de rechazo, pero también merma la resistencia del receptor a las infecciones y a los tumores. 

Summerlin tuvo la idea de realizar un cultivo de órganos con fragmentos de piel antes de injertarlos. Daba la impresión de que los fragmentos así cultivados perdían su condición de tejido extraño: aparentemente no suscitaban ya reacción inmunitaria y parecía factible el injerto definitivo sin recurrir al tratamiento inmunosupresor. Según Summerlin, cuando se cultivaban tejidos in vitro durante cuatro a seis semanas se evitaba la reacción autoinmune y así se minimizaba el riesgo de rechazo. Mediante esta técnica, había obtenido y publicado varios resultados supuestamente notables, especialmente mediante injertos persistentes de córnea humana en conejos y de piel de ratones negros en ratones blancos. Los roedores hundieron a Summerlin.

El color negro se debe a la abundancia de melanocitos, es decir, de células con pigmentos negros, de las que carecen los ratones blancos.  Con el tiempo, los melanocitos tienden a migrar naturalmente fuera del tejido trasplantado, a fin de producir un parche grisáceo en lugar de un parche claramente negro. Tal cosa no ocurría con los ratones de Summerlin, que mantenían su color negro como si tal cosa.

Sir Peter Brian Medawar (1915-1987)
Como aquellos resultados planteaban un horizonte muy prometedor para la cirugía, los trasplantes de órganos y el tratamiento de quemaduras, Good y otros inmunólogos de la talla de Benacerraf y Kumbel tiraban cohetes y se pusieron manos a la obra para que le concedieran el premio Nobel; otros inmunólogos, menos eminentes, pero más desconfiados, pronto manifestaron la imposibilidad de reproducir los experimentos de Summerlin con los resultados esperados y pusieron en la picota la validez de los mismos. Del Olimpo a al Averno: acosado, Summerlin no consiguió reproducir sus primeros resultados, lo cual los hizo sospechoso a los ojos de la comunidad científica. El escándalo se volvió imparable cuando el biólogo británico Peter Medawar, premio Nobel por su trabajo sobre los injertos de tejidos, anunció públicamente que él no es capaz de reproducir los experimentos de Summerlin. La trampa se cierra sobre el joven inmunólogo. 

Desesperado ante la perspectiva de tener que enfrentarse con una inminente comisión investigadora, el muchacho de oro de la dermatología intentó salvar su prestigio. La noche del 27 de marzo de 1974 procedió a maquillar a los ratones que ya se habían vuelto grises, tiñéndolos con un rotulador negro para hacer creer que los injertos habían arraigado. No fue una buena idea. Fue sorprendido con las manos en la masa, y, por ello, suspendido de empleo y sueldo. Convocado al despacho de Robert Good, entra en pánico. Pronto se descubre que sus resultados anteriores sobre los trasplantes de córnea también fueron falsificados. La expectación científica, las expectativas del Nobel y las ilusiones que se habían imaginado los pacientes que requerían trasplantes se desvanecieron en un instante.

El gesto de Summerlin fue la acción desesperada de un investigador que creyó encontrar un resultado importante, que obtuvo unas conclusiones demasiado apresuradamente y que, a la postre, no supo resistir las exigencias de la comunidad científica que le pedía cuentas. Interesa señalar que recientemente varios grupos de inmunólogos han realizado experimentos similares a los de Summerlin, con los cuales han tenido éxito. Lo lamentable del caso es que el fraude desacreditara durante varios años este tipo de trabajos que podían haber sido llevados a cabo mucho antes de no haber pesado el descrédito sembrado por el dermatólogo norteamericano. 

¿Qué fue de él? Se retiró de la investigación y se dedicó a la medicina privada en Bentonville, Arkansas. En su currículum, el científico trilero sigue colgando sus publicaciones fraudulentas como si tal cosa. Eso sí, su fotografía se oculta pudorosamente y su estancia en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center no figura por ninguna parte.