Vistas de página en total

miércoles, 3 de agosto de 2016

Gladio 3: La Italia de las postguerra, los años de plomo y la estrategia de la tensión

Como adelanté en dos entradas anteriores (1, 2), la organización Gladio (espada), una red stay-behind (de retaguardia o quintacolumnista) sustentada por la OTAN y el Pentágono en colaboración con la CIA, su homólogo el MI-6 británico y otros servicios secretos locales en los países firmantes del Tratado del Atlántico Norte, cometió durante la guerra fría una serie de atentados de falsa bandera, nombre que en la jerga militar se otorga a actos terroristas atribuidos a otros, manipuló secretamente la política de los gobiernos supuestamente “democráticos”, corrompió a políticos y periodistas, y organizó fraudes electorales y golpes de Estado. La existencia de estos ejércitos secretos clandestinos creados por la OTAN se justificó en la delirante amenaza de una inminente invasión soviética.

En 1991, Gerardo Serravalle publicó un libro, Gladio (Edizione Associate, Roma), que no hubiera ido mucho más allá de no haber sido porque Serravalle había dirigido Gladio entre 1971 y 1974. En el libro, el general arrepentido contaba que en la década de 1970 los miembros del CPC [Comité de Coordinación y Planificación], que eran los militares responsables de las estructuras secretas de Gladio en Europa, se reunían todos los años con representantes de la CIA y miembros del Comando Europeo del ejército norteamericano con objeto de planificar las acciones que más convinieran a sus fines. Por si eso fuera poco, desde 1957 funcionaba una segunda estructura secreta, el Comité Clandestino Aliado (ACC). De acuerdo con la Comisión parlamentaria belga sobre Gladio, el ACC era el responsable de la coordinación de las quintas columnas a unos y otro lado del Atlántico. En tiempos de paz, las actividades de la ACC incluían la elaboración de las directrices para la red, el desarrollo de su capacidad clandestina y la organización de bases secretas en Gran Bretaña y Estados Unidos en las que se planificaban las operaciones stay-behind y en las que se entrenaba al resto de los agentes europeos.

Gracias a Serravalle y a las comisiones parlamentarias creadas, se supo que Gladio no solo operó en Italia, sino también en Francia (donde De Gaulle la erradicó), Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Portugal, Alemania, los Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Austria, Grecia, Turquía y, por supuesto, en la España franquista y democrática. La OTAN también cometió actos terroristas en el propio Reino Unido (atentados bajo bandera falsa y asesinatos de republicanos irlandeses), en países neutrales de Europa continental como Suiza, pero también en África y Asia fomentando, por ejemplo, la masacre de 1 millón y medio de personas que cometieron en Camboya los jemeres rojos entrenados y dirigidos, según Glanser, por el servicio secreto británico SOE, o el entrenamiento en la década de los 90 de los terroristas que luego se convertirían en el Ejército de Liberación de Kosovo antes y después de los bombardeos de la OTAN sobre la díscola Yugoslavia.

Como fue en Italia donde Gladio surgió y arraigó con mayor pujanza, como el país transalpino fue el primero en dar a conocer públicamente la existencia de esta estructura secreta y uno de los tres países que, junto a Bélgica y Suiza realizó una investigación parlamentaria (el resto se limitó a reconocer la existencia del operativo sin dar más detalles), comenzaré por analizar el caso italiano. A los lectores que deseen profundizar en el tema, les recomiendo el libro de Daniel Genser Los ejércitos secretos de la OTAN, accesible en el enlace que he dejado en el párrafo anterior, y el documental Operación Gladio, de Alan Francovich, emitido por la BBC en 1992 y disponible en youtube.

Después de la II Guerra Mundial, hundido el fascismo y colgado el Duce, Italia quedó encuadrada dentro del bloque occidental. Durante la Guerra Fría, el espectro político italiano se dividió entre dos partidos: la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Comunista Italiano (PCI). Estados Unidos, con la doctrina Truman recién estrenada, sabía a la perfección que las probabilidades de que el PCI llegase al poder en las elecciones de 1948 eran altas. Con objeto de evitar esa indeseada posibilidad, la CIA organizó un operativo cuyo principal objetivo era que la DC se alzase con la victoria en las elecciones del 48. El complot tuvo varias ramificaciones: una campaña difamatoria contra el PCI dirigida y realizada por la Iglesia católica italiana; un apoyo del Plan Marshall supeditado a que el partido ultra católico siguiera en el poder; el engrase de la maquinaria electoral de ese partido y la compra de medios de comunicación mediante la entrega  de dinero negro, y una operación mediante la cual los italo-americanos enviaban cartas a sus familiares en Italia avisándoles de los peligros de votar al PCI.

Francesco Cossiga
La estrategia funcionó a la perfección y la DC obtuvo los mejores resultados de su historia en esas elecciones. Pero lo más relevante esa campaña fue el éxito de una de las primeras acciones encubiertas de la CIA. Además, la agencia guardaba un as en la manga: en el caso de que el PCI hubiera ganado, tenía un plan B que consistía en una invasión del país, tal y como reconoció décadas después Francesco Cossiga, presidente de Italia entre 1985 y 1992, cuando se vio obligado a dimitir por sus relaciones ilegales.

Con la DC subida al machito del poder, no hubo problema alguno hasta 1963, cuando Italia volvió a las andadas izquierdistas y entró de nuevo en el radar del Tío Sam. En esta ocasión no se trataban de una posible llegada del PCI al poder italiano, sino de la entrada ese año del Partido Socialista Italiano (PSI) en el ejecutivo nacional. El objetivo de la alianza social-cristiana era dar mayor estabilidad al panorama político y social italiano mediante una coalición de centro-izquierda. Para la CIA y los sectores más reaccionarios de la política italiana y estadounidense que los “rojos”, aunque fueran descafeinados, llegaran al poder era demasiado. Con el cuerpo del presidente J. F. Kennedy aún caliente tras el magnicidio de Dallas en noviembre de 1963, a petición del presidente italiano, el demócrata cristiano Antonio Segni, la CIA y la NAS planearon llevar a cabo un golpe de estado el año siguiente.

General Giovanni de Lorenzo
Gracias a las investigaciones de los periodistas Eugenio Scalfari y Lino Jannuzzi, publicadas en mayo de 1967 en la revista L'Espresso, se supo que el golpe, al que bautizó como Piano Solo, fue planificado por el comandante en jefe de los carabinieri Giovanni de Lorenzo y en él participaron los servicios secretos italianos junto con la habitual estructura de agentes de la CIA y de la OTAN encuadrados en Gladio. Debía comenzar el 25 de mayo y consistía en desplegar 20.000 carabinieri por todo el país para que tomaran  todas las instituciones y las principales infraestructuras, amén de las sedes de los partidos políticos de izquierdas y la detención de sus dirigentes con su posterior deportación a un campo de concentración en Cerdeña. Finalmente, no se ejecutó en su totalidad porque, como comentaré en otra entrada, la izquierda -al saberse lo que se estaba fraguando- decidió no incorporase al Gobierno encabezado por la DC.

Valero Borghese
Piano Solo no fue el único golpe de estado planificado en Italia durante la Guerra Fría. Seis años después del fallido golpe de 1964, en 1970 desde los servicios secretos y militares italianos junto con los paramilitares neofascistas de Valero Borghese, un personaje siniestro que tuvo mucho que ver con terrorismo de Estado en la España pre democrática, se preparó otro golpe que debía ser ejecutado el 18 de diciembre de ese año. Los golpistas debían ocupar las sedes del Ministerio de Defensa y de Interior, al mismo tiempo que hacerse con el poder en la sede de la RAI y otros medios de comunicación de importancia. Posteriormente, se detendría a todos los elementos calificados como subversivos y la jefatura del Estado sería asumida por un gobierno militar con el objetivo de volver a instaurar el orden y la disciplina en Italia. Sin embargo, y por razones que aún hoy se desconocen, Borghese ordenó que el golpe se detuviese y que Italia no se despertase bajo un gobierno militar. En marzo de 1971, cuando Borghese fue acusado de planificar el golpe de Estado, huyó de Italia y se estableció en España con la protección de los servicios secretos franquistas. Falleció en Madrid en agosto de 1974.

A raíz de la crisis del petróleo de 1973, Italia entró en un período convulso conocido como los “años de plomo”, que se caracterizó por un contexto de violencia callejera que evolucionó a la lucha armada por parte de grupos extremistas (de derecha y de izquierda) que recurrieron a la violencia para conseguir sus objetivos aprovechando la debilidad de las instituciones políticas y económicas, el caos político y la negativa coyuntura económica italiana derivada de la crisis. Los años de plomo estuvieron acompañados de la llamada “estrategia de la tensión”, en los que los servicios secretos domésticos y foráneos, junto con grupos paramilitares hicieron su agosto poniendo en práctica la estrategia de la falsa bandera, cuyos atentados terroristas eran atribuidos al PCI o a  grupos de ultraizquierda reales, como las Brigadas Rojas, o inventados para la ocasión. El objetivo viene implícito en el propio término: se trataba de crear tensión emocional, a aquella que crea un clima de miedo en la opinión pública para que la gente se refugiara bajo la tutela de la élite política dominante, la DC y, si esta se mostraba incapaz, para facilitar la llegada al poder de un régimen dictatorial, tal como había sucedido en el caso del régimen de los coroneles griegos de 1967.


El uso indiscriminado del terrorismo contra la población civil italiana comenzó el 12 de diciembre de 1969 con la explosión de cuatro bombas en Roma y en Milán que mataron a varias personas. De esos cuatro atentados, el más famoso fue el de el de la milanesa Piazza Fontana, donde se encontraba la sede central de la Banca Nazionale dell’ Agricoltura. Después de que esa mañana explotaran tres bombas en Milán y Roma y de que otra más fuera encontrada sin detonar, a las 16:37 horas una bomba colocada en el edificio de la Banca Nazionale dell'Agricoltura acabó con la vida de 17 personas malhirió a otras 88. Rápidamente, la policía culpó a grupos anarquistas, pero desde los primeros momentos surgieron muchas dudas en torno a la autoría. Lo que le sucedió a uno de los sospechosos de la matanza, el trabajador ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli, que falleció en circunstancias extrañas serviría de inspiración al Premio Nobel de Literatura, el dramaturgo comunista Dario Fo, para su obra teatral Muerte accidental de un anarquista. El embrollo es de tal magnitud, que me ocuparé de él en lapróxima entrada.

Vincenzo Vinciguerra
En 1972, cuando Italia aún se recuperaba de los acontecimientos de 1969, tres carabinieri fueron asesinados en un atentado con bomba acontecido en Peteano. Como había sucedido con los atentados de 1969, el crimen fue atribuido a grupos de extrema izquierda revolucionaria, en concreto a las Brigadas Rojas. Sin embargo, como sucedió en Roma y Milán, las dudas surgieron rápidamente. En primer lugar porque, según testimonio del general Serravalle, tres de los siete depósitos de explosivos localizados en Trieste y pertenecientes a la red Gladio se habían esfumado a sólo dos meses del atentado. Y en segundo lugar porque, durante el juicio que lo condenaría a cadena perpetua en 1984 (y en la cárcel sigue), el ultraderechista Vincenzo Vinciguerra confirmó la existencia de una “superorganización” organizada por la OTAN y con la colaboración de los servicios secretos italianos y fuerzas militares y paramilitares italianas ligadas a los partidos de extrema derecha Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale, que había organizado el atentado como parte de las acciones llevadas a cabo dentro de la Operación Gladio.

En 1974 se produjeron nuevos incidentes. Por un lado, en una manifestación antifascista en la ciudad de Brescia, un atentado provocado por la ultraderecha causó ocho muertes y 102 heridos. Ese mismo año se ejecutó otro acto terrorista en el tren que hacía la ruta Roma-Múnich, con el resultado de 12 muertos y 48 heridos. Ese año, el que había sido miembro de la logia masónica P2 y director del Servizio Informazioni Difesa (SID), el general Vito Miceli, fue arrestado bajo los cargos de conspiración contra el Estado en relación con el atentado de Peteano. Durante el juicio, Miceli confesó la existencia del operativo Gladio  y cómo éste estaba coordinado desde la OTAN y desde los Estados Unidos.

En 1974 estaba ya en marcha el llamado “compromiso histórico”, pero esa es ya otra historia.


martes, 2 de agosto de 2016

Gladio 2: 24 de septiembre, el día que comenzó la Guerra Fría

La caída del muro de Berlín en 1981 significó también el desmoronamiento del «Iron Curtain» (Telón de Acero), un término acuñado por Winston Churchill en 1945 en su famoso discurso en la Universidad de Fulton para referirse a la frontera, física e ideológica, que separaba a los países que, tras la Segunda Guerra Mundial, habían quedado bajo la influencia militar, política y económica de la Unión Soviética de los países occidentales regidos por democracias capitalistas.

En una entrada anterior me ocupé de las raíces ideológicas y políticas en las que se sustentó la guerra fría, cuyo objetivo fundamental fue asegurar y extender a escala mundial un determinado orden político, económico y social disfrazándolo como un combate entre el «comunismo» y el «mundo libre», el eufemismo con el que se pretendía enmascarar el término «capitalismo», un término que los defensores del «mundo libre» fundamentado en el modelo de la «libre empresa» desterraron del discurso políticamente correcto por más que fuera ese el que usaban para definirlo sus enemigos del bando comunista.

Para mantener su hegemonía política y económica, ambos bandos emplearon todos los medios a su alcance. Desde sus orígenes fue una lucha desequilibrada por las condiciones de las que Estados Unidos y la URSS emergieron de la II Guerra Mundial. Estados Unidos había salido enormemente reforzado de ella, porque como recordaba uno de los principales ideólogos de la guerra fría, el diplomático George Kennan, en su famoso Telegrama Largo del que me ocupé en esta entrada.

Por el contrario, la Unión Soviética fue el país más gravemente afectado. En palabras del historiador Josep Fontana (Por el bien del imperio, 2011: 25): 
[la URSS] perdió una cuarta parte de su riqueza nacional y tuvo unos 27 millones de muertos, de los que las tres cuartas partes eran hombres de entre quince y cuarenta y cinco años. En la franja de territorio que habían ocupado los alemanes apenas quedó intacta una sola fábrica, granja colectiva, mina o zona residencial. Se arrasaron 1.710 ciudades y unas 70.000 aldeas; distritos enteros sufrieron tal devastación que la actividad agrícola cesó en la práctica. […] A la destrucción se sumó de inmediato el hambre. La cantidad de alimentos disponible por persona era en 1945 mucho menor que en 1939, y la situación se vio agravada por la combinación de una sequía que arruinó las cosechas de 1946 en buena parte del mundo y del frío invierno de 1946 a 1947. El hambre se extendió no sólo por Europa y por la Unión Soviética (donde la producción de pan carne y manteca había caído a menos de la mitad de la de 1940) […].

Mientras que la potencia económica y militar de los estadounidenses les permitió ocuparse de extender la lucha contra el «comunismo ateo» por todo el mundo, la debilitada URSS se centró en controlar su propio territorio mediante las purgas estalinistas y los gulags siberianos denunciados por Aleksandr Solzhenitsyn, y en impedir que escaparan de su esfera de influencia un puñado de países centroeuropeos que actuaban como tampón frente a la Europa occidental. La Conferencia de Yalta había dado a la Unión Soviética el control de Europa central. Para conseguirlo, Stalin no impuso el sistema soviético en toda su esfera de influencia, sino que creó gobiernos de coalición prosoviéticos, en los que los comunistas locales obtenían cuando menos el control de la policía y las fuerzas de seguridad.

Churchill, Roosevelt y Stalin
en la conferencia de Yalta
A pesar de ese debilitamiento que no escapaba a los analistas independientes y a quienes tenían ocasión de visitar el «paraíso comunista», la obsesión de las élites políticas de Washington y las militares del Pentágono fue hacer creer al mundo que el enemigo era más fuerte de lo que era. Hacerlo era vital para el llamado Complejo Industrial-Militar, un concepto que se aplica a los intereses económicos basados en una política militarista e imperialista interesada en mantener la carrera armamentística para hacer una sustanciosa caja. Su divulgación se realizó a partir del discurso televisado de despedida del presidente Dwight Eisenhower al terminar su mandato en 1961 en el que denunció el peligro que dicho Complejo suponía para el ejercicio de la democracia (el discurso escrito puede obtenerse en este enlace, y el audio del discurso presidencial puede obtenerse en este otro).

Stalin temía que las potencias capitalistas lo acorralaran. En su país, se mantenía alerta. Pensaba que los que habían sido prisioneros de guerra de los alemanes y habían visto lo que era Occidente, podrían traicionarlo. Miles de personas fueron arrestadas. Estados Unidos sabía lo que estaba ocurriendo, pero consideraron que era un problema interno. Para ellos, lo fundamental era que la mancha comunista no contaminara más allá del Telón de Acero. Entonces, en 1946, llegó la crisis de Irán.

USS Missouri
Finalizada la guerra, Stalin comenzó a presionar a Turquía para lograr que los barcos de guerra rusos pudieran pasar por la región conocida como los “Estrechos”, los Dardanelos y el Bósforo. Estados Unidos y Gran Bretaña temían por el Canal de Suez. Estaban decididos a evitar que la Unión Soviética interviniera en Turquía. Como Gran Bretaña no estaba en condiciones de exhibir músculo bélico, Truman hizo una demostración de fuerza. En una decisión que sobrepasaba todo lo razonable, cuando el embajador de Turquía murió repentinamente en Washington, Truman envió su mayor barco de guerra, el “Missouri”, para entregar el cuerpo en Estambul.  En las memorias que publicó a los 90 años el que fuera asesor militar de Truman, George Elsey, escribió: 
«Era un mensaje para Stalin: “No nos provoque y no provoque a Turquía porque, si provoca a Turquía, estaremos allí”.»
Al igual que Turquía, Irán quedaba al sur de la Unión Soviética y había sido hostil a Rusia durante siglos. Durante la guerra, las tropas soviéticas y británicas habían ocupado Irán para garantizar sus respectivos suministros de petróleo. Incluso firmaron su alianza allí. El ex sha, de quien se pensaba que era pronazi, fue destituido y reemplazado por su hijo, Mohammed Reza Pahlevi. Se había acordado que cuando la guerra terminara las tropas británicas y soviéticas se retirarían. Cuando llegó el momento de la retirada, Stalin no quiso replegarse y eso creó problemas. Los británicos, que no estaban en condiciones de enfrentarse a la URSS, comenzaron a meter presión.

La crisis de Irán de 1946 fue la primera que tuvo que enfrentar el recién creado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Unión Soviética intentó evitar que discutiera el tema pero no lo logró. Con el jefe de la delegación Gromyko a la cabeza, los rusos se retiraron del debate. Sin embargo, este incidente produjo un resultado positivo: el Consejo de Seguridad se mantuvo firme. Con un alarde de pompa y ceremonia, seis semanas después la Unión Soviética retiró sus fuerzas de Irán. A pesar de ello, Truman se afirmó en su creencia de que Stalin tenía como objetivo dominar el mundo.

Harry S. Truman
Truman, que según dijo quería «estar en condiciones de documentar lo que nos preocupa», encargó al secretario de Estado Clark Clifford un informe que repasara «los acuerdos recientes y enumere, una por una, las violaciones cometidas por los soviéticos». Clifford, con la ayuda del consejero presidencial George Elsey, redactó el informe que llevaría el nombre de ambos y que presentó el 24 de septiembre, el día en el que el Clifford estaba convencido de que comenzó la guerra fría. El informe contenía las semillas del Plan Marshall y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y los principios básicos sobre los que el Presidente cimentó sus desconfianza hacia las intenciones soviéticas. En el informe se expresaba con toda claridad que «los líderes soviéticos creen que es inevitable un conflicto entre la Unión Soviética y los estados capitalistas, y que su deber es preparar a la Unión Soviética para este conflicto», lo que obligaba a los Estados Unidos a mantener una fuerza militar suficiente para frenarles.

En un apocalíptico discurso dirigido al Congreso el 11 de marzo de 1947, el presidente sentó las bases de lo que llamó desde entonces la «Doctrina Truman». Si con la «Doctrina Monroe» el quinto presidente estadounidense anunció en 1823 aquello de que «América para los americanos», la anunciada por el trigésimo tuvo un objetivo global: 
«Creo que debemos ayudar a los pueblos a forjar su propio destino [...]. Cada nación debe escoger entre dos modos de vida opuestos. [...] Uno reposa sobre la voluntad de la mayoría y se caracteriza por sus instituciones libres, por un gobierno representativo, por elecciones libres, por la garantía del mantenimiento de las libertades individuales y por la ausencia de cualquier opresión política [...]. El otro reposa sobre la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y en la opresión, tiene una prensa y una radio controladas, unas elecciones amañadas y la supresión de las libertades personales».
La doctrina era un cheque en blanco para la intervención que utilizarían a fondo tanto Truman como quienes le sucedieron en la Casa Blanca al menos hasta el fin de fiesta decretado por Gorbachov. Según Andrew J. Bacevich (American Empire: The Realities and Consequences of U.S. Diplomacy), durante cuarenta años la auto atribuida obligación de Estados Unidos de «dar apoyo a los pueblos libres proporcionó cobertura moral y política para acciones abiertas y encubiertas, sensatas e insensatas, afortunadas o fracasadas en cualquier parte del mundo».

De las palabras se pasó a los hechos, creándose un par de agencias, CIA y NSA, encargadas de la “seguridad nacional” entre cuyas numerosas metástasis estaba asegurarse de que comunistas y socialistas no llegaran al poder en la inmensa mayoría de países que estaban, lo quisieran o no, bajo su esfera de influencia. Además de ambas agencias federales, los Estados Unidos impulsaron que sus aliados de guerra constituyesen una alianza conjunta, la OTAN, que desde el momento mismo de su fundación estuvo encargada de controlar cualquier desvío demasiado escorado hacia la izquierda en los territorios de sus socios.

En el mundo bipolar que surgió de las conferencias de Bretton Woods, Yalta y Postdam, con Gran Bretaña convertida en un satélite de Estados Unidos, la OTAN, junto con las agencias norteamericanas y el M-16 británico tendrían que actuar en las bambalinas del tablero geopolítico internacional en el que únicamente quedaban dos jugadores. A cara descubierta, los norteamericanos comenzaron a instalar bases militares en Grecia y Turquía y aumentaron el número de soldados en Europa occidental. Por la puerta de atrás, se encargaron de desestabilizar cualquier intento llegada al poder de los partidos de izquierda en este lado del Telón del Acero en el que habían convertido a todo aquel que no estaba bajo la alicorta influencia rusa.  

Grecia e Italia serían los primeros países europeos en sentir los efectos miríficos de la catequesis de Harry S. Truman.

lunes, 1 de agosto de 2016

Reservas estratégicas de petróleo

La mayoría de los países de la OCDE guardan vastas reservas en barriles de petróleo de las que pueden echar mano en caso de desabastecimiento. Son las llamadas Reservas Estratégicas (SPR, por sus siglas en inglés) que, en el caso de Estados Unidos, el país que almacena la reserva más grande del mundo, pueden guardar 713 millones de barriles (MB) o, si lo prefieren, a 113,4 millones de metros cúbicos, un volumen suficiente para llenar 45.360 piscinas olímpicas. Cuando redacto este artículo, la web en la que el Gobierno federal actualiza las reservas anuncia que el inventario es de 695,1 MB, un volumen que aproximadamente serviría para satisfacer 38 días de consumo diario de un país que, en promedio, consume 18,5 MB (2.940,000 metros cúbicos) de petróleo al día. Si ese petróleo saliera ahora mismo a la venta, cuando el precio del barril está a unos 45 dólares, su valor ascendería a unos 30.000 millones de dólares.

Semejante volumen se encuentra inmerso en una red de 60 grutas naturales subterráneas formadas en domos salinos a unos mil metros de profundidad, que han sido excavadas y ampliadas para adaptarlas al almacenaje de crudo. Están distribuidas en cuatro puntos situados en la costa del Golfo de México, desde Baton Rouge, Luisiana, hasta Freeport, Texas, cada uno de los cuales está localizado cerca de grandes refinerías. Como la sal es impermeable al crudo, y una y otro no se mezclan y tampoco se crean fisuras, las cavernas se han construido a modo de gigantescas cúpulas de sal que son un almacén perfecto. Pero no imaginen que las cúpulas emergen como el Duomo de Florencia, porque aún en vuelos bajos no se pueden apreciar desde la superficie, sobre la que apenas emergen algunos tanques y tuberías que no permiten adivinar lo que se oculta debajo.

Gestionar estas infraestructuras, cuya construcción supuso una inversión federal de 4.000 millones de dólares y cuyo mantenimiento generó en 2015 un gasto de 200 millones de dólares, tiene sus propios retos. Por ejemplo, las cavernas de sal no son del todo estables y con frecuencia se desprenden fragmentos de ellas causando daños en la maquinaria. Por eso no hay personal en las cavernas cuyo manejo está robotizado por control remoto. Periódicamente las cavernas se vacían para tomar imágenes de sónar del interior, con las que se genera una imagen tridimensional del espacio que permite comprobar el estado de las instalaciones.

SPR de Big Hill, Texas. Como otros SPR, es un diapiro salino natural.
Consta de 14 cavidades de unos 250 metros de alto y 60 de ancho, 
que pueden almacenar un volumen equivalente a 12 millones de barriles.
El origen de la SPR estadounidense se remonta a la crisis del petróleo de 1973, cuando los exportadores de petróleo árabes cortaron los suministros a Occidente como castigo por el apoyo de Estados Unidos a Israel durante la guerra del Yom Kippur. Ese conflicto bélico, también conocido como la guerra árabe-israelí de 1973, fue librado por una coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria contra Israel desde el 6 al 25 de octubre de 1973. La guerra provocó que Estados Unidos se quedara sin suministro de petróleo desde los países árabes.

En aquel tiempo Estados Unidos era tan dependiente del petróleo de Oriente Medio que los precios del carburante se dispararon. Eso se tradujo en racionamientos de la gasolina y en colas interminables en las estaciones de servicio. La gente comenzó a temer que le robaran la poca gasolina que tenían, por lo que hubo quienes protegieron sus vehículos con armas de fuego. Un par de años después Estados Unidos comenzó a construir su SPR, la red de cavernas subterráneas llenas de crudo.

Gracias a estas reservas, hoy por hoy, aunque fallara el suministro, Estados Unidos podría enfrentar el alza del precio y la presión de los mercados globales sin problemas. «El formidable tamaño de la SPR la convierte en un importante factor disuasorio ante los cortes en la importación de petróleo y es una herramienta clave de la política exterior», asegura el gobierno estadounidense en su página de internet. Y en esa línea, que afecta tanto a la política exterior como a la doméstica en el caso de catástrofes naturales, la SPR ha ayudado a Estados Unidos a salir airoso de varias situaciones difíciles.

SPR de Shibushi, Japón. Imagen de Google Earth
Así ocurrió con ocasión del cierre del estrecho de Ormuz cuando los iraníes derrocaron al sha y este huyó del país el 16 de enero de 1979, dejando el poder los ayatolás de Jomeini. La producción iraní había vuelto a cerca de la mitad de sus niveles anteriores a la revolución a finales de 1979, pero se desplomó otra vez cuando Irak lanzó una guerra contra el país el 22 de septiembre de 1980 y la pérdida combinada de producción de los dos países de nuevo ascendió a alrededor del 6% de la producción mundial de la época. Otro tanto ocurrió durante la primera Guerra del Golfo (1990-1991), un conflicto entre Irak y una coalición de países liderados por Estados Unidos en respuesta a la invasión iraquí de Kuwait, cuando se interrumpió el suministro de petróleo desde Oriente Medio. En 2005, la reserva comenzó a atender las peticiones urgentes de carburante de emergencia durante las 24 horas posteriores a que el huracán Katrina tocara tierra.

Estados Unidos no es el único país que ha invertido grandes cantidades de dinero en reservas estratégicas de petróleo. Los acuerdos internacionales obligan a que las naciones miembros de la Organización Internacional de Energía (OIEA) deben mantener reservas de petróleo equivalentes a 90 días de importaciones. Japón, por ejemplo, tiene unas reservas equivalentes a 500 MB en enormes tanques que, esta vez sí, cualquiera puede ver al sobrevolar los tanques de Shibushi, en el suroeste del país, justo en la costa, lo que, tras el terremoto y el tsunami que azotó el país en 2011, los convierte para algunos expertos en extremadamente vulnerables. Por presiones demográficas y económicas, India y China, que no forman parte de la OEIA, también han destinado fondos a sus reservas estratégicas en los últimos años.

SPR de Zhendai, China. Imagen de satélite de Google Earth
Los estadounidenses consumen 22 barriles por persona y año, que es cinco veces más que lo que consume la media mundial y nueve veces más que China. China, empero, encabeza ahora las compras mundiales de coches y se ha convertido en el tercer mayor importador de petróleo. Hace muy poco, en 1992, China era exportadora neta de petróleo. Desde entonces, su consumo se ha multiplicado por cuatro y en 2011 tuvo que importar el 60% del petróleo que consumió. Ese año, China importó seis MB diarios, un 7,2 de la producción mundial total y entró en competencia con Estados Unidos, Japón o la UE. El consumo chino de petróleo ha igualado sus tasas de crecimiento anual: 5-10%.

Una caverna subterránea de roca natural 
reformada como SPR cerca del 
puerto de Visakhapatnam, India. 
.
Así las cosas, Pekín tiene planes muy ambiciosos que prevén una gran variedad de lugares de almacenamiento, infraestructuras estatales y comerciales, que puedan albergar tanto crudo como en Estados Unidos. A diferencia de India, que ha optado por el modelo de las grutas salinas, China no posee cavernas de sal, porque ha optado por almacenar en tanques en la superficie. Esos depósitos son fáciles de identificar con Google Earth y en fotografías de satélite: forman filas y filas de puntos blancos en lugares como Zhenhai, en el sureste del país, donde se almacena una cantidad de petróleo equivalente a 33 millones de barriles.

No todos los gobiernos mantienen esas reservas a sus propias expensas. Reino Unido, por ejemplo, obliga a que la industria petrolera mantenga excedentes para que el Gobierno pueda disponer de él de forma inmediata. Ese es, básicamente, el modelo que se sigue en España, donde la aplicación del derecho comunitario establece que se debe disponer de unas existencias mínimas de seguridad de 92 días equivalentes de consumo de los principales productos petrolíferos. Las compañías petroleras que operan en España deben tener reservas para abastecer 50 de esos días, mientras que de los 42 restantes se encarga CORES (Corporación d0e Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), un organismo de derecho público sin ánimo de lucro, tutelada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo (MIET), que fue designada en diciembre de 2013 la Entidad Central de Almacenamiento prevista en la Directiva 2009/119/CE.

CORES no posee almacenes específicos, pero contribuye a garantizar la seguridad de suministro de hidrocarburos en España mediante el mantenimiento de reservas de productos petrolíferos y el control de las existencias que mantiene la industria en lo referente a productos petrolíferos, gases licuados del petróleo (GLP) y gas natural. En caso de crisis de abastecimiento de petróleo, nacional o internacional, y bajo la supervisión del MIET, la corporación contribuye a garantizar la continuidad del suministro coordinando la puesta en consumo de las existencias de productos petrolíferos necesarias.

En definitiva, España, al igual que el resto de países pertenecientes a la Unión Europea, tiene suscritas las obligaciones de mantenimiento de existencias de seguridad de productos petrolíferos, así como la participación en las acciones colectivas en caso de crisis de suministro desde su doble condición de miembro de la Agencia Internacional de la Energía y miembro de la Unión Europea.

Fracking: la hormiga y la cigarra

Tanto he escrito sobre estallido de la burbuja del fracking en Estados Unidos, que un amigo (y pese a todo lector) me pregunta qué está pasando, porque –según piensa- la producción sigue como si tal cosa. Como trataré de explicar, la producción en los yacimientos que ya estaban en explotación se mantiene, pero las expectativas creadas sobre los nuevos yacimientos han fracasado habida cuenta de que nadie quiere invertir para extraer petróleo con un coste que prácticamente duplica el de venta.

Además, debido a la caída de los precios, los operadores que producen el caro petróleo no convencional (offshore o marítimo y fracking) están entrampados hasta las cejas, pero se ven obligados a seguir produciendo para pagar deudas y para que no decaiga el inflado precio de las acciones. Entre tanto, especuladores e intermediarios hacen lo que la hormiga del cuento –almacenan para cuando vengan tiempos mejores- y los consumidores aumentan su presupuesto para combustible y hacen lo que la cigarra, gastar más. Vayamos con los datos.

Primer punto: Los precios


Fuente
Durante el mes de julio de 2016, el índice Brent, la referencia internacional del barril de crudo, cotizaba alrededor de los 48 dólares (48$) tras perder un 5% por la incertidumbre provocada en los mercados al concretarse el Brexit. En junio de 2014 el barril cotizaba alrededor de los 115$. En dos años, los precios han caído un 42%, una muestra inequívoca del acusado declive que hizo que a finales de 2015 la industria del fracking se desmoronara.

Cuando empecé a tomar notas para esta entrada, el pasado 21 de julio, el precio del barril intermedio de Texas (WTI), el de referencia en América,  había bajado un 1,25 %, hasta los 44,75$ el barril. Mientras tanto, la consultora privada Baker Gughes presentaba un informe en el que daba cuenta de que en julio había 371 plataformas petrolíferas offshore operando en Estados Unidos, una cifra muy alejada de las 659 registradas por estas fechas hace un año. El dato demuestra que 288 plataformas han dejado de funcionar por los bajos niveles del precio del petróleo que se arrastran desde fines de 2014.

Segundo punto: Los costes

Los elevados costes de extracción que acarrea el fracking ya han traído consecuencias. Según un estudio de la consultora Wood Mackenzie, las empresas petroleras estadounidenses han recortado la mitad del presupuesto destinado a la inversión en exploración y producción, que se reducirá en 125.000 millones de $ (113.000 millones de euros) entre 2016 y 2017. En la primera semana de julio la producción estadounidense disminuyó en dos millones de barriles (MB) al día, la mayor caída semanal desde los máximos alcanzados en abril de 2015, según el informe semanal de la agencia oficial estadounidense Energy Information Administration (EIA). En todo el mundo las petroleras están realizando ajustes de caballo.

Alison Cassady, directora de política energética en el centro de estudios Center for American Progress, en Washington, explicaba que el impacto a corto plazo es que las compañías petroleras están considerando no invertir en nuevas perforaciones: «continuarán produciendo donde ya lo están haciendo porque necesitan el dinero para financiar sus deudas, pero en términos de nuevos desarrollos sólo van a ir a los yacimientos de donde probablemente puedan producir la mayor cantidad de petróleo»

Según Cassady, esto se debe a que en estados clave como Dakota del Norte o Texas, las petroleras necesitan un precio de alrededor de 80$ por barril para comenzar a recoger beneficios. De ahí que a pesar de que algunas mejoras tecnológicas han logrado reducir los costes de producción, la reducción en el precio del crudo daña profundamente a las empresas, en especial a las más pequeñas que han empezado a invertir en el sector y no tienen margen de maniobra para apostar a una recuperación a largo plazo. En otras palabras, lo que parecía un buena inversión cuando el precio del petróleo rondaba los 100$, ya no suena tan bien cuando se reduce a la mitad.

La deuda del sector fracking casi se ha duplicado en los últimos cuatro años, mientras que los ingresos se han incrementado en tan solo un 5,6%, según un análisis realizado por Bloomberg News con una muestra de 61 operadores del sector. Una docena de esos perforadores independientes se están gastando al menos el 10% de sus ventas en pagar intereses, cien veces más de lo que deben satisfacer las grandes compañías.

Quienes sí están haciendo su agosto son las grandes compañías que realizan refinado del crudo cuyos márgenes han aumentado enormemente. El margen de refino es la diferencia entre los precios del crudo procesado en las refinerías y los de los productos refinados, incluyendo los costes ligados al proceso. Y es diferente en cada petrolera, según la eficiencia de sus refinerías. Veamos el caso español.

Repsol tenía un margen medio de refino de casi 9 dólares el barril a finales de 2015, frente a los 3,6 dólares de 2014. En el caso de Cepsa su promedio era de 7,9 dólares el barril, casi el doble que un año antes. Esta petrolera registró hasta septiembre del año pasado un aumento del 424% en su beneficio del área de refino y comercialización, pasando de 91 millones en 2014 a 475 millones en 2015. El resultado de Repsol en este área de "downstream" (refino y marketing) fue de 1.655 millones, un 158% más.

Estos márgenes de refino son los que están manteniendo a flote este año los balances de las petroleras, sobre todo las de aquellas que tienen refinerías modernas, como es el caso de Repsol, ya que el descenso de los precios del crudo está mermando gravemente sus resultados. Así, en el área de "upstream" (exploración y producción), Repsol ha registrado unas pérdidas de 633 millones hasta septiembre de 205, frente a unos beneficios de 585 millones en el mismo periodo de 2014. En 2015 Cepsa tuvo unos números rojos de 51 millones en este área, cuando el año anterior ganó 104 millones.

Tercer punto: las reservas

Según el informe de la EIA, las reservas de petróleo del país subieron la penúltima semana de julio en 1,7 MB, hasta los 521 MB, y siguen en máximos históricos. Según el mismo informe, las reservas de gasolina se incrementaron en 500.000 barriles esa misma semana, hasta alcanzar los 241,5 MB. Por su parte, las reservas de combustibles refinados, como el diesel, alcanzaron los 152 MB. Estas cifras no incluyen las Reservas Estratégicas de petróleo del Gobierno federal, que se mantuvieron sin cambios en los 695,1MB.

Así las cosas, el total de reservas de crudo y productos refinados, incluidas las Reservas Estratégicas, alcanzó la pasada semana la cifra récord de 2.082,7 MB, frente a los 2.080,1 MB de la semana precedente. Está claro que Estados Unidos está acumulando petróleo y sus derivados a marchas forzadas. ¿Por qué?

Porque el desarrollo del fracking como método de extracción de petróleo ha convertido a Estados Unidos en el primer productor del mundo. La consultora noruega Rystad Energy ha calculado que gracias al fracking las reservas estadounidenses ya superan a las de Arabia Saudí, el principal exportador mundial. El estudio de la firma noruega, publicado a principio de julio y desarrollado a lo largo de tres años, indica que Estados Unidos posee 264.000 de los 2.092.000 MB  que componen las reservas mundiales de crudo.

El total de reservas mundiales equivale a 70 veces la actual tasa de producción mundial (unos 30.000 MB al año) y son casi 800.000 MB más de los 1.300.000 MB que se produjeron hasta 2015. El petróleo no convencional constituye el 30% de esas reservas, el crudo offshore el 33%. Teniendo en cuenta que tanto el petróleo no convencional como el obtenido en el mar (offshore) son las dos formas de extracción más costosas, la tendencia a obtener menos gastando más, típica de los declives productivos, es una señal clara de que ya se ha superado el pico del petróleo.

Cuarto punto: el mito de la independencia energética

Las proyecciones hechas por los operadores y por algunas agencias gubernamentales según los cuales el fracking era una “revolución” que abriría una nueva e interminable era de “independencia energética” para los Estados Unidos, que dejaría de ser un país importador de combustibles fósiles y se convertiría en exportador de energía, carecen absolutamente de fundamento. Al examinar el citado informe de la EIA norteamericana, un dato clave es que ni con el fracking se ha alcanzado la tan cacareada independencia energética del país, que en las últimas cuatro semanas importó una media de 8,2 MB de crudo al día, un 8,7% por encima de la media del mismo período del año pasado.

Este último dato, unido a la carestía de la producción no convencional mediante fractura hidráulica, clarifica algunas cosas. Por un lado, que el país sigue importando petróleo barato para el consumo a corto plazo, mientras que guarda su petróleo doméstico caro para cuando los precios del petróleo vuelvan a repuntar. Por eso, la abundancia de crudo en el subsuelo estadounidense no tendrá consecuencias comerciales a corto, dado que por mucho crudo que contenga, el punto fundamental es su coste de extracción, que con los últimos avances técnicos supera los 80$ por barril, mientras que en Oriente Medio hay yacimientos que producen a casi una cuarta parte de ese coste. Por tanto, pasará mucho tiempo antes que los precios del crudo sean lo bastante elevados como para hacer rentable la comercialización de la mayoría de las reservas no convencionales.

Si hay dos cosas seguras en el mundo del petróleo son que el pico de producción se ha superado ya y la producción ha entrado en declive, y que a medida que la producción y la oferta disminuyan el precio se incrementará. Los especuladores del petróleo hacen lo que haría cualquiera: acumulan para cuando las circunstancias les sean favorables. El problema es, claro está, que acumular barriles de crudo no es lo mismo que guardar diamantes en un cajón, de manera que llegará un momento que la capacidad de almacenaje alcance también un límite. Además, como comentaré en una próxima entrada, conservar el petróleo almacenado no es lo mismo que enterrar un cofre en la Isla del Tesoro.