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miércoles, 3 de agosto de 2016

Gladio 3: La Italia de las postguerra, los años de plomo y la estrategia de la tensión

Como adelanté en dos entradas anteriores (1, 2), la organización Gladio (espada), una red stay-behind (de retaguardia o quintacolumnista) sustentada por la OTAN y el Pentágono en colaboración con la CIA, su homólogo el MI-6 británico y otros servicios secretos locales en los países firmantes del Tratado del Atlántico Norte, cometió durante la guerra fría una serie de atentados de falsa bandera, nombre que en la jerga militar se otorga a actos terroristas atribuidos a otros, manipuló secretamente la política de los gobiernos supuestamente “democráticos”, corrompió a políticos y periodistas, y organizó fraudes electorales y golpes de Estado. La existencia de estos ejércitos secretos clandestinos creados por la OTAN se justificó en la delirante amenaza de una inminente invasión soviética.

En 1991, Gerardo Serravalle publicó un libro, Gladio (Edizione Associate, Roma), que no hubiera ido mucho más allá de no haber sido porque Serravalle había dirigido Gladio entre 1971 y 1974. En el libro, el general arrepentido contaba que en la década de 1970 los miembros del CPC [Comité de Coordinación y Planificación], que eran los militares responsables de las estructuras secretas de Gladio en Europa, se reunían todos los años con representantes de la CIA y miembros del Comando Europeo del ejército norteamericano con objeto de planificar las acciones que más convinieran a sus fines. Por si eso fuera poco, desde 1957 funcionaba una segunda estructura secreta, el Comité Clandestino Aliado (ACC). De acuerdo con la Comisión parlamentaria belga sobre Gladio, el ACC era el responsable de la coordinación de las quintas columnas a unos y otro lado del Atlántico. En tiempos de paz, las actividades de la ACC incluían la elaboración de las directrices para la red, el desarrollo de su capacidad clandestina y la organización de bases secretas en Gran Bretaña y Estados Unidos en las que se planificaban las operaciones stay-behind y en las que se entrenaba al resto de los agentes europeos.

Gracias a Serravalle y a las comisiones parlamentarias creadas, se supo que Gladio no solo operó en Italia, sino también en Francia (donde De Gaulle la erradicó), Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Portugal, Alemania, los Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Austria, Grecia, Turquía y, por supuesto, en la España franquista y democrática. La OTAN también cometió actos terroristas en el propio Reino Unido (atentados bajo bandera falsa y asesinatos de republicanos irlandeses), en países neutrales de Europa continental como Suiza, pero también en África y Asia fomentando, por ejemplo, la masacre de 1 millón y medio de personas que cometieron en Camboya los jemeres rojos entrenados y dirigidos, según Glanser, por el servicio secreto británico SOE, o el entrenamiento en la década de los 90 de los terroristas que luego se convertirían en el Ejército de Liberación de Kosovo antes y después de los bombardeos de la OTAN sobre la díscola Yugoslavia.

Como fue en Italia donde Gladio surgió y arraigó con mayor pujanza, como el país transalpino fue el primero en dar a conocer públicamente la existencia de esta estructura secreta y uno de los tres países que, junto a Bélgica y Suiza realizó una investigación parlamentaria (el resto se limitó a reconocer la existencia del operativo sin dar más detalles), comenzaré por analizar el caso italiano. A los lectores que deseen profundizar en el tema, les recomiendo el libro de Daniel Genser Los ejércitos secretos de la OTAN, accesible en el enlace que he dejado en el párrafo anterior, y el documental Operación Gladio, de Alan Francovich, emitido por la BBC en 1992 y disponible en youtube.

Después de la II Guerra Mundial, hundido el fascismo y colgado el Duce, Italia quedó encuadrada dentro del bloque occidental. Durante la Guerra Fría, el espectro político italiano se dividió entre dos partidos: la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Comunista Italiano (PCI). Estados Unidos, con la doctrina Truman recién estrenada, sabía a la perfección que las probabilidades de que el PCI llegase al poder en las elecciones de 1948 eran altas. Con objeto de evitar esa indeseada posibilidad, la CIA organizó un operativo cuyo principal objetivo era que la DC se alzase con la victoria en las elecciones del 48. El complot tuvo varias ramificaciones: una campaña difamatoria contra el PCI dirigida y realizada por la Iglesia católica italiana; un apoyo del Plan Marshall supeditado a que el partido ultra católico siguiera en el poder; el engrase de la maquinaria electoral de ese partido y la compra de medios de comunicación mediante la entrega  de dinero negro, y una operación mediante la cual los italo-americanos enviaban cartas a sus familiares en Italia avisándoles de los peligros de votar al PCI.

Francesco Cossiga
La estrategia funcionó a la perfección y la DC obtuvo los mejores resultados de su historia en esas elecciones. Pero lo más relevante esa campaña fue el éxito de una de las primeras acciones encubiertas de la CIA. Además, la agencia guardaba un as en la manga: en el caso de que el PCI hubiera ganado, tenía un plan B que consistía en una invasión del país, tal y como reconoció décadas después Francesco Cossiga, presidente de Italia entre 1985 y 1992, cuando se vio obligado a dimitir por sus relaciones ilegales.

Con la DC subida al machito del poder, no hubo problema alguno hasta 1963, cuando Italia volvió a las andadas izquierdistas y entró de nuevo en el radar del Tío Sam. En esta ocasión no se trataban de una posible llegada del PCI al poder italiano, sino de la entrada ese año del Partido Socialista Italiano (PSI) en el ejecutivo nacional. El objetivo de la alianza social-cristiana era dar mayor estabilidad al panorama político y social italiano mediante una coalición de centro-izquierda. Para la CIA y los sectores más reaccionarios de la política italiana y estadounidense que los “rojos”, aunque fueran descafeinados, llegaran al poder era demasiado. Con el cuerpo del presidente J. F. Kennedy aún caliente tras el magnicidio de Dallas en noviembre de 1963, a petición del presidente italiano, el demócrata cristiano Antonio Segni, la CIA y la NAS planearon llevar a cabo un golpe de estado el año siguiente.

General Giovanni de Lorenzo
Gracias a las investigaciones de los periodistas Eugenio Scalfari y Lino Jannuzzi, publicadas en mayo de 1967 en la revista L'Espresso, se supo que el golpe, al que bautizó como Piano Solo, fue planificado por el comandante en jefe de los carabinieri Giovanni de Lorenzo y en él participaron los servicios secretos italianos junto con la habitual estructura de agentes de la CIA y de la OTAN encuadrados en Gladio. Debía comenzar el 25 de mayo y consistía en desplegar 20.000 carabinieri por todo el país para que tomaran  todas las instituciones y las principales infraestructuras, amén de las sedes de los partidos políticos de izquierdas y la detención de sus dirigentes con su posterior deportación a un campo de concentración en Cerdeña. Finalmente, no se ejecutó en su totalidad porque, como comentaré en otra entrada, la izquierda -al saberse lo que se estaba fraguando- decidió no incorporase al Gobierno encabezado por la DC.

Valero Borghese
Piano Solo no fue el único golpe de estado planificado en Italia durante la Guerra Fría. Seis años después del fallido golpe de 1964, en 1970 desde los servicios secretos y militares italianos junto con los paramilitares neofascistas de Valero Borghese, un personaje siniestro que tuvo mucho que ver con terrorismo de Estado en la España pre democrática, se preparó otro golpe que debía ser ejecutado el 18 de diciembre de ese año. Los golpistas debían ocupar las sedes del Ministerio de Defensa y de Interior, al mismo tiempo que hacerse con el poder en la sede de la RAI y otros medios de comunicación de importancia. Posteriormente, se detendría a todos los elementos calificados como subversivos y la jefatura del Estado sería asumida por un gobierno militar con el objetivo de volver a instaurar el orden y la disciplina en Italia. Sin embargo, y por razones que aún hoy se desconocen, Borghese ordenó que el golpe se detuviese y que Italia no se despertase bajo un gobierno militar. En marzo de 1971, cuando Borghese fue acusado de planificar el golpe de Estado, huyó de Italia y se estableció en España con la protección de los servicios secretos franquistas. Falleció en Madrid en agosto de 1974.

A raíz de la crisis del petróleo de 1973, Italia entró en un período convulso conocido como los “años de plomo”, que se caracterizó por un contexto de violencia callejera que evolucionó a la lucha armada por parte de grupos extremistas (de derecha y de izquierda) que recurrieron a la violencia para conseguir sus objetivos aprovechando la debilidad de las instituciones políticas y económicas, el caos político y la negativa coyuntura económica italiana derivada de la crisis. Los años de plomo estuvieron acompañados de la llamada “estrategia de la tensión”, en los que los servicios secretos domésticos y foráneos, junto con grupos paramilitares hicieron su agosto poniendo en práctica la estrategia de la falsa bandera, cuyos atentados terroristas eran atribuidos al PCI o a  grupos de ultraizquierda reales, como las Brigadas Rojas, o inventados para la ocasión. El objetivo viene implícito en el propio término: se trataba de crear tensión emocional, a aquella que crea un clima de miedo en la opinión pública para que la gente se refugiara bajo la tutela de la élite política dominante, la DC y, si esta se mostraba incapaz, para facilitar la llegada al poder de un régimen dictatorial, tal como había sucedido en el caso del régimen de los coroneles griegos de 1967.


El uso indiscriminado del terrorismo contra la población civil italiana comenzó el 12 de diciembre de 1969 con la explosión de cuatro bombas en Roma y en Milán que mataron a varias personas. De esos cuatro atentados, el más famoso fue el de el de la milanesa Piazza Fontana, donde se encontraba la sede central de la Banca Nazionale dell’ Agricoltura. Después de que esa mañana explotaran tres bombas en Milán y Roma y de que otra más fuera encontrada sin detonar, a las 16:37 horas una bomba colocada en el edificio de la Banca Nazionale dell'Agricoltura acabó con la vida de 17 personas malhirió a otras 88. Rápidamente, la policía culpó a grupos anarquistas, pero desde los primeros momentos surgieron muchas dudas en torno a la autoría. Lo que le sucedió a uno de los sospechosos de la matanza, el trabajador ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli, que falleció en circunstancias extrañas serviría de inspiración al Premio Nobel de Literatura, el dramaturgo comunista Dario Fo, para su obra teatral Muerte accidental de un anarquista. El embrollo es de tal magnitud, que me ocuparé de él en lapróxima entrada.

Vincenzo Vinciguerra
En 1972, cuando Italia aún se recuperaba de los acontecimientos de 1969, tres carabinieri fueron asesinados en un atentado con bomba acontecido en Peteano. Como había sucedido con los atentados de 1969, el crimen fue atribuido a grupos de extrema izquierda revolucionaria, en concreto a las Brigadas Rojas. Sin embargo, como sucedió en Roma y Milán, las dudas surgieron rápidamente. En primer lugar porque, según testimonio del general Serravalle, tres de los siete depósitos de explosivos localizados en Trieste y pertenecientes a la red Gladio se habían esfumado a sólo dos meses del atentado. Y en segundo lugar porque, durante el juicio que lo condenaría a cadena perpetua en 1984 (y en la cárcel sigue), el ultraderechista Vincenzo Vinciguerra confirmó la existencia de una “superorganización” organizada por la OTAN y con la colaboración de los servicios secretos italianos y fuerzas militares y paramilitares italianas ligadas a los partidos de extrema derecha Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale, que había organizado el atentado como parte de las acciones llevadas a cabo dentro de la Operación Gladio.

En 1974 se produjeron nuevos incidentes. Por un lado, en una manifestación antifascista en la ciudad de Brescia, un atentado provocado por la ultraderecha causó ocho muertes y 102 heridos. Ese mismo año se ejecutó otro acto terrorista en el tren que hacía la ruta Roma-Múnich, con el resultado de 12 muertos y 48 heridos. Ese año, el que había sido miembro de la logia masónica P2 y director del Servizio Informazioni Difesa (SID), el general Vito Miceli, fue arrestado bajo los cargos de conspiración contra el Estado en relación con el atentado de Peteano. Durante el juicio, Miceli confesó la existencia del operativo Gladio  y cómo éste estaba coordinado desde la OTAN y desde los Estados Unidos.

En 1974 estaba ya en marcha el llamado “compromiso histórico”, pero esa es ya otra historia.