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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Para qué sirven las vejigas de la quinoa


La quinoa (Chenopodium quinoa) y otras muchas plantas como las populares plantas escarchadas (Mesembryanthemum crystallinum), que son extremadamente resistentes, están cubiertas de extrañas "vejigas" globosas que durante más de cien años se han considerado las responsables de protegerlas de la sequía y la sal.

Los resultados de una investigación publicada el pasado mes de noviembre revelan que no es así. Estas células globosas cumplen una función completamente diferente, aunque también importante. 

Mirando a través de un microscopio parece un globo de agua o una creación artesanal de vidrio. Si te preguntas para qué sirve, no serías el primero. Desde los estudios pioneros de Haberlandt publicados en 1896, durante 127 años se ha asumido que las vejigas llenas de líquido que cubrían las hojas, las flores y los tallos de muchas plantas resistentes a ambientes secos y salinos cumplían una función completamente diferente a lo que se acaba de descubrir.

Izquierda: superficie de los cálices de Mesembryanthemum crystallinum cubiertas con células globosas. A la derecha, células globosas de Chenopodium quinoa vistas al miscroscopio.


Desde hace algunos años, la quinoa se ha promocionado como un cultivo preparado para el futuro porque es rica en proteínas y altamente tolerante a la sequía y la sal, y por lo tanto al cambio climático. Los científicos creían que el secreto de su tolerancia residía en las numerosas células epidérmicas globosas (CEG) que tapizan su epidermis, que hasta ahora se pensaba que actuaban como una especie de acumuladores de sal y reservorios de agua, pero las evidencias encontradas en la investigación que soporta este nuevo artículo demuestran que no es así. 

Tijeretas de la especie Frankliniella occidentalis intentando atacar una planta silvestre de quinoa. Crédito: Universidad de Copenhague.

Defensa contra las plagas

Los investigadores cultivaron plantas mutantes de quinoa carentes de CEG para comparar sus reacciones a la sal y la sequía con las de otras plantas silvestres cubiertas de dichas células. Descubrieron que las células de la vejiga no influyen positivamente en la capacidad de la planta para tolerar la sal y la sequía. Por el contrario, parecen debilitar la tolerancia, pero sirven como barrera contra plagas y enfermedades.

En contra de lo previsible, cuando se expusieron a agua salina o se sometieron a condiciones de estrés hídrico, las plantas mutantes crecieron sin problemas, pero estaban muy infestadas de pequeños insectos, a diferencia de las plantas silvestres revestidas de CEG. Esas observaciones sugerían que las CEG debían tener una función completamente diferente.

Tijeretas de la especie Frankliniella occidentalis atacando una planta de quinua mutante sin células de vejiga. Crédito: Universidad de Copenhague.

A pesar de haber regado generosamente las plantas con agua salina, cuando los investigadores analizaron el contenido de las CEG, no encontraron la sal esperada. En cambio, hallaron compuestos químicos repelentes que actúan como una barrera física y química contra los herbívoros. Cuando los pequeños insectos y ácaros caminan con mucha dificultad sobre una planta cubierta de CEG, son incapaces de llegar a los jugosos brotes verdes que más les interesan. Y en cuanto intentan roer las CEG, descubren que el contenido les resulta tóxico.

Entre otras cosas, las CEG de la quinoa contienen ácido oxálico, un compuesto cáustico que también se encuentra en otras plantas y que actúa como un veneno mortal contra las plagas. Los experimentos también demostraron que las CEG protegen a la quinoa incluso contra una de las enfermedades bacterianas más comunes en las plantas, Pseudomonas syringae. Esto probablemente se deba a que las CEG cubren parcialmente los estomas de las hojas de la planta, que son un punto de entrada para muchas bacterias invasoras.

La clave para una “superquinoa” extratolerante

Hay miles de variedades de cultivos sudamericanos de quinoa y la densidad de las CEG en la epidermis varía de una variedad a otra. Pero hay muchos indicios de que la densidad determina la eficacia de la protección que prestan las CEG.

Las variedades de quinoa con una mayor densidad de CEG son probablemente más resistentes a las plagas y enfermedades. Pero, por otro lado, pueden ser ligeramente menos tolerantes a la sal y la sequía. Y viceversa. Estas variaciones no cambian el hecho fundamental de que la quinoa es por lo general muy resistente a la sal y a la sequía, aunque ello no se deba a las CEG.


Teniendo en cuenta los esfuerzos por expandir el cultivo de quinoa por todo el mundo, los nuevos conocimientos se pueden utilizar para adaptar el cultivo a diversas condiciones regionales. Por ejemplo, el sur de Europa tiene condiciones muy secas, mientras que las plagas son un problema mayor que la falta de lluvias en el norte de Europa, donde tendría sentido centrarse en variedades de quinoa que estén densamente cubiertas de CEG.

Los resultados de esta investigación proporcionan una receta concreta sobre cómo cultivar "superquinoa" con relativa facilidad. Hasta ahora, las CEG han sido ignoradas en la mejora experimental de los cultivos de quinoa. Si se desea un cultivo que sea extremadamente resistente a las plagas y enfermedades, pero que siga siendo tolerante a la sal y la sequía, se puede optar por cultivar variedades que estén densamente cubiertas de CEG. Por lo tanto, ahora se dispone de una herramienta que permita avanzar en el camino hacia una “'super quinoa” extratolerante a distintos factores adversos.

Ahora sabemos que la quinoa no sólo tolera factores estresantes no biológicos como la sequía y la sal, sino también influencias biológicas en forma de plagas. En conclusión, esta investigación es un ejemplo de cómo la verdad establecida teóricamente no siempre acierta cuando no resiste la experimentación práctica. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


lunes, 4 de diciembre de 2023

Cómo la alimentación y la agricultura contribuyen al cambio climático

 


Alimentar al mundo exige un gran esfuerzo que, además de crear otros problemas ambientales entre los que se cuenta la acusada pérdida de biodiversidad, produce cada año miles de millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), alrededor de un tercio del total mundial.

A pesar de que la alimentación es un gran problema climático, hasta ahora se ha hecho muy poco para abordarlo. La conferencia climática de la ONU de este año en Dubai será la primera en dedicar un día entero a la cuestión de cómo reducir el impacto climático de los alimentos.

Los que siguen son algunos datos sobre las fuentes de emisiones del sector agroalimentario.

¿CUÁNTO EMITEN NUESTROS ALIMENTOS?

Los sistemas alimentarios mundiales representaron 16.000 millones de toneladas métricas de equivalentes de dióxido de carbono, es decir, el 31% de las emisiones de GEI provocadas por el hombre en 2020, según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Esas emisiones representan un incremento del 9% con respecto a 2000.

Eso incluye las emisiones relacionadas con la agricultura y el uso de la tierra, la producción de cultivos y ganado, el consumo y desperdicio de alimentos en los hogares, y la energía utilizada en el procesamiento y transporte agroalimentario.

En total, esos sectores generaron el 21% de todo el dióxido de carbono del mundo, el 53% de todo el metano y el 78% de todas las emisiones de óxido nitroso a nivel mundial, según la FAO.

GANADO

Uno de los mayores contribuyentes es el ganado. Según la FAO, la producción ganadera mundial genera alrededor del 14,5% de todas las emisiones antropogénicas de GEI. El ganado es responsable del 65% de esas emisiones, en gran parte en forma de metano. Cuando los animales rumiantes como las vacas y las ovejas digieren los alimentos, producen metano en forma de gases a través de eructos y ventosidades. El almacenamiento de estiércol, especialmente en grandes balsas, también emite metano.

Las emisiones también provienen de la producción y procesamiento de alimentos para animales, incluido el cultivo de tierras para cultivar, lo que libera dióxido de carbono almacenado en el suelo.

USO DEL SUELO

Las actividades de apoyo a la agricultura, como la deforestación o la degradación de las turberas, generan 3.500 millones de toneladas métricas de CO2 equivalente al año. Cuando los bosques se talan para fines agrícolas, como criar ganado o cultivar, el carbono almacenado se libera a la atmósfera.

La deforestación es responsable de casi el 80% de las emisiones procedentes de la producción de alimentos en Brasil, por ejemplo, el mayor exportador mundial de carne vacuna y soja. Por su parte, las turberas almacenan enormes cantidades de carbono: el doble que los bosques del mundo. Drenar o quemar turberas para fines como cultivos o pastoreo de ganado es responsable de aproximadamente el 5% de todas las emisiones antropogénicas, según un informe de 2021 de las Naciones Unidas.

DESECHOS ALIMENTICIOS

Según la ONU, alrededor de un tercio de todos los alimentos cultivados en el mundo se desperdicia: el 13% entre las etapas de cosecha y venta al por menor, y el 17% en los hogares y en los sectores de servicios alimentarios y venta.

Según un estudio publicado en la revista Nature Food, esos alimentos desperdiciados (incluida la energía utilizada para producirlos y transportarlos, el deterioro en el transporte y los alimentos desechados después de pudrirse en los refrigeradores y despensas domésticos, generan la mitad de todas las emisiones del sistema alimentario mundial.

Una buena parte de esas emisiones son causadas por el metano que se forma cuando los alimentos se pudren en los vertederos. Los desechos de alimentos representan alrededor del 25% de los desechos sólidos municipales en los vertederos de Estados Unidos, según un estudio reciente de la Agencia de Protección Ambiental norteamericana. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

martes, 28 de noviembre de 2023

El acebo: mucho más que un símbolo navideño



La capacidad de mantenerse pujante a pesar del frío, la lluvia y la nieve, unida a su vistosa combinación de colores rojo y verde, ha hecho que desde la noche de los tiempos se considere al acebo (Ilex aquifolium) un símbolo de fortaleza y eternidad.

Como ocurre con el tradicional abeto o con la flor de Pascua, el uso del acebo como planta navideña es más antiguo que la propia Navidad. Según una leyenda que contaban los celtas al abrigo de las primeras hogueras invernales, el rey Roble reinaba durante los meses más cálidos y luminosos del año, mientras que cuando los días se acortaban el manto de hojas verdes salpicado de bayas rojas del rey Acebo lo reemplazaba en la estación más fría y con menos horas de luz.

La eguzkilore o flor del sol, Carlina acaulis, en el portón de un caserío navarro


Además, los celtas pensaban que gracias a sus hojas espinosas el totémico y protector acebo podía ahuyentar a los espíritus malignos, de donde arranca la costumbre de fabricar coronas con sus ramas como muestra visible de protección y buena suerte. En verano, cuando el acebo aún no había producido sus frutos rojos, el papel protector de los hogares lo jugaba otra planta, Carlina acaulis, la eguzkilore o flor del sol, que aún sigue exhibiéndose en muchas zonas rurales del norte de España para que espante a los malos espíritus e impida la entrada a las brujas, a los genios de las enfermedades, de la tempestad, del rayo, etc. 

En la mitología nórdica, el acebo se asociaba con Thor, dios del trueno, y se creía que los acebos cultivados cerca o dentro del hogar evitaban la caída de rayos. Los antiguos romanos utilizaban el acebo como decoración durante las Saturnalia, un festival dedicado a Saturno, dios de la agricultura y la ganadería.

Mucho después, cuando el cristianismo se expandió por Europa, el sincretismo alentado desde Roma hizo que el acebo se adoptara como uno de los símbolos más característicos de la Navidad y el Adviento, intentando, además, que desplazara a su homólogo pagano, el muérdago, empleado por los druidas en las festividades del solsticio de invierno.

Para los cristianos, la simbología del acebo estaba clara: los frutos rojos evocaban la sangre de Cristo y las hojas espinosas la corona de espinas que portaba el Mesías, lo que no deja de ser curioso habida cuenta de que el acebo no crece en Palestina.

Una viva y brillante apariencia

El acebo tiene el porte de un arbusto muy denso y ramificado o el de un árbol (cuando no se ramonea o se poda) que alcanza hasta los 12 m de talla. La corteza y las ramas son grises y lisas. Las hojas son persistentes, simples, alternas, más o menos ovaladas y en general con el margen lleno de espinas (de ahí el término aquifolium, que significa “hojas con agujas”), en especial las de las ramas bajas. 

Cuando los acebos detectan que sus hojas están siendo mordisqueadas por los herbívoros activan los genes que las hacen espinosas en los bordes cuando vuelven a crecer. Por eso, en los acebos más altos las hojas superiores como la de la izquierda que están fuera del alcance de los ramoneadores tienen márgenes lisos, mientras que las inferiores (a la derecha) son espinosas.

Las hojas miden hasta 8 cm de largo, son verde-oscuras y lampiñas por ambas caras, lo que las diferencia de las de la coscoja (Quercus coccifera), que son mucho más pequeñas y claritas, o de las de la encina (Quercus ilex; de hecho, en 1753 Linneo la denominó Ilex por su parecido con las encinas), que son algo menores y tienen el envés aterciopelado. Por lo demás, tanto encinas como coscojas viven en ambientes mucho más secos que el acebo, que por lo general gusta de los ambientes sombríos.

En términos biológicos, los acebos son dioicos. Una especie dioica es aquella en la que hay individuos machos e individuos hembras, como ocurre, sin ir más lejos, entre nosotros. Las especies dioicas son opuestas a las monoicas, cuyos individuos poseen tanto los órganos reproductivos masculinos como los femeninos. Por eso la reproducción dioica es biparental: necesita siempre de dos progenitores. La etimología es muy sencilla, pues en ambos casos arranca del término griego “oikos” (casa) y mono (uno) o diplo (doble) en uno y otro caso, en el segundo usado como apócope: di.

Los ejemplares macho tienen unas flores blanquecinas que suelen pasar desapercibidas, como las de las hembras. En uno y otro caso pueden alcanzar casi un cm de diámetro (algo menos las femeninas) y aparecen aisladas o en grupitos más o menos densos. Las femeninas son dialipétalas (lo que quiere decir que sus 4-5 pétalos van separados los unos de los otros) y las masculinas simpétalas (con sus 4-5 pétalos soldados en un tubo muy corto), todas de color blanco o rosado y ocasionalmente manchadas de púrpura.

Las flores femeninas tienen, como no podía ser menos, un ovario; pero lo curioso es que en la base de este crecen unos estambres estériles (estaminodios), lo que hace pensar que las flores eran originariamente hermafroditas y habrían evolucionado hacia la reducción y esterilidad de las piezas masculinas. Por su parte, las flores masculinas tienen 4-5 estambres perfectamente fértiles que están soldados a la corola.


Tras la fecundación, las plantas hembra producen unos frutos globosos del tamaño de un guisante, verdes al principio y de color rojo intenso o amarillo vivo cuando maduran en octubre o noviembre. Se mantienen en la planta durante todo el invierno si los respetan los pájaros, puesto que los acebos son plantas típicamente ornitócoras, cuyas semillas son apetecidas por las aves.

Originario del sur y oeste de Europa, el acebo se encuentra formando rodales más o menos puros, densos e impenetrables, aunque es más frecuente verlo como acompañante de bosques de hoja caduca (robledales, hayedos, castañares…) o perennifolios húmedos (tejedas, pinares e incluso encinares en situaciones abrigadas y con suficiente humedad y sombra). En la península Ibérica es más abundante en la zona septentrional y a medida que se desciende en latitud se va acantonando en las serranías y áreas montañosas. Es indiferente al tipo de suelo, pero se da mejor en los ácidos.

El dosel de hojas de sus formaciones tiene una importancia muy considerable en los ecosistemas, ya que mantiene unas condiciones de temperatura y humedad más suaves en su interior que favorecen el refugio de numerosos animales en invierno. Estos, además, se benefician de sus frutos como alimento.

Como no digieren las semillas, que expulsan enteras por las heces, las aves son inmunes al veneno de los frutos. Para los mamíferos los frutos son extremadamente tóxicos. La toxina es la ilicina, cuya ingestión provoca vómitos, diarreas y somnolencia. Los síntomas se presentan hacia las dos horas de su ingestión y se tratan con eméticos. Dada su toxicidad, el acebo está incluido en la orden ministerial por la que se establece la lista de plantas cuya venta al público queda prohibida o restringida por razón de toxicidad (Orden SCO/190/2004, BOE 32, 6 de febrero de 2004).

Otros usos

Además del simbolismo ya citado, el acebo ha sido una planta utilizada desde muy antiguo. La madera es de muy buena calidad, dura y tan densa que no flota en el agua, por lo que no es útil en la industria naval. Es apreciada por los ebanistas para elaborar mangos, culatas de armas y por teñirse bien de negro e imitar a la de ébano; además es muy estimada como leña, para hacer carbón vegetal y por los pastores para confeccionar bastones resistentes, a los que alude Cervantes en el cap. XIII de El Quijote:

«Venían unos pastores hacia ellos y traía cada uno un grueso bastón de acebo en la mano…».

En la Égloga II del poeta y militar toledano Garcilaso de la Vega, Albanio, el pastor desdeñado por Camila que según la crítica es un trasunto del hermano menor del duque de Alba, don Bernaldino de Toledo, contempla su propia imagen coronada de laurel en las aguas de una fuente, gracias a la cual el autor recuerda su condición de militar y noble, y también sus similitudes con Apolo, el dios privado de su amor:

«Allá dentro en el fondo está un mancebo,

de laurel coronado y en la mano un palo,

propio como yo, de acebo».

Las hojas se usan como forraje del ganado en invierno y sobre todo como adorno navideño, especialmente si vienen acompañadas de los frutos maduros rojos. Además, con su corteza se preparaba la liga, una goma empleada en la captura de pájaros, actualmente prohibida para este fin. Se hacía (y se hace para caza clandestina) con corteza cocida y fermentada hasta formar un unte al que los pájaros se quedan pegados por las plumas en las varetas pringosas.

El acebo se usa mucho como planta ornamental, aguanta muy bien la poda y tiene numerosas variedades de jardinería que realzan las espinas o matizan su verde intenso con bordes o manchas blancas o amarillas.

Además, se ha utilizado en medicina tradicional por sus propiedades diuréticas y laxantes. Los frutos tienen propiedades purgantes y pueden provocar el vómito, causando intoxicaciones si se ingieren.

Su llamativa apariencia y sus virtudes han jugado en su contra. Su recolección para usos medicinales, ornamentales y su utilización en ebanistería y marquetería han ido mermando las poblaciones naturales. Actualmente, está protegido a nivel estatal por las legislaciones andorrana, española y portuguesa. Además, aparece en los catálogos de especies protegidas o amenazadas de numerosas comunidades autónomas españolas. Si se va a usar como decoración navideña, conviene asegurarse de que procede de viveros o de que su explotación es sostenible y legal. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.



lunes, 27 de noviembre de 2023

Cinco de las mejores plantas de interior con flores de invierno (además de las flores de Pascua)

 


Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, poner un poco de alegría en nuestros espacios interiores colocando algunas plantas con flores parece una excelente idea. Las plantas nos acompañan en los meses de invierno y crean entornos hogareños más festivos y acogedores. Las flores de pascua (Poinsettia pulcherrima) son flores navideñas muy populares, pero se puede ir más allá porque puedes elegir otras muchas plantas que florecen estas fechas en interiores. He seleccionado cinco que encontrarás en cualquier floristería.

Cactus de navidad (género Schlumbergeria)

Para elegir diferentes colores florales, nada mejor que un cactus navideño. Sobre ellos me ocupé con alguna extensión en este artículo. Hay variedad de colores para elegir, que van desde el blanco hasta el rojo brillante y el morado. Además, a diferencia de otros cactus, sus espinas son poco agresivas.

El cactus navideño es fácil de cuidar y necesita riego solamente cuando los dos primeros centímetros superiores del suelo están secos mientras está floreciendo, y con menos frecuencia cuando no es así. Cuando no esta floreciendo se puede dejar en un lugar sombreado y regarlo ligeramente una vez por semana. 



Durante los días más cortos de finales de otoño e invierno, el cactus comenzará a dar señales de que va a florecer. Entre seis a ocho semanas antes de que observes las yemas de los extremos de los tallos que producirán las flores, mantén la planta en la oscuridad durante al menos 10 a 12 horas al día para ayudar a que florezca. Si es posible, le vendría bien que la temperatura estuviese más o menos a 18º. Darle algo de tiempo en un lugar oscuro y frío, como un sótano, te ayudará a conseguir una vistosa explosión de flores listas para las fiestas.

Amarilis (género Hippeastrum)

Hippeastrum es un género de plantas bulbosas que comprende más de 70 especies nativas de regiones subtropicales y tropicales de América, desde Argentina hasta México y el Caribe. Estas plantas, cultivadas en todo el mundo por sus vistosas flores, se conocen con el nombre popular, pero erróneo, de Amaryllis, un género africano de la misma familia. El nombre Hippeastrum, que deriva del griego y significa "estrella de caballero", fue elegido por el reverendo William Herbert en 1821 para describir a la primera especie del género, Hippeastrum reginae.

Las amarilis son otra opción popular para estas fiestas dada su tendencia a florecer en invierno si se mantienen en el interior. Los bulbos brotan a finales de otoño en el exterior y tienen la ventaja de que son menos exigentes de luz que otros tipos de bulbosas, lo que los convierte en plantas de interior ideales para el invierno.



Si mantienes la tierra húmeda alrededor del bulbo mientras mantienes secos el tallo y la parte superior del bulbo que sobresale del suelo, la amarilis estará encantada. Si prefieres no colocar los bulbos en macetas puedes encerarlos, pero crecerán solo durante una temporada y son difíciles de replantar porque el encerado dificulta que desarrollen raíces. Para encerarlos basta con derretir un poco de parafina al baño de maría que luego se barniza sobre el bulbo. Luego, actúa como hay que actuar con los procedentes de maceta: colócalo en un lugar calentito que tenga algo de luz natural para estimular la floración.

Narcisos de papel (Narcissus papyraceus)

Sobre el fascinante mundo de los narcisos escribí este artículo. Los narcisos de papel pertenecen a la especie Narcissus papyraceus. El nombre genérico alude a Narkissos, hijo del dios río Cephissus y de la ninfa Leiriope, un joven que en la mitología griega destacaba por su belleza. Narciso era un joven tan pagado de sí mismo que se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua y se ahogó al intentar besarla. Papyraceus es el epíteto latino que significa "como el papel".

Narcissus papyraceus es una herbácea perenne y bulbosa que puede medir hasta 60 centímetros. Las hojas erguidas están presentes durante la floración a finales de otoño y durante el invierno, cuando se producen flores blancas y aromáticas. Es una especie que en la naturaleza vive en sitios húmedos, en pastos, claros de matorrales, bordes de caminos y baldíos en los que puede llegar a formar amplias extensiones. Entre nosotros tiene la ventaja de ser autóctona, porque es una planta mediterránea cuya área de distribución, además de por el norte de África, se extiende desde la península Ibérica hasta Italia y Grecia.



Los narcisos de papel, que en China se cultivan en macetas para celebrar el año nuevo, se desarrollan bien como plantas de interior y no necesitan mucha luz para florecer. Mantén siempre sus raíces húmedas ya sea en la tierra o en un jarrón y florecerán incluso con luz solar indirecta durante aproximadamente dos semanas una vez que se abran. Si los sacas al exterior en un balcón, los cultivas en jardín o vives en un iglú, ten en cuenta que les irá bien siempre que no los expongas a temperaturas bajo cero.

Orquídeas (género Phalaenopsis)



Sobre las orquídeas que florecen en esta época y el modo de cultivarlas para que florezcan varios años escribí este artículo. Las orquídeas son otras plantas de interior que ofrecerán flores vistosas durante las fiestas. Necesitan temperaturas más cálidas, alrededor de 20º, y si no reciben mucha luz solar natural al menos seis horas al día, debes usar una luz especial de cultivo para mantenerlas en forma.

Kalanchoe (género Kalanchoe)

Los kalanchoes son plantas fáciles de distinguir por sus hojas verdes carnosas (son plantas suculentas) y sus ramilletes dobles con flores de diversos colores. Son plantas originarias de Madagascar cuyo nombre procede de los vocablos hindúes kalanka que significa "manchas" y chaya, "de". Una de las variedades que más se ve en España es Kalanchoe blossfediana, pero hay otras muchas con similares requerimientos.

Todas ellas son plantas de interior más que de exterior, aunque si quieres cultivarlas en la terraza, el jardín o el balcón mejor que sea en un espacio de semisombra, porque el sol directo no les sienta bien. Si se dejan en el exterior también hay que tener cuidado con las temperaturas muy bajas, porque les cuesta crecer en zonas de exterior con mucho frío.

Los kalanchoes florecen en invierno y, dependiendo de la especie o la variedad, producirán una gama amplia de colores, desde el blanco hasta el rosa brillante. Tienen una excelente reputación como plantas de interior que requieren poco mantenimiento y no necesitan muchos cuidados. Respecto al riego, necesitan bastante humedad, aunque evitando que la planta se encharque. De hecho, es preferible que el sustrato esté casi seco antes de volver a regarlo. Basta con regarlos una o dos veces al mes en invierno, y una vez a la semana durante el verano.

Prefieren mucha luz, por lo que si no se exponen a la solar durante al menos ocho horas diarias, hay que apoyarlos con una luz de cultivo para que florezcan. Aunque necesiten luz abundante, procura que no sea directa para que las hojas no se quemen. Por eso, si los colocas en una ventana, es mejor situarlos orientados al este o al oeste para evitar las horas de luz más intensas. También es importante protegerlos de las heladas. Si, a pesar de todo, prefieres colocarlos en el exterior, es mejor utilizar una zona con semisombra. Además, como se trata de plantas suculentas, es más que probable que no sobrevivan a temperaturas que estén por debajo de los 10 °C.

Para favorecer la floración, necesitan al menos seis semanas con 14 horas de oscuridad al día. Aparte de los requisitos mínimos de luz, necesitan suelo húmedo y temperaturas interiores que no oscilen demasiado para mantenerse vigorosos.

Si quieres reproducir un kalanchoe puedes hacerlo con un esqueje normal de tallo o, mucho más fácil, con una simple hoja. Corta una hoja sana y déjala secar durante un par de días. Después, plántala en una mezcla de tierra para cactus y suculentas y riega con moderación. La hoja debería desarrollar raíces y acabará por formar una nueva planta.

Las que siguen son las especies más comercializadas en España, que podrás reconocer en la imagen adjunta.



Kalanchoe blossfediana. Es la variedad más popular y fácil de encontrar en España. Destaca por sus colores variados, sus hojas carnosas y su gran tamaño. Necesita estar situada en un espacio con bastante luz natural.

Kalanchoe daigremontiana. Otra de las variedades más populares. Es una planta que se parece al aloe vera. Sus hojas tienen el borde dentado y algunas manchas más oscuras en el envés. Tiene la extraña característica de producir brotes a lo largo del margen de las hojas, unos brotes que se desprenden y emiten raíces fácilmente al caer al suelo.

En la época de floración, que no se produce con periodicidad anual sino esporádicamente (en ocasiones, la planta nunca llega a florecer), el tallo principal se alarga verticalmente hasta 30 centímetros en un par de días, desarrollando una inflorescencia terminal en forma de paraguas con pequeñas flores acampanadas de color rosa (o algunas veces anaranjadas). No es muy frecuente que le aparezcan flores, aunque este año la que tengo en mi despacho está floreciendo por primera vez en años.

Kalanchoe thyrsiflora. Es una especie muy bonita para decorar que se puede cultivar tanto en el suelo como en maceta. Necesita una gran cantidad de luz para crecer. Sus hojas son redondeadas, de un color verde claro en el centro, y rosado en los márgenes.

Kalanchoe tomentosa. Es una planta cubierta de una fina vellosidad blanca que le da un aspecto aterciopelado y un tacto muy suave. Las hojas gruesas son de haz cóncavo y algo aquilladas en el envés. La zona apical está cubierta de manchas de color marrón oscuro, que coinciden con el grueso dentado de los márgenes.

Kalanchoe tessa. Es una planta colgante con flores que llega a alcanzar hasta los 30 centímetros. Sus hojas son ligeramente dentadas y presenta unas flores muy llamativas en forma de campana.

Kalanchoe arborescens. Dado su nombre, es fácil imaginar que es una de las variedades más grandes, que puede alcanzar hasta los ocho metros de talla. Cuenta con unas hojas verdes muy gruesas, y unas flores en tonos rosas y morados bastante vivos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 26 de noviembre de 2023

Ipecacuana, la planta que mató a Karen Carpenter, la estrella consumida por la anorexia

 



La semana pasada publiqué este artículo en el blog The Conversation. En unos días  ha tenido más de 51.000 lectores. Este es el enlace para los que no habéis tenido ocasión de leerlo.

domingo, 19 de noviembre de 2023

Una decena de las plantas más venenosas del mundo

 

Flor y frutos de la belladona

Como los animales, de los que me ocuparé en otro momento, muchas plantas han desarrollado mecanismos para evitar la depredación. A diferencia de aquellos, las plantas no tienen la capacidad de huir y, por tanto, deben recurrir a otras formas de protegerse.

La protección puede conseguirse mediante defensas físicas, como espinas y aguijones, pero también se logra gracias a la producción de toxinas, una variedad de compuestos químicos que pueden inducir cualquier efecto, desde una leve molestia hasta la muerte.

Las plantas venenosas ocupan un lugar muy importante en la cultura humana, que implica desde sus usos homicidas como venenos en la antigüedad (pero también en plena Guerra Fría) hasta sus beneficiosos usos medicinales. El que sigue es un resumen de diez de las plantas venenosas más mortíferas del mundo.

Belladona (Atropa belladona)

Quizás la más famosa de la lista sea Atropa belladona, de la que me ocupé con detalle en esta entrada. Esta planta pertenece a la misma familia que los tomates, las patatas y las berenjenas, y se puede encontrar en toda Europa, incluso en España, así como en el norte de África, Asia occidental y algunas partes de Norteamérica.

A pesar de ser una de las plantas más tóxicas conocidas, hasta el punto de que bastaría ingerir tan solo diez de sus bayas para acabar con la vida de un humano adulto, su nombre en realidad proviene de su uso como producto de belleza (bella donna en italiano significa mujer hermosa), porque se utilizaban como colirios para dilatar las pupilas y hacer que los ojos de las coquetas parecieran más grandes, brillantes y atractivos. Afortunadamente, la práctica está hoy en desuso debido a sus efectos adversos, que incluyen distorsiones visuales e incluso ceguera.

Como la datura, el beleño o la mandrágora, la belladona pertenece a la clásica y ensoñadora farmacopea de las "hierbas de las brujas" y como tal ha sido protagonista de muchas leyendas, supersticiones y rituales. Para muchas tradiciones europeas, la belladona ha sido -y sigue siendo- objeto de creencias, leyendas y fábulas diversas. Fue utilizada en el antiguo Egipto como narcótico; en las orgías dionisíacas griegas como afrodisíaco, en las ofrendas romanas a Atenea, diosa de la guerra, para provocar el fulgor en la mirada de los soldados, en Siria para "alejar los pensamientos tristes", y en tierras celtas y centroeuropeas para honrar a Bellona, diosa de la guerra. En la Edad Media su uso y difusión era secreto y se relaciona con Paracelso y otros autores vinculados a la alquimia, así como con las "brujas".

Tabaco (Nicotiana tabacum)

Una de las plantas más famosas y queridas (al menos entre los fumadores), además de ser adictiva tal y como comenté en esta entrada, es también una de las más tóxicas. El tabaco es la planta comercial no alimenticia más cultivada en el mundo: en 2020 fue consumida aproximadamente por el 22,3% de la población mundial. A pesar de su popularidad, todas las partes de la planta, especialmente las hojas, contienen los alcaloides tóxicos nicotina y anabasina.

El tabaco está considerado un veneno cardíaco y, si se ingiere directamente, puede incluso provocar la muerte. Indirectamente, el tabaco sigue siendo notablemente peligroso y es responsable de la muerte de ocho millones de personas al año según la OMS, principalmente como consecuencia del tabaquismo. Sin duda merece un lugar en el podio de las más letales: ninguna otra planta mata tantos seres humanos como el tabaco.

Las tabacaleras agregan no menos de 599 sustancias a los cigarrillos para hacerlos más adictivos, entre otras cosas. La suma de los aditivos más los elementos que componen el tabaco, el papel, la colilla y la tinta producen unos 7 mil compuestos químicos en su humo. Uno de ellos es el cianuro de hidrógeno, un químico potencialmente mortal que impide que el cuerpo use adecuadamente el oxígeno, lo que lleva a la muerte de las células. Lo usaron los nazis en las cámaras de gas y todavía se utiliza para fabricar veneno para ratas. 

La cantidad de cianuro de hidrógeno presente en esa compleja composición varía del 0,6 al 27 por ciento, según la marca de cigarrillos, pero también la concentración es distinta de acuerdo a la forma en la que se fuma. Además, está presente en el humo de segunda mano, por lo que afecta a los no fumadores que lo inhalen.

La concentración de cianuro de hidrógeno en el humo de los cigarrillos no basta para envenenar a una persona, pero provoca síntomas concretos, como dolor de cabeza, mareos o nauseas, que son frecuentes en los fumadores. Además, puede desarrollar debilidad, pérdida de peso y trastornos gastrointestinales. Y afecta seriamente a la fertilidad.

Por otra parte, no hay evidencia de que el cianuro de hidrógeno pueda provocar cáncer, pero se cree que puede ayudar a que otras de las 69 sustancias cancerígenas que posee el humo de cigarrillo desarrollen tumores.

Hábito y flores de Nicotiana tabacum

Manzanillo (Hippomane mancinella)

La letalidad del manzanillo, el árbol más venenoso del mundo, se manifiesta por el nombre que le dieron los descubridores españoles: “manzanilla de la muerte”. Incluso una leyenda sostiene que la ingesta de sus frutos provocó la muerte de los desesperados náufragos españoles de la expedición de 1527 que encabezó Pánfilo de Narváez en su búsqueda de la fuente de la eterna juventud.

Estos árboles se encuentran en zonas tropicales de América y tienen la reputación de ser "los árboles más peligrosos del mundo" por una buena razón: cada parte del árbol, desde la corteza hasta la savia, es altamente tóxica para los humanos y posiblemente para todos los mamíferos, aunque algunos reptiles se alimentan de sus frutos y se alojan en su copa.

El contacto con la savia produce una violenta sensación de ardor, inflama los tejidos y provoca ampollas y erupciones en la epidermis. En las mucosas, la sensación es aún más agresiva, y es particularmente peligrosa en el tracto digestivo. La causticidad es tan elevada que consume con facilidad la tela de algodón y otros materiales ligeros.

Flor y fruto del manzanillo Hippomane mancinella


Pararse debajo del árbol durante la lluvia causa ampollas en la piel por el simple contacto con este líquido: incluso una pequeña gota de lluvia con la sustancia lechosa hará que la piel se ampolle. También se sabe que la savia daña la pintura de los automóviles. El contacto con su látex produce dermatitis ampollosa, queratoconjuntivitis aguda y posiblemente grandes defectos del epitelio corneal.

El humo producido por la quema de hojas y madera es igualmente irritante. Sin embargo, la madera es dura y de muy buena calidad, y muy apreciada, aunque debe someterse a un largo y complejo proceso de secado al fuego antes de poder cortarse. No acaba ahí la cosa: su polen es altamente alergénico y puede desatar severas reacciones en personas sensibles.

Lirio de los valles (Convallaria majalis)

Hermoso, de olor dulce… y venenoso. El lirio de los valles, una bonita planta con flores famosa por su delicado perfume y su simbolismo de amor y felicidad (incluso la duquesa de Cambridge la llevaba en el ramo de novia) es, de hecho, altamente tóxico. Esto se debe a una alta concentración de glucósidos cardíacos activos en el corazón, y a que sus flores y atractivos frutos rojos pueden ser fatales si se comen.

Convallaria majalis. 1, inflorescencia. 2, planta completa. 3, frutos. 4, detalle de una flora con la corola (C) de seis piezas, los seis estambres (e) y el estilo (O), que es el extremo del ovario.


Como muchas plantas tóxicas, el lirio de los valles se ha utilizado en la medicina popular durante siglos, desde en un supuesto tratamiento para la gota hasta una cura para el mutismo. Sin embargo, no existe evidencia científica de que la planta pueda tratar enfermedades humanas.

Junto con el ricino, es uno de los dos temibles venenos vegetales que usa Walter White en la popularísima serie Breaking Bad.

Adelfa (Nerium oleander)

Otra planta tóxica pero hermosa es la adelfa, una asesina dulcemente perfumada. Conocida por sus llamativas flores retratadas por pintores desde Klimt hasta Van Gogh, este bonito arbusto o arbolillo está repleto de veneno. Como el lirio de los valles, contiene glucósidos cardíacos tóxicos. Afortunadamente, tiene un sabor muy amargo, lo que significa que las intoxicaciones por adelfa son raras.

La planta tiene una larga historia de cultivo, tanta que Plinio el Viejo escribió sobre sus propiedades venenosas en su famosa obra Naturalis Historia en el año 77 d. C. Como característica de la dudosa precisión del libro, también habla de su utilidad como antídoto para las mordeduras de serpientes, cuando en realidad probablemente te mataría con más rapidez.

La elegante adelfa, cuyas flores son de color carmesí, magenta o blanco, es una de las plantas más tóxicas del mundo. La ingestión de cualquier parte de la planta, pero especialmente las hojas, provoca taquicardias, porque la planta es rica en heterósidos cardiotónicos, en especial digitoxigenina y oleandrina. Como consecuencia, se producen arritmias, es decir, la frecuencia cardíaca se vuelve irregular: al principio se acelera y luego desciende hacia una frecuencia muy inferior a la normal, hasta que el corazón deja de latir por completo y el intoxicado muere por parada cardíaca. Otros síntomas previos son náuseas, vómitos, vértigo, deposiciones diarreicas, excitación, depresión y convulsiones.



Incluso inhalar el humo de una adelfa quemada es una amenaza para la salud. Se dice que ha habido casos de intoxicaciones producidas por campistas que usan ramas de adelfa para asar carne o pescado. De hecho, según The Vegetable Kingdom; or The Structure, Classification, and Uses of Plants (D. Appleton & Co., 1853. p. 599) se cree que algunos de los soldados de Napoleón murieron en España cuando usaron ramas de adelfa para asar carne. La flor es tan peligrosa que incluso la miel hecha por las abejas que liban en las adelfas para obtener néctar es tóxica, lo que no es el único caso entre las plantas.

Guisante del rosario, regaliz americano u ojo de cangrejo (Abrus precatorius)

Es una liana trepadora perenne que alcanza los 5 metros de longitud. El término Abrus proviene del griego abrόs agraciado, delicado en referencia al follaje. El epíteto específico precatorius proviene del latín y significa «rezar» o «el que reza», en referencia al uso de las semillas como granos para elaborar rosarios.

Abrus precatorius. 1, rama foliada con flores (F), legumbres cerradas (Lc) y legumbres abiertas (La) que muestran las semillas rojas. 2, rama con legumbres abiertas. 3, grupo de semillas comparadas con una mariquita (4).

Es nativa de las montañas de India e Indochina, aunque también se encuentra en África, en América y en las Antillas. En las semillas y los extractos solubles en agua de la planta está presente una lectina llamada abrina, similar a la ricina y también muy tóxica: puede matar a una persona con una cantidad en circulación de menos de 3 microgramos produciendo síntomas idénticos a los de la ricina.

Las semillas son muy vistosas. Poseen un llamativo color rojo brillante, con un extremo negro, y recuerdan a una mariquita. Atraen mucho a los niños. Son muy valoradas en bisutería y se emplean para hacer adornos (collares, pulseras, etc.), pero su utilización es peligrosa dada su toxicidad. Se han registrado casos de envenenamiento y muerte a raíz del pinchazo en un dedo con las semillas de los abalorios. Tienen actividad antimicrobiana e insecticida. Varias tribus africanas utilizan semillas en polvo como anticonceptivo oral. Las semillas también se emplean para tratar hinchazones dolorosas y la tuberculosis.

Su toxicidad es tal que incluso se ha utilizado para la matanza ilegal de ganado utilizando sólo un pequeño clavo recubierto con la pasta de semillas.

Árbol de los suicidas (Cerbera odollam)

Con el espantoso nombre coloquial de "árbol de los suicidas", no es difícil suponer cómo esta planta ingresó en mi lista. Originario del sur y sudeste de Asia y de Australia, este árbol produce un fruto altamente tóxico llamado othalanga que cuando se ingiere puede paralizar el corazón y se ha utilizado tanto con fines homicidas como suicidas.

Cerbera odollam tiene bastante parecido a la adelfa Nerium oleander, otra planta altamente tóxica de la misma familia (Apocynáceas). Concentrada en el núcleo duro de los frutos y en las semillas, contiene cerberina, un glucósido cardíaco que bloquea los iones de calcio en la musculatura del corazón, lo que provoca la interrupción de los latidos y muy frecuentemente la muerte por paro cardíaco. La mayoría de los pacientes sufren también procesos de trombocitopenia

Árbol de los suicidas (Cerbera odollam). 1, planta completa con detalles de sus partes. 2, las flores de 5 pétalos y las hojas recuerdan a las de su pariente, la adelfa. 3, frutos verdes. 4, interior de los frutos con un endocarpo duro (hueso) que contiene un semilla blanca. El endocarpo y la semillas son venenosos.

Los frutos, cuando aún están verdes, parecen pequeños mangos, con una carcasa fibrosa verde que encierra un endocarpo ovoide que mide aproximadamente 2 cm × 1.5 cm, en cuyo interior hay una semilla con dos mitades carnosas blancas cruzadas. En la exposición al aire, el núcleo blanco de las semillas se vuelve violeta, luego gris oscuro y, en última instancia, marrón o negro.

Un estudio de 2004 encontró que la fruta era responsable de aproximadamente una muerte por semana en el estado de Kerala, en el sur de la India, motivado principalmente por suicidios. Su popularidad como arma homicida se debe a que es difícil de detectar en las autopsias y su sabor puede quedar enmascarado por especias fuertes.

Ricino (Ricinus communis)

El ricino es una herbácea cosmopolita de gran tamaño que puede crecer varios metros en las tierras cálidas o en lugares muy abrigados de nuestras costas, sobre todo en Andalucía y Levante; las bajas temperaturas limitan su crecimiento, las heladas le son fatales y la planta muere todos los años en las tierras frías del interior de nuestro país.



Las semillas son muy tóxicas por la presencia de una proteína, la albúmina llamada ricina, que también se encuentra en las hojas, aunque en concentraciones mucho más bajas. Basta la ingestión de unas pocas, masticadas o tragadas, para que se produzca un cuadro de intensa gastroenteritis con deshidratación; puede dañar gravemente el hígado y el riñón e incluso producir la muerte. Es una de las toxinas biológicas más potentes que se conocen.

También pueden aparecer alteraciones oftalmológicas como irritación, conjuntivitis, miosis y midriasis. Pueden desarrollarse proteinuria, hematuria e insuficiencia renal y los niveles de creatinina en suero pueden verse incrementados. En casos graves puede dar lugar a la hemolisis de glóbulos rojos con insuficiencia renal aguda posterior. Se han dado casos de muerte debido a insuficiencia multiorgánica. La agonía puede durar hasta diez días, aunque lo normal es que si el paciente no ha muerto en tres o cinco días se recupere.

Al tratarse de una albúmina semejante a la producida normalmente por el hígado que al metabolizarse se descompone en aminoácidos, la ricina no deja rastro en los análisis bioquímicos de las víctimas y pasa desapercibida en los análisis forenses habituales, lo que la convierte en un veneno indetectable. Como dice Walter White en Breaking Bad, no hay ninguna prueba eficaz para confirmar el envenenamiento y por eso fue elegida para algunos intentos de asesinato.

Acónito, matlobos, etc. (género Aconitum)

El género Aconitum está compuesto por más de 200 especies de herbáceas perennes que por lo general crecen en zonas nemorales (sombreadas y húmedas) de todo el hemisferio Norte. Además del extendido “acónito”, los nombres comunes que reciben la mayoría de las especies aluden a sus capacidades venenosas.

El nombre genérico (Aconitum) probablemente alude a una planta venenosa cuyo hábitat era común entre las rocas de algunas zonas de Grecia. Hay dos raíces que se atribuyen a su nombre: akone ("piedra"), en referencia a su hábitat; y koné ("matar"), obviamente haciendo referencia a su toxicidad.

Uno de los nombres comunes que se refieren a su terrible toxicidad es “matalobos”, en alusión a que las flechas sumergidas en una pócima con Aconitum se usaban para cazar lobos. En otros sitios el nombre común es “capuchón de monje”, ya que se parece a las capuchas que usaban los monjes en la Edad Media. Hoy también se conoce como “casco del diablo”, para sugerir que parece un sombrero y que es diabólico. Esa capacidad “diabólica” se debe al veneno aconitina.

Aconitum napellus. Izquierda: detalles de la flor despiezada. Centro: porte general. Derecha: esquema de una sección de la flor de la que se han eliminado los pétalos laterales para mostrar el ovario y los estambres.


Cuando se ingiere cualquier parte de la planta, desde las flores hasta las raíces, la aconitina se absorbe a través del intestino y comienza a funcionar. Se une a los receptores de las membranas celulares que ayudan a regular los canales de iones de sodio de las células musculares y cardíacas. Mantener esos canales abiertos hace que el sodio fluya libremente hacia el interior de la célula. Incapaces de repolarizarse, las células quedan sujetas en un estado de "apertura" y se paralizan. Usando una analogía mecánica, si las válvulas del motor de un automóvil se abren, pero luego no se cierran, el coche se ahoga, justo lo que les ocurre a las desdichadas víctimas de la aconitina.

La aconitina se ha utilizado como veneno para flechas en la caza de cabras montesas y osos, por ejemplo. También se ha utilizado en espantosos ensayos "médicos" históricos en humanos. Se dice que en 1524 el papa Clemente VII administró intencionalmente acónito a dos prisioneros condenados para probar la eficacia de un posible antídoto. El prisionero que recibió el antídoto sobrevivió y fue recompensado con cadena perpetua en lugar de muerte; el prisionero que no lo recibió murió entre estertores agónicos.

Estramonio (género Datura)

Otro género mortal y peligroso es el que agrupa a los estramonios, también conocidos como trompetas del diablo y campanas del infierno. Como expliqué en esta entrada, todas las especies de este género son extremadamente tóxicas y potencialmente psicoactivas.

Datura stramonium. 1, flor. 2, fruto cerrado. 3, fruto abierto mostrando las semillas negras dentro de un ovario dividico en cuatro cámaras por sendos tabiques.

Sus propiedades alucinógenas han llevado a que los grupos indígenas de América las utilicen para provocar visiones y realizar "viajes" espirituales. Sin embargo, esta puede ser una práctica muy peligrosa ya que la diferencia entre una dosis recreativa y una letal es muy pequeña. Sólo un conocimiento muy completo de sus propiedades puede convertirla en una experiencia remotamente segura.

Las plantas también se han asociado con la brujería occidental y se dice que las brujas las utilizaban en sus "ungüentos voladores" alucinógenos. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.