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| Flores del mataperros, Colchicum autumnale |
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| Lirio de mar, Pancratium maritimum |
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| Los enormes bulbos de Boophone haemanthoides, una planta e los desiertos de Namibia, sobresalen del suelo. |
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| Flores del mataperros, Colchicum autumnale |
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| Lirio de mar, Pancratium maritimum |
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| Los enormes bulbos de Boophone haemanthoides, una planta e los desiertos de Namibia, sobresalen del suelo. |
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| Fuente |
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| Fuente |
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| Fuente |
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| Jacinto silvestre, Hyacinthus orientalis |
Dicen que nuestro sentido del olfato está muy ligado a la elaboración de los recuerdos. Hay aromas muy ligados a esta época del año, Semana Santa. Con el paso de las procesiones las calles de España se impregnan del penetrante olor de las flores de los exornos. Mis preferidas son las de los jacintos.
Los cofrades pasan muchas horas hasta que cientos de flores, enlazadas en rejillas y clavadas en esponjas, cubren de color cada milímetro del paso. Son claveles, lirios, gladiolos, narcisos, orquídeas, rosas o jacintos. Los colores van desde el blanco hasta el rojo, pasando por el púrpura, pero sin olvidar el verde.
Existe todo un lenguaje basado en la
belleza de las flores que constituye un código que llena los pasos de calidez,
solemnidad y armonía para enaltecer la belleza de las imágenes.
Pureza, sufrimiento, penitencia
y sacrificio son los sentimientos que afloran en los rostros de las tallas.
Cada uno de ellos se simboliza en las flores que exornan los tronos. El rojo es
el color del sacrificio, de la sangre derramada en la redención. Lo derrochan
los centenares de claveles que conforman los mantos florales sobre los que
reposan los cristos vivos y cautivos. El morado, en cambio, es reflejo del
sufrimiento del penitente y se escribe en el lenguaje floral con lirios y
jacintos. La pureza virginal se transmite a través de los pétalos blancos de
las rosas, claveles, orquídeas o gladiolos. El verde es el encargado de romper
esta gama con las tonalidades propias de las hojas de laurel y de camelia o las
ramas de pino, ciprés y hiedra.
Ahora quiero hablar un poco de
los jacintos, mis flores preferidas en Semana Santa ¿De dónde vienen y cómo
viven en la naturaleza? Aunque ahora los veamos atrapados en viveros y
jardines, se originaron en campo abierto, a la sombra de los bosques o en los
prados subalpinos.
Para empezar, aunque a muchas
plantas bulbosas se las conozca genéricamente como jacintos, solamente hay tres
verdaderos jacintos en el mundo, que constituyen otras tantas especies del
género Hyacinthus: H. litwinovii, H. transcaspicus y la
más famosa de todas, H. orientalis. Todos los demás "jacintos" lo son solo de nombre común. Cuando los estudié en las clases de Botánica
hace demasiados años, los verdaderos jacintos eran considerados miembros de la
familia de las hermosas azucenas (Liliaceae), pero las investigaciones genéticas
más recientes los sitúan en la familia de los prosaicos espárragos
(Asparagaceae).
Las tres especies de jacintos son nativas de la región del Mediterráneo oriental, desde Oriente Medio al suroeste de Asia. Como puede imaginarse, hay una gran diversidad geográfica entre las poblaciones de estas plantas. Por ejemplo, H. orientalis está dividido en muchas subespecies y variedades. Además, su larga historia de cultivo los ha introducido y naturalizado en todo el mundo. Pero, por lo general, en la naturaleza los jacintos tienden a preferir hábitats frescos, de media y alta montaña, y sobre suelos sueltos y bien drenados.
Como es bien sabido, los jacintos
son plantas bulbosas de cuya
estrategia vital me he ocupado en mi blog. Durante la mayor parte
del año, permanecen enterrados y aletargados esperando que el cálido clima
primaveral los despierte indicándoles que es tiempo de crecer. ¡Y cómo crecen!
Debido a que sus hojas y sus yemas florales ya están desarrolladas dentro del
bulbo, emergen y florecen rápidamente una vez que la nieve se derrite y satura el
suelo de agua.
Las flores de los jacintos
silvestres son generalmente más pequeñas y menos numerosas que las cultivadas y
pueden variar en color desde casi blanco o azul claro hasta casi púrpura. Su
maravilloso aroma floral tampoco es una característica surgida de la selección
humana, aunque lo hayamos capitalizado en el comercio de la floricultura. En la
naturaleza, los compuestos aromáticos que emanan sus flores llaman
a los polinizadores que son recompensados con pequeñas cantidades de
néctar. Las abejas son las principales polinizadoras de los jacintos tanto en
sus hábitats originales como en los introducidos.
Por supuesto, toda la belleza
floral se dirige a la polinización, a la reproducción sexual y a la producción
de semillas. Las flores crecen en el extremo de tallos alargados agrupadas en
racimos. La estrategia es simple; la planta eleva las flores para que emitan su
penetrante fragancia sobre la hojarasca. Una vez que ha conseguido la
polinización, los tallos comienzan a doblarse para situar los frutos cerca de
la tierra y facilitar así la salida de las semillas. Al madurar, cada fruto (una
cápsula seca) se abre y deja ver decenas de semillas, cada una con un accesorio
carnoso llamado eleosoma.
Los eleosomas son reservas de
sustancias nutritivas (generalmente aceites, de ahí el nombre, del griego oleos,
aceite, y soma, cuerpo) que las hormigas buscan ávidamente para alimentarse. Se
trata de un mecanismo de dispersión de las semillas por animales (zoocoria) que, cuando lo
ejecutan las hormigas, recibe el nombre de mirmecoria.
Las hormigas se llevan las
semillas a los hormigueros, consumen el eleosoma y dejan los restos intactos de
la semilla en un lugar idóneo para germinar porque están a oscuras, protegidas
de los depredadores y rodeadas de un compost orgánico suministrado por las
propias hormigas y, como algunas investigaciones parecen sugerir, protegidas de
los ataques de los hongos dañinos. Que esta estrategia mutualista conviene a
sus pares parece clara: alrededor
de un 10 por ciento de las plantas con flores son mirmécoras.
Una vez que terminan de crecer y de reproducirse, los jacintos vuelven a enterrarse en forma de bulbo. Estas plantas tienen una adaptación especial para asegurarse de que los bulbos estén seguros escondidos bajo tierra, libres de las heladas temperaturas invernales. A lo largo de la temporada de crecimiento, los jacintos producen raíces especializadas que pueden contraerse. A medida que se contraen, tiran literalmente de la base de la planta introduciéndola en el suelo. Por eso, para los jacintos es muy ventajoso crecer en suelos sueltos. Una vez bajo tierra y libres de las heladas y la nieve, los jacintos hacen lo que las marmotas: permanecen inactivos hasta que regresa la primavera.
Pocas plantas ornamentales han
provocado tanta confusión botánica como las llamadas “amarilis” que aparecen
cada invierno en floristerías y centros de jardinería. Esas enormes flores
rojas, blancas o rayadas que florecen en interiores durante Navidad casi nunca
pertenecen al género Amaryllis. En realidad, son especies e híbridos de Hippeastrum,
un grupo de bulbosas originarias de América tropical.
La confusión tiene más de dos
siglos de historia y combina errores taxonómicos, tradición comercial y cierta
fascinación humana por las flores espectaculares. Sin embargo, desde el punto
de vista botánico, ecológico y biogeográfico, Amaryllis e Hippeastrum
son géneros claramente distintos, con historias evolutivas diferentes y
adaptaciones ecológicas casi opuestas.
Una cuestión de nombres
El nombre Amaryllis procede de un personaje pastoril mencionado por Teócrito y Virgilio.
El término deriva probablemente del verbo griego amarysso, “brillar” o
“resplandecer”, una referencia apropiada para una planta de floración
llamativa.
Hippeastrum, en cambio,
tiene una etimología mucho más descriptiva. El botánico William Herbert creó el
nombre a partir de los vocablos griegos hippeus (“caballero” o “jinete”)
y astron (“estrella”). El significado aproximado sería “estrella del
caballero”, quizá aludiendo a la forma estrellada de las flores y a su aspecto
noble y teatral.
La verdadera amarilis: una
sudafricana mediterránea
Aunque ambos géneros pertenecen a
la familia Amaryllidaceae, hoy se consideran líneas evolutivas separadas. Botánicamente,
el género Amaryllis contiene una única especie aceptada: Amaryllis
belladonna. Se trata, por tanto, de un género monotípico. Su área de origen
se encuentra en la región del Cabo, en Sudáfrica, uno de los grandes centros de
biodiversidad del planeta y hogar del célebre reino florístico del Cabo. Allí
domina un clima mediterráneo: inviernos suaves y lluviosos, veranos secos y
cálidos. La planta evolucionó precisamente para sobrevivir a ese régimen
climático.
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| Amaryllis belladonna. Obsérvese que en el momento de la floración la planta carece de hojas. |
Desde el punto de vista
adaptativo, este comportamiento tiene ventajas claras: la planta aprovecha la
humedad inicial de otoño; evita competir por recursos con el desarrollo foliar,
y hace que las flores sean muy visibles para los polinizadores. Después de la
floración aparecen las hojas largas y acintadas, que realizan la fotosíntesis
durante el invierno húmedo y almacenan reservas para el año siguiente.
Hippeastrum: el linaje
americano
El género Hippeastrum es
mucho más diverso. Incluye alrededor de 90 especies naturales y centenares de
híbridos ornamentales desarrollados por horticultores. Su distribución natural
abarca regiones tropicales y subtropicales de América Central y Sudamérica,
especialmente Brasil, Perú, Bolivia y las estribaciones andinas. Muchas
especies viven en sabanas cálidas, bosques abiertos o ambientes con alternancia
de estaciones húmedas y secas.
Dos geografías, dos
estrategias evolutivas
La diferencia entre ambos géneros
puede entenderse casi como una lección de biogeografía comparada.
Amaryllis belladonna
Región: sur de África.
Clima: mediterráneo.
Estrategia: resistir
veranos secos.
Floración: finales del
verano u otoño.
Adaptación principal:
reposo estival prolongado.
Hippeastrum
Región: América tropical y subtropical.
Clima: cálido y húmedo.
Estrategia: aprovechar estaciones lluviosas.
Floración: variable; frecuentemente invierno en cultivo.
Adaptación principal: crecimiento rápido en condiciones cálidas.
Estas diferencias ecológicas
explican por qué una prospera mejor en jardines exteriores mediterráneos y la
otra se convirtió en la reina de los salones invernales.
Cómo distinguirlas
La confusión comercial persiste,
pero morfológicamente es relativamente sencillo diferenciarlas.
La característica más útil es el
escapo (tallo) floral. En Hippeastrum el tallo es hueco. En Amaryllis
belladonna es macizo. Basta cortar transversalmente un tallo para comprobarlo.
También se diferencian en el número
y tamaño de flores. Hippeastrum suele producir entre dos y seis flores
muy grandes, a veces de más de veinte centímetros de diámetro. Los híbridos
modernos han sido seleccionados precisamente por el gigantismo floral. Amaryllis
belladonna, en cambio, produce racimos más numerosos —hasta doce flores— pero
más pequeñas, delicadas y elegantes.
El momento de las hojas también es
diferencial. En la verdadera amarilis las hojas aparecen después de la
floración. En Hippeastrum, hojas y flores suelen coincidir. Este rasgo
es tan constante que muchos botánicos lo consideran una de las señales
diagnósticas más fiables.
La forma del bulbo también ayuda.
Los bulbos de Amaryllis belladonna son alargados y algo cónicos. Los de Hippeastrum
son más redondeados y compactos, una forma especialmente adecuada para el
cultivo en maceta.
El gran malentendido
taxonómico
La historia de la confusión
comenzó en los siglos XVIII y XIX, cuando los naturalistas europeos empezaron a
importar bulbosas exóticas desde África y América. Durante un tiempo, muchas
especies americanas fueron clasificadas erróneamente dentro de Amaryllis.
Más tarde, los estudios taxonómicos demostraron que constituían un grupo
diferente y William Herbert separó oficialmente el género Hippeastrum.
Sin embargo, el comercio ya había
popularizado el nombre “amarilis”. Cambiarlo resultaba casi imposible. Algo
parecido ocurre con otros nombres hortícolas incorrectos que sobreviven por
tradición, incluso cuando la botánica moderna los ha corregido hace décadas. Hoy,
en términos científicos, las espectaculares flores navideñas son Hippeastrum.
Pero en viveros y catálogos el término “Amaryllis” sigue siendo dominante
porque el público lo reconoce mejor.
Ecología del cultivo
Comprender el origen ecológico de
cada género ayuda mucho en su cultivo.
La verdadera Amaryllis necesita: veranos
secos, suelos muy drenados, inviernos suaves y abundante sol. En climas
mediterráneos puede naturalizarse fácilmente y vivir décadas.
Hippeastrum prefiere temperaturas
cálidas, humedad moderada, sustratos ricos y luz intensa sin frío extremo. Su
ciclo puede manipularse fácilmente para provocar floraciones invernales, razón
principal de su éxito comercial.
La reina de la Navidad
El triunfo mundial de Hippeastrum
tiene mucho que ver con la horticultura moderna. Pocas bulbosas responden tan
bien al “forzado” artificial de floración. Los cultivadores pueden controlar
temperatura y reposo para hacer que florezca exactamente en diciembre.
Además, los híbridos modernos
ofrecen colores intensos, pétalos dobles, flores gigantes, variedades rayadas y
tallos muy resistentes.
Más que una simple diferencia
de nombre
La historia de Amaryllis y
Hippeastrum muestra cómo la botánica, la geografía y el comercio pueden
entrelazarse de manera inesperada. Detrás de una simple maceta navideña hay en
realidad dos linajes vegetales separados por océanos y millones de años de
evolución.
Uno evolucionó en los veranos
secos del Cabo sudafricano; el otro, en los paisajes cálidos de América
tropical. Uno florece desnudo bajo cielos otoñales mediterráneos; el otro
ilumina las ventanas invernales de medio mundo.
Y aunque el comercio siga llamando “amarilis” a casi todos los Hippeastrum, la ciencia botánica deja clara la diferencia: la verdadera amarilis es una sola especie sudafricana. Todo lo demás pertenece al exuberante y espectacular reino americano de Hippeastrum.
Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, poner un poco de alegría en
nuestros espacios interiores colocando algunas plantas con flores parece una
excelente idea. Las plantas nos acompañan en los meses de invierno y crean entornos
hogareños más festivos y acogedores. Las flores de pascua (Poinsettia
pulcherrima) son flores navideñas muy populares, pero se puede ir más
allá porque puedes elegir otras muchas plantas que
florecen estas fechas en interiores. He seleccionado cinco que
encontrarás en cualquier floristería.
Cactus de navidad (género Schlumbergeria)
Para elegir diferentes colores florales, nada mejor que un cactus
navideño. Sobre ellos me ocupé con alguna extensión en
este artículo. Hay variedad de colores para elegir, que van desde el
blanco hasta el rojo brillante y el morado. Además, a diferencia de otros cactus, sus espinas
son poco agresivas.
El cactus navideño es fácil de cuidar y necesita riego solamente cuando los dos primeros centímetros superiores del suelo están secos mientras está floreciendo, y con menos frecuencia cuando no es así. Cuando no esta floreciendo se puede dejar en un lugar sombreado y regarlo ligeramente una vez por semana.
Durante los días más cortos de finales de otoño e invierno, el
cactus comenzará a dar señales de que va a florecer. Entre seis a ocho semanas antes de
que observes las yemas de los extremos de los tallos que producirán las flores,
mantén la planta en la oscuridad durante al menos 10 a 12 horas al día para ayudar a
que florezca. Si es posible, le vendría bien que la temperatura estuviese más o
menos a 18º. Darle algo de tiempo en un lugar oscuro y frío, como un sótano, te
ayudará a conseguir una vistosa explosión de flores listas para las
fiestas.
Amarilis (género Hippeastrum)
Hippeastrum es un género de plantas bulbosas que comprende más
de 70 especies nativas de regiones subtropicales y tropicales de América, desde
Argentina hasta México y el Caribe. Estas plantas, cultivadas en todo el mundo
por sus vistosas flores, se conocen con el nombre popular, pero erróneo, de Amaryllis,
un género africano de la misma familia. El nombre Hippeastrum, que deriva
del griego y significa "estrella de caballero", fue elegido por el
reverendo William Herbert en 1821 para describir a la primera especie del
género, Hippeastrum reginae.
Las amarilis son otra opción popular para estas fiestas dada su tendencia
a florecer en invierno si se mantienen en el interior. Los bulbos brotan a finales de otoño en el exterior
y tienen la ventaja de que son menos exigentes de luz que otros tipos de bulbosas,
lo que los convierte en plantas de interior ideales para el invierno.
Si mantienes la tierra húmeda alrededor del bulbo mientras mantienes
secos el tallo y la parte superior del bulbo que sobresale del suelo, la
amarilis estará encantada. Si prefieres no colocar los bulbos en macetas puedes
encerarlos, pero crecerán solo durante una temporada y son
difíciles de replantar porque el encerado dificulta que desarrollen
raíces. Para encerarlos basta con derretir un poco de parafina al baño de maría que luego se barniza sobre el bulbo. Luego, actúa como hay
que actuar con los procedentes de maceta: colócalo en un lugar calentito que
tenga algo de luz natural para estimular la floración.
Narcisos de papel (Narcissus papyraceus)
Sobre el fascinante mundo de los narcisos escribí
este artículo. Los narcisos de papel pertenecen a la especie Narcissus
papyraceus. El nombre genérico alude a Narkissos, hijo del dios río Cephissus
y de la ninfa Leiriope, un joven que en la mitología griega destacaba
por su belleza. Narciso era un joven tan pagado de sí mismo que se enamoró de
su propia imagen reflejada en el agua y se ahogó al intentar besarla. Papyraceus
es el epíteto latino que significa "como el papel".
Narcissus papyraceus es una herbácea perenne y bulbosa que
puede medir hasta 60 centímetros. Las hojas erguidas están presentes durante la
floración a finales de otoño y durante el invierno, cuando se producen flores
blancas y aromáticas. Es una especie que en la naturaleza vive en sitios húmedos, en pastos, claros de
matorrales, bordes de caminos y baldíos en los que puede llegar a formar
amplias extensiones. Entre nosotros tiene la ventaja de ser autóctona, porque es una planta mediterránea
cuya área de distribución, además de por el norte de África, se extiende desde la
península Ibérica hasta Italia y Grecia.
Los narcisos de papel, que en China se cultivan en macetas para
celebrar el año nuevo, se desarrollan bien como plantas de interior y no
necesitan mucha luz para florecer. Mantén siempre sus raíces húmedas ya
sea en la tierra o en un jarrón y florecerán incluso con luz solar indirecta durante
aproximadamente dos semanas una vez que se abran. Si los sacas al exterior en un balcón, los
cultivas en jardín o vives en un iglú, ten en cuenta que les irá bien siempre
que no los expongas a temperaturas bajo cero.
Orquídeas (género Phalaenopsis)
Sobre las orquídeas que florecen en esta época y el modo de cultivarlas
para que florezcan varios años escribí
este artículo. Las orquídeas son otras plantas de interior que ofrecerán flores vistosas durante las fiestas. Necesitan temperaturas más cálidas, alrededor de 20º, y si no reciben mucha luz solar natural al menos seis horas al día,
debes usar una luz especial de cultivo para mantenerlas en forma.
Kalanchoe (género Kalanchoe)
Los kalanchoes son plantas fáciles de distinguir por sus hojas verdes carnosas (son plantas suculentas) y sus ramilletes dobles con flores de diversos colores. Son plantas originarias de Madagascar cuyo nombre procede de los vocablos hindúes kalanka que significa "manchas" y chaya, "de". Una de las variedades que más se ve en España es Kalanchoe blossfediana, pero hay otras muchas con similares requerimientos.
Todas ellas son plantas de interior más que de exterior, aunque si
quieres cultivarlas en la terraza, el jardín o el balcón mejor que sea en un
espacio de semisombra, porque el sol directo no les sienta bien. Si se
dejan en el exterior también hay que tener cuidado con las temperaturas muy
bajas, porque les cuesta crecer en zonas de exterior con mucho frío.
Los kalanchoes florecen en invierno y, dependiendo de la especie o la
variedad, producirán una gama amplia de colores, desde el blanco hasta el rosa
brillante. Tienen una excelente reputación como plantas de interior que
requieren poco mantenimiento y no necesitan muchos cuidados. Respecto al riego,
necesitan bastante humedad, aunque evitando que la planta se encharque. De
hecho, es preferible que el sustrato esté casi seco antes de volver a regarlo.
Basta con regarlos una o dos veces al mes en invierno, y una vez a la semana
durante el verano.
Prefieren mucha luz, por lo que si no se exponen a la solar
durante al menos ocho horas diarias, hay que apoyarlos con una luz de cultivo para
que florezcan. Aunque necesiten luz abundante, procura que no sea directa para que las
hojas no se quemen. Por eso, si los colocas en una ventana, es mejor situarlos
orientados al este o al oeste para evitar las horas de luz más intensas.
También es importante protegerlos de las heladas. Si, a pesar de todo,
prefieres colocarlos en el exterior, es mejor utilizar una zona con semisombra.
Además, como se trata de plantas suculentas, es más que probable que no
sobrevivan a temperaturas que estén por debajo de los 10 °C.
Para favorecer la floración, necesitan al menos seis semanas con 14
horas de oscuridad al día. Aparte de los requisitos mínimos de luz, necesitan
suelo húmedo y temperaturas interiores que no oscilen demasiado para mantenerse
vigorosos.
Si quieres reproducir un kalanchoe puedes hacerlo con un esqueje normal
de tallo o, mucho más fácil, con una simple hoja. Corta una hoja
sana y déjala secar durante un par de días. Después, plántala en una
mezcla de tierra para cactus y suculentas y riega con moderación. La hoja
debería desarrollar raíces y acabará por formar una nueva planta.
Las que siguen son las especies más comercializadas en España, que podrás
reconocer en la imagen adjunta.
Kalanchoe blossfediana. Es la variedad más popular y fácil de
encontrar en España. Destaca por sus colores variados, sus hojas carnosas y su
gran tamaño. Necesita estar situada en un espacio con bastante luz
natural.
Kalanchoe daigremontiana. Otra de las variedades más populares. Es
una planta que se parece al aloe vera. Sus hojas tienen el borde dentado y
algunas manchas más oscuras en el envés. Tiene la extraña
característica de producir brotes a lo largo del margen de
las hojas, unos brotes que se desprenden y emiten raíces fácilmente al caer al
suelo.
En la época de floración, que no se produce con periodicidad anual sino
esporádicamente (en ocasiones, la planta nunca llega a florecer), el tallo
principal se alarga verticalmente hasta 30 centímetros en un par de días, desarrollando
una inflorescencia terminal en forma de paraguas con pequeñas flores
acampanadas de color rosa (o algunas veces anaranjadas). No es muy frecuente
que le aparezcan flores, aunque este año la que tengo en mi despacho está
floreciendo por primera vez en años.
Kalanchoe thyrsiflora. Es una especie muy bonita para decorar que
se puede cultivar tanto en el suelo como en maceta. Necesita una gran cantidad
de luz para crecer. Sus hojas son redondeadas, de un color verde claro en el
centro, y rosado en los márgenes.
Kalanchoe tomentosa. Es una planta cubierta de una fina
vellosidad blanca que le da un aspecto aterciopelado y un tacto muy suave. Las
hojas gruesas son de haz cóncavo y algo aquilladas en el envés. La zona apical
está cubierta de manchas de color marrón oscuro, que coinciden con el grueso dentado de
los márgenes.
Kalanchoe tessa. Es una planta colgante con flores que
llega a alcanzar hasta los 30 centímetros. Sus hojas son ligeramente dentadas y
presenta unas flores muy llamativas en forma de campana.
Kalanchoe arborescens. Dado su nombre, es fácil imaginar que es
una de las variedades más grandes, que puede alcanzar hasta los ocho metros
de talla. Cuenta con unas hojas verdes muy gruesas, y unas flores en tonos
rosas y morados bastante vivos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
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| Flores masculinas de Catasetum osculatum. Foto |
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| Flores femeninas de Catasetum osculatum. Foto. |
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| Flores femeninas de C. longifolium. Foto |
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| C. silvestre creciendo como epífito. Foto |