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martes, 25 de febrero de 2020

Primavera, tiempo para las bulbosas


Los jardineros del hemisferio norte se disponen estos días a preparar sus bulbos. La primavera es la estación de las plantas bulbosas. A medida que el invierno da paso a días más cálidos y largos, algunas plantas que han permanecido el invierno enterradas (o dentro de sacos en las bodegas de los jardineros) comienzan a aflorar en busca de la luz solar. Funcionalmente, los bulbos son órganos de almacenamiento. Están formados por un tallo corto rodeado de capas de hojas carnosas, que contienen mucha energía para impulsar el rápido crecimiento.
Las plantas han resuelto de maneras muy diversas el problema de la supervivencia durante épocas adversas, como son los inviernos muy fríos y los veranos excesivamente cálidos y secos. Las plantas bulbosas han desarrollado órganos subterráneos de reserva que les permiten sobrevivir durante las estaciones desfavorables en estado de reposo y reiniciar el crecimiento cuando las condiciones ambientales vuelven a ser favorables.
Durante la primavera, cuando aparecen las hojas, las plantas bulbosas activan su metabolismo, fotosintetizan aprovechando las largas horas de insolación y movilizan los compuestos elaborados gracias a la luz hacia los bulbos subterráneos. Mientras lo hacen, producen flores, por lo general muy numerosas y muy vistosas, porque la mayoría de las bulbosas son polinizadas por insectos que liban el néctar de sus flores.
Cuando aprieta el calor del inicio del verano, las flores ya han producido frutos mientras que las hojas comienzan a desecarse. Durante el verano no queda más rastro de las bulbosas que un manojo de hojas secas (salvo en los jardines irrigados) y un puñado de frutos que, agitados, por el viento liberan decenas de semillas menudas.
Por debajo de tierra, la planta sobrevive gracias a los bulbos, que constituyen una reserva para pasar el invierno en estado de latencia, protegidos de las temperaturas extremas de la superficie gracias al poder atemperador de los suelos. Son increíblemente resistentes en esta etapa.
Flores del mataperros, Colchicum autumnale
Las adaptaciones y las estrategias de las plantas bulbosas pueden satisfacer exigencias ecológicas muy diversas. Por ejemplo, muchos tulipanes (Tulipa) de origen asiático están adaptados a un clima continental extremo, con veranos secos y tórridos, inviernos helados y primaveras con breves aguaceros, período en el cual desarrollan su ciclo completo. Existen, por otra parte, muchas especies de sotobosque, como algunos azafranes y similares (Colchicum, Crocus, Merendera), la escila (Scilla) y el diente de perro (Erythronium) que, gracias a sus reservas alimenticias, crecen muy rápido y cumplen su ciclo a principios de la primavera, antes de que las hojas de los árboles de hallan desarrollado y les quiten la luz del sol.
Muchas plantas bulbosas habitan comunidades adaptadas a incendios recurrentes durante la estación seca. En esos períodos, las plantas bulbosas y otras con raíces o tallos subterráneos (rizomas y tubérculos) están en reposo y de ese modo sobreviven al calor del fuego. Los incendios limpian de vegetación la superficie, eliminando la competencia y, además, aportan nutrientes al suelo a través de las cenizas. Cuando las primeras lluvias caen, los bulbos, libres de competencia y bien abonados, comienzan a brotar rápidamente iniciando un nuevo período de crecimiento y desarrollo sostenidos por las reservas acumuladas en sus tejidos durante la estación previa. Varias especies del género Cyrtanthus, por ejemplo, son reconocidas por su rápida capacidad de florecer después de incendios naturales de pastizales, de ahí que sean conocidas como "lirios de fuego". De hecho, varias especies de ese género (C. contractus, C. ventricosus y C. odorus), solo florecen después de que se produzcan los incendios naturales.
Lirio de mar, Pancratium maritimum
Como cabe suponer, los bulbos son una adaptación para temporadas de crecimiento cortas. Su capacidad para crecer rápidamente les otorga una ventaja competitiva durante cortos períodos de tiempo cuando las condiciones ambientales mejoran y el resto de las plantas todavía no han producido hojas. A pesar de los costes energéticos asociados con el suministro y mantenimiento de un órgano de almacenamiento voluminoso, la capacidad de desplegar rápidamente las hojas cuando las condiciones se vuelven favorables supone, sin embargo, una ventaja adaptativa.
Para la planta, producir bulbos es energéticamente costoso, así que muchas bulbosas han desarrollado defensas frente a los herbívoros en forma de potentes fitoquímicos. Los sulfóxidos de aminoácidos de ajos y cebollas son parte del arsenal químico que caracteriza a muchas bulbosas. Por ejemplo, los vistosos lirios de mar del género Pancratium, representados en las playas del Mediterráneo por el espectacular P. maritimum, tienen unos bulbos enormemente tóxicos para los humanos por contener varios alcaloides.
Los enormes bulbos de Boophone haemanthoides, una planta e los desiertos de Namibia, sobresalen del suelo.
Los lirios de mar son parientes cercanos de narcisos, tulipanes, lirios y azucenas, algunos de cuyos bulbos son tóxicos y suelen producir problemas de envenenamiento en las mascotas que juegan en los jardines. Una bulbosa muy común, Colchicum atumnale, lleva el significativo nombre de “mataperros”, aunque es también sea conocida como “azafrán bastardo” por su parecido con el azafrán (Crocus sativus), contiene un alcaloide, la colchicina, que inhibe las divisiones celulares y puede ser letal en función de la dosis y del peso del animal que lo ingiera.
Los bulbos han evolucionado independientemente en muchas familias de plantas con flores (angiospermas). Muchos casos de la aparición del hábito bulboso ocurrieron durante el Mioceno y se han asociado con una disminución global de la temperatura y un aumento de la estacionalidad en latitudes altas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 29 de abril de 2020

Calypso bulbosa, una orquídea muy tramposa

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Hay descritas más de 25.000 especies de orquídeas. Una diversidad floral tan grande obedece a un solo fin: la polinización.

La polinización de las orquídeas es un capítulo maravilloso en la biología de esta familia de plantas que sobresalen entre las demás angiospermas por la complejidad de sus flores y por las complicadas interacciones ecológicas con sus agentes polinizadores. Es un tema que ha captado la atención de numerosos científicos a través del tiempo, incluyendo a Charles Darwin, que realizó las primeras observaciones acerca del papel fundamental de los insectos en la polinización de las orquídeas, publicadas en 1862 en su libro La fecundación de las orquídeas. Cuando Darwin afirmó que las variadas estratagemas que usan para atraer a sus polinizadores superan la imaginación de cualquier ser humano, no estaba exagerando.

Las orquídeas son realmente hábiles para engañar a los polinizadores. No es para menos: el 97% de las especies necesitan un polinizador para que se lleve a cabo la transferencia de los granos de polen de una planta a los pistilos de otra y, por tanto, para que se produzca la fecundación y la formación de las semillas.

Hay que tener en cuenta que, mientras que en la inmensa mayoría de las plantas, el polen está formado por granos individuales, el de las orquídeas está agrupado en masas compactas llamadas polinias, de tal modo que por sí solo o por acción del viento el polen no se puede dispersar de una flor a otra, y de ahí que los polinizadores sean unos transportistas imprescindibles para asegurar la reproducción sexual.

La polinización por animales (zoófila) que caracteriza a las orquídeas presupone que los polinizadores visiten las flores de manera regular y se detengan en ellas el tiempo suficiente para que rocen las anteras (y se lleven las polinias) y el estigma (la porción terminal del ovario donde deberán depositar las polinias), y que el polen quede adherido a los visitantes de modo tan perfecto que pueda llegar con seguridad a los estigmas de otras flores.

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El resultado de la zoofilia depende esencialmente de que los animales puedan reconocer las flores desde una cierta distancia y de que se sientan atraídos por las flores de la misma especie. Por eso, las flores zoófilas deben poseer productos atractivos (cebos, como el polen y el néctar), medios de reclamo (olores y colores) y, además, polen viscoso o adherente.

Los polinizadores son muy variados y, según sea la especie de que se trate, pueden ser abejas, avispas, mariposas, coleópteros, otros muchos insectos y aves (especialmente colibríes). Los polinizadores no hacen su trabajo gratis, sino que buscan una recompensa, que en general es en forma de néctar pero que también incluye otros pagos en especie. No obstante, algunas orquídeas se las han apañado para engañar a sus polinizadores, dejándolos con tres pares de narices. De un par de ellas me he ocupado en este mismo blog (1, 2). Otra de ellas es Calypso bulbosa.

Calypso bulbosa es una orquídea circumboreal, lo que significa que su área de distribución se extiende por todo el hemisferio norte en Norteamérica y Eurasia. Pasa prácticamente desapercibida la mayor parte del año hasta que llega el momento de florecer. Sobrevive con su peudobulbo semienterrado debajo de la hojarasca de los bosques de coníferas.

Las plantas han resuelto de maneras muy diversas el problema de la supervivencia durante épocas adversas. Las bulbosas como las orquídeas sobreviven gracias a sus bulbos subterráneos, que constituyen una reserva para pasar el invierno en estado de latencia, protegidos de las temperaturas extremas de la superficie gracias al poder atemperador de los suelos. Son increíblemente resistentes en esta etapa.

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Durante la primavera, cuando aparecen las hojas (Calypso bulbosa, curiosamente, produce una sola hoja), las plantas bulbosas activan su metabolismo, fotosintetizan aprovechando las largas horas de insolación y movilizan los compuestos elaborados gracias a la luz hacia los bulbos subterráneos. Mientras lo hacen, producen flores, por lo general muy numerosas y vistosas porque la mayoría de las bulbosas son polinizadas por insectos libadores.

Cuando aprieta el calor al inicio del verano, las flores ya han producido frutos, y las hojas comienzan a secarse. Durante el verano no queda más rastro de las bulbosas que un manojo de hojas secas y un puñado de frutos que, agitados por el viento, liberan decenas de semillas menudas.

A principios de la primavera, las espectaculares y un tanto extravagantes flores de Calypso bulbosa se abren y esperan la llegada de los abejorros. Las orquídeas calipso hacen todo lo posible para atraer abejorros comunes del género Bombus. La flor emite un aroma dulce. Además, el labio inferior en forma de bolsa de la flor luce unas protuberancias pequeñas, amarillas y con forma de cabello que imitan anteras cubiertas de polen. Finalmente, dentro de la bolsa formada por el labio hay dos apéndices que parecen producir néctar, pero que únicamente brillan como si estuvieran barnizados. Toda la flor es una estafa. La orquídea no ofrece recompensas reales en forma de polen o de néctar a los abejorros que las visitan.

Pero no todos los abejorros acuden al engaño. Los abejorros no son animales insensatos. Aprenden rápidamente qué flores vale la pena visitar porque les ofrecen un premio y cuáles no. Para que la artimaña funcione, se requieren abejorros recién surgidos de la larva no hayan adquirido una experiencia previa y acudan al engaño. Por eso, para practicar su estafa, Calypso dispone de un corto período de tiempo para que los abejorros de las cercanías acudan a su engaño. El timo es suficiente para que sobrevivan algunas de ellas, pero las tasas de polinización son muy bajas en esta orquídea.

El aspecto más interesante de todo esto es que la que podríamos llamar "función masculina" de la flor, la liberación de las polinias, es más probable que ocurra que la "función femenina", la deposición de polen. La razón es fácil de entender; la función masculina requiere que un abejorro sea engañado solamente una vez, mientras que la función femenina requiere que un abejorro sea lo suficientemente incauto como para ser engañado al menos dos veces.

Calypso asegura la continuidad de sus poblaciones porque, como todas las demás orquídeas, puede producir decenas de miles de semillas con una sola fecundación. Por lo tanto, cada orquídea tiene decenas de miles de propágulos potenciales para garantizar la próxima generación al tiempo que asegura su supervivencia mediante la estrategia de las bulbosas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

jueves, 1 de abril de 2021

Semana Santa, la estación de los jacintos

Jacinto silvestre, Hyacinthus orientalis

Dicen que nuestro sentido del olfato está muy ligado a la elaboración de los recuerdos. Hay aromas muy ligados a esta época del año, Semana Santa. Con el paso de las procesiones las calles de España se impregnan del penetrante olor de las flores de los exornos. Mis preferidas son las de los jacintos. 

Los cofrades pasan muchas horas hasta que cientos de flores, enlazadas en rejillas y clavadas en esponjas, cubren de color cada milímetro del paso. Son claveles, lirios, gladiolos, narcisos, orquídeas, rosas o jacintos. Los colores van desde el blanco hasta el rojo, pasando por el púrpura, pero sin olvidar el verde.

Existe todo un lenguaje basado en la belleza de las flores que constituye un código que llena los pasos de calidez, solemnidad y armonía para enaltecer la belleza de las imágenes.


Pureza, sufrimiento, penitencia y sacrificio son los sentimientos que afloran en los rostros de las tallas. Cada uno de ellos se simboliza en las flores que exornan los tronos. El rojo es el color del sacrificio, de la sangre derramada en la redención. Lo derrochan los centenares de claveles que conforman los mantos florales sobre los que reposan los cristos vivos y cautivos. El morado, en cambio, es reflejo del sufrimiento del penitente y se escribe en el lenguaje floral con lirios y jacintos. La pureza virginal se transmite a través de los pétalos blancos de las rosas, claveles, orquídeas o gladiolos. El verde es el encargado de romper esta gama con las tonalidades propias de las hojas de laurel y de camelia o las ramas de pino, ciprés y hiedra.

Ahora quiero hablar un poco de los jacintos, mis flores preferidas en Semana Santa ¿De dónde vienen y cómo viven en la naturaleza? Aunque ahora los veamos atrapados en viveros y jardines, se originaron en campo abierto, a la sombra de los bosques o en los prados subalpinos.

Para empezar, aunque a muchas plantas bulbosas se las conozca genéricamente como jacintos, solamente hay tres verdaderos jacintos en el mundo, que constituyen otras tantas especies del género Hyacinthus: H. litwinovii, H. transcaspicus y la más famosa de todas, H. orientalis. Todos los demás "jacintos" lo son solo de nombre común. Cuando los estudié en las clases de Botánica hace demasiados años, los verdaderos jacintos eran considerados miembros de la familia de las hermosas azucenas (Liliaceae), pero las investigaciones genéticas más recientes los sitúan en la familia de los prosaicos espárragos (Asparagaceae).


Las tres especies de jacintos son nativas de la región del Mediterráneo oriental, desde Oriente Medio al suroeste de Asia. Como puede imaginarse, hay una gran diversidad geográfica entre las poblaciones de estas plantas. Por ejemplo, H. orientalis está dividido en muchas subespecies y variedades. Además, su larga historia de cultivo los ha introducido y naturalizado en todo el mundo. Pero, por lo general, en la naturaleza los jacintos tienden a preferir hábitats frescos, de media y alta montaña, y sobre suelos sueltos y bien drenados.

Como es bien sabido, los jacintos son plantas bulbosas de cuya estrategia vital me he ocupado en mi blog. Durante la mayor parte del año, permanecen enterrados y aletargados esperando que el cálido clima primaveral los despierte indicándoles que es tiempo de crecer. ¡Y cómo crecen! Debido a que sus hojas y sus yemas florales ya están desarrolladas dentro del bulbo, emergen y florecen rápidamente una vez que la nieve se derrite y satura el suelo de agua.

Las flores de los jacintos silvestres son generalmente más pequeñas y menos numerosas que las cultivadas y pueden variar en color desde casi blanco o azul claro hasta casi púrpura. Su maravilloso aroma floral tampoco es una característica surgida de la selección humana, aunque lo hayamos capitalizado en el comercio de la floricultura. En la naturaleza, los compuestos aromáticos que emanan sus flores llaman a los polinizadores que son recompensados ​​con pequeñas cantidades de néctar. Las abejas son las principales polinizadoras de los jacintos tanto en sus hábitats originales como en los introducidos.

Por supuesto, toda la belleza floral se dirige a la polinización, a la reproducción sexual y a la producción de semillas. Las flores crecen en el extremo de tallos alargados agrupadas en racimos. La estrategia es simple; la planta eleva las flores para que emitan su penetrante fragancia sobre la hojarasca. Una vez que ha conseguido la polinización, los tallos comienzan a doblarse para situar los frutos cerca de la tierra y facilitar así la salida de las semillas. Al madurar, cada fruto (una cápsula seca) se abre y deja ver decenas de semillas, cada una con un accesorio carnoso llamado eleosoma.

Los eleosomas son reservas de sustancias nutritivas (generalmente aceites, de ahí el nombre, del griego oleos, aceite, y soma, cuerpo) que las hormigas buscan ávidamente para alimentarse. Se trata de un mecanismo de dispersión de las semillas por animales (zoocoria) que, cuando lo ejecutan las hormigas, recibe el nombre de mirmecoria.

Las hormigas se llevan las semillas a los hormigueros, consumen el eleosoma y dejan los restos intactos de la semilla en un lugar idóneo para germinar porque están a oscuras, protegidas de los depredadores y rodeadas de un compost orgánico suministrado por las propias hormigas y, como algunas investigaciones parecen sugerir, protegidas de los ataques de los hongos dañinos. Que esta estrategia mutualista conviene a sus pares parece clara: alrededor de un 10 por ciento de las plantas con flores son mirmécoras.

Una vez que terminan de crecer y de reproducirse, los jacintos vuelven a enterrarse en forma de bulbo. Estas plantas tienen una adaptación especial para asegurarse de que los bulbos estén seguros escondidos bajo tierra, libres de las heladas temperaturas invernales. A lo largo de la temporada de crecimiento, los jacintos producen raíces especializadas que pueden contraerse. A medida que se contraen, tiran literalmente de la base de la planta introduciéndola en el suelo. Por eso, para los jacintos es muy ventajoso crecer en suelos sueltos. Una vez bajo tierra y libres de las heladas y la nieve, los jacintos hacen lo que las marmotas: permanecen inactivos hasta que regresa la primavera.

sábado, 9 de mayo de 2026

AMARYLLIS E HIPPEASTRUM: DOS BULBOS, UNA CONFUSIÓN HISTÓRICA

 

Pocas plantas ornamentales han provocado tanta confusión botánica como las llamadas “amarilis” que aparecen cada invierno en floristerías y centros de jardinería. Esas enormes flores rojas, blancas o rayadas que florecen en interiores durante Navidad casi nunca pertenecen al género Amaryllis. En realidad, son especies e híbridos de Hippeastrum, un grupo de bulbosas originarias de América tropical.

La confusión tiene más de dos siglos de historia y combina errores taxonómicos, tradición comercial y cierta fascinación humana por las flores espectaculares. Sin embargo, desde el punto de vista botánico, ecológico y biogeográfico, Amaryllis e Hippeastrum son géneros claramente distintos, con historias evolutivas diferentes y adaptaciones ecológicas casi opuestas.

Una cuestión de nombres

El nombre Amaryllis procede de un personaje pastoril mencionado por Teócrito y Virgilio. El término deriva probablemente del verbo griego amarysso, “brillar” o “resplandecer”, una referencia apropiada para una planta de floración llamativa.

Hippeastrum, en cambio, tiene una etimología mucho más descriptiva. El botánico William Herbert creó el nombre a partir de los vocablos griegos hippeus (“caballero” o “jinete”) y astron (“estrella”). El significado aproximado sería “estrella del caballero”, quizá aludiendo a la forma estrellada de las flores y a su aspecto noble y teatral.

La verdadera amarilis: una sudafricana mediterránea

Aunque ambos géneros pertenecen a la familia Amaryllidaceae, hoy se consideran líneas evolutivas separadas. Botánicamente, el género Amaryllis contiene una única especie aceptada: Amaryllis belladonna. Se trata, por tanto, de un género monotípico. Su área de origen se encuentra en la región del Cabo, en Sudáfrica, uno de los grandes centros de biodiversidad del planeta y hogar del célebre reino florístico del Cabo. Allí domina un clima mediterráneo: inviernos suaves y lluviosos, veranos secos y cálidos. La planta evolucionó precisamente para sobrevivir a ese régimen climático.

Amaryllis belladonna. Obsérvese que en el momento de la floración la planta carece de hojas.
La estrategia ecológica de Amaryllis belladonna resulta extraordinaria. Durante el verano seco entra en reposo subterráneo como bulbo. Cuando llegan las primeras lluvias otoñales, produce rápidamente los tallos florales antes incluso de emitir hojas. Esta floración “desnuda” explica uno de sus nombres populares: “dama desnuda”.

Desde el punto de vista adaptativo, este comportamiento tiene ventajas claras: la planta aprovecha la humedad inicial de otoño; evita competir por recursos con el desarrollo foliar, y hace que las flores sean muy visibles para los polinizadores. Después de la floración aparecen las hojas largas y acintadas, que realizan la fotosíntesis durante el invierno húmedo y almacenan reservas para el año siguiente.

Hippeastrum: el linaje americano

El género Hippeastrum es mucho más diverso. Incluye alrededor de 90 especies naturales y centenares de híbridos ornamentales desarrollados por horticultores. Su distribución natural abarca regiones tropicales y subtropicales de América Central y Sudamérica, especialmente Brasil, Perú, Bolivia y las estribaciones andinas. Muchas especies viven en sabanas cálidas, bosques abiertos o ambientes con alternancia de estaciones húmedas y secas.

A diferencia de Amaryllis belladonna, las especies de Hippeastrum evolucionaron en ecosistemas donde el frío apenas existe. Por ello toleran mal las heladas y prosperan en ambientes cálidos y luminosos. Su ciclo biológico también es distinto. En general, las hojas aparecen antes o simultáneamente a las flores. La planta mantiene una estrategia más típica de las bulbosas tropicales: crecimiento rápido durante la estación favorable y reposo temporal cuando disminuyen las lluvias.

Dos geografías, dos estrategias evolutivas

La diferencia entre ambos géneros puede entenderse casi como una lección de biogeografía comparada.

Amaryllis belladonna

Región: sur de África.

Clima: mediterráneo.

Estrategia: resistir veranos secos.

Floración: finales del verano u otoño.

Adaptación principal: reposo estival prolongado.

Hippeastrum

Región: América tropical y subtropical.

Clima: cálido y húmedo.

Estrategia: aprovechar estaciones lluviosas.

Floración: variable; frecuentemente invierno en cultivo.

Adaptación principal: crecimiento rápido en condiciones cálidas.

Estas diferencias ecológicas explican por qué una prospera mejor en jardines exteriores mediterráneos y la otra se convirtió en la reina de los salones invernales.

Cómo distinguirlas

La confusión comercial persiste, pero morfológicamente es relativamente sencillo diferenciarlas.

La característica más útil es el escapo (tallo) floral. En Hippeastrum el tallo es hueco. En Amaryllis belladonna es macizo. Basta cortar transversalmente un tallo para comprobarlo.

También se diferencian en el número y tamaño de flores. Hippeastrum suele producir entre dos y seis flores muy grandes, a veces de más de veinte centímetros de diámetro. Los híbridos modernos han sido seleccionados precisamente por el gigantismo floral. Amaryllis belladonna, en cambio, produce racimos más numerosos —hasta doce flores— pero más pequeñas, delicadas y elegantes.

El momento de las hojas también es diferencial. En la verdadera amarilis las hojas aparecen después de la floración. En Hippeastrum, hojas y flores suelen coincidir. Este rasgo es tan constante que muchos botánicos lo consideran una de las señales diagnósticas más fiables.

La forma del bulbo también ayuda. Los bulbos de Amaryllis belladonna son alargados y algo cónicos. Los de Hippeastrum son más redondeados y compactos, una forma especialmente adecuada para el cultivo en maceta.

El gran malentendido taxonómico

La historia de la confusión comenzó en los siglos XVIII y XIX, cuando los naturalistas europeos empezaron a importar bulbosas exóticas desde África y América. Durante un tiempo, muchas especies americanas fueron clasificadas erróneamente dentro de Amaryllis. Más tarde, los estudios taxonómicos demostraron que constituían un grupo diferente y William Herbert separó oficialmente el género Hippeastrum.

Sin embargo, el comercio ya había popularizado el nombre “amarilis”. Cambiarlo resultaba casi imposible. Algo parecido ocurre con otros nombres hortícolas incorrectos que sobreviven por tradición, incluso cuando la botánica moderna los ha corregido hace décadas. Hoy, en términos científicos, las espectaculares flores navideñas son Hippeastrum. Pero en viveros y catálogos el término “Amaryllis” sigue siendo dominante porque el público lo reconoce mejor.

Ecología del cultivo

Comprender el origen ecológico de cada género ayuda mucho en su cultivo.

La verdadera Amaryllis necesita: veranos secos, suelos muy drenados, inviernos suaves y abundante sol. En climas mediterráneos puede naturalizarse fácilmente y vivir décadas.

Hippeastrum prefiere temperaturas cálidas, humedad moderada, sustratos ricos y luz intensa sin frío extremo. Su ciclo puede manipularse fácilmente para provocar floraciones invernales, razón principal de su éxito comercial.

La reina de la Navidad

El triunfo mundial de Hippeastrum tiene mucho que ver con la horticultura moderna. Pocas bulbosas responden tan bien al “forzado” artificial de floración. Los cultivadores pueden controlar temperatura y reposo para hacer que florezca exactamente en diciembre.

Además, los híbridos modernos ofrecen colores intensos, pétalos dobles, flores gigantes, variedades rayadas y tallos muy resistentes.

Más que una simple diferencia de nombre

La historia de Amaryllis y Hippeastrum muestra cómo la botánica, la geografía y el comercio pueden entrelazarse de manera inesperada. Detrás de una simple maceta navideña hay en realidad dos linajes vegetales separados por océanos y millones de años de evolución.

Uno evolucionó en los veranos secos del Cabo sudafricano; el otro, en los paisajes cálidos de América tropical. Uno florece desnudo bajo cielos otoñales mediterráneos; el otro ilumina las ventanas invernales de medio mundo.

Y aunque el comercio siga llamando “amarilis” a casi todos los Hippeastrum, la ciencia botánica deja clara la diferencia: la verdadera amarilis es una sola especie sudafricana. Todo lo demás pertenece al exuberante y espectacular reino americano de Hippeastrum.

lunes, 27 de noviembre de 2023

Cinco de las mejores plantas de interior con flores de invierno (además de las flores de Pascua)

 


Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, poner un poco de alegría en nuestros espacios interiores colocando algunas plantas con flores parece una excelente idea. Las plantas nos acompañan en los meses de invierno y crean entornos hogareños más festivos y acogedores. Las flores de pascua (Poinsettia pulcherrima) son flores navideñas muy populares, pero se puede ir más allá porque puedes elegir otras muchas plantas que florecen estas fechas en interiores. He seleccionado cinco que encontrarás en cualquier floristería.

Cactus de navidad (género Schlumbergeria)

Para elegir diferentes colores florales, nada mejor que un cactus navideño. Sobre ellos me ocupé con alguna extensión en este artículo. Hay variedad de colores para elegir, que van desde el blanco hasta el rojo brillante y el morado. Además, a diferencia de otros cactus, sus espinas son poco agresivas.

El cactus navideño es fácil de cuidar y necesita riego solamente cuando los dos primeros centímetros superiores del suelo están secos mientras está floreciendo, y con menos frecuencia cuando no es así. Cuando no esta floreciendo se puede dejar en un lugar sombreado y regarlo ligeramente una vez por semana. 



Durante los días más cortos de finales de otoño e invierno, el cactus comenzará a dar señales de que va a florecer. Entre seis a ocho semanas antes de que observes las yemas de los extremos de los tallos que producirán las flores, mantén la planta en la oscuridad durante al menos 10 a 12 horas al día para ayudar a que florezca. Si es posible, le vendría bien que la temperatura estuviese más o menos a 18º. Darle algo de tiempo en un lugar oscuro y frío, como un sótano, te ayudará a conseguir una vistosa explosión de flores listas para las fiestas.

Amarilis (género Hippeastrum)

Hippeastrum es un género de plantas bulbosas que comprende más de 70 especies nativas de regiones subtropicales y tropicales de América, desde Argentina hasta México y el Caribe. Estas plantas, cultivadas en todo el mundo por sus vistosas flores, se conocen con el nombre popular, pero erróneo, de Amaryllis, un género africano de la misma familia. El nombre Hippeastrum, que deriva del griego y significa "estrella de caballero", fue elegido por el reverendo William Herbert en 1821 para describir a la primera especie del género, Hippeastrum reginae.

Las amarilis son otra opción popular para estas fiestas dada su tendencia a florecer en invierno si se mantienen en el interior. Los bulbos brotan a finales de otoño en el exterior y tienen la ventaja de que son menos exigentes de luz que otros tipos de bulbosas, lo que los convierte en plantas de interior ideales para el invierno.



Si mantienes la tierra húmeda alrededor del bulbo mientras mantienes secos el tallo y la parte superior del bulbo que sobresale del suelo, la amarilis estará encantada. Si prefieres no colocar los bulbos en macetas puedes encerarlos, pero crecerán solo durante una temporada y son difíciles de replantar porque el encerado dificulta que desarrollen raíces. Para encerarlos basta con derretir un poco de parafina al baño de maría que luego se barniza sobre el bulbo. Luego, actúa como hay que actuar con los procedentes de maceta: colócalo en un lugar calentito que tenga algo de luz natural para estimular la floración.

Narcisos de papel (Narcissus papyraceus)

Sobre el fascinante mundo de los narcisos escribí este artículo. Los narcisos de papel pertenecen a la especie Narcissus papyraceus. El nombre genérico alude a Narkissos, hijo del dios río Cephissus y de la ninfa Leiriope, un joven que en la mitología griega destacaba por su belleza. Narciso era un joven tan pagado de sí mismo que se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua y se ahogó al intentar besarla. Papyraceus es el epíteto latino que significa "como el papel".

Narcissus papyraceus es una herbácea perenne y bulbosa que puede medir hasta 60 centímetros. Las hojas erguidas están presentes durante la floración a finales de otoño y durante el invierno, cuando se producen flores blancas y aromáticas. Es una especie que en la naturaleza vive en sitios húmedos, en pastos, claros de matorrales, bordes de caminos y baldíos en los que puede llegar a formar amplias extensiones. Entre nosotros tiene la ventaja de ser autóctona, porque es una planta mediterránea cuya área de distribución, además de por el norte de África, se extiende desde la península Ibérica hasta Italia y Grecia.



Los narcisos de papel, que en China se cultivan en macetas para celebrar el año nuevo, se desarrollan bien como plantas de interior y no necesitan mucha luz para florecer. Mantén siempre sus raíces húmedas ya sea en la tierra o en un jarrón y florecerán incluso con luz solar indirecta durante aproximadamente dos semanas una vez que se abran. Si los sacas al exterior en un balcón, los cultivas en jardín o vives en un iglú, ten en cuenta que les irá bien siempre que no los expongas a temperaturas bajo cero.

Orquídeas (género Phalaenopsis)



Sobre las orquídeas que florecen en esta época y el modo de cultivarlas para que florezcan varios años escribí este artículo. Las orquídeas son otras plantas de interior que ofrecerán flores vistosas durante las fiestas. Necesitan temperaturas más cálidas, alrededor de 20º, y si no reciben mucha luz solar natural al menos seis horas al día, debes usar una luz especial de cultivo para mantenerlas en forma.

Kalanchoe (género Kalanchoe)

Los kalanchoes son plantas fáciles de distinguir por sus hojas verdes carnosas (son plantas suculentas) y sus ramilletes dobles con flores de diversos colores. Son plantas originarias de Madagascar cuyo nombre procede de los vocablos hindúes kalanka que significa "manchas" y chaya, "de". Una de las variedades que más se ve en España es Kalanchoe blossfediana, pero hay otras muchas con similares requerimientos.

Todas ellas son plantas de interior más que de exterior, aunque si quieres cultivarlas en la terraza, el jardín o el balcón mejor que sea en un espacio de semisombra, porque el sol directo no les sienta bien. Si se dejan en el exterior también hay que tener cuidado con las temperaturas muy bajas, porque les cuesta crecer en zonas de exterior con mucho frío.

Los kalanchoes florecen en invierno y, dependiendo de la especie o la variedad, producirán una gama amplia de colores, desde el blanco hasta el rosa brillante. Tienen una excelente reputación como plantas de interior que requieren poco mantenimiento y no necesitan muchos cuidados. Respecto al riego, necesitan bastante humedad, aunque evitando que la planta se encharque. De hecho, es preferible que el sustrato esté casi seco antes de volver a regarlo. Basta con regarlos una o dos veces al mes en invierno, y una vez a la semana durante el verano.

Prefieren mucha luz, por lo que si no se exponen a la solar durante al menos ocho horas diarias, hay que apoyarlos con una luz de cultivo para que florezcan. Aunque necesiten luz abundante, procura que no sea directa para que las hojas no se quemen. Por eso, si los colocas en una ventana, es mejor situarlos orientados al este o al oeste para evitar las horas de luz más intensas. También es importante protegerlos de las heladas. Si, a pesar de todo, prefieres colocarlos en el exterior, es mejor utilizar una zona con semisombra. Además, como se trata de plantas suculentas, es más que probable que no sobrevivan a temperaturas que estén por debajo de los 10 °C.

Para favorecer la floración, necesitan al menos seis semanas con 14 horas de oscuridad al día. Aparte de los requisitos mínimos de luz, necesitan suelo húmedo y temperaturas interiores que no oscilen demasiado para mantenerse vigorosos.

Si quieres reproducir un kalanchoe puedes hacerlo con un esqueje normal de tallo o, mucho más fácil, con una simple hoja. Corta una hoja sana y déjala secar durante un par de días. Después, plántala en una mezcla de tierra para cactus y suculentas y riega con moderación. La hoja debería desarrollar raíces y acabará por formar una nueva planta.

Las que siguen son las especies más comercializadas en España, que podrás reconocer en la imagen adjunta.



Kalanchoe blossfediana. Es la variedad más popular y fácil de encontrar en España. Destaca por sus colores variados, sus hojas carnosas y su gran tamaño. Necesita estar situada en un espacio con bastante luz natural.

Kalanchoe daigremontiana. Otra de las variedades más populares. Es una planta que se parece al aloe vera. Sus hojas tienen el borde dentado y algunas manchas más oscuras en el envés. Tiene la extraña característica de producir brotes a lo largo del margen de las hojas, unos brotes que se desprenden y emiten raíces fácilmente al caer al suelo.

En la época de floración, que no se produce con periodicidad anual sino esporádicamente (en ocasiones, la planta nunca llega a florecer), el tallo principal se alarga verticalmente hasta 30 centímetros en un par de días, desarrollando una inflorescencia terminal en forma de paraguas con pequeñas flores acampanadas de color rosa (o algunas veces anaranjadas). No es muy frecuente que le aparezcan flores, aunque este año la que tengo en mi despacho está floreciendo por primera vez en años.

Kalanchoe thyrsiflora. Es una especie muy bonita para decorar que se puede cultivar tanto en el suelo como en maceta. Necesita una gran cantidad de luz para crecer. Sus hojas son redondeadas, de un color verde claro en el centro, y rosado en los márgenes.

Kalanchoe tomentosa. Es una planta cubierta de una fina vellosidad blanca que le da un aspecto aterciopelado y un tacto muy suave. Las hojas gruesas son de haz cóncavo y algo aquilladas en el envés. La zona apical está cubierta de manchas de color marrón oscuro, que coinciden con el grueso dentado de los márgenes.

Kalanchoe tessa. Es una planta colgante con flores que llega a alcanzar hasta los 30 centímetros. Sus hojas son ligeramente dentadas y presenta unas flores muy llamativas en forma de campana.

Kalanchoe arborescens. Dado su nombre, es fácil imaginar que es una de las variedades más grandes, que puede alcanzar hasta los ocho metros de talla. Cuenta con unas hojas verdes muy gruesas, y unas flores en tonos rosas y morados bastante vivos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 21 de enero de 2018

Las orquídeas que fascinaron a Darwin

Flores masculinas de Catasetum osculatum. Foto
En general, las orquídeas presentan flores perfectas, lo que quiere decir que contienen órganos masculinos y femeninos. Sin embargo, en la naturaleza no hay excepciones a la regla y en una familia tan grande como la de las orquídeas, las excepciones siempre están a la vuelta de la esquina. Tomemos como ejemplo a las orquídeas del género Catasetum. Las más de 160 especies descritas de este género presentan flores unisexuales, bien masculinas, bien femeninas, pero nunca hermafroditas. Además, la morfología floral de unas y otras es tan distinta que algunas especies se describieron como distintas según su sexo.
Flores femeninas de Catasetum osculatum. Foto.
Fue Charles Darwin el primero en descubrir que las plantas de diferentes sexos pertenecían a la misma especie por más que algunos botánicos las hubieran descrito como especies diferentes. El género Catasetum cautivó a Darwin, quien consiguió hacerse con una excelente colección para estudiar gracias a los ejemplares que le regalaron amigos y corresponsales de todo el mundo. Darwin no solo resolvió la cuestión nomenclatural, sino que también describió el singular mecanismo de polinización de estas orquídeas tropicales. Los detalles de este proceso son tan extraños que los hallazgos de Darwin fueron ridiculizados por algunos científicos de la época. Pero una vez más, Darwin tenía razón.
Si tener plantas individuales masculinas y femeninas no era lo suficientemente extraño para estas orquídeas, el mecanismo por el cual se logra la polinización es literalmente explosivo. Las Catasetum son polinizadas por grandes abejas del género Euglossine. Atraídas por el dulce aroma de las flores masculinas, las abejas se posan en el labelo y comienzan a explorar la flor. Sobre el labelo hay dos estructuras semejantes a pelos. Cuando una abeja entra en contacto con estos pelos, la flor dispara hacia abajo una estructura, la polinia, que contiene lo sacos de polen (Véalo en este vídeo). Una almohadilla adhesiva en la base de la polinia garantiza que una vez que golpea a la abeja, se adhiera firmemente a ella.
Flores femeninas de C. longifolium. Foto
Las abejas pronto se dan cuenta de que las flores masculinas son lugares inhóspitos de los que no obtienen nada positivo, por lo que parten en busca de otras flores en la que libar sin ser golpeadas por unos objetos pegajosos. Posiblemente sea esa la causa de que las flores de sexos diferentes parezcan tan distintas entre sí. Cuando las abejas visitan las flores femeninas, los sacos de polen que llevan en su dorso se deslizan en un surco perfecto que existe en la entrada del ovario de las flores femeninas y así se logra la polinización.
La singularidad de esta estrategia reproductiva ha hecho que las orquídeas Catasetum sean el centro de atención de botánicos y horticultores quienes se preguntaban cómo se determina su sexo ¿Es un sexo genéticamente determinado o hay ciertos factores ambientales que lo condicionan? Como resultado de múltiples investigaciones, parece ser que la disponibilidad de luz puede ser una de las señales más importantes para la determinación sexual en Catasetum.
En un artículo publicado en 1991, Jess K. Zimmerman describió que había patrones en la ratio de sexos para al menos una especie de Catasetum. Las plantas femeninas se encontraban con mayor frecuencia en los bosques más jóvenes, mientras que las proporciones se aproximaban a 1:1 en los bosques más viejos. Lo que los investigadores encontraron fue que las plantas son más propensas a producir flores femeninas bajo doseles abiertos y flores masculinas bajo doseles cerrados. Es posible que, debido a que la producción de semillas es un esfuerzo muy costoso para las plantas, los individuos con acceso a más luz sean más propensos a presentar flores femeninas.
Además de sus extraños hábitos reproductores, la ecología de estas plantas también es fascinante. Nativas de los trópicos del Nuevo Mundo, las Catasetum viven como epífitas en las ramas y los troncos de los árboles. Vivir en el dosel arbóreo puede ser bastante estresante y las orquídeas han evolucionado para resolver los problemas ecológicos. Para empezar, son caducifolias. La mayoría de los hábitats en los que aparecen experimentan una estación seca. A medida que las lluvias desaparecen, las plantas pierden las hojas y perviven gracias a un denso grupo de pseudobulbos verdes. Estas estructuras bulbosas sirven como almacenes de energía y agua que impulsarán el crecimiento tan pronto como vuelvan las lluvias.
C. silvestre creciendo como epífito. Foto
El dosel también puede ser bajo en nutrientes vitales como el nitrógeno y el fósforo. Al igual que todas las orquídeas, las Catasetum son micorrízicas, es decir, cuentan con una asociación íntima con hongos micorrizógenos que les suministran esos nutrientes. Tales asociaciones son vitales para la germinación y el crecimiento. Sin embargo, los hongos con los que se asocian se alimentan de madera muerta, que es baja en nitrógeno. Eso ha llevado a otra relación más complicada y altamente especializada que se conoce en al menos algunos miembros de este género de orquídeas.
Las Catasetum maduras se encuentran frecuentemente creciendo sobre nidos de hormigas arborícolas. Las que no lo hacen, a menudo albergan colonias de hormigas dentro de sus pseudobulbos ahuecados. Esta asociación con hormigas cumple una doble función. Al instalarse dentro de la orquídea o alrededor de sus raíces, las hormigas proporcionan a la planta una fuente vital de nitrógeno en forma de heces y otros productos de desecho. Al mismo tiempo, las hormigas atacarán con fiereza a cualquier cosa que pueda amenazar su nido. Al hacerlo, mantienen a raya a herbívoros potenciales.
Contemplar una Catasetum en floración es algo extraordinario. Son maravillas de la evolución y una prueba viviente de que parece que no hay límites para la capacidad de las orquídeas para sobrevivir. Afortunadamente para la mayoría de nosotros, no hay que viajar a la jungla y escalar un árbol para ver de cerca una de estas orquídeas. La facilidad para cultivarlas ha hecho que la mayoría de los jardines botánicos disfruten al menos de una especie o dos de este género. Si encuentra una Catasetum, tómese tiempo para admirarla en todo su esplendor. Se sentirá feliz de haberlo hecho. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.