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sábado, 28 de enero de 2017

Homeostasis: lo que tienen en común una mosca muy vulgar y una flor extraordinaria


En la entrada anterior me ocupé de una planta, Lacandonia schismatica, cuyas flores presentaban una disposición completamente diferente a la del resto de las plantas con flores. Esta nueva entrada responde a las bases genéticas de esa extraordinaria disposición floral.

Con el descubrimiento de la estructura del ADN por parte de Watson y Crick, el año 1953 marcó el inicio de la Biología Molecular y con ella el comienzo de una nueva era en la investigación biológica. Esencialmente, lo que Watson y Crick demostraron es que la información genética, esto es, la información necesaria para construir un organismo, sea una bacteria, una planta, una mosca o un ser humano, está contenida en la estructura de una molécula concreta que tiene unas características químicas determinadas y que se puede aislar, estudiar y eventualmente modificar.
Desde entonces, el análisis experimental de los fenómenos biológicos más profundos, los procesos mediante los cuales se construyen y funcionan los seres vivos, quedó conceptualmente reducido al estudio de cómo se libera la información contenida en el ADN. Un principio que emergió rápidamente de los primeros estudios moleculares es el de la universalidad de los procesos biológicos fundamentales. El ADN es la molécula codificadora de todos los seres vivos. Químicamente el ADN de un pino, de una levadura o de un ser humano son indistinguibles. Además, el código genético, el procedimiento por el cual se traduce la información del ADN en proteínas, que son los componentes fundamentales de los seres vivos, es asimismo universal. E igualmente son generales muchos procesos celulares como el metabolismo energético, el control de la división celular, los mecanismos de transporte intracelular etc.
Sin embargo, la gran diversidad morfológica que presentan los organismos multicelulares, especialmente los animales, produce tal impresión de complejidad que hasta hace poco no se concebía que existieran leyes generales aplicables a todas las especies. Hay en la actualidad millones de seres vivos y han existido muchos más que manifiestan una enorme variedad de formas, tamaños y ciclos vitales. Era difícil imaginar que debajo de esta gran variabilidad morfológica y funcional subyacen unos mecanismos unitarios universales.
Complejo homeótico de Drosophila melanogaster.
Fuente.
El término homeótico viene del griego homeo, que significa semejante. En Biología del Desarrollo, la homeosis es la transformación de una parte del cuerpo en otra como resultado de la mutación o de la alteración de la expresión de genes críticos en el desarrollo. En los animales, los genes homeóticos también llamados genes Hox (acrónimo de homeobox) reciben precisamente ese nombre por ser los responsables de cambios como los de la homeosis, mientras que el sufijo “box” alude a que se encuentran asociados en el cromosoma formando una secuencia muy conservada de 180 nucleótidos llamada caja homeótica. Además, presentan ligamiento físico, es decir, aparecen organizados en complejos o clusters dentro del mismo cromosoma. Muestran colinealidad espacial, es decir, el orden que muestran en el cromosoma corresponde al orden de expresión en el eje anteroposterior de animal.
Son genes que ejercen el control maestro del desarrollo embrionario porque determinan la identidad de los segmentos o partes individuales del embrión en sus etapas iniciales. La función normal de los genes Hox consiste en conferir a la célula identidad espacial o posicional inequívoca en el cuerpo. Se descubrieron en la mosca Drosophila melanogaster (la mosca de la fruta) hace 90 años, y después se encontraron en muchos otros organismos, incluida la especie humana.
Foto 3: Mutación Antennapedia
de Drosophila melanogaster. 
Fuente.
Drosophila es un insecto pequeño, de 1 mm de largo y aproximadamente un millón de células, que abunda en todo el mundo, con un ciclo biológico muy corto de 9-10 días, y que es muy fácil de cultivar en el laboratorio. Ha sido un modelo clásico de investigación en Genética durante el siglo XX y es con gran diferencia el organismo multicelular donde las tecnologías y métodos genéticos son más sofisticados. Como ocurre con el resto de los artrópodos, una característica importante de la organización del cuerpo de Drosophila es que es un organismo metamerizado. El cuerpo consiste en una cadena de segmentos o metámeros que se desarrollan de forma independiente unos de otros y que confieren la estructura segmentada típica de los insectos. Esta organización metamerizada se establece desde los inicios del desarrollo embrionario, en el que ya se encuentran separadas las células que formarán cada segmento, el cual se desarrolla de forma particular tanto en sus aspectos externos como las estructuras internas, musculatura, sistema nervioso, etc.
Los genes homeóticos se activan posteriormente a la expresión de otros genes implicados en el desarrollo. En el caso de D. melanogaster, primero se expresan los genes de polaridad del huevo, que determinan los ejes anteroposterior y dorsoventral del huevo; después lo hacen los genes de segmentación, que determinan el número y la organización de los segmentos del cuerpo. Los productos de estos genes activan a los genes homeóticos que determinan la identidad de cada segmento.
Los genes Hox están dispuestos de manera sorprendente en el genoma de D. melanogaster: alineados en el mismo orden en que están dispuestas las partes del cuerpo en las que actúan. Esta organización está conservada en la mayor parte de los animales, en los que los genes Hox se encuentran alineados de manera similar a como los encontramos en la mosca. Su papel es fundamental, porque indican a la célula si forma parte de la cabeza, del tórax o del abdomen del individuo: no saben construir troncos, ni abdómenes, ni patas ni antenas o, dicho de otra forma, no saben hacer estructuras útiles, solo saben ordenarlas espacialmente a lo largo de un eje. Por esa razón se conocen como genes reguladores.
Mutación Ultrabithorax en D. melanogaster.
Fuente.
Si eso es así, ¿quién es el que sabe cómo hacer las estructuras orgánicas? Otros genes, naturalmente: los genes realizadores. Unos pocos centenares de genes de la mosca contienen la receta para hacer una pata, otros para elaborar una antena y así sucesivamente. Lo que hacen los genes Hox es colocar a los genes realizadores, de forma ordenada a lo largo de un eje, para que cada estructura se sitúe en el sitio correcto. Si sufren una mutación, estos genes adquieren la capacidad de transformar un segmento de su cuerpo en una réplica de otro. Ejemplos típicos en D. melanogaster son las mutaciones Antennapedia y Ultrabithorax. La primera tiene como resultado la transformación de antenas en patas (Foto 3) y la segunda provoca la transformación de los halterios en un par de alas adicional, lo que provoca que la mosca mutada, un díptero, pase a ser tetráptera (Foto 4).
El descubrimiento de estas mutaciones tiene gran importancia porque indican la existencia de mecanismos de control general del desarrollo. En una mosca mutante con cuatro alas como la producida por la mutación Ultrabithorax de la figura no se produce un desarrollo aberrante, ya que las alas adicionales que se forman en lugar del halterio son normales, lo que es anómalo es el sitio del cuerpo donde aparecen. La conclusión es que la función normal del gen seria reconocer la posición de células que han de formar el halterio y establecer en ellas el programa de desarrollo apropiado; en las moscas mutantes este grupo de células no es reconocido correctamente y adquieren un desarrollo inapropiado.
Fuente.
Aunque inicialmente se descubrieron en D. melanogaster, los genes homeóticos se han identificado en la mayoría de los seres vivos, incluidos los seres humanos y, desde luego, en las plantas. En estas, al igual que en el resto de los organismos, las mutaciones que afectan a estos genes son responsables de la aparición de alteraciones en el desarrollo corporal. Los cambios homeóticos fueron estudiados en Arabidopsis por el biólogo del Caltech Elliot Meyerowitz. En un trabajo clásico sobre el genoma de esa planta (pulse aquí para acceder a él) Meyerowitz y colaboradores observaron la mutaciones que afectaban a la estructura de la flor.
La forma silvestre de esta planta posee cuatro sépalos, cuatro pétalos blancos, seis estambres (cuatro largos y dos más cortos) y dos carpelos fusionados. Los mutantes de clase A tenían carpelos en lugar de sépalos y estambres en lugar de pétalos; los otros verticilos eran normales. Los mutantes de clase B tenían sépalos en el primero y segundo verticilo y carpelos en el tercero y el cuarto. El grupo C tenían sépalos y pétalos en su posición normal, y pétalos en el tercero y sépalos en el cuarto.
Meyerowitz y colaboradores concluyeron que cada clase de mutantes carecía del producto de un gen o de un grupo de genes necesarios para el desarrollo adecuado de la flor. Los mutantes de la clase A carecían de la actividad de los genes A; los de clase B de los genes B y los de clase C de los genes C. De modo semejante a como los genes homeóticos de los animales se expresaban en distintos segmentos, propusieron que los genes de clase A tenían actividad en el primer y el segundo verticilos, los B en el segundo y el tercero y los C en el tercero y el cuarto. Los productos de los genes A hacían que el primer verticilo se diferenciase a sépalos. Los productos de los genes de clase A junto con los B hacían que el segundo verticilo se diferenciara a pétalos. Los genes C y B inducían al tercer verticilo a formar estambres. Los genes C hacían que el cuarto verticilo formara carpelos.
En estudios posteriores se aislaron los genes de cada clase. La clonación y secuenciación de estos genes demostró que son genes que contienen unas secuencias específicas, las denominadas cajas MADS, que tienen un papel similar al de las cajas homeóticas de los animales. Regulan el desarrollo de las estructuras de las flores, donde controlan la transición del crecimiento vegetativo al generativo y determinan la identidad del meristemo en la inflorescencia. Los productos de las distintas clases de genes homeóticos interactúan para determinar la formación de los cuatro verticilos que constituyen la flor completa.
Y ahora vamos de una vez por todas con el caso de Lacandonia. El cambio de posición entre los órganos masculinos y los femeninos de la flor de Chiapas es un ejemplo de libro de homeosis, toda una confirmación de las cajas MADS que debe encantar a Meyerowitz y colaboradores. En una monocotiledónea normal primero se activa el gen que codifica los tépalos, luego el de los carpelos y finalmente el relacionado con los estambres. En Lacandonia es al revés: primero, se activa el de los tépalos, pero enseguida funciona el de los estambres y finalmente el de los carpelos, es decir, primero se forman los órganos masculinos y luego los femeninos; por eso la posición final de los órganos sexuales (ovarios y estambres) resulta invertida.
Triuris brevistylis
Fuente.
Si ustedes pulsan este enlace accederán a una magnífica colección de fotografías de Triuris brevistylis, una triuridácea dioica y aclorofílica cuya semejanza con Lacandonia es más que notable, una semejanza que no pasó desapercibida a un grupo de investigadores mexicanos entre los que se encontraba Esteban Martínez, el descubridor de la especie, quienes en 2003 publicaron un artículo en el que planteaban la hipótesis de que Lacandonia se originó de un ancestro común con T. brevistilis, que tenía individuos en algunas poblaciones aisladas con estambres centrales y carpelos periféricos. El ancestro habitaba todo el entorno de la Selva Lacandona en épocas con clima más frío. Este ancestro sufrió una mutación y al cambiar la temperatura las plantas originales desaparecieron dejando a los descendientes de tierras altas (T. brevistilis) y en las partes bajas a Lacandonia.
Esta hipótesis, junto con otras evidencias y el ojo entrenado de cualquier taxónomo, ha provocado que, en el moderno sistema de clasificación de las plantas con flores, la familia Lacandoniaceae haya ido a parar a donde habita el olvido y Lacandonia haya pasado a ser un miembro (distinguido, eso sí) de la familia Triuridaceae.
Bibliografía utilizada
Ambrose, B.A., S. Espinosa-Matías, S. Vázquez-Santana, F. Vergara-Silva, E. Martínez, J. Márquez-Guzmán y E. R. Álvarez-Buylla. 2006. Comparative developmental series of the Mexican triurids support a euanthial interpretartion for the unusual reproductive axes of Lacandonia schismatica (Triuridaceae). American Journal of Botany 93(1): 15-35.
Morata, G. 2001. La historia de los genes homeóticos. Arbor CLXVIII, 662:  229-246.
Ronse De Caene, L. P. 2003. The evolutionary significance of homeosis in flowers: a morphologica perspective. International Journal of Plant Science 164(5 Suppl.): 5225-5235.
Sampedro, J. 2002. Deconstruyendo a Darwin. Drakontos Bolsillo, Ed. Crítica. Madrid.
Vergara-Silva, F., S. Espinosa-Matías, B. A. Ambrose, S. Vázquez-Santana, A. Martínez-Mena, J. Márquez-Guzmán, E. Martínez, E. M. Meyerowitz and E. R. Alvarez-Buylla. 2003. Inside-out flowers characteristic of Lacandonia schismatica evolved at least before its divergence from a closely related taxon, Triuris brevistylis. International Journal of Plant Science. 164(3): 345-357.

miércoles, 25 de enero de 2017

Lacandonia schismatica: la enigmática flor de Chiapas

Foto al microscopio electrónico
de la flor de Lacandonia schismatica.
Fuente
El próximo mes de febrero se cumplen treinta años desde que dos botánicos de la Universidad Autónoma de México enviaran a la revista Annals of the Missouri Botanical Gardens la descripción de una nueva planta con flores que presentaba unas características nunca vistas. La principal es la inversión del androceo y el gineceo, única entre aproximadamente 250.000 plantas con flores.
El viajero parece uno más de miles de turistas que cada año atraviesan la Sierra Norte de Chiapas para llegar desde San Cristóbal de las Casas hasta Palenque. Allí, se sube a una destartalada combi Wolkswagen y se dirige hacia el sureste por la estatal 307, la carretera que, entre retazos de junglas y malezas desmochadas a golpe de machete, corre paralela al sagrado Usumacinta, el río que serpentea encajado entre la Sierra Norte de Chiapas por la izquierda y la Sierra del Lacandón, ya en Guatemala, por su margen derecha. La carretera, en la que parece que los topógrafos tuvieron el acierto de evitar las curvas, une Palenque con La Trinitaria, un punto perdido en el mapa que sirvió de justificante para trazar un viejo camino decimonónico que tuvo el objetivo militar de custodiar la frontera.
Dos horas y media después de ver amanecer en Palenque y tras recorrer casi doscientos kilómetros, el viajero recompone la posición de sus ajetreadas vísceras desayunando chilaquiles en las orillas del Usumacinta en Frontera Corozal, un pueblo con calles trazadas a escuadra cuyos habitantes son en su mayoría indígenas choles. Los escasos turistas que llegan hasta allí se dirigen a las barcazas por las que remontan el río hasta la zona arqueológica de Yaxchilán, otra de las ciudades mayas que duermen el sueño eterno del olvido sepultadas por la selva. Pocos visitantes, muy pocos – apenas una docena al año, me dicen en el Centro Ecoturístico Nueva Alianza-, quieren alejarse del río para internarse en la Reserva de la Biósfera de Montes Azules. Sea cual sea su destino, unos y otros necesitan los servicios de un guía chol.
Por un puñado de pesos que no puede recordar a estas alturas, el viajero contrata a Tomás Mejía, un chol que conoce bien la trocha que conduce al humedal donde habita la enigmática flor de Chiapas. Para llegar hasta allí, guía y viajero tienen que recorrer media docena de kilómetros en el corazón de Montes Azules. Situada en el corazón de la Selva Lacandona, la Reserva está dividida en dos zonas: la primera es la zona noroeste, compuesta por una región montañosa cárstica que incluye barrancos y valles separados por sierras de altitud media, así como una meseta con lagos calcáreos. La segunda zona está compuesta por tierras bajas (80 a 200 metros sobre el nivel del mar), de relieve suave y parcialmente inundables por las aguas del río Lacantún y de su tributarios.
Hace cinco millones de años, todo este territorio era un lago que hoy se reduce a un complejo lagunar en el que destaca la laguna Lacanjá, en cuya vecindad se encuentra la trocha por la que camina el viajero. Por aquel entonces, la vegetación en estas zonas bajas era similar a la que ahora cubre las alturas medias de la Reserva: un bosque tropical perennifolio favorecido por las temperaturas más frescas, las lluvias orográficas y las nieblas constantes. En las tierras bajas por las que culebrea la trocha, la ausencia de nieblas, la caída de las precipitaciones y la mayor evapotranspiración causada por una temperatura más elevada que en la media montaña, provocan que algunos árboles pierdan la hoja y el bosque adopte una apariencia estacional en la que se mezclan los perennifolios de hojas lustrosas y los caducifolios por sequía. Es el bosque tropical subperennifolio que tiene su límite septentrional en México para descender en latitud hasta alcanzar la cuenca amazónica brasileña.
El viajero, con Tomás Mejía a su vera y otra guía, esta de papel, en la mano, es capaz de identificar los tres árboles dominantes que ya había visto en el Caribe colombiano. Aquí, en Montes Azules, el bosque subperennifolio es una selva inundable de guanandí (Calophyllum brasiliense) con tepesuchil (Terminalia amazonia) y palma de escoba (Cryosophila stauracantha). El bosque está muy castigado por la mano del hombre. Sus reservas de madera de caoba (Swietenia macrophylla) y cedro (Cedrela odorata) fueron explotadas por aserraderos extranjeros desde la mitad del siglo XIX hasta la década de 1940. Los aserraderos, muchos de los cuales se han transformado en poblados choles, se colocaban a lo largo de la parte media del Usumacinta para que los árboles talados fueran transportados por la corriente del río hasta los barcos anclados en la costa tabasqueña del Golfo. Después, la devastación de la selva ha sido descomunal debido principalmente a la inmigración de pobladores de otras regiones con el aumento del cambio de uso suelo para actividades de agricultura, ganadería y explotación maderera.
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Sin titubear entre el laberinto de acahuales, huertos, lagunazos, maizales y potreros, Mejía conduce al viajero hasta un claro de unas dos hectáreas protegido por una rudimentaria alambrada. La atraviesan y penetran en un lagunazo cárstico. El viajero sabe lo que busca y camina atento al suelo. Mejías no necesita escudriñar: sabe dónde se encuentran todos y cada uno de los ejemplares de la joya botánica que descubrió el biólogo de la UNAM Esteban Martínez Salas: Lacandonia schismatica. En latín “schisma” significa “cisma” un epíteto muy conveniente habida cuenta de que su estructura floral es la excepción que confirma la regla en el variopinto mundo de las plantas con flores o Angiospermas, en el que milita un cuarto de millón de especies.
En 1985, mientras trabajaba como colector del proyecto Flora Mesoamericana en una campaña en la zona lacandona, Martínez Salas encontró una planta que por sus características (tipo de flores, falta de hojas y de clorofila, hábito), era difícil de determinar. En septiembre de ese año un colega le sugirió que podría tratarse de un miembro de la familia Triuridaceae, en particular del género Sciaphila, que agrupa unas ochenta especies. La planta presentaba características comunes a esta familia como el gineceo apocárpico, óvulos anátropos, polen inaperturado, flores trímeras, tépalos con apéndices y endomicorrizas. De esta familia, de la que se sabe muy poco, no se conocía hasta entonces ninguna especie mexicana.
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En febrero de 1987, Esteban y la bióloga Clara H. Ramos, de la Facultad de Ciencias de la UNAM, decidieron proponer la nueva especie y la sometieron para su publicación a los Annals of the Missouri Botanical Gardens, la prestigiosa revista de taxonomía vegetal que publica el Missouri Botanical Garden. Tras no pocas vicisitudes motivadas por el celo de los revisores científicos, la nueva especie, a esa alturas convertida ya en una propuesta de nuevo género único representante de una nueva familia (Lacandoniaceae), apareció publicada en 1989 en el volumen 76 de los Annals. Para hacernos una idea de la importancia de proponer una nueva familia de plantas con flores, baste decir que cuando se publicó Lacandionaceae habían pasado más de cuarenta años desde que I. W. Bailey y A.C. Smith hubieran descrito Degeneriaceae, la última familia propuesta hasta ese momento durante el siglo pasado.
¿Qué tiene de particular esta planta? Empecemos por su porte. Lacandonia es una hierba muy pequeña (como mucho alcanza 10 cm de talla) que en su hábitat pasa desapercibida al ojo no entrenado. Carece totalmente de clorofila por lo que su color es blanquecino y transparente. Es micorricica, lo que significa que, a diferencia de la inmensa mayoría de las plantas con flores, se alimenta con la ayuda de un hongo mediante la descomposición de materia orgánica, como hacen muchas bacterias y hongos. Sus finas raíces filamentosas están asociadas a hongos para facilitar la asimilación de nutrientes. Carece de hojas verdaderas. Su tallo es filamentoso y delgado (unos 0,5 mm de diámetro). Sus flores son diminutas, crecen en una rama en forma de zigzag de unos cuantos cm de largo. Esta inflorescencia puede contener hasta trece flores distribuidas en espiral.
Cada flor es una diminuta estrella casi perfecta de cuatro milímetros. Carece de cáliz y corola diferenciados, por lo que su envuelta floral tiene seis piezas indiferenciadas o tépalos transparentes. Para reproducirse, la diminuta flor se basta por si sola porque posee los dos sexos, es decir, es hermafrodita. Y ahora llega la maravillosa excepción que distingue a Lacandonia. Su flor rompe completamente con el patrón general de las plantas con flor. Este patrón consiste en órganos del perianto estériles (sépalos y pétalos o tépalos) rodeando a los órganos reproductivos masculinos y estos a su vez rodeando los órganos femeninos, los ovarios, situados en el centro de la flor.
En Lacandonia ocurre un cambio de posición entre los órganos masculinos y los femeninos. Hacia el interior de la flor, en el centro, se encuentran de 60 a 80 carpelos (los órganos femeninos) papilosos, cada uno de los cuales posee un solo primordio seminal. Los órganos masculinos son tres estambres que crecen en el centro de la flor. Los estambres se adhieren al disco por filamentos muy cortos. Las anteras tienen dos lóculos y se abren por líneas longitudinales hacia el centro de la flor.
Observando el diferente grado de madurez de las flores (las más maduras en la base de la inflorescencia, las más jóvenes en su ápice), el viajero, cuentahílos en mano, es capaz de observar proceso de formación de la flor. Primero se desarrollan los tépalos que, antes de desplegarse en forma de estrella, actúan como protectores de los meristemos interiores que rellenan el centro de la flor. El meristemo central comienza a formar lóbulos. El lóbulo central es el primordio del que se originan las anteras sésiles en el centro de la flor. Los lóbulos que lo rodean son más pequeños y formarán los carpelos.
Viene ahora otro proceso muy raro entre las angiospermas, la llamada cleistogamia preántesis (la fecundación se produce cuando la flor aún no ha abierto). Las anteras no se abren, no hay dehiscencia y los granos de polen germinan en el saco polínico. Producen un tubo que crece hasta alcanzar a los primordios seminales para que los gametos masculinos lleguen hasta los óvulos, situados en el interior de los primordios, para fecundarlos. Este tipo de autofecundación interna ocurre en tan solo 56 de las 415 familias que, según el Sistema de clasificación APG III, forman parte de las angiospermas. Los frutos son aquenios ovoides que no alcanzan el milímetro de longitud. Son papilosos, con estilo persistente y ligeramente esponjosos. La semilla mide 0,5 mm de largo por 0,25 mm de ancho y es pardo-oscura. Germina perfectamente en el campo, pero no se ha conseguido cultivar en laboratorio debido a que aún no se ha conseguido aislar el hongo que la micorriza.
Está claro que en Lacandonia ocurre un cambio de posición entre los órganos masculinos y los femeninos. Este fenómeno es conocido como homeosis, un proceso de desarrollo mediante el cual los atributos de una estructura orgánica se transfieren a la posición ocupada por una estructura diferente.
La homeosis es un proceso tan esencial en Biología del Desarrollo que merece un tratamiento aparte. Para no dejarles con la mosca detrás de la oreja, en la próxima entrada me ocuparé de eso, de una mosca.

Bibliografía utilizada
Ambrose, B.A., S. Espinosa-Matías, S. Vázquez-Santana, F. Vergara-Silva, E. Martínez, J. Márquez-Guzmán y E. R. Álvarez-Buylla. 2006. Comparative developmental series of the Mexican triurids support a euanthial interpretartion for the unusual reproductive axes of Lacandonia schismatica (Triuridaceae). American Journal of Botany 93(1): 15-35.
Martínez, E. y C. Hilda R., 1989. Lacandoniaceae (Triuridales): Una nueva familia de México. Annals of the Missouri Botanical Garden 76(1): 128-135.
Márquez-Guzman, J. S. Vázquez-Santana, E. M, Engleman, A. Martínez-Mena y E. Martínez. 1993. Pollen development and fertilization in Lacandonia schismatica (Lacandoniaceae). Annals of the Missouri Botanical Garden 80(4): 891-897.


domingo, 22 de enero de 2017

Llega Trump: ¡Ojo, que viene el lobo!

A principios de enero, el entonces presidente Barack Obama emitió una orden ejecutiva que exigía que el Departamento Federal de Vivienda (FHA, Federal Housing Administration) redujera las primas de seguros de hipotecas que otorga la FHA, un cambio que significaba que los hipotecados con ingresos más bajos pudieran ahorrar hasta 900 dólares al año. En su primera orden administrativa como presidente, Donald Trump suspendió esa orden, que debía entrar en vigor el 27 de enero. En la práctica, esto significa que los propietarios de bajos ingresos (muchos de los cuales votaron a Trump) continuarán pagando primas de seguro más altas en sus hipotecas aseguradas por la FHA.

Los préstamos de la FHA permiten a los compradores de vivienda, sobre todo a aquellos con ingresos más bajos, obtener hipotecas aseguradas por el Gobierno federal que, de no estarlo, les serían denegadas por los bancos. Los prestatarios tienen que pagar el seguro hipotecario FHA, para proteger al prestamista hipotecario de las pérdidas si la persona que se hipoteca incumple los pagos. Cuando anunció su orden ejecutiva, Obama dijo que la disminución de las primas del seguro ayudaría a estabilizar el mercado de la vivienda y estimularía el crecimiento en los mercados inmobiliarios que todavía se están recuperando de la crisis financiera.

En su audiencia de confirmación la semana pasada, Ben Carson, candidato de Trump para dirigir el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, el organismo de rango ministerial que controla a la FHA, dijo que estaba preocupado por la orden de última hora dictada por Obama. «Yo también me sorprendí al ver algo de esa naturaleza hecho en el camino de salida», dijo Carson a los miembros del Comité Senatorial de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos. «Si se confirma, voy a trabajar con el administrador de la FHA y otros expertos financieros para revisar esa medida». 

Las órdenes ejecutivas presidenciales no requieren ser aprobadas por el Congreso. Trump ha prometido que eliminaría todas las acciones ejecutivas de Obama durante sus primeros días en el cargo. Este ha sido su primer paso en el cumplimiento de esa promesa. En este caso, no ha habido trecho entre el dicho y el hecho.

Pero si esa ha sido su primera firma administrativa como presidente, sus esbirros le ganaron por la mano adoptando medidas de gran trascendencia como anuncios agoreros de lo que se nos viene encima. El sitio web de la Casa Blanca (https://www.whitehouse.gov/) eliminó todas las menciones con referencia al cambio climático y a la comunidad LGBT que se habían producido durante el mandato de Barack Obama.

A las 11:59, la página oficial de la Casa Blanca tenía información sobre el cambio climático y los pasos que el Gobierno federal había tomado para luchar contra él, así como las políticas y derechos referentes a la comunidad LGBT. A mediodía, en el mismo instante en que Donald Trump tomó posesión, la página cambió y se eliminaron todas las menciones sobre ambos asuntos. Los cambios en la página web de la Casa Blanca son habituales, puesto que se modifican con respecto a las medidas que cada mandatario elija tomar. 

Cumpliendo las peores previsiones, las primeras palabras de Donald Trump en su discurso inaugural (pulse en este enlace para verlo en directo) estuvieron impregnadas de populismo, nacionalismo y agresividad. Si un discurso de toma de posesión sirve para vislumbrar cómo pueden ser los próximos cuatro años, de la alocución de Trump se desprende que el mundo debe prepararse para atravesar tiempos difíciles llenos de turbulencias y actitudes hostiles e imprevisibles.

Siguiendo la escaleta básica de un discurso populista, Trump ha subrayado repetidamente la división entre la “gente” y quienes considera sus enemigos, ya sean estos la clase política de Washington, la economía internacional o las naciones amigas en cuya defensa ha colaborado Estados Unidos. Una vez más se ha prodigado en sus ataques a la “casta” y apelado a la solidaridad entre los ciudadanos más patriotas y humildes, pasando por alto que su trayectoria empresarial y declaraciones de impuestos revelarían, si accediera a publicarlas, cuán cínicas y falsas son sus promesas.

Resulta revelador que en su discurso inaugural Trump no citara absolutamente a nadie relevante en la historia del país al que tanto dice amar. No encontró a ningún presidente, intelectual, político o filósofo del que tomar una cita o una idea. Del principio al fin ha sido Trump y solo Trump. Ha dibujado un país devastado y empobrecido que se contradice en la realidad con el legado de su predecesor, a quien le tocó asumir la presidencia en medio de la crisis económica más grave desde los tiempos de la Gran Depresión y que dejó la Presidencia con 12 millones de puestos de trabajo creados.

La visión del mundo que ofreció en su discurso el nuevo presidente fue también desoladora. Una comunidad internacional que empobrece a los estadounidenses y a la que acusó de arrancar la riqueza de los hogares de la clase media para repartirla por el mundo. En medio de las amenazas no podía faltar la fanfarronería habitual contra el terrorismo islámico, que prometió erradicar militarmente, en solitario y sin ayuda de nadie. En definitiva, una renuncia completa de Estados Unidos a su trayectoria y responsabilidades para pasarse al aislacionismo, al unilateralismo y al proteccionismo.

Tras protagonizar la transición más tumultuosa desde los tiempos de Andrew Jackson, el ya presidente demostró ayer no estar a la altura de la magistratura que aceptó desempeñar ni de la Constitución que prometió defender. Su discurso fue, otra vez, de campaña electoral, lleno de frases fáciles y vacías, clichés y tópicos que, en lugar de disipar los peores temores, los confirman.

Ya sabemos que Trump es incapaz de hablar como un presidente y se duda de que vaya a actuar como tal. Toca ahora, dentro y fuera de Estados Unidos, estar vigilantes. Igual que Obama anunció en su despedida que intervendría si Trump se extralimitaba y dañaba derechos o libertades básicos de los estadounidenses, los demás países también deberán fijar con toda claridad cuáles son las líneas rojas que no piensan dejar sobrepasar a Trump. En materias como el cambio climático, nos va la vida en ello.

lunes, 16 de enero de 2017

España va bien: los pobres más pobres y los ricos se escaquean

OXFAM Intermón acaba de publicar su último informe sobre la desigualdad. Ámbito internacional: la economía mundial está al servicio de un 1 % que acumula más riqueza que el 99% restante. La crisis de desigualdad extrema está alcanzando cotas insoportables. Si hubiera que destacar dos titulares aplicados al caso español, estos serían “La desigualdad sigue aumentando a pesar del crecimiento de la economía” y “Casi la mitad de las personas paradas en España está en riesgo de pobreza”. 

Según el informe, España, como Jano, es bifronte: por un lado, el PIB crece desde 2014, pero la desigualdad aumenta y la situación de las personas más vulnerables empeora, hasta el punto de que España es el segundo país de la UE donde más ha crecido la desigualdad desde que estalló la crisis. “Este continuo aumento de la desigualdad se debe a una concentración de la riqueza en menos manos, a la vez que se produce un deterioro de la situación de las personas más vulnerables", dice el informe, que ofrece algunos datos que sostienen esta afirmación. 

Entre 2008 y 2014, los salarios más bajos cayeron un 28%, mientras que lo más altos apenas se redujeron. En 2015, la remuneración del ejecutivo con el salario más elevado era 96 veces superior a la del sueldo medio de las empresas del Ibex. En 2015, el 30% de la población más pobre perdió el 33,4% de su riqueza, mientras que la fortuna de las tres personas más ricas creció un 3%. Es más, la fortuna de esas tres personas equivale a la riqueza del 30% de la población más pobre, es decir, de 14,2 millones de personas.

Los datos tanto del Instituto Nacional de Estadística como de la OCDE muestran que durante la crisis han sido los niveles de renta más bajos los que más ingresos han perdido. En 2013, el 10% de población más pobre concentraba el 1,9% de renta nacional, un porcentaje que dos años después había caído hasta el 1,7%. 

"La crisis no ha afectado a todos por igual, ni la reciente recuperación está generando las mismas oportunidades. Las desigualdades se ahondan y retratan un país que avanza a dos velocidades, conformando una sociedad más polarizada", señala Oxfam. El índice Gini, el indicador que mide la desigualdad, ha aumentado en 0,9 puntos desde 2014. El informe subraya que otros países con niveles similares de crecimiento económico en los últimos años sí han conseguido reducir más la desigualdad. 

La oficina del recaudador de impuestos,
de Pieter Brueghel el Joven (1640).
El aumento de las diferencias se debe, dice la organización, al modelo económico, incapaz de crear empleo de calidad y salarios dignos, y a algunas políticas. Oxfam critica que las empresas recuperen beneficios, mientras los salarios se estancan y pierden poder adquisitivo. Apunta también a la política tributaria, que apenas frena "la acumulación de la riqueza" y es incapaz de alcanzar unos niveles de recaudación que sostengan los servicios públicos. Las políticas sociales, dice la organización, no han sido capaces de acabar con la pobreza estructural, tampoco en época de bonanza.

"Como señala la OCDE, las políticas de protección social en España (desempleo, pensiones, beneficios sociales) están mal enfocadas y muestran un perfil poco progresivo, beneficiando en mucha mayor medida a los hogares de mayor renta. El margen de mejora para incrementar su capacidad redistributiva es elevado, con una focalización adecuada", asegura el informe, que recuerda que durante la crisis las partidas presupuestarias de educación y sanidad se recortaron.

Entre otras cosas, Oxfam propone la aprobación de una ley contra la evasión fiscal, propone apostar por impuestos a las grandes fortunas. Buena falta hace. El entramado mundial de paraísos fiscales agrava esta desigualdad, al permitir que una minoría privilegiada de grandes empresas y grandes fortunas muevan fácilmente su dinero para no pagar los impuestos que les corresponden.

Los impuestos que no se pagan por la fuga de dinero hacia paraísos fiscales suponen menos recursos públicos para políticas sociales como la sanidad, la educación, la protección social y la cooperación. En una reciente columna publicada por Jesús Mota en ELPAÍS, venía a recordarnos que la calidad democrática de un país empieza por su estructura fiscal y puede medirse por la capacidad redistributiva de sus impuestos directos. Si aplicamos estos principios sencillos a nuestra fiscalidad, apreciamos que algo falla. 

Las estadísticas fiscales desmienten el mito de la recuperación económica. Los ingresos públicos todavía no han alcanzado las cantidades registradas al inicio de la crisis. En 2007 la Agencia Tributaria recaudó 200.676 millones en total; pues bien, en 2015 la recaudación fue de 182.009 millones. Algunos hundimientos son estrepitosos, como el de sociedades (de 44.823 millones recaudados en 2007 se ha desplomado hasta los 20.649 millones en 2015). Este es el diagnóstico general de los ingresos públicos. Pasemos ahora a ver el panorama de los impuestos.

Veamos el impuesto más importante y progresivo, el IRPF, del que me ocupé en una entrada anterior (Soy rico o bienvenido al club de los pringaos), para observar el reparto de la carga tributaria en España y apreciar cómo se escaquean los más ricos. Con estadísticas de la Agencia Tributaria del año 2014, resulta que en ese año fiscal solo 5.394 personas declararon rentas superiores a 601.000 euros anuales. ¿Podemos comulgar con la rueda de molino de que en España solo 5.394 personas ganan más de 600.000 euros al año? 

En 2007 había en España 10.580 personas que ganaban más de 601.000 euros, lo que quiere decir entre 2007 y 2014 se han perdido más de cinco mil declarantes del tramo más alto. Como escribía Mota: “Una de dos, o la crisis ha castigado salvajemente a los ingresos más elevados o la gestión de la Agencia Tributaria deja mucho que desear si permite una fuga tan notable en el IRPF. La primera opción es una broma; la segunda, una tragedia”. 

Conclusión: el IRPF es fácil de burlar en los tramos de rentas altas. Por ejemplo, en 2007 aparecían 96.477 declarantes con ingresos entre 150.000 y 601.000 euros; en 2014 solo aparecen 63.122. Los estratos más altos de renta simplemente se han esfumado; han dejado de contribuir proporcionalmente al esfuerzo fiscal del país. Si tributan, lo hacen eludiendo la imposición progresiva del IRPF. Si uno no quiere pensar mal, al menos este es un problema de mala gestión política. 

La hacienda pública (y hacienda somos todos, nos dicen) ha perdido dinero a espuertas durante la crisis y todavía no se ha recuperado. Si se suman las caídas anuales de recaudación en los siete últimos ejercicios fiscales, la pérdida acumulada suma 272.000 millones. Así que las preguntas son obligadas: con una estructura de declaración en la que las rentas más altas están en fuga y con una recaudación tan dañada, ¿es factible sostener el funcionamiento de un Estado que garantice un mínimo de protección social a sus ciudadanos? ¿O son imperativamente necesarias una reforma fiscal y una ofensiva total contra el fraude?

El fraude fiscal empobrece tanto a la sociedad que los gobiernos no pueden seguir haciendo la vista gorda. Pero no lo harán por iniciativa propia. Debemos presionar para que suceda. Es necesario un consenso internacional. Los líderes mundiales tienen que poner fin al gran agujero negro de las finanzas globales y a la falta de transparencia fiscal. Para el Gobierno y el Parlamento español, esta debe ser también una prioridad. 

jueves, 12 de enero de 2017

Sequoiadendron giganteum: muerte de un gigante con pies de barro

El Pioneer Cabin Tree en la primavera de 2011 
Cante lo que cante Albert Hammond, a veces llueve –y mucho- en California. Quienes estaban allí la pasada noche de Reyes tuvieron ocasión de comprobarlo. Los servicios públicos estaban avisados de la llegada ese domingo de la más poderosa de una serie de tormentas invernales que azotó el norte de California y Nevada, provocó lluvias y vientos huracanados, causó inundaciones generalizadas y provocó deslizamientos de tierra en las faldas de Sierra Nevada. Decenas de miles de casas quedaron sin electricidad. Cientos de automovilistas varados fueron rescatados de los crecidos arroyos. Según Associated Press, esta tormenta, la mayor de la última década, puso punto y final a una sequía que asolaba California desde hacía seis años.

La Cabaña del Pionero el 9 de enero de 2017
tras ser derribado por las fuertes tormentas en California.
Fuente
Entre las víctimas de la tormenta se cuenta un árbol icónico de Sierra Nevada, un enorme sequoya o árbol mamut (Sequoiadendron giganteum) en cuya base se había excavado un túnel por el que podía transitar holgadamente un automóvil familiar. El árbol, conocido como la «Cabaña del pionero» (Pioneer Cabin Tree), era una de las grandes atracciones turísticas del Calaveras Big Trees State Park, la joya botánica de un condado que hizo famoso Mark Twain en uno de sus cuentos más divertidos «La célebre rana saltarina del condado de Las Calaveras».

Estos son los diez ejemplares vivos más grandes de S. giganteum. Fuente: United States National Park Service

Aunque es superado en talla por su pariente, el sequoya costero (Sequoia sempervirens) o por algunos eucaliptos australianos, el secuoya gigante es el organismo vegetal más voluminoso del mundo. Crecen a una altura media de entre 50 a 85 m y de 5 a 7 m de diámetro. Se tienen referencias de árboles que han existido de 94 m de altura y más de 11 m de diámetro. En la tabla adjunta les he resumido los datos biométricos de los ejemplares vivos de mayor tamaño. Como se preguntarán por su edad, el ejemplar más viejo conocido llegó a la venerable edad de 3.200 años, según demostró el recuento de sus anillos de crecimiento.


Base del tronco del General Sherman en 2006.
© LuisMonje.com 
Como muestra, tomemos el botón del considerado como el árbol más grande del mundo. Se encuentra en Giant Forest, en el Parque Nacional de las Secuoyas (pulse aquí para visualizarlo en 3D y ver más fotos y localizar su ubicación). El General Sherman es el ser vivo con más biomasa de todo el planeta. Además de los datos biométricos que les he puesto en la tabla, el tronco es tan robusto que solo su corteza, que defiende al árbol de los fuegos forestales que aniquilan a sus competidores, tiene más de un metro de grosor. Su peso total se calcula en alrededor de 2.000 toneladas, lo que equivaldría al peso de unos 400 elefantes africanos adultos. Durante un tiempo se creyó que el General Sherman podría llegar a tener una edad de más de 3.000 años, sin embargo, recientes estudios han confirmado que ronda los 2.000 años de antigüedad. Téngase en cuenta que la ballena azul, el animal más grande que jamás haya poblado la Tierra, mide unos 30 metros y puede pesar “tan solo” 180 toneladas. Y de longevidad ni hablemos; recientemente hemos sabido que el vertebrado más longevo sobre la faz de la Tierra, el tiburón de Groenlandia, ronda los 300 años.

La primera referencia a lo sequoias gigantes hecha por los europeos es de 1833, en el diario del explorador J. K. Leonard; a pesar de que Leonard no menciona ninguna localidad, se sabe que Leonard cruzó Sierra Nevada por el condado de Calaveras. Este descubrimiento no trascendió. El siguiente europeo en ver la especie fue John M. Wooster, que en 1850 talló sus iniciales en la corteza del árbol "Hércules", también en Calaveras; tampoco este hallazgo se publicó.

En la primavera de 1852 tuvo lugar la primera observación ampliamente documentada de los gigantes. Un cazador que perseguía a un oso entró en el bosque ahora conocido como “North Grove” en el Calaveras Big Trees State Park. Como me ocurre a mí cada vez que visito esos bosques, el cazador, Augustus T. Dowd [1], no podía creer lo que veía. Altos, rectos y solemnes, aquellos gigantes parecen pertenecer a otro mundo. Son unas columnas majestuosas de corteza rojiza con estrías verticales y sin ramas bajas; los árboles de más edad se extienden hacia el cielo y parecen aún más viejos de lo que son. Cuando uno levanta la mirada hacia las copas, siente que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. Dowd no había visto nunca ningún árbol similar. Gritó ante lo que veía y corrió entusiasmado de una sequoya a otra.

Una vez que llegó al campo minero cercano, creyeron que se había pasado con el bourbon. Comprobada su existencia, los árboles ganaron popularidad instantánea y se hicieron bien conocidos por el público en general. Se construyeron caminos y muchos de los madereros se pusieron manos a una obra que casi acaba con los gigantes.

Dibujos de la época que muestran el apeo del Discovery tree. Fuente

En los años siguientes, se descubrieron bosques cada más grandes , aunque hay que decir que estos bosques eran viejos conocidos de las tribus indias locales. Llamaban al árbol Wawona, una onomatopeya que imita el sonido del búho moteado del norte, que los indios de Yosemite creían que era el guardián del bosque. La vieja sequoya que fue vista por Augustus T. Dowd, fue nombrada «The Discovery Tree». Después de soportar tormentas e incendios forestales durante trece siglos, un año después de ser “descubierto”, los leñadores lo derribaron. Se necesitaron cinco hombres y 22 días (dibujo a la izquierda) para apearlo. Después de contar los anillos el viejo gigante confesó su edad: 1.300 años. El resto del muñón se utilizó como pista de baile (dibujo a la derecha). En este enlace pueden ver una fotografía del estado actual del tocón.

Theodore Roosevelt y John Muir (d)
en Glacier View, Yosemite (1906). Fuente
.
Con la conquista del Oeste, comenzó el declive de los sequoyas, que comenzaron a caer a centenares para aprovechar la madera. Años después de que el Gobierno Federal comenzara a vender las tierras a los colonos a precio de saldo [2], John Muir se lamentó de la estupidez gubernamental. En American Forests (1897) escribió: 

No puede decirse que el Tío Sam sea tonto en asuntos comerciales, pero ha vendido millones de acres de tierra de madera a dos dólares y medio el acre cuando un solo árbol de los que crecían en él vale más de cien. Pero esta tierra única ha sido legalizada, y ahora no se puede hacer nada sobre esa estúpida negociación ... un negocio malo y sucio desde el principio hasta el final.

[…] Cualquier tonto puede destruir árboles. No pueden huir; y si pudieran, seguirían siendo destruidos, perseguidos y cazados mientras se pueda obtener diversión o un dólar de su corteza, de sus ramas o de sus troncos, que son como magníficas espinas dorsales ... A través de todos los maravillosos y agitados siglos, desde el tiempo de Cristo -y mucho antes- Dios ha cuidado de estos árboles, los ha salvado de la sequía, las enfermedades, las avalanchas, las inundaciones y de miles de tormentas arrasadoras; pero no puede salvarlos de los tontos: sólo el tío Sam puede hacerlo.

Muir dedicaría una enorme campaña para salvar los bosques de California de la destrucción. Logró convencer al presidente Theodore Roosevelt para que en se creara Yosemite National Park y con ello la salvación de los árboles gigantes. Pero esa es otra historia. 



[1] Los amigos de visitar cementerios, entre los que me cuento, pueden encontrar la tumba de Dowd, en el Madronia Cemetery, en Saratoga, condado de Santa Clara, California. En la parcela 28-11 del patio sureste del camposanto, una lápida cubierta de musgo lleva una inscripción que recuerda al considerado (sin permiso de los nativos) primer descubridor de los árboles gigantes: «Effective Discoverer of the Calaveras Big Trees».

[2] Con la Ley de Propiedad de Tierra de 1862 que otorgaba a quienes se dirigían hacia el oeste 65 hectáreas por un precio irrisorio, se pusieron millones de kilómetros cuadrados de tierra en manos privadas, para que las “mejoraran” con el hacha y el arado. En el momento en que el Homo sapiens europea llegó a América, la destrucción emigró del este al oeste.








miércoles, 11 de enero de 2017

Physalis infinemundi, el farolillo del fin del mundo

El faro del fin del mundo es una novela del escritor francés Julio Verne. Debido a la forma de sus cálices, las especies del género Physalis son conocidas en el mundo anglosajón como “lanterns” (farolillos), de modo que una planta fósil cuyos descubridores denominaron Physalis infinemundi es el “farolillo del fin del mundo”.

Physalis es un género de plantas nativo de las regiones templadas, cálidas y subtropicales de todo el mundo. El género (una de cuyas especies encabeza esta entrada)  se caracteriza por su fruto anaranjado, amarillento y pequeño, similar en tamaño, forma y estructura a un tomate cherry, pero envuelto en parte o completamente por un inconfundible miriñaque papiráceo que deriva del cáliz. 

Aunque poco conocido en España donde se ha asilvestrado sobre todo en la fachada cantábrica, una de las principales características del fruto son sus excelentes cualidades nutricionales, especialmente sus propiedades de reducción del colesterol malo, su alto contenido de fibra, vitaminas A y C, caroteno y su bajo nivel de calorías. Rico en minerales, especialmente calcio, hierro y fósforo, contiene niveles importantes de proteínas. Fortalece el sistema inmunitario y la visión, además de funcionar como antioxidante. Es además una buena fuente de pectina. Todas esas cualidades hacen que las especies del género, en particular el alquequenje (P. alkekengi) sea muy apreciado en toda Sudamérica, donde se cultiva al menos desde tiempos de los incas.

Tan miríficas propiedades no resultan extrañas en una planta perteneciente a las solanáceas, una familia de plantas con flores o angiospermas que comprende aproximadamente un centenar de géneros y algo menos de tres mil especies, entre las que se incluyen plantas alimenticias tan importantes como la patata (Solanum tuberosum), el tomate (Solanum lycopersicum), la berenjena (Solanum melongena) y los ajíes o pimientos (Capsicum annuum), por no citar al tabaco (Nicotiana tabacum).

Como la familia está especialmente diversificada en Sudamérica, se piensa que allí estuvo su centro de origen, en concreto en la porción meridional o patagónica de Gondwana. En el Pérmico (hace más de 250 millones de años) todas las masas continentales estaban reunidas en un único supercontinente, al que llamamos Pangea. 

Hace unos 200 millones de años, Pangea se partió en dos supercontinentes: Laurasia, al norte y Gondwana, al sur. Los separaba entonces el océano Tetis, que se extendía desde el sur de Asia, por la actual cuenca del Mediterráneo, hasta lo que hoy es América, separada en dos por sus aguas, pues Norteamérica estaba unida a Europa y Sudamérica a África.

En una entrada anterior, en la que me ocupé del descubrimiento de una flor fósil, comentaba que el registro fósil de las angiospermas es fundamentalmente incompleto, lo que llevó a que Darwin considerara que la historia evolutiva de las angiospermas era un rompecabezas que el naturalista no dudaba en calificar de “abominable misterio". 

Las solanáceas no son una excepción: su registro fósil carece en absoluto de hojas, flores o frutos fosilizados, de manera que la filogenia de la familia descansa en especulaciones basadas en datos moleculares, en la comparación entre especies actuales y en la datación de algunos fósiles de semillas y leños, que cabrían sobradamente en una caja de cerillas. Dependiendo de unos u otros estudios paleobotánicos, el origen de la familia se situaba hasta ahora hace entre 30 y 51 millones de años, lo que quiere decir que antes de esa última datación se supone que las solanáceas no se habían desgajado de sus directas antecesoras, las convolvuláceas.

Los dos fósiles conservan el cáliz inflado típico de Physalis.
Autor: Ignacio Escapa. Museo Paleontológico Egidio Feruglio.
De aquella rama surgiría el género Physalis, cuya antigüedad se creía que databa de hace 10 millones de años. El impresionante hallazgo de un fruto completo del género ha arrojado luz sobre el oscuro pasado de los farolillos. 

El número 355 de la revista Science publicó un artículo en el que un equipo de investigación formado por científicos estadounidenses y argentinos exponía el descubrimiento de los fósiles más antiguos conocidos de Physalis y, por tanto, de las solanáceas, un hallazgo que obliga reconsiderar en profundidad la filogenia de la familia.

El hallazgo se produjo en el yacimiento de la Laguna del Hunco, en la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina, que una vez fue el extremo meridional de Gondwana. Para averiguar la edad de estos frutos, los autores del estudio recurrieron a datar la edad de las rocas de una caldera volcánica donde quedaron fosilizados cuando el clima era mucho más húmedo y cálido que en la actualidad, y la hoy desolada región estaba cubierta por un frondoso bosque de lluvias. 

Usando un sistema de datación geológica que se apoya en la desintegración radiactiva del argón, estimaron que los fósiles de Physalis tienen una antigüedad de 52,22 millones de años, lo que los coloca a principios del Eoceno, cuando Gondwana se estaba resquebrajando y América del Sur se separaba de la Antártida, de África, de India y de Australia.


Entre estos dos frutos desecados de la actual Physalis angustifolia y los fosilizados de la imagen anterior han pasado 52 millones de años. Autor: Peter Wilf. Penn State University.
Gracias a este hallazgo, la antigüedad de Physalis ha aumentado en más de cuarenta millones de años. La datación obliga a reescribir la historia evolutiva de las plantas. Y es que los frutos del farolillo del fin del mundo retrasan la divergencia entre las plantas muchos millones de años atrás, lo que obliga a modificar el árbol filogenético de las angiospermas, las plantas más evolucionadas.