Vistas de página en total

sábado, 9 de marzo de 2019

Dos magnolias de Alcalá


Magnolia x soulangeana

En la alcalaína plaza del Padre Lecanda tiene lugar estos días un bonito espectáculo floral: dos magnolios están abriendo sus hermosas flores justo antes de que lo hagan las hojas. Hace 25 años pedí que las plantaran junto al oratorio de San Felipe Neri. Como cada semana por estas fechas, me paso por allí para contemplar cómo poco a poco los pequeños botones florales verdosos se transforman en una espectacular floración.
La magnífica flor tiene un diámetro de casi 10 centímetros y unos colores rosáceos muy atractivos. Es una flor de Magnolia x soulangeana, un híbrido obtenido en 1820 por cruce entre dos magnolias silvestres que lleva el nombre del caballero francés que, con mucha paciencia y no poca habilidad, logró la hibridación: Étienne Soulange. 

También era francés un famoso botánico de Montpellier, Pierre Magnol, al que el gran naturalista sueco Linneo dedicó el nombre científico de un género, Magnolia, que llevan más de un centenar de especies de árboles y arbustos por lo general tropicales, aunque no deja de ser curioso que las dos primeras especies identificadas fueran norteamericanas. La primera fue M. virginiana, encontrada en las faldas cálidas de los Apalaches por unos misioneros enviados a Norteamérica en la década de 1680. También allí se encontró M. grandiflora, pero ya en el siglo XVIII.
Magnolia grandiflora, plantada en la mediana de la avenida de Madrid.

Al menos desde que yo fui alcalde, en las calles y plazas de Alcalá me consta la presencia de dos magnolios: M. grandiflora y M. x soulangeana, que yo mismo ordené plantar. Como las pueden reconocer en las fotografías, permítanme que descuide su descripción y ofrezca alguna información sobre estas maravillosas plantas. Las magnolias, unos árboles que prácticamente todo el mundo reconoce, son uno de los grupos de plantas ornamentales más populares y su simbolismo a lo largo de la historia de la humanidad es muy interesante. Pero me gustaría contarles algo acerca de lo especiales que son las magnolias.

Capullos de Magnolia grandiflora. Antes de abrir, la flor está encerrada en unas brácteas velludas.

Veamos con algo más de detalle esas flores y nos daremos cuenta de que son diferentes de la mayoría de las flores. Para empezar, el capullo florido está encerrado en brácteas (hojas modificadas) en lugar de en un cáliz constituido por sépalos bien diferenciados, como sucede en la mayoría de las flores. Los "pétalos" no son en realidad pétalos sino tépalos, todos iguales y , al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las flores, no están dispuestos naciendo todos en el mismo punto (en un verticilo), sino que se disponen helicoidalmente a lo largo de un eje. 

El aspecto más llamativo de la morfología de la flor de las magnolias está en las estructuras reproductivas propiamente dichas. Fíjense en la foto adjunta y verán cómo los estambres y los carpelos (si lo prefieren los ovarios, para entendernos), como el resto de las piezas florales, están ordenados helicoidalmente, tal y como lo están las piezas de una piña de pino.
Una flor tan vistosa sirve para llamar la atención de los polinizadores. Las magnolias se polinizan por insectos, es decir, son entomófilas. Todo polinizador exige una recompensa por hacer su trabajo, y esa recompensa es normalmente néctar. Pero, por grandes que sean, las flores de las magnolias carecen de nectarios, así que muy raramente verá a las abejas de la miel revoloteando cerca de esas enormes flores. Sencillamente no les interesan. Lo que sí verá son coleópteros, es decir, escarabajos, porque estos insectos acorazados no liban néctar, y no pueden hacerlo porque carecen de trompa chupadora y en su lugar poseen unas mandíbulas poderosas. Los escarabajos son palinófagos, es decir, comen polen, y para ellos una flor de magnolia es un auténtico festín.
Las magnolias, como el resto de los representantes de la familia magnoliáceas, son uno de los linajes más antiguos de las plantas con flores, esto es, de las angiospermas. Dado su tamaño y el hecho de que todas las especies son leñosas, las magnolias fosilizan bien, así que tenemos evidencias más que suficientes de su existencia hace 95 millones de años. Aunque no sepamos con absoluta certeza si se parecían mucho a las primeras plantas con flores (nadie sabe cómo eran realmente), las magnolias ofrecen algunas ideas interesantes sobre la evolución de las angiospermas.

Una vez fecundadas, las partes femeninas de las magnolias, los carpelos, se disponen en un conjunto cerrado que recuerda a las piñas de los pinos (izquierda). Una vez maduros (derecha), los carpelos se abren y emergen las semillas carnosa, que atraen poderosamente a los pájaros. Las imágenes son de Magnolia grandiflora.

Las dos principales familias de abejas de la miel, Melittidae y Apidae, aparecieron sobre la faz de la Tierra hace 50 y 87 millones de años respectivamente, es decir, millones de años después de que lo hicieran las magnolias y los escarabajos. La aparición de las angiospermas más antiguas, entre las que se cuentan las magnolias, fue en el Cretácico, un período durante el cual las abejas melíferas no revoloteaban por allí, sencillamente porque no existían. En cambio, los coleópteros, grupo al que pertenecen los escarabajos, entre ellos los comedores de polen, ya estaban representados por un nutrido grupo de familias altamente especializadas en el aprovechamiento de distintos medios, entre otras las flores.
En conclusión, las magnolias evolucionaron antes de que hubiera abejas. Por eso, su estructura floral tan característica obedece a que estas plantas ancestrales no han coevolucionado con otros grupos de insectos polinizadores como las mariposas o las abejas. Las magnolias tenían ya quienes les transportaran eficazmente el polen y no necesitaron a las abejas para reproducirse.
Que los escarabajos palinófagos sean los carteros de las magnolias explica algunas cosas más. En primer lugar, la abundancia de estambres y la gran producción de polen es una estrategia cara (a las plantas les cuesta mucho fabricar granos de polen a base de proteínas y grasas) pero que les compensa porque, por voraces que sean los escarabajos, siempre se llevarán polen sobrante sobre sus armaduras. En segundo lugar, los carpelos están endurecidos para evitar los daños provocados por las mandíbulas de los coleópteros que, poco discriminatorios a la hora de zampar, no dudarían en devorar los nutritivos óvulos que encierran y con ello impedirían que se formaran las semillas.
Otro representante de la familia magnoliáceas, Liriodendron tulipifera.

Como los escarabajos se sienten atraídos por el polen y solamente por el polen, las flores maduran de una manera que asegure la polinización cruzada. Las magnolias son proterándricas, es decir, las partes masculinas –los estambres- maduran primero y ofrecen generosamente el polen. Las partes femeninas de la flor –los carpelos- maduran después. No producen ninguna recompensa para los escarabajos, pero se aprovechan del insaciable apetito de los insectos haciendo que sus carpelos imiten a las partes masculinas, asegurándose de que los escarabajos se despisten algún tiempo explorando las flores y dejando sobre los carpelos los granos adheridos en sus exoesqueletos.
Ya saben, las magnolias son viejas, hermosas y astutas, tan astutas como para haber sobrevivido a la extinción masiva del Cretácico que acabó con el 95% de las estirpes vivientes. Con ellas lo hicieron los coleópteros. La llegada de las abejas no cambió los hábitos de unas parejas mutualistas a las que les había ido muy bien. 

jueves, 7 de marzo de 2019

Cambio climático: la rana en la olla


En las vísperas de la conferencia internacional sobre cambio climático que tiene lugar estos días en San Sebastián, el Secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, ha venido a recordarnos la metáfora de la rana en la olla: una rana que salta a una olla hirviendo, tratará de salir a toda velocidad. Una rana que salta en una olla que se va calentando poco a poco, acabará cocida. Morán recordaba también que los jóvenes que este año alcanzan la mayoría de edad, los nacidos en 2001, no han conocido otra normalidad que la del cambio climático.

Entre 1833 y 1836, un joven neoyorquino pintó su visión de la evolución de la sociedad humana en la que quizás fue la primera obra pictórica sobre la distopía que anunciaba la Revolución Industrial. En los cinco grandes lienzos de su Eden to Empire, Thomas Cole describió un arco trazado desde la naturaleza virgen, a través del pastoralismo y el imperio, hasta la desolación. Era el arquetipo del ascenso y la caída de la civilización. Nadie se acuerda hoy de esa premonición.


Thomas Cole. The Course of Empire: Destruction. 1836. Colección de la Sociedad Histórica de Nueva York. 

Hace treinta años, el 11 de noviembre de 1989, The New Yorker publicó El fin de la naturaleza, un largo artículo sobre lo que luego se llamaría el efecto invernadero. Cuando lo leí, la ciencia del clima todavía estaba en pañales o, quizás, aún le faltaba un hervor. Pero los datos eran convincentes y estaban cargados de tristeza. Estábamos arrojando tanto carbono a la atmósfera que la naturaleza ya no era algo situado más allá de nuestra influencia, y la humanidad, con su negligente capacidad para contaminar, había llegado a afectar a cada metro cúbico del aire que respiramos, a cada metro cuadrado de su superficie, a cada gota de agua. Una década después, cuando comenzaron a referirse a nuestra era como el Antropoceno, el mundo creado por el hombre, los científicos subrayaron esa noción.

Aquel artículo, que ya nadie recuerda, adquiere hoy plena actualidad. El mundo ya sabía de qué se estaba hablando. En ese momento parecía probable que la sociedad evitara lo peor. En 1988, George H. W. Bush, candidato a la presidencia, prometió que combatiría "el efecto invernadero con el efecto Casa Blanca". Y aquí estamos, tomando plena conciencia de la imparable tendencia hacia el aumento de las temperaturas globales que nos ponen en el camino a la perdición.

En un estudio publicado en la revista PNAS, investigadores de la Universidad de California Davis concluyen que los seres humanos tenemos poca memoria climática. En promedio, basamos nuestra idea de “un clima normal” en los sucesos climáticos que han ocurrido en los últimos años (de dos a ocho años, según indica la investigación). Las conclusiones han alarmado a los autores, que alertan sobre el riesgo de que normalicemos cuestiones que no podemos permitirnos normalizar. Los datos refrendan el miedo: 2018 ha sido el quinto año más cálido desde que hay registros; los cinco años más cálidos de la historia registrada han sido los últimos cinco, y 18 de los 19 años más cálidos se han producido desde 2001.

Los jóvenes nacidos en 2001, que este año alcanzan la mayoría de edad, no han tenido otra normalidad que la del cambio climático, aunque han vivido en los albores de una distopía que amenaza con transformarse en el último cuadro de la serie de Cole o en el planeta que retrata David Wallace-Wells en The Uninhabitable Earth: A Story of the Future (La Tierra inhabitable: una historia del futuro), que sigue la estela del pintor neoyorquino, actualizándola en el siglo XXI. Estamos en la cima del arco de la historia, pasando desde el triunfo a la ruina. Wallace-Wells habla de las catástrofes climáticas que vienen provocadas por nuestra insaciable avaricia. Nuestros devastadores hábitos probablemente terminarán con la historia, con la cultura y con la ética tal y como las conocemos. La capacidad de enmienda nos rodea, pero nuestra generación y las que nos preceden se han alejado de ella.

Miles de estudiantes belgas en la manifestación contra el cambio climático. EFE/Javier Monteagudo
Pero las cosas comienzan a cambiar. Formamos parte de la generación que tiene toda la información en nuestras manos: el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, en su acrónimo inglés), el mayor ejercicio de investigación sobre las consecuencias del calentamiento global, ha explicado que el escenario más optimista –que la temperatura del planeta aumente 1,5 grados centígrados– tiene consecuencias fatales para la calidad de vida de millones de personas. Y que sobrepasar ese límite y llegar a un calentamiento de dos grados tendrá efectos más graves: el doble de sequías, el doble de olas de calor y dos veces más extinciones de especies, entre otros. El pasado miércoles supimos que ya habíamos sobrepasado la mitad del límite más optimista y seguimos en la misma senda.

Protesta de jóvenes frente al Congreso de los Diputados este viernes. Andrea Comas
Los últimos movimientos protagonizados por jóvenes estudiantes belgas y sus incipientes repercusiones en la juventud española, que se ha sumado en Madrid a la protesta convocada dentro del movimiento internacional ecologista Fridays For Future, parecen indicar que las nuevas generaciones no están dispuestas a aceptar las dramáticas consecuencias del cambio climático porque comprometen su porvenir. Por eso se han rebelado contra nuestra desmemoria y contra esta creciente normalidad que les hemos impuesto quienes tenemos la capacidad de cambiar las cosas. Conviene que les escuchemos y que actuemos antes de que la historia sea implacable con nuestra generación, la última que tuvo toda la información y la capacidad de corregir la distopía climática.

En los últimos meses, en España –por fin– se ha abierto el debate climático, silencioso y silenciado por años. La ciudadanía tiene ahora los datos que evidencian el problema, cuenta con herramientas para poder afrontarlo y con cálculos robustos que avalan que estamos ante una oportunidad de país. 

No caigamos en el error de cocernos a fuego lento aceptando la catástrofe como la normalidad que dejaremos en herencia a quienes vienen detrás. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

La Tierra sigue calentándose


Científicos de la NASA y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) anunciaron ayer miércoles que la temperatura media de la superficie de la Tierra en 2018 fue la cuarta más alta en casi 140 años de registro y la continuación de una tendencia innegable de calentamiento global. Como puede verse en la siguiente gráfica, hay una correlación estrecha entre las estimaciones realizadas por las principales agencias evaluadoras del clima.

Esta gráfica de líneas muestra los cambios de temperatura anuales desde 1880 hasta 2018 con respecto a la media de 1951-1980, según lo registrado por la NASA, NOAA, la Agencia Meteorológica de Japón, el grupo de investigación de Berkeley Earth y el Met Office Hadley Center (Reino Unido). Aunque hay variaciones menores de un año a otro, los cinco registros de temperatura muestran picos y valles sincronizados entre sí. Todos muestran un calentamiento rápido en las últimas décadas, y todos muestran que la última década ha sido la más cálida.

La tendencia de calentamiento a largo plazo de la Tierra se puede ver en este vídeo del registro de temperatura global de la NASA, que muestra cómo las temperaturas del planeta están cambiando con el tiempo en comparación con el promedio de referencia de 1951 a 1980. El registro se muestra como un intervalo de cinco años.

Los datos significan que los cinco años más cálidos registrados en la historia han sido los últimos cinco, y que 18 de los 19 años más cálidos han ocurrido desde 2001. El rápido aumento de las temperaturas en las últimas dos décadas confirma una tendencia documentada de calentamiento mucho más larga que apoya el consenso científico de que el cambio climático es causado por la actividad humana a través del Antropoceno.

Si bien la Tierra ha visto días más calurosos en tiempos prehistóricos y más fríos en la era moderna, lo que diferencia al calentamiento global desde la Revolución es el aumento relativamente repentino de las temperaturas y su clara correlación con los niveles crecientes de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano producidos por las actividades humanas.

Los resultados de este rápido calentamiento se pueden ver en las olas de calor en Australia, y en las sequías prolongadas a las inundaciones costeras en los Estados Unidos, en la desaparición del hielo ártico y en la reducción de los glaciares. Los científicos vincularon el cambio climático con los destructivos huracanes Michael y Florence de 2018 y encontraron vínculos con fenómenos como el vórtice polar, que la semana pasada olas de frío en el Medio Oeste y el Noreste de Estados Unidos, la Chiberia estadounidense.


Cambios de la temperatura tomando como referencia la media de temperaturas de la década 1880-1889. Fuente.
La temperatura de la Tierra en 2018 estuvo cerca de un grado Celsius (0,83 ºC) por encima de la temperatura media de finales del siglo XIX, cuando los humanos comenzamos a emitir grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Los científicos dicen que las temperaturas globales no deben aumentar en más de dos grados centígrados en comparación con los niveles preindustriales si se quieren evitar las peores consecuencias del cambio climático.

Viendo lo que está pasando, hoy por hoy parece muy probable que esa línea roja se cruce a pesar del hecho de que más de 190 países hayan firmado el Acuerdo de París, que establece objetivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Incluso un aumento de 1,5 grados tendrá graves consecuencias, según el panel científico de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (IPCC). © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


domingo, 3 de marzo de 2019

Los “pinos” más raros del mundo

Phyllocladus aspleniifolius. Foto.

“Celery pines” (“pinos apio”, no me pregunten el porqué del nombre, aunque supongo que se debe al penetrante olor de su resina) es el nombre genérico con el que se conocen en Australia y Nueva Zelanda a estas curiosas coníferas, que poco tienen que ver con los pinos, salvo su relación de parentesco que podríamos comparar con la que guardan entre sí los manatíes y los elefantes, que es más de lo que la mayoría de la gente supone.

Hasta que no viajé por Australia y Nueva Zelanda la primavera pasada no fui plenamente consciente (más allá de lo que conocía por los libros) de la diversidad en forma, hábito y estrategia reproductiva exhibidos por los viejos linajes de las gimnospermas actuales. Lo que para un naturalista del hemisferio Norte aparece como un grupo poco diversificado de plantas, en las Antípodas es un grupo maravillosamente diverso, a pesar de que sea eclipsado, en lo que a diversidad de refiere, por las angiospermas.
Por ejemplo, cuando merodeaba por uno de los pocos bosques de los gigantescos kauris (Agathis australis) que el hacha y el fuego han respetado, y me encontré por primera vez con un ejemplar de Phyllocladus, el género que voy a comentar, tardé mucho en encontrarlo en mi guía de campo porque (como supongo que les sucede a muchos) su aspecto externo y el hecho de que no estuviera en fase reproductora, me arrastraban irresistiblemente a indagar entre las familias de las angiospermas.
Harto ya de estar harto, recordé la frase de Einstein: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Con más displicencia que confianza, abrí el capítulo de gimnospermas y allí estaban, primorosamente iconografiadas, unas extrañas coníferas: ¡los celery pines!
Antes de entrar en materia, déjenme que les cuente un par de cosas sobre la flora de Nueva Zelanda. En la actualidad, Nueva Zelanda tiene una pequeña pero diversa y muy original flora de aproximadamente 2.000 plantas vasculares autóctonas, a las que se suman más de 1.000 especies exóticas naturalizadas. Los bosques nativos son todos de hoja perenne, aunque localmente pueden contener elementos notables de especies caducifolias. Están dominados por varias combinaciones de gimnospermas y angiospermas, entre las que destacan las podocarpáceas entre las primeras y las hayas australes del género Nothofagus entre las segundas.
Phyllocladus trichomaniodes. Foto.
En el Pérmico (hace más de 250 millones de años) todas las masas continentales estaban reunidas en un único supercontinente, al que llamamos ahora Pangea. Hace unos 200 millones de años Pangea se había partido en dos supercontinentes: Laurasia, al norte y Gondwana, al sur. Los separaba entonces el océano Tethys, que se extendía desde el sur de Asia, por la actual cuenca del Mediterráneo, hasta la actual América, a su vez separada en dos por las aguas, porque Norteamérica estaba unida a Europa y Sudamérica a África.
Durante el Jurásico y el Cretácico Gondwana fue escindiéndose y dio lugar a las masas continentales de las actuales Sudamérica, África, Australia, Zealandia (el continente sumergido del que emergen Nueva Zelanda y Nueva Caledonia), el Indostán, la isla de Madagascar y la Antártida, un proceso de fragmentación y alejamiento que continuó durante el Cenozoico y permanece aún activo.
El clima de la Nueva Zelanda ancestral el clima era similar al que prevalece hoy en día. Nueva Zelanda fue colonizada por las plantas y los animales que ya existían en Gondwana. Entre los animales migrantes se encontraban los antepasados de algunos de los elementos más distintivos de Nueva Zelandia; las ranas endémicas de la familia Leiopelmatidae (notables por no tener una etapa de renacuajo libre y criarse a lomos de los machos), los tuataras del género Sphenodon (unos reptiles parecidos a las iguanas, pero provistas de tres ojos) y las aves no voladoras como el Moa y el kiwi. El mundo vegetal era también muy original, y comprendía antepasados de las coníferas modernas, incluyendo las podocárpaceas y los kauris.
Manglares de Avicennia marina en Avicennia marina en  el lago Malai, Timor
En esa Nueva Zelanda ancestral, ya geográficamente aislada, la flora continuó adaptándose y evolucionando independientemente de sus congéneres que vivían en lo que se convertiría en Sudamérica, Australia, Nueva Guinea y la Antártida. Los grandes podocarpos continuaron dominando gran parte de los bosques, pero asociados con una proporción creciente de especies de hojas anchas. Resumiendo, la flora de Nueva Zelanda tiene tres afinidades geográficas: australiana, la Paleoaustral (por ejemplo, las hayas y los podocarpos que también viven en el Cono Sur) y Malayo-Pacifica, que incluye muchos helechos arbóreos, los mangles de Avicennia marina var resinífera y el género Phyllocladus, que se distribuye fundamentalmente por Nueva Zelanda, Tasmania y Malasia, aunque hay una especie filipina que es la única que vive al norte del ecuador.
En cuanto estructura y tamaño, todas las especies son leñosas y su tamaño oscila entre un arbusto de buen tamaño (por ejemplo, de nuestra coscoja) y un árbol de tamaño mediano, como nuestro madroño. A primera vista, estas extrañas coníferas se parecen más a una angiosperma de hoja ancha. Esta similitud es superficial, por supuesto, pero ha sido el origen de no pocas controversias, que han tratado de encajar a este bicho raro entre las coníferas en donde le corresponda taxonómicamente y filogenéticamente.
Phyllocladus fue descrito en 1826 por dos naturalistas franceses, Louis Claude Marie Richard y su hijo Achille. Durante muchos años después de su descripción inicial, Phyllocladus fue colocado en una familia propia-Phyllocladaceae, donde estaba ubicado en mi curso universitario de Fanerogamia. Los modernos análisis moleculares han añadido alguna confusión. A pesar de sus características morfológicas únicas, sus características genéticas le hacen encajar muy bien en la familia Podocarpaceae (recuérdese al respecto lo que decía antes de los manatíes y los elefantes). Pero dejémonos de afinidades familiares y vayamos al grano de las originales características de los pinos apio.
Los filóclados del rusco parecen hojas, pero la posición de las flores y los frutos denuncia que son tallos modificados.
Para empezar, tenemos las "hojas". Pongo la palabra “hojas” entre comillas porque no son verdaderas hojas. El término correcto para estas estructuras es filóclado (de ahí el nombre del género). Un filóclado es una proyección aplanada de una rama que adquiere la forma y función de una hoja. Mientras que redactaba este artículo me devanaba los sesos pensando en algún ejemplo de la flora ibérica que me sirviera como ejemplo. Se me ha ocurrido uno: el rusco (Ruscus aculeatus), que les describo en la foto adjunta.
En los Phyllocladus lo que conocemos como hojas se ha reducido. Si quiere verlas, tiene que mirar atentamente las puntas de los filóclados. Al principio de su desarrollo, las hojas existen como diminutas escamas marrones. Estas escamas se pierden gradualmente con el tiempo, ya que no tienen ninguna función en la planta.
Aunque nadie ha probado esto directamente (que yo sepa), y a riesgo de que algún especialista me corrija, la evolución de los filóclados probablemente tiene que ver de una forma u otra con el ahorro de energía. ¿Por qué producir tallos y hojas cuando se puede optar por estructuras similares a los tallos para que hagan el trabajo? Para enredar un poco más, algunos botánicos sugieren que considerarlos tallos en el sentido más verdadero de la palabra es erróneo, porque morfológicamente hablando comparten rasgos que son intermedios entre ramas y tallos. Voy a tener que estudiar más antes de que me sienta cómodo elucubrando sobre este punto. Quienes estén interesados, que consulten las referencias bibliográficas que dejo más abajo.
Agrupación de conos masculinos en los extremos de las ramas de P. trichomanioides. Foto. 
Phillocladus enseña su personalidad de conífera (recuerden que se llaman así porque sus estructuras reproductoras masculinas y femeninas se disponen en conos) cuando llega el momento de la reproducción. Todos los miembros del género Phyllocladus producen conos. Los conos masculinos son estructuras diminutas y cilíndricas ubicadas en los extremos de sus ramas laterales, que recuerdan a los conos masculinos de los cipreses, por citar un ejemplo.
Los conos femeninos se agrupan en grupos a lo largo de las axilas o márgenes de los filóclados. Una vez fertilizados, estas plantas ofrecen otro poquito de confusión para el observador ocasional. Si uno ha visto alguna vez la semilla rodeada de una carnosidad roja (el arilo, diría un botánico) de los tejos europeos (Taxus baccata), podrá imaginarse mejor lo que voy a contarles.
Conos femeninos con brácteas rojas de P. aspleniifolius. Foto
Como los tejos, Phyllocladus es otro género de coníferas que ha convergido en una estrategia de dispersión de semillas que, sin serlo, parecen frutas. A medida que los conos femeninos maduran, las escamas que las protegen (las brácteas seminíferas, diría nuestro amigo el botánico tiquismisquis) se hinchan gradualmente y se vuelven rojas y atractivas como si fueran bayas. El arilo rojo brillante contiene una sola semilla cubierta por una epidermis blanca. Estos arilos carnosos funcionan de manera similar a las frutas: atraen a las aves, que consumen el arilo, se tragan la semilla y luego la dispersan con sus heces. Cuando caen al suelo, las semillas van rodeadas de un fértil estiércol. Ingenioso ¿verdad?
Otro aspecto curioso de la morfología de Phyllocladus se produce por debajo del suelo. Las raíces forman nódulos, que proporcionan un hogar para bacterias especializadas en la fijación de nitrógeno atmosférico. A cambio de un hogar y algunos carbohidratos procedentes de la fotosíntesis, las bacterias pagan a los árboles con el imprescindible nitrógeno que de otro modo no estaría disponible en el suelo.
Eso lo hacen algunas plantas, entre otras muchas leguminosas, pero es una cosa bastante curiosa un grupo tan esotérico de coníferas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Bibliografía recomendada: [1] [2] [3] [4] [5]

sábado, 2 de marzo de 2019

ExxonMobil se desangra con el fracking


La mayor empresa petrolera de Estados Unidos, ExxonMobil, se enfrenta a un naufragio financiero en su sector doméstico de petróleo y gas. La mayor parte de sus pérdidas se deben al desembarco de Exxon en la explotación de lutitas por fracking. Después de que Exxon adquiriera en 2009 un productor estadounidense de petróleo y gas de lutitas, XTO Energy, el gigante norteamericano comenzó a explotar a fondo el petróleo de lutitas en la cuenca Permian.
ExxonMobil planea expandir la producción de crudo de petróleo del Permian a 600.000 barriles diarios (BD) para 2025, desde un suelo de 115.000 BD en octubre. Si nos fijamos en la Gráfica 1, la producción de crudo Permian de Exxon se disparó desde menos de 50.000 BD a principios de 2018 a más de 115.000 BD en octubre. Exxon es ahora el operador más grande en el Permian.
GRÁFICA 1

Según este artículo de Bloomberg: «La escalada de Exxon en el Permian es esencialmente una apuesta de que puede perforar pozos tan baratos que serán rentables a pesar de la caída del precio del crudo desde principios de octubre. La compañía dice que sus pozos de lutitas pueden obtener beneficios de dos dígitos con el precio del crudo a sólo 35 dólares por barril».
Exxon se trasladó al Permian para frenar una década de caída de su producción doméstica de crudo convencional. Sin embargo, su afirmación de que disfrutará de ganancias con ese precio del petróleo puede que resulte ser más un delirio que una realidad. Los analistas de SRSrocco Report han estado estudiando los resultados financieros de Exxon en 2018 y los datos no son precisamente alentadores.
Aunque Exxon disfrutó de 20.800 millones de dólares en ingresos netos en 2018, la mayoría de sus beneficios procedieron de sus operaciones internacionales. Por ejemplo, los ingresos totales de Exxon en Estados Unidos fueron de 6.300 millones en comparación con los 17.100 millones de beneficios internacionales. Para que les cuadren las cuentas: del total de 23.400 millones de ingresos domésticos e internacionales de Exxon hay que descontar 2.600 millones de costes corporativos y financieros, de donde resultan los mencionados beneficios de 20.800 millones de dólares.
A pesar de que los ingresos estadounidenses de Exxon representaron un poco más del 25% del total de ganancias el año pasado, su sector de producción de petróleo y gas doméstico sólo representó el 7% de los beneficios totales de la compañía.
Para tener una idea de lo mal que van las finanzas del petróleo y el gas de Exxon en Estados Unidos, debemos entender que los datos financieros tienen tres componentes comerciales separados:
1) UPSTREAM: exploración, perforación y producción de pozos de petróleo y gas.
2) DOWNSTREAM: refino y comercialización de productos petrolíferos.
3) Chemical: producción y comercialización de productos químicos derivados del petróleo.
Si comparamos los resultados financieros upstream en Estados Unidos con sus equivalentes internacionales (Gráfica 2), podemos detectar fácilmente el problema. En 2018, los ingresos upstream de Exxon en Estados Unidos fueron unos míseros 1.700 millones en comparación con los 12.300 millones de sus beneficios internacionales. Eso es sólo una parte de las malas noticias.
GRÁFICA 2. Beneficios (earnings) de la exploración, perforación y producción (upstream) de pozos de petróleo y gas tanto domésticos (U.S.) como internacionales de ExxonMobil comparados con sus gastos de capital (CAPEX) en 2018, cuando el precio del barril era de 65 dólares. Las cifras están en miles de millones de dólares (las comas son puntos).
Exxon obtuvo 1.700 millones de sus pozos de petróleo y gas domésticos empleando para conseguirlos 7.700 millones en gastos de capital (CAPEX: Capital expenditures). La GRÁFICA 2 arroja mucha luz sobre lo que dice Exxon de que puede obtener beneficios a 35 dólares por barril. Mientras que Exxon invirtió 12.500 millones de CAPEX en upstream internacional para producir 1.700.000 BD en 2018, gastó unos asombrosos 7.700 millones de CAPEX en el upstream doméstico que le suministraron tan solo 551.000 BD de crudo. Por lo tanto, Exxon gastó casi el doble de CAPEX por cada barril de producción de petróleo estadounidense versus suministro internacional de petróleo:
CAPEX de Exxon por barril de petróleo doméstico en 2018 = 38,16 dólares.
CAPEX de Exxon por barril de petróleo internacional en 2018 = 19,96 dólares.
Exxon gastó casi 6.000 millones más en el CAPEX del upstream estadounidense que lo que obtuvo de beneficios, mientras que el sector upstream internacional resultó básicamente equilibrado.
GRÁFICA 3. Los datos son los mismos que en la Gráfica 2, pero referidos a 2006 con el precio del crudo a 66 dólares por barril. En 2006, cuando el precio del petróleo era de 66 dólares el barril, un dólar más que en 2018, Exxon obtuvo 5.200 millones en ganancias upstream invirtiendo 2.400 millones de CAPEX. Además, sus ingresos internacionales upstream fueron de 21.100 millones frente a los 13.700 millones en CAPEX. Por tanto, el gasto CAPEX del upstream de Exxon en Estados Unidos creció unos 5.000 millones desde 2006 a 2018, mientras que su equivalente internacional disminuyó en más de mil millones.
Es cierto que Exxon obtuvo beneficios adicionales de sus divisiones de negocios downstream y chemical, pero si estamos comparando manzanas con manzanas, sus pozos de petróleo y gas de Estados Unidos consumen muchísimo más CAPEX que sus operaciones internacionales de upstream. Una vez más, el gasto más alto de CAPEX de petróleo y gas doméstico se debe a que la producción por fracking es mucho más cara.
GRÁFICA 4. Según el informe anual de 2006 de Exxon, los ingresos del upstream doméstico fueron más del doble de su gasto en CAPEX 
La situación pinta aún peor para Exxon si comparamos sus finanzas recientes con las de 2006, cuando el precio del petróleo era casi el mismo que el año pasado (GRÁFICA 4). 
GRÁFICA 5
Si sólo nos centramos en los ingresos totales de Exxon en Estados Unidos en comparación con su gasto en CAPEX en estos dos periodos, la diferencia es notable (GRÁFICA 5).
Observe a hora la Gráfica 6 y vea las diferencias de cada uno de los sectores de negocio de Exxon. Sus pozos de petróleo y gas en Estados Unidos son los líderes en pérdidas en el grupo. ¿Por qué? Porque Exxon invirtió el 72% de su CAPEX en sus pozos upstream de petróleo y gas en 2018 sólo para recibir el 27% de beneficios. En 2006, los ingresos upstream del petróleo y el gas de Exxon fueron del 50% del total de beneficios.
GRÁFICA 6
Está por ver si Exxon será capaz de obtener beneficios en el Permian a 35 dólares el barril. Si las cifras de arriba nos proporcionan alguna pista, dudo mucho que se beneficien de su participación en el esquema Ponzi del fracking de Estados Unidos. Para tener una idea de cuánto dinero está invirtiendo Exxon en las lutitas del Permian, echemos un vistazo a la Gráfica 7.
Como podemos ver, el CAPEX upstream de Exxon en Estados Unidos se ha duplicado desde 2017 para aumentar la producción anual de petróleo estadounidense en 36.000 BD. La mayor parte del incremento del CAPEX procedió de la perforación de petróleo no convencional en el Permian. 
GRÁFICA 7. cambios trimestrales en la producción de petróleo total de Estados Unidos en comparación con el gasto nacional de CAPEX upstream.
En esa gráfica podemos ver que el CAPEX upstream de Exxon en Estados Unidos se ha duplicado desde principios de año desde 1.200 millones (Q1: primer trimestre de 2018) hasta 2.600 millones (Q4: cuarto trimestre de 2018) para aumentar la producción en 60.000 BD. Un montón de dinero para lograr un aumento pírrico. Y es todavía peor cuando miramos otro año. Por ejemplo, Exxon sólo invirtió una media de alrededor de 750 millones desde el último trimestre (Q4) de 2016 al segundo trimestre de 2017 en sus pozos de petróleo y gas de Estados Unidos. Ahora, está gastando un CAPEX de más del triple por trimestre para aumentar su producción de petróleo en las lutitas del Permian.
Todo indica que a ExxonMobil le espera el mismo destino que a la mayoría de los productores de petróleo y gas de lutitas de Estados Unidos: perderá dinero para aumentar su producción nacional de petróleo. Por supuesto, Exxon puede ser más competitivo que los otros productores más pequeños, pero cuando Estados Unidos y la economía mundial empiecen a flaquear, los precios del petróleo también caerán.
Será interesante ver entonces los resultados financieros de Exxon en los Estados Unidos en los próximos dos años, especialmente si aparecen precios de petróleo más bajos. Exxon probablemente aumente su producción de petróleo en Estados Unidos GRACIAS Permian, pero con un coste considerable. Es decir, utilizará los beneficios de sus operaciones internacionales para compensar las pérdidas en el Permian. ¿Cuánto tiempo podrá continuar Exxon con en ese modelo de negocio de autocanibalización?
Curiosamente, el mismo tipo de disparate lo llevó a cabo BHP Billiton. Cuando BHP, la compañía minera más grande del mundo, pensó que podría obtener oro del plomo, decidió comenzar a invertir en lutitas en 2011. Durante los siguientes años, BHP invirtió 50.000 millones en sus operaciones de petróleo y gas de lutitas de Estados Unidos. Sin embargo, en 2017, BHP se dio cuenta de que estaba sentada en una pirámide tóxica de valores en lutitas, por lo que decidió hacer limpieza.
El año pasado, BHP vendió todos sus valores en lutitas estadounidenses con una pérdida neta de más de 20.000 millones. Por otra parte, a BHP le tomó bastante tiempo darse cuenta de que las lutitas eran un gran error. Por lo tanto, a Exxon le costará unos años antes de que haga la misma limpieza.
El sector de petróleo y gas estadounidense de ExxonMobil se dirige hacia un desastre financiero. El CAPEX en petróleo y gas doméstico ahoga sus ganancias. Si una de las compañías petroleras más grandes del mundo no puede hacer dinero haciendo fracking, ¿qué le aguarda al resto de los operadores? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Unos musgos diminutos y escapistas

Buxbaumia viridis. Foto


No es fácil encontrar ejemplares de unos diminutos musgos del género Buxbaumia, los cuales, además de diminutos, practican el escapismo. La primavera de 2018, cuando viajé por Nueva Zelanda, tuve la suerte de reencontrame con algunos de ellos creciendo en donde más les gusta: en las cortezas de los árboles y en ambientes muy sombríos.
Buxbaumia comprende unas doce especies diferentes de musgos distribuidos por gran parte del hemisferio Norte y por algunas zonas de Australia y Nueva Zelanda. En España están citados, que yo sepa, en el Pirineo, donde cada vez son más raros probablemente debido al calentamiento global: el calor y la sequía son fatales para estos organismos que necesitan mucha humedad para poder reproducirse. En el Pirineo aragonés tuve la suerte de observar hace casi cuarenta años a Buxbaumia viridis formando parte de un cortejo de briófitos lignícolas del que formaban parte las hepáticas Lepidozia reptans, Lophocolea heterophylla, Lophozia incisa, L. longiflora y Nowellia curvifolia, y los musgos Dicranum tauricum, Herzogiella seligeri , Tetraphis pellucida, entre otros que entonces no pude reconocer.
Una vez que la corteza se ha caído y la madera comienza a pudrirse, un árbol caído proporciona un hábitat ideal para una variedad de especies de briófitos lignícolas. Muchos de esos especialistas están muy extendidos en el norte de España, pero algunos son raros. No se sabe muy bien qué condiciones ecológicas precisas deben reunir los troncos caídos para soportar a estas complejas comunidades lignícolas, pero parece probable que la textura desigual del tronco, su capacidad como de esponja para retener la humedad y, posiblemente, los nutrientes liberados durante la descomposición son todos factores importantes.
Cápsulas de Buxbaumia aphylla. Foto
La pérdida de cobertura forestal a lo largo de los siglos y, más recientemente, la intensa gestión de las áreas forestales han conducido a una pérdida significativa de hábitats para estos briófitos especializados. La retirada de los árboles caídos ha sido un problema particular para que el volumen de madera muerta, incluso en los menos manejados de nuestros bosques, esté muy por debajo de la que se produce en un bosque natural. En las parcelas que han tenido poco manejo reciente, el volumen de madera muerta caída puede ser superior a 60 metros cúbicos por hectárea, que es comparable con los bosques antiguos en Europa y América. Sin embargo, en los bosques manejados para la madera, los volúmenes de madera muerta pueden llegar a ser menores de 20 metros cúbicos por hectárea. El problema de estos briófitos no es sólo una simple pérdida de hábitat, sino también la falta de continuidad cuando el volumen de madera muerta es tan pequeño.
El comportamiento de estos musgos es el mismo que presentan otras plantas conocidas genéricamente como “efímeras”. Dicho de otra forma, practican la estrategia del escapismo: son maestros en el arte de la desaparición. Durante una temporada o dos que les sean favorables pueden aparecer pequeñas colonias, que luego desaparecen durante años cuando las cosas se ponen feas hasta que otra estación favorable recrea las condiciones que les favorecen.
Hay que tener una vista aguda y mucha paciencia para encontrarlos, porque durante gran parte de su existencia, mientras que viven en la fase de su ciclo de vida que conocemos como gametófito, son casi microscópicos. Mientras que los gametófitos de la mayoría de los musgos son relativamente grandes, verdes, y con estructuras parecidas a hojas (filidios), los gametófitos de Buxbaumia son tan minúsculos que apenas de dejan ver, porque la mayor parte de su "cuerpo" son hebras de células llamadas "protonemas".  
En la mayoría de los musgos la fase de protonema es la inicial que surge tras la germinación de las esporas. En cuanto germina la espora, el protonema comienza a generar individuos adultos provistos de tallitos (caulidios) y filidios. Aunque todos los musgos comienzan como protonema después de la germinación de las esporas, parece que Buxbaumia prefiere permanecer en esta etapa juvenil hasta que llegue el momento de reproducirse.
Buxbaumia aphylla. Foto
Teniendo en cuenta lo pequeños que son los protonemas, ha habido más de una confusión en lo que respecta a cómo Buxbaumia se gana la vida. Las primeras hipótesis sugirieron que eran saprótrofos, esto es, que vivían como los hongos, obteniendo los nutrientes a base de digerir químicamente la materia orgánica producida por otros. Hoy se piensa que no es exactamente así, sino que parece mucho más probable que dependan en gran medida de las asociaciones con hongos micorrícicos y cianobacterias para cubrir sus necesidades nutricionales.
Se piensa que la poca fotosíntesis que llevan a cabo se realiza a través de sus protonemas y de las cápsulas de su segunda fase del ciclo vital: el esporófito. Hablando de esporófitos, estos constituyen la fase visible y, por tanto, la única manera de encontrar ejemplares de Buxbaumia en la naturaleza. En comparación con la etapa de gametófito, los esporófitos de Buxbaumia son gigantes.
La fertilización se produce en algún momento del otoño, y a finales de la primavera o principios del verano los esporófitos están preparados para liberar sus esporas. Como puede observarse en las fotografías, las cápsulas tienen una superficie plana como la membrana de un tambor. El tamaño y la forma de estas cápsulas adquiere pleno sentido cuando te das cuenta de que dependen de las gotas de lluvia para la dispersión de sus esporas. Cuando una gota impacta la parte superior aplanada las esporas son expulsadas al medio a través del opérculo que remata la cápsula y con un poco de suerte la brisa las llevará a otro lugar adecuado para el crecimiento de su protonema. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.