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domingo, 16 de octubre de 2022
Darwin y el sexo de las orquídeas
lunes, 10 de octubre de 2022
Breve historia de una chapuza: Bockscar, “el avión que puso fin a la Segunda Guerra Mundial”
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El Enola Gay lanzó la bomba atómica "Little Boy" sobre Hiroshima. En la foto aparece el piloto Paul Tibbets (fumando en pipa)) con los otros seis miembros de la tripulación. Dominio público.
Además de por la preciosa canción homónima de Orchestral Manoeuvres in the Dark, quienes ya peinamos canas conocemos el nombre de Enola Gay, el nombre del bombardero que fue bautizado en honor de la madre del piloto Paul Tibbets, que el 6 de agosto de 1945 dejó caer la primera bomba atómica lanzada sobre una ciudad, Hiroshima.
Pero pocos recordarán la historia
de otro bombardero, el Bockscar, que tres días después lanzó la segunda bomba
nuclear sobre otra ciudad japonesa, Nagasaki. Que el Bockscar yazca en
donde habita el olvido se debe en buena medida al encubrimiento realizado por
los militares después de un bombardeo que en realidad fue un desastre y casi un
completo fracaso. Una historia aterradora que se mantuvo en secreto durante
décadas.
Los bombardeos atómicos de
Hiroshima y Nagasaki ordenados por el presidente Harry S. Truman contra el
Imperio japonés cambiaron el mundo para siempre y anunciaron el final de la
guerra más sangrienta de la historia. Las dos misiones a menudo se hermanan en el
imaginario colectivo.
Dos misiones, dos ciudades, dos
bombas y un resultado: destrucción. Pero cada misión no pudo ser más diferente:
el bombardeo atómico de Hiroshima se llevó a cabo sin problemas. Fue una misión
militarmente impecable. El bombardeo de Nagasaki fue un fracaso que casi
terminó en desastre. Cuando los detalles acabaron por revelarse, se supo que la
misión falló incluso antes de que el avión principal, el Bockscar,
despegara.
Durante la mañana del jueves 9 de
agosto de 1945, el B-29 Bockscar pilotado por el mayor Charles Sweeney debía
transportar una bomba nuclear, la Fat Man, con la intención de lanzarla
sobre dos ciudades niponas: Kokura como blanco principal y Nagasaki como
objetivo secundario. El plan para esta misión era prácticamente idéntico al de
Hiroshima: además del Bockscar, dos B-29 volarían una hora antes sobre
el objetivo para hacer el reconocimiento de las condiciones climáticas y dos
B-29 más con instrumentación volarían cerca del principal para tomar datos.
Los problemas comenzaron incluso
antes de que los aviones despegaran de Tinian en las Islas Marianas. El Bockscar
tenía un problema con la bomba de combustible que impedía utilizar 2.400 litros
de combustible. Las tripulaciones tenían dos opciones. Reemplazar la bomba y
retrasar la misión o volar con la bomba averiada corriendo el riesgo de
quedarse sin combustible durante la misión. Decidieron volar sin la bomba de
combustible. Reemplazarla tomaría demasiado tiempo y los militares, que estaban
deseando poner en marcha la misión, no querían que las bombas atómicas
permanecieran en tierra mucho tiempo.
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| La tripulación del Bockscar con su capitán Charles Sweeney en el centro. Dominio público. |
La misión recibió luz verde y, a pesar de la bomba de combustible defectuosa, el vuelo siguió adelante según lo programado y los cinco B-29 pusieron rumbo a Japón con su carga mortal. Sweeney despegó con la bomba armada, aunque con los seguros eléctricos puestos.
Rápidamente se dieron cuenta de
que la bomba de combustible defectuosa iba a causar problemas. El avión, obligado
a transportar peso extra en combustible inservible, volaba desequilibrado y
lento porque tenían dificultades para redistribuir el combustible entre los
distintos tanques y eso causaba un aumento de la resistencia y del consumo, lo
que empezó a poner en duda que pudiera regresar a la base una vez cumplida la
misión. Afortunadamente, Estados Unidos había conquistado la estratégica isla
de Okinawa, que estaba marcada como un posible lugar de aterrizaje en caso de
que el Bockscar se quedara sin queroseno.
Una vez en vuelo, los ingenieros
del avión notaron que la bomba atómica estaba actuando de manera anormal. De
repente, las luces de alarma comenzaron a parpadear. Durante unos momentos
angustiosos, los aterrorizados tripulantes creyeron que algo había fallado y
que Fat Man estaba a punto de detonar en el aire.
Después de consultar una y otra
vez los manuales de instrucciones de la bomba si encontrar una solución, los desconcertados
ingenieros se olvidaron de los manuales, cruzaron los dedos, apretaron los
dientes, entrecerraron los ojos y reiniciaron el mecanismo temiéndose lo peor. El
suspiro de alivio resonó en el aparato cuando las luces dejaron de parpadear y
la misión continuó. Superado el incidente, los estupefactos ingenieros, que no
sabían qué demonios había pasado, decidieron guardar la historia durante muchos
años.
Después del problema de la bomba
de combustible y superada la angustia de su aniquilación en pleno vuelo, el Bockscar
llegó a su punto de encuentro sin que lo hiciera unos de sus B-29 acompañantes.
Faltaba el Big Stink, uno de los aviones de reconocimiento. Un incidente
de ese tipo no era infrecuente y había un plan de contingencia en marcha:
Sweeney debía desacelerar y esperar quince minutos para ver si el avión
rezagado lo alcanzaba. De no ser así, debía continuar con la misión.
El punto de encuentro estaba
frente a la costa de Japón, a unos treinta minutos de vuelo de Kokura, la
ciudad objetivo. El avión perdido volaba a casi 10.000 pies por encima de la
vista del Bockscar. En lugar de esperar quince minutos, Sweeney, que no
podía verlo, esperó más de media hora. Durante este tiempo, quemó más combustible
y perdió la ventaja del ataque.
Después de esperar durante más de
treinta minutos, los B-29 restantes se dirigieron hacia Kokura. Durante esa
media hora, la niebla cubrió la ciudad objetivo principal de la segunda bomba
atómica. Los aviones sobrevolaron el objetivo varias veces, pero la visibilidad
era demasiado escasa para continuar. Había instrucciones estrictas de lanzar la
bomba solo si conseguían una buena visión fuerte del objetivo.
A medida que los aviones volaban
en círculos, se quemaba más combustible y el Bockscar comenzaba a agotar
peligrosamente el suyo. Empezaron a pensar que, una vez que iniciaran el
regreso, era muy probable que el avión tuviera que amerizar: si lo hacía con la
bomba atómica a cuestas, la catástrofe nuclear estaría servida.
Una vez descartada la opción
Kokura por falta de visibilidad, los aviones se dirigieron a su segundo
objetivo: Nagasaki. Kokura se había salvado. Todavía hoy, Kokura se considera una
ciudad afortunada y muchos japoneses supersticiosos peregrinan hasta allí para
absorber parte de la "suerte de Kokura".
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| Fotografías aéreas de Nagasaki antes (arriba) y después de los incendios que arrasaron la ciudad a causa del bombardeo. Dominio público. |
Cuando los aviones estuvieron sobre la vertical de Nagasaki, se encontraron con otra capa de nubes. Dieron tres vueltas sin que pudieran fijar visualmente el objetivo, por lo que parecía que toda la misión tendría que abandonada. Cuando terminaban la tercera vuelta, apareció una abertura entre las nubes y el bombardero pudo obtener una confirmación visual del objetivo. Lanzó una bomba con una potencia explosiva equivalente a 21 kilotones de TNT que arrasó el 44% de la ciudad, mató de forma instantánea a 35.000 personas e hirió a otras 60.000.
El resto es historia. Nagasaki
fue destruida y los cuatro B-29 emprendieron el regreso a la base. Pero
tardarían algún tiempo en volver a Tinian. En ese momento, el Bockscar
estaba casi sin combustible. El avión tuvo que desviarse hacia el sur en
dirección a Okinawa. Para alivio de la tripulación, los ingenieros de vuelo calcularon
que había suficiente combustible para que el avión volviera a aterrizar…siempre
que no se produjera algún error.
Cuando el avión averiado se
acercaba a la isla, Sweeney no obtuvo respuesta de la torre de control. Cuando
el avión comenzó a descender, el piloto tenía dos opciones: amerizar y esperar a
ser rescatados si todo salía bien, o realizar un aterrizaje descontrolado en
una pista muy concurrida y sin apoyo de la torre. Sweeney eligió lo último.
Cuando el avión descendía, Sweeney
comenzó a disparar todas las bengalas que guardaba en su arsenal para avisar al
personal de tierra de que el avión estaba a punto de realizar un aterrizaje de
emergencia. Los controladores acabaron por darse cuenta de lo que se les venía
encima y despejaron la pista. El Bockscar aterrizó a mayor velocidad de
la reglamentaria pero finalmente se detuvo en la pista. La misión se había
completado, pero también había sido un completo y absoluto desastre de
principio a fin.
La investigación posterior concluyó
que Charles Sweeney había tomado varias decisiones erróneas. No debería haber
esperado tanto por el avión desaparecido. Debería haberse redirigido a Nagasaki
antes. Debería haber gestionado mejor sus reservas de combustible. Pero como al
final la misión fue un éxito y ningún estadounidense perdió la vida, alguien decidió
mantener todo el asunto en secreto y los detalles de la misión no saldrían a la
luz hasta décadas después.
Después de la guerra, en noviembre de 1945, el Bockscar regresó a Estados Unidos. En septiembre de 1946 fue entregado al Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Dayton, Ohio, en donde está expuesto junto a una réplica de la Fat Man y un cartel que dice: «El avión que puso fin a la Segunda Guerra Mundial». De chiripa, cabría decir. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
domingo, 28 de agosto de 2022
Lecturas de verano: breve historia del iceberg que hundió al Titanic
Si en algo se puede resumir la
biografía del fotógrafo Wilson Bentley es que le fascinaba la nieve. En total,
este fotógrafo estadounidense tomó más de cinco mil fotografías a lo largo de cuarenta
años. En su trabajo utilizaba microscopios, lo que le convierte también en
pionero de la microfotografía. La minuciosidad con la que Bentley estudiaba la
nieve ha sido clave para entender cómo se forma ese fenómeno meteorológico que
tanto nos cautivó cuando la vimos por primera vez.
La pasión por la nieve llevó a Bentley
a descubrir tres cosas esenciales: a) que su formación es el resultado de la acumulación
de cristales que adoptan
formas geométricas y se agrupan en copos; b) que aunque se parezcan mucho entre
ellos, cada copo, que apenas mide un centímetro, es diferente de otro, y c) que
las formas geométricas con características fractales que pueden presentar
son infinitas.
La nieve se forma cuando la
temperatura atmosférica –no
la que sentimos nosotros– es de cero grados centígrados. También es
necesario que haya un cierto nivel de humedad en el ambiente. De hecho, hay
muchos climas secos de frío extremo en los que jamás nieva. Un ejemplo son los valles secos de la
Antártida, un territorio hipercongelado donde la falta de humedad impide la
formación de nieve.
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| Fuente |
Si se dan las condiciones adecuadas de temperatura y humedad, el agua que cae de las nubes se transforma en finos cristales microscópicos de hielo cuyo núcleo es una mota de polvo. Ese cristal atrae a más cristales hasta que forman largas dendritas alrededor de la mota de polvo como hormigas alrededor de un trozo de chocolate.
Unidos unos a otros gracias a la
colisión de gotas microscópicas de agua mientras se precipitan al vacío, los
cristales indetectables para el ojo humano caen a tierra en forma de copos visibles.
Cuantos más cristales colisionen entre sí, mayor será el peso del copo de nieve.
Mientras el copo en crecimiento sea más ligero que el aire, flotará. Pero tan
pronto como un nuevo cristal adicional supere el punto de inflexión, la
estructura sucumbirá a la gravedad y se desplomará.
Los copos son tan livianos porque
entre un 90 y un 95% de cada uno es aire atrapado. Eso convierte a la nieve en
un gran aislante térmico. Por eso, aunque parezca paradójico, algunos animales
se cubren de nieve durante el invierno para hacer frente a las temperaturas del
exterior. Esa es también la razón por la que los iglús, que solo usan el
calor corporal para calentarlos, pueden llegar a ser mucho más cálidos dentro
que fuera. Claro que a los iglús también les ayuda su característica forma
esférica. La esfera es la figura geométrica de mayor volumen y menor
superficie, lo que significa que un iglú está menos expuesto a la acción
desecante de los vientos.
Hace quince mil años nevó sobre
las capas de hielo congeladas de Groenlandia. La masa de tierra ya estaba
cubierta de con una capa de hielo de casi cinco kilómetros de espesor. Con el
tiempo, los copos frescos penetraron en el hielo y fueron comprimidos por la
presión a la tercera parte de su tamaño original.
Pasaron miles de años mientras
que la nieve que comenzó como copos se transformó en un compacto hielo glacial
a medida que se deslizaba hacia la costa oeste de Groenlandia a razón de unos
ocho kilómetros al año. El hielo pierde cohesión a medida que se acerca a la
costa y, por eso, todos los días, particularmente en verano, enormes paredes de
hielo se desprenden de los glaciares y caen al océano.
Así es como se forman cientos de
icebergs oceánicos cada año. Fue un iceberg en particular que se desprendió en
el verano de 1909 el que adquirió muy mala fama. Cuando se desprendió, su
anchura era de casi cuatro kilómetros y medía treinta metros de alto, un tamaño
lo suficientemente grande como para dejar pequeños a todos los estadios de
fútbol del mundo juntos, al menos antes de que comenzara a derretirse.
Comenzó a derretirse una vez que
empezó a flotar en el agua. Gracias al archiconocido principio de
Arquímedes, sabemos que, a pesar de su tamaño colosal del que solo emerge
un 10%, los icebergs flotan por la diferencia de densidades: los cuerpos
ligeros (el hielo del iceberg es agua dulce) flotan sobre los densos (agua
marina). Por eso, más que el tamaño de esos inmensos pedazos de hielo lo que importan
son sus masas y la del agua: una vez en el agua, el hielo tiene una densidad de
900 kg/m3 que al ser mucho menor que la del agua salada del mar (1027
kg/m3), permite que floten.
Cumplidos sus quince mil años, el
iceberg que venimos siguiendo cayó al mar en 1909, el mismo año en empezó a
fabricarse el que hasta entonces sería el barco de vapor más grande jamás
concebido, el RMS Titanic,
concebido con una ambición desmesurada de tamaño y opulencia. Sería el
transatlántico de pasajeros más grande y lujoso que jamás hubiera flotado.
Construir un barco como ese era
demasiado costoso como proyecto único. Por eso, el primer gigante de los mares,
que tardó en construirse tres años, tenía dos barcos
hermanos destinados a formar la primera línea de la White Star Line durante
las siguientes dos décadas.
El Titanic, como sus dos hermanos gigantes
fue diseñado para transportar potentados a través del Atlántico en enormes camarotes
con lujosas comodidades victorianas siempre que el afortunado (o eso creía él antes
de estamparse con un bloque de hielo) pagase un billete de primera (unos 60.000
euros actuales) que le otorgaban acceso a restaurantes de lujo, salas de
reuniones y biblioteca con paneles de roble, un baño turco y un gimnasio, una
piscina cubierta de agua salada, enormes ventanales y salones de baile amenizados
por la Wallace
Hartley Band una orquesta que, más que por sus méritos estrictamente
musicales, entraría en la leyenda por su perseverancia.
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| Hoy, el Titanic no hubiera sido un gigante de los mares si se compara con los modernos cruceros. |
Ninguno de esas opulencias duró mucho. El barco zarpó de un dique seco en Irlanda del Norte a principios de 1912 y se detuvo para recoger pasajeros en Cherburgo, Francia, y en Queenstown, Irlanda, antes de virar hacia el oeste rumbo a Nueva York. Una vez lleno, iban embarcadas 2.200 personas, más de un tercio de ellas tripulantes. Cuatro días después de su singladura, 1490 descansaban para siempre en el piélago.
En esos tiempos, se sabía poco
sobre el comportamiento de los icebergs, salvo que la mayoría se derretía en
algún lugar del Círculo Polar Ártico. John
Thomas Towson, un científico de la navegación, escribió en 1857 que los
icebergs no eran ni diferentes ni menos duros que las rocas formadas durante
milenios por el tiempo y la presión. Muy cierto.
Towson sabía que los icebergs
representaban un enorme peligro para los cascos de madera de los barcos del
siglo XIX. También muy cierto, pero fue un poco más allá, especuló y falló
estrepitosamente: los cascos de acero eran indestructibles, pronosticó sin
mayor conocimiento de causa. No vivió para ver lo que ocurrió con el casco del Titanic.
Durante tres años, la masa ultracongelada
de nuestro iceberg se balanceó y fue derritiéndose y moldeándose en aguas
árticas. En un momento dado, viró hacia el norte y pasó el verano de 1910 alrededor
del Polo Norte. Luego, impulsado por el flujo de la corriente
del Labrador, que traslada agua helada hacia el sur.
La mayoría de los icebergs se derriten
cumplido su primer año. Otros cuando cumplen dos. Solo un puñado dura tres hasta
que la corriente del Labrador se encuentra con las cálidas aguas de la corriente del Golfo,
que actúa como un calefactor oceánico. Solo uno de cada cien icebergs sobrevive
a esa zona de contacto y solo uno entre varios miles llega a los 41º norte, la
misma latitud de Nueva York y la misma que cruzan los transatlánticos.
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| Principales corrientes oceánicas. Fuente |
Cuando el Titanic naufragó
en 1912, se hundió cuatro kilómetros en el océano y golpeó el fondo marino a
más de cincuenta kilómetros por hora. La tumba oceánica del barco era tan
remota que se necesitaron
setenta y tres años, casi toda una vida, para encontrar el pecio más legendario
y fascinante de todos los tiempos.
La brevísima historia del Titanic
se ha contado mil veces en películas, libros, exposiciones y documentales que olvidan
el detalle más asombroso: lo cerca que estuvo de que nunca hubiera sucedido.
Los icebergs habían golpeado a los barcos desde que hubo barcos, pero el que hundió
al transatlántico de pasajeros más grande jamás construido estaba a punto de
desaparecer.
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| El Titanic se hundió alrededor de las 2:20 am del 15 de abril de 1912, después de chocar contra un iceberg en el océano Atlántico. Universal History Archive. |
Después de tres años a la deriva,
a la masa helada probablemente le quedaba una semana de vida, dos como mucho.
Se hacía cada vez más pequeño a medida que navegaba por aguas más cálidas. A
medida que los icebergs se derriten por su base, se giran, vuelcan y siguen erosionándose
y dando más volteretas hasta que al final, cuando se han reducido al tamaño de
una pelota playera, giran como peonzas y desaparecen como nacieron:
transformados en una y definitiva gota de agua.
Una semana más tarde o cualquier
otra semana y un barco que nadie creía que pudiera hundirse hubiera completado
su viaje inaugural y hoy estaría en donde quiera que habite el olvido: Sería
uno más de cientos de buques trasatlánticos. Un día más y el iceberg habría
sido mucho más pequeño. En cualquier otra hora el barco habría estado a cientos
de metros de distancia.
Pero ni el buque ni el bloque de hielo
esperaron y el ingenio de los humanos en los albores de la navegación moderna
sucumbió a la fuerza de varios copos de nieve que el tiempo, quince mil años
desde que cayeron en Groenlandia, había compactado hasta hacerlos tan duros
como una roca de cuarzo. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca
viernes, 26 de agosto de 2022
Lecturas de verano: Breves instrucciones para construir castillos de arena
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| El castillo de arena más alto del mundo mide 21,16 m de altura y se construyó en Blokhus, Dinamarca, el 2 de julio de 2021. Foto: Shutterstock/DVY |
Un edificio incomparable se recorta en un cielo azul brillante. Docenas de agujas y torres de múltiples formas y diseños sobresalen entre almenas y contrafuertes alrededor de una torre central piramidal. La base la cierra un muro fortificado, detrás del cual hay un cuerpo de agua del que emerge un dragón vigilante mientras que un faro brilla desde un costado de la imponente estructura.
Esta colosal escultura pulverizó el año pasado el récord
Guinness de castillos de arena. con un ancho de 32 m y una altura de 21,16, la
fortaleza arenosa está hecha con 4.860 toneladas de arena que treinta
escultores dirigidos por el artista holandés Wilfred Stijer esculpieron en
Blokhus, Dinamarca, en julio de 2021.
Si quiere saber por qué algunos castillos de arena son altos
y tienen estructuras complejas y elegantes, mientras que otros son montones de
arena desmadejados, tenga en cuenta en primer lugar el ABC de los castillos de
arena: construirlos adecuadamente exige la mezcla correcta de tres ingredientes:
la arena proporciona la estructura, pero es el agua que se
introduce entre los granos de arena la que mantiene cohesionada la arena. El
tercer ingrediente es intangible e invisible: sin la cantidad correcta de aire,
el agua separaría los granos de arena.
No sirve cualquier arena
De acuerdo con el Sistema
Unificado de Clasificación de Suelos que utilizan los ingenieros para los
cálculos de estructuras, los granos de arena son partículas de suelo que tienen
un diámetro entre 0,075 y 4,75 mm. Por definición, cualquier material térreo
que se clasifique como arena debe tener al menos la mitad de sus partículas dentro
de ese rango. Si una muestra de suelo tiene partículas más pequeñas que el
tamaño de la arena es una arcilla, y si las partículas son más grandes se
consideran gravas.
La mayoría de la arena sirve para construir cualquier
castillo, pero la mejor de todas tiene dos características: granos de arena de
varios tamaños diferentes que se sientan ásperos al tacto, es decir, si se
observan con una sencilla lupa de mano presentan bordes angulares. La variación
en el tamaño del grano permite que los granos de arena más pequeños llenen los huecos
(poros) que quedan entre los granos de arena más grandes. El resultado es una
mayor resistencia de la arena.
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| Concurso infantil de esculturas de arena. Playa Ramírez (Montevideo, Uruguay). Dominio público |
Si quiere hacer una pila de piezas angulosas de madera no tendrá ninguna dificultad para amontonarlas; intente hacerlo
con un saco de canicas y, por mucho empeño que ponga, no lo conseguirá (salvo
que use pegamento). Por eso mismo, los granos de arena más angulares, es decir,
los que tienen márgenes más delgados, se unen mejor entre ellos lo que trae
como resultado que el castillo de arena sea más fuerte y resistente.
Esa es también la razón por la que, paradójicamente, la
mejor arena para levantar castillos no se encuentra necesariamente en una playa
natural. Los granos de arena más angulares generalmente se encuentran más cerca
de las montañas, cuyas rocas antes de disgregarse son las fuentes geológicas de
donde surge la arena una vez que el agua y el viento hacen su trabajo erosivo.
Esos granos de arena son los más angulosos porque el agua y
el viento no han tenido tiempo para redondearlos. En los mejores concursos de castillos
de arena los organizadores suelen importar
arena de río. Debido al maltrato urbanístico del litoral y a la falta de
aportes de los ríos agostados o represados y de la destrucción de las dunas
naturales, muchas de las playas más populares están muy artificializadas con
unos o varios aportes anuales de arena de río. Esas son las mejores para hacer
esculturas de arena.
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| Imágenes en 3D de cuentas de vidrio (a modo de granos de arena) mojadas usando microtomografías de rayos X (arriba). Estos modelos muestran los granos (en amarillo) y los puentes capilares (en azul) que tiran de las cuentas una hacia la otra, tal como lo hacen en la arena real. Abajo: Se forman más puentes capilares (regiones blancas) a medida que aumenta la cantidad de agua entre los granos (de izquierda a derecha).l. Fuente: Nature Materials 7 189. 2008. |
Finalmente, cuanto más apretados estén los granos, más consistente será la arena. Si presionamos con fuerza la arena húmeda para compactarla lo máximo posible los granos de arena se aprietan unos contra otros, lo que disminuye el tamaño de los poros y aumenta el efecto cohesionador del agua con el consiguiente aumento de la resistencia de la arena.
El agua es clave
Cualquier niño que juegue en la playa sabe que las
propiedades físicas de la arena húmeda y seca son muy diferentes. Si no hay agua,
como mucho solo conseguirá levantar un montón de arena. Si se pasa, “ahogará”
el material y comprobará como el agua y la arena fluyen en forma de un fluido
incoherente y amorfo. No hay que plantarse a destiempo y mucho menos pasarse: entre
la arena seca y la arena saturada de agua hay una amplia gama de niveles de humedad
que permiten la construcción de
castillos de arena.
El agua es cohesiva, lo que significa que al agua le gusta pegarse
al agua. Pero el agua también se adhiere o asciende por ciertas superficies. Mire
con atención la superficie del agua en un tubo de ensayo y verá cómo se curva
hacia arriba en los bordes debido a las fuerzas adhesivas entre el vidrio y el
líquido. La gravedad consigue mantener el agua en el tubo, pero el líquido
trata de trepar hasta la superficie. Esta pequeña lucha es lo que hace posible
levantar castillos de arena.
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| Fuente |
Justo donde el aire y el agua se juntan, hay tensión
superficial, que cohesiona el agua como la superficie tensa de un globo. Esa
misma tensión superficial es la que une también los granos de arena. Si el tubo
de ensayo medio lleno de agua fuera mucho más delgado, como una pajita de
sorber, el agua subiría más y tendría más tensión superficial. Cuanto más
estrecha sea la pajita, más alta subirá el agua. Este fenómeno se llama capilaridad.
El agua se comporta del mismo modo en la arena húmeda. Los huecos
o poros entre los granos son como un montón de pajitas muy pequeñas. El agua
forma pequeños puentes entre los granos. En esos puentes microscópicos el agua
está sujeta a tensión y tira de los granos manteniéndolos apretados gracias a
la tensión
de succión.
Una regla general para construir grandes castillos de arena
es utilizar una parte de agua por cada ocho de arena seca. La cantidad de agua controla
el tamaño y la fuerza de los puentes de agua. Muy poca equivale a pequeños
puentes entre los granos de arena. Añada más agua y el tamaño y el número de
puentes crece aumentando la succión que mantiene unidos los granos. El
resultado es una arena perfecta para esculpir arena.
Demasiada agua, sin embargo, hará la que succión sea
demasiado débil para mantener la arena cohesionada. En una playa, la arena con
el mejor nivel de humedad es la que está cerca de la línea de marea alta durante
la bajamar.
La sal del agua marina también puede ser de gran ayuda para estabilizar
nuestro castillo. Al principio, las fuerzas capilares mantienen unidos los
granos de arena, pero llegará un momento en el que se evaporará,
particularmente en los días con viento. Cuando el agua de mar se seca, la sal se
queda. Como el agua estaba formando puentes entre los granos, la sal cristaliza
en los puntos de contacto. De esa manera, la sal puede mantener un castillo de
arena en pie mucho después de que la arena se haya secado. Pero, ojo, tenga
cuidado de no tocar la arena cohesionada con sal: es frágil y deleznable.
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| Una escultura de arena presentada en el International Sand Sculpture Festival (SANDLAND) en Antalya, Turquía en mayo de 2021. Fuente. |
Antes de ir a la playa, recapitulemos. Para un castillo de
arena verdaderamente impresionante, seleccione un lugar con una cantidad apropiada
de arena fina. Coja arena húmeda alrededor de la marca de la marea alta, lo que
le dará la proporción ideal de arena y agua de 8:1. Compacte su material para
aumentar la estabilidad. Si quiere una torre alta, busque una base ancha y una
forma cónica. Hecho eso, cruce los dedos y da rienda suelta a tu creatividad.
Tendrá una obra maestra en sus manos... hasta que su estructura sea,
inevitablemente, arrastrada por la marea ascendente.
En cualquier caso, aunque sus ambiciones constructoras sean
más modestas, diviértase haciendo castillos de arena que, aunque no se eleven
mucho, siempre será mejor que levantarlos en al aire. ©Manuel Peinado Lorca.
@mpeinadolorca
jueves, 25 de agosto de 2022
Lecturas de verano: una brevísima historia de los castillos de arena… y de cómo construirlos
Construir castillos de arena era uno de las tareas infantiles más placenteras (e inacabadas) durante unas vacaciones en la playa, pero ¿qué sabemos realmente sobre la historia y la ciencia que hay detrás de las esculturas de arena? Como su propia vida, la historia de los castillos de arena es breve, pero si es posible que aprendamos un poco para que duren algo más… al menos hasta la siguiente pleamar.
Empecemos por la historia y dejemos para otra entrada
cómo se construyen.
No existe una fecha exacta para datar la invención de las
esculturas hechas con arena, aunque según dicen los egiptólogos los egipcios
utilizaban la arena para hacer maquetas de las pirámides, lo que parece muy
lógico habida cuenta de que arena, lo que se dice arena, no les faltaba algo,
dicho sea de paso, que no nos
ocurre ahora. Hay también quien dice que el poeta Balaram
Das levantaba devotas esculturas de arena en su India natal hace
seiscientos años.
Si eso es así, lo cierto es que en la historia de los
castillos de arena se abre un vacío de siglos para que volvamos a tener
constancia de su existencia. A
pesar de lo que dice Wikipedia y otros repiten como una letanía, las
edificaciones en arena no se inventaron en Estados Unidos a principios del
siglo XX: como en tantas otras cosas, se adelantaron los ingleses.
Aunque sea imposible decir cuándo el primer niño intentó
detener la marea que entraba en una playa construyendo un terraplén de arena o
una torre con un foso alrededor, los periódicos británicos dan fe de que
empezaron en el siglo XIX.
Por una vez y sin que sirva de precedente, en esta
recuperación histórica de la más fugaz de las construcciones ideadas por los
ingleses (y por el hombre, por ser estrictos), el Oxford English Dictionary
no dice ni pío, así que acudo a beber en otras fuentes: la siempre generosa Hemeroteca
Británica.
En un artículo sobre la benéfica y salutífera práctica de
acercarse al mar publicado por el Fife Herald el 24 de julio de 1856 leo:
«Déjale
que se bañe y se empape en el agua y construya castillos de arena en la playa».
Unos días antes, el 8 de julio de 1856, el Banffshire Journal and General
Advertiser publicó un artículo que decía: «El contraste entre el niño flaco
y precoz que se esfuerza por leer libros en los bancos abarrotados de una
escuela de la ciudad, y el niño o la niña regordetes y juguetones que
construyen castillos en la arena, o "castillos en el aire" a la
orilla del mar, es muy acusado».
El Elgin Courier llegó un poco más tarde. El 15 de
agosto de 1862 su corresponsal en Margate, una ciudad-balneario inglesa,
escribe que en verano: «Es agradable incluso hacer cosas intensamente estúpidas:
estar en la playa y arrojar guijarros al mar durante media hora, para luego
ayudar a cavar un foso alrededor de un castillo de arena y sentir tanto interés
por él como su pequeña hija de cinco años».
El Liverpool Mercury de 1864 describe las actividades
en la playa de Llandudno, Gales del Norte, que incluían la construcción de
castillos de arena. En Google News me entero de que en el Chronicle
from Nova Scotia (1868) se escribía sobre castillos de arena, diques,
bastiones y malakoffs
(esto último en referencia a la Guerra de Crimea).
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| Imagen de 'Illustrated Poems and Songs for Young People', 1885, cortesía de The British Library en Flickr. |
Los concursos de construcción de castillos de arena se consolidaron en los balnearios ingleses a finales del XIX. El superventas decimonónico Illustrated Poems and Songs for Young People describía en 1884 a cientos de niños construyendo fuertes y puentes, casas y faros.
En 1900 un concurso levantó una pequeña polvareda. En Rhyl,
Gales del Norte, Bovril (la salsa de extracto de carne)
patrocinó un concurso de castillos de arena. Los concursantes tenían que
incluir el nombre de la compañía en el castillo. Unos días más tarde, una
compañía de güisqui patrocinó un concurso similar, en el que, obviamente su
nombre tenía que figurar en lugar destacado. Como uno puede imaginar, los
abstemios de la asociación local de la templanza se levantaron en armas. A
pesar de ello, hoy, en Rhyl se siguen
haciendo unos famosos concursos de castillos de arena.
Los artistas no ganaron algún dinerito con sus esculturas en
arena hasta finales del siglo XIX, cuando los veraneantes arrojaban monedas a
los escultores astutamente plantados cerca de los paseos marítimos. A lo largo
del siglo XX, la escultura de arena continuó siendo una parte importante de los
complejos turísticos playeros y algunas personas que conozco guardan buenos recuerdos
de la construcción de castillos como parte de las actividades que se realizan
en muchas playas cada verano.
Philip McCord
creó en 1897 una asombrosa imagen en arena de una mujer ahogada y su bebé, que
se piensa que es la primera escultura artística conocida hecha con arena. Poco
después, la gente estaba tan fascinada con esa manifestación original de arte
que se convirtió en un verdadero negocio en Atlantic City, Nueva Jersey. Allí, en
la principal ciudad turística de la costa noreste, los turistas pagaban para
ver a los artistas crear enormes obras maestras en las playas.
En 1901, el escritor Emory James publicó un extenso
reportaje en The Strand Magazine sobre un tal Eugen
Bormel, un artista que creaba esculturas de arena en la ciudad turística de
verano de Nordeney, en el mar del Norte alemán. James aseguraba que el buen
profesor no debía ser clasificado «entre los sacaperras de las arenas que,
por un sombrero lleno de monedas y pan con manteca, se dignan a exhibir su
destreza artística ante la multitud». Y es que, al parecer, el profesor
Bormel era famoso por donar todas sus ganancias a obras de caridad. Su tema
preferido, las sirenas y distintas versiones de la esfinge egipcia, siguen
siendo algunos de los temas favoritos de los escultores de arena modernos.
En la década de 1970, California se convirtió en el sitio de
un nuevo tipo de constructor de castillos de arena: el profesional. De hecho, Todd
Vander Pluym y Gerry Kirk crearon allí el SSI (Sand
Sculptors International) para fijar las reglas reguladoras para homologar
modalidad artística. También organizaron equipos de artistas dedicados a construir
esculturas grandes y extremadamente detalladas. Hoy, muchas ciudades tienen playas
en las que se organizan concursos y otorga premios a escultores profesionales y
aficionados.
Las posibilidades de crear con arena son infinitas. Las
esculturas de arena pueden pesar hasta cinco mil toneladas y se pueden ejecutar
en cualquier forma imaginable para que coincida con un tema o con un
acontecimiento local. A diferencia de los artistas anónimos del pasado, la
mayoría de los mejores artistas de arena de la actualidad se ganan la vida con
su trabajo y muchos compiten por títulos y grandes premios en efectivo. En todo
el mundo se celebran cada año cientos de competiciones anuales.
Fort Myers, Florida, alberga una de esas competiciones anuales.
Su American Sand Sculpting
Championship & Beach Festival se celebra cada año en noviembre y
atrae una media de 100.000 participantes. Generalmente participan una docena o
más de los mejores escultores de arena del mundo, que crean sus obras maestras
en las playas de arena de la ciudad con la expectativa de ganar un suculento
premio en metálico.
Pero el considerado el evento de escultura de arena más
grande del mundo se celebra en la península Ibérica: el Festival
Internacional de Escultura em Areia (FIESA) se organiza en Pêra, en el Algarve
portugués, desde 2003. La sede ocupa quince mil metros cuadrados sobre los
cuales cada año unos sesenta artistas utilizan treinta y cinco mil toneladas de
arena para crear sus obras.
De España poco sé, salvo la historieta de Paqui Peña, una reconocida
destructora de castillos de arena a la que la tele le concedió cierta fama
y que, afortunadamente, no irrumpió en el campeonato mundial de castillos de
arena que tuvo lugar en 2003 en
Valladolid, donde, si no recuerdo mal, no hay playas.
Donde sí las hay es en Virginia Beach, en donde en
septiembre de este año se
celebra la próxima edición de ese campeonato en el que los nostálgicos de
los castillos son siempre bienvenidos.
¿Cómo se construye una buena escultura de arena? Larespuesta en una próxima entrada. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
viernes, 19 de agosto de 2022
Lecturas de verano: breve historia del pintalabios
Desde la antigüedad hasta hoy, las normas que regulan el uso de los pintababios han estado determinadas por el género, la clase, la seguridad y la religión.
Terminada la pandemia, las españolas han aumentado en
un 38% el consumo de productos cosméticos, así que cabe suponer que después
del desplome de ventas debido al obligado enmascaramiento, este verano el lápiz
de labios regresa triunfante.
Buen momento, pues, para hacer un repasito de la historia de
lápiz de labios, cuyo uso
ha sido siempre un poco ciclotímico. Desde que hizo su aparición hace
milenios, en su uso han influido más cosas que realzar la belleza: el género,
la clase social, la salud y la religión y hasta guerra han jugado un papel decisivo
en su popularidad.
Hoy en día, cualquier producto cosmético y más todavía si se
coloca en la boca, pasa por una infinidad de
controles sanitarios. Pero el lápiz de labios no siempre ha sido seguro,
aunque históricamente era relativamente menos probable que alguien se
envenenara con el lápiz de labios que con la mayoría de otros productos
cosméticos o simplemente bebiendo agua del grifo.
![]() |
| Escena de banquete típica del Período Dinástico Temprano. Cilindro-sello de la Reina Puabi, procedente del Cementerio Real de Ur, c. 2600 a.C. Museo Británico. Wikipedia commons. |
El primer lápiz de labios conocido apareció en la historia
alrededor del año 3500 a. C. y lo usó en Babilonia la reina sacerdotisa Puabi de la
antigua Ur, en cuya tumba, para pasmo de los arqueólogos encabezados por el célebre
Leonard Woolley, además de los esqueletos
de cinco soldados y veintitrés sirvientas que habían sido envenenadas (probablemente,
salvo que a todas les diera un síncope mortal al ver fallecer a su dueña) y
enterradas para servir a su señora en la otra vida, aparecieron un sinfín de objetos
preciosos, entre otros varios cosméticos.
Siendo un poco tiquismiquis, en realidad no se trataba de un
lápiz con la forma cilindro-cónica que se diseñó alrededor de la I Guerra Mundial
(adivinen a qué se debe su inequívoca forma de proyectil de artillería). En
realidad, lo que doña Puabi se untaba en sus reales belfos era una crema mezcla
de plomo blanco y rocas rojas trituradas, que en la antigüedad se hizo tan
popular que enterraban al personal de ambos sexos que podía costearlo con
conchas de berberecho rellenas con él. Es también más que posible que las
beldades que se untaban plomo (un veneno muy potente)
en plenos morros incrementarían sin saberlo las estadísticas de mortalidad de
su época (en el buen entender de que sumerios y camaradas contemporáneos tuvieran
un primitivo INE).
Y es que muchos de los primeros
colores de tintes labiales estaban elaborados con cosas que ni el influencer
más insensato, y mira que los hay, se atrevería a recomendar: hormigas
aplastadas y escarabajos de coraza carmesí en el antiguo Egipto o heces de
cocodrilo y sudor de oveja en la antigua Grecia.
En Egipto, hombres y mujeres usaban maquillaje como parte de
la rutina diaria. El color que arrasaba procedía del ocre rojo, que se aplicaba
solo o mezclado con resina o goma como fijadores. Otros colores populares incluían
el naranja, el magenta y el negro azulado (lo que quizás signifique que los
antiguos egipcios fueron los precursores de los jovencitos góticos actuales), y
como en Ur, a los que se lo podían permitir, que no eran muchos, los sepultaban
con al menos dos botes de color labial junto con varios bastoncillos de madera
húmedos con los que se aplicaba el cosmético.
En la antigua Grecia, la pintura labial era usada
principalmente por trabajadoras sexuales. El rojo era el no va más y lo
conseguían a base de tintes varios y de posos de vino o con ingredientes repugnantes como sudor de
oveja, saliva humana y excrementos de cocodrilo. El uso cada vez más
generalizado trajo consigo las primeras regulaciones, pero no por las razones
de higiene y salubridad que, dados los ingredientes, pensaría cualquiera, sino debido
al engaño potencial de los hombres y al socavamiento de las divisiones de clase.
Para evitar la subversión, el uso del pintalabios obligó a promulgar nuevas
leyes para el personal poco espabilado: las prostitutas podían ser castigadas
por hacerse pasar como mujeres decentes si aparecían en público sin maquillaje
ni pintura labial.
El auge del imperio romano vio cómo el pintalabios se volvía
chic. Los hombres lo usaban para subrayar su posición social y las
mujeres acaudalas lo usaban para ir a la moda. Sin embargo, la belleza y el
estatus tenían un precio. Los ingredientes (ocre, mineral de hierro y algas Fucus)
hacían de la pintura labial un veneno casi tan potencialmente mortal como arrojaran
a las fauces de las hambrientas fieras del Coliseo.
En algunas partes de Asia, el pintalabios rojo también era
un cosmético antiguo. En China, el color de las uñas era el principal cosmético
utilizado por las clases altas, pero los primeros pintalabios (los primeros son
de alrededor del año 25 d. C.) se hacían con una base de cera de abejas a la
que los propios usuarios agregaban fragancias, aceites aromáticos y pigmentos
rojos hechos de plantas trituradas, sangre o bermellón. La forma en que se
aplicaba también cambió drásticamente de una dinastía a otra: durante la
dinastía Qin (221 a 206 a. C.), por ejemplo, las mujeres pintaban un punto
grande en el labio inferior y un punto en el labio superior; durante las
dinastías Sui (581 a 618) y Tang (618 a 907), pintaban el perfil de los labios de
una cereza.
A partir del período Heian (790-1185 d. C.), en Japón las
geishas eran las mayores usuarias de todo tipo de maquillajes. Usaban una papilla
de flores de cártamo para elaborar un pigmento para colorear sus labios. Muchas
geishas usaban productos a base de plomo para aclarar la piel de la cara, el
cuello y el pecho. Alguien realmente debería meterse en la máquina del tiempo
para decirle a la gente en general y a las geishas en particular que untarse
plomo en la cara es una idea muy mala.
Para las geishas, la forma en que se aplicaban los pigmentos
labiales dependía de la etapa de su formación en la que se encontraban y de si se
trataba una geisha novata o una más experimentada. Aparte de las geishas, el
color de los labios era popular en Japón; Durante el período Edo (1603-1867),
algunas mujeres combinaban el colorete de labios rojo con polvos blancos para
la cara y dientes ennegrecidos, lo que demuestra una vez más que las primeras
tendencias de maquillaje eran mucho, mucho más atrevidas, que cualquier otra
que podamos ver ahora.
El uso de lápiz de labios disminuyó durante la Alta Edad
Media de Europa occidental ya que hubo una evolución gradual pero clara hacia
una existencia vital bastante más sencilla (y posiblemente también un poco
menos higiénica). En Inglaterra se pensaba que las mujeres que usaban
maquillaje habían firmado un pacto con el diablo, porque está más que claro que
la modificación del rostro desafía la obra de Dios.
Dos de los grandes creadores de tendencias (a veces
contrapuestas) entre los años 1300-1900 fueron Inglaterra y Francia. Mientras
que Francia era relativamente permisiva y el colorete de labios fue una
tendencia mantenida a lo largo de varias épocas (Guerlain es desde hace varios
siglos una de las marcas más conocidas), Inglaterra tenía una extraña relación
de amor-odio con pintarse los labios, que oscilaba desde ser absolutamente guay
a prohibirlo de facto o de iure.
Durante la Edad Media, las mujeres de varios países
europeos, incluidos Inglaterra, Alemania, España e Irlanda usaban coloretes de
labio con tintes a base de hierbas. Con su acostumbrada postura progresista, a
las iglesias no le olía bien el asunto y consideraban como satánico el aspecto
de los labios pintados.
El protestantismo de Inglaterra impuso severas restricciones sobre el maquillaje. Hacia 1500, las cosas empezaron a cambiar. La tolerante reina Isabel I (1533-1603), la Reina Virgen era una usuaria constante del colorete hasta el punto de creer que tenía poderes curativos e incluso la capacidad de alejar la muerte, aunque esta creencia estaba fuera de lugar dado que uno de los ingredientes principales era el plomo blanco.
Después de la muerte de la reina, el uso del pintalabios
volvió a ser un símbolo de reputación dudosa, pero mientras el clero y algunos
legisladores se acercaban al color de los labios con el tipo de repelús
generalizado con el que la mayoría de la gente se acerca hoy a los aseos de las
gasolineras, durante el siglo XVII muchas mujeres (y algunos hombres del
entonces desconocido movimiento LGTBIQ+) usaban coloretes labiales, aunque de
una manera mucho más sutil, sin estridencias.
En 1770, el Parlamento aprobó una ley que convertía
cualquier cosa que alterara la apariencia de una mujer (pelucas, pintalabios, dientes
postizos y zapatos de tacón alto, entre otros) en motivo para anular su matrimonio
o ser juzgada por brujería. Era una ley que, como todas, elaboraban los hombres
a su favor, pero que tuvo un resultado sorprendente para las mujeres: las
féminas compraban menos pintalabios que en aquellos tiempos contenía bermellón
cargado de mercurio. La prohibición probablemente salvó a muchas mujeres del
envenenamiento.
En la era victoriana, gracias a la declaración pública de la
reina de que el maquillaje era "inapropiado", las mujeres recurrían a
morderse los labios, frotarse los labios con cintas rojas e intercambiar en
secreto recetas de lápiz de labios con sus amigas. Para las mujeres
privilegiadas, los encargos o los viajes a París, donde podían comprar la
pomada labial de pomelo, mantequilla y cera de Guerlain, era la solución más socorrida.
En los Estados Unidos del siglo XX, las sufragistas usaban lápiz
de labios como emblema de la emancipación de la mujer. El color comenzó a
aparecer en los labios de más y más mujeres. Pero la seguridad sanitaria seguía
siendo un problema. La receta estadounidense de usar insectos triturados, cera
de abejas y aceite de oliva producía pintalabios que tendían a volverse rancios
a las pocas horas de aplicarlo. Hasta 1938, cuando Estados Unidos aprobó la Ley
de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos, no se introdujeron las normas de
seguridad: los cosméticos ya no podían incluir sustancias "venenosas"
o "perjudiciales". Todo un alivio.
Cuando en 1915, en plena I Guerra Mundial, se inventó el
primer pintalabios con el característico diseño en forma de proyectil de
artillería, su uso se hizo aún más popular porque la nueva forma lo hacía mucho
más fácil de llevar encima. En el siglo XX, los labios rojos eran de uso universal
(al menos en el universo conocido, que no es mucho). En la India, mientras que
a principios de la década de 1900 la mayoría de las mujeres usaban un
maquillaje muy ligero, los labios rojos (junto con cejas anchas y los ojos bien
delineados) eran de uso generalizado a mediados de la década de 1920, cuando
Gandhi andaba enredando con la independencia de su país.
Aunque el pintalabios rojo siempre ha sido un símbolo de
estatus, sensualidad y del que parece un irrefrenable deseo de untarse cosas en
la cara, asumió un papel ligeramente diferente durante
la Segunda Guerra Mundial: para las mujeres que trabajaban en roles que
tradicionalmente tenían una inclinación más "masculina", como las que
inundaron talleres y fábricas en sustitución de los varones movilizados, la
barra de labios era una forma de reforzar la feminidad tradicional al tiempo
que les ofrecía algo que les daba cierta sensación de normalidad. En plena
Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill creó el eslogan «la belleza es tu
deber» (beauty is your duty) para convertir al lápiz labial rojo en un acto de
compromiso patriótico.
Los tonos de pintalabios durante la guerra también venían
con lemas y envolturas patriótica, que funcionaban de dos maneras: porque convertían
al artículo en una especie de símbolo de poderío de un país que, pese a estar
en guerra, seguía fabricando productos de belleza, y porque como los nazis repudiaban el maquillaje,
especialmente si el pintalabios era rojo, usarlo era como hacerle un corte de
mangas al dictador. En lugar de ¡Heil, Hitler!, ¡Que te jodan, Hitler!
Cuando las empresas de maquillaje comenzaron a ampliar sus gamas y a centrarse en nuevos tipos de productos y fórmulas, el pintalabios rojo se convirtió en un elemento básico que permanecía en un segundo plano de los muestrarios, pero que seguía omnipresente.
Y es que los labios rojos no han desaparecido y no desaparecerán
a corto plazo. Algunos dicen que es porque el rojo es un color clásico y
poderoso que siempre está de moda. Otros dicen que es porque los labios rojos
significan labios vaginales a punto de caramelo. Quienes opinan así suelen ser
antropólogos, que pueden ser los mejores o los peores invitados para tus
fiestas.
Posiblemente el hechizo por los tonos rojizos sea una
combinación de lo cromático y de lo erótico, pero como ocurre con los proverbiales
gatos negros y los gatos blancos, lo importante es que el pintalabios sigue
cazando…. corazones.






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