Hay plantas que eligen una
estación y concentran en ella todos sus esfuerzos. Florecen en primavera,
producen sus frutos, pasan discretamente el verano y esperan al año siguiente. Ceratostigma
plumbaginoides parece considerar semejante comportamiento una falta de
ambición. Comienza a florecer cuando muchas plantas del jardín empiezan a
pensar en retirarse y, mientras mantiene sus pequeñas flores de un azul
eléctrico, transforma progresivamente sus hojas verdes en una mezcla de rojos,
púrpuras y bronces. Durante unas semanas parece incapaz de decidir si quiere
celebrar el verano o el otoño.
Es una pequeña planta perenne de
la familia Plumbaginaceae, la misma de los plumbagos, las estátices del género Limonium
y las armerias. La familia posee una combinación floral bastante
característica: flores generalmente pentámeras, cinco estambres y ovario súpero
unilocular con un único óvulo de placentación basal. Nuestro Ceratostigma
comparte además con los plumbagos ese aspecto de pequeñas flores agrupadas cuyo
color azul parece demasiado intenso para ser completamente natural. Pero lo es.
El nombre del género merece que
nos acerquemos a una flor con una lupa. Ceratostigma procede del griego keras,
keratos, «cuerno», y stigma, «estigma»: aproximadamente, «estigma
cornudo». Alude a la forma del extremo del estilo, dividido en cinco lóbulos o
prolongaciones estigmáticas. El epíteto plumbaginoides significa
«semejante a Plumbago»: Plumbago más el sufijo griego -oides,
«parecido a». El nombre completo podría traducirse, con bastante poca elegancia,
pero mucha precisión, como «la planta de estigma cornudo que se parece a un
plumbago». Y realmente se parece como puede comprobar quien se tome la molestia
de consultar el post de Plumbago auriculata en este mismo blog.
Sus flores poseen una corola
tubular que termina en cinco lóbulos extendidos, de color azul intenso,
frecuentemente con tonos violáceos. En el centro destacan las anteras, y todo
el conjunto apenas mide un par de centímetros. Las flores aparecen agrupadas en
pequeños racimos terminales y axilares y son visitadas por sírfidos, mariposas
y otros insectos en general de largas trompas. Las hojas son simples, alternas,
de contorno entre ovalado y obovado y con pequeños pelos en los bordes y
superficies. Los tallos son finos y rojizos. Nada de ello resultaría
particularmente espectacular si no fuera por lo que sucede cuando disminuyen las
temperaturas y se acortan los días.
Entonces las hojas comienzan a
fabricar el espectáculo que las flores habían iniciado. Al degradarse la
clorofila desaparece progresivamente el verde y se hacen visibles o se acumulan
otros pigmentos, especialmente antocianinas, responsables de buena parte de los
tonos rojos y púrpuras. El resultado es particularmente hermoso porque la transformación
coincide con las últimas flores azules. Azul y rojo son colores relativamente
poco frecuentes juntos en una misma planta silvestre; Ceratostigma
plumbaginoides consigue reunirlos precisamente cuando el jardín empieza a
perder color.
La planta procede de China,
concretamente de regiones del centro-norte y centro-este del país, donde vive
en ambientes templados. No es un arbusto como algunos otros Ceratostigma,
sino una perenne rizomatosa, una condición que explica buena parte de su
comportamiento en el jardín.
Durante el invierno la parte
aérea puede desaparecer casi por completo. Un jardinero que no conozca la
planta puede llegar a pensar que la ha perdido. Pero bajo tierra permanecen sus
rizomas. Cuando llega la primavera surgen nuevos tallos y, poco a poco, la
planta comienza a extenderse lateralmente. No suele alcanzar más de unos 20–30
centímetros de altura, pero puede formar alfombras bastante amplias.
Ahí reside precisamente su
principal utilidad ornamental. Ceratostigma plumbaginoides es una
magnífica planta tapizante para borduras, taludes, rocallas y pies de muros.
Tolera suelos relativamente pobres, soporta bien períodos de sequía una vez
establecida y agradece el sol, aunque puede vivir en semisombra. En climas
cálidos cierta protección frente al sol más abrasador de la tarde puede incluso
favorecerla.
Su expansión mediante rizomas
tiene, naturalmente, una contrapartida. Cuando encuentra un lugar que le gusta
puede decidir que el jardín entero le gusta también. No estamos ante una
invasora particularmente temible, pero conviene recordar que «excelente tapizante»
es una expresión jardinera que a veces significa «planta que no ha leído el
plano que usted había preparado para el parterre».
Su parentesco con Plumbago
plantea otra cuestión interesante. El nombre de este último procede del latín plumbum,
«plomo». La explicación tradicional relaciona el nombre con el color gris
plomizo de algunas hojas; otras interpretaciones antiguas lo asociaron con
supuestas propiedades para tratar intoxicaciones por plomo o ciertas afecciones
oculares. Incluso las fuentes botánicas modernas conservan cierta cautela ante
una etimología cuya historia se ha ido adornando durante siglos.
Más importante desde el punto de
vista químico es que las Plumbaginaceae son conocidas por producir
naftoquinonas, y entre ellas destaca la plumbagina. Este compuesto, célebre
sobre todo en especies de Plumbago, posee una considerable actividad
biológica y ha sido estudiado por sus propiedades antimicrobianas,
antiinflamatorias y citotóxicas. Precisamente esa actividad obliga a desconfiar
de la idea, demasiado frecuente, de que una sustancia vegetal es inocua
simplemente porque sea «natural».
En Ceratostigma también se
han investigado compuestos de este grupo, pero C. plumbaginoides no debe
considerarse una planta medicinal de uso doméstico. La información fitoquímica
y toxicológica disponible es mucho menor que la existente para algunas especies
de Plumbago, y no hay ninguna razón para preparar infusiones o extractos
caseros con una planta cuyo principal valor es ornamental. Conviene además
evitar el contacto innecesario con la savia si se tiene piel sensible.
Tampoco posee una gran historia
de usos tradicionales comparable a la de muchas plantas que hemos tratado en
esta serie. Y eso, en realidad, resulta instructivo. No todas las especies
necesitan haber curado el reumatismo, espantado demonios o servido para fabricar
ungüentos medievales para merecer una historia natural. Algunas han tenido una
relación mucho más sencilla con nosotros: las cultivamos porque son hermosas.
En Europa empezó a difundirse
como ornamental después de la introducción de numerosas plantas chinas durante
el siglo XIX. Su descriptor, Alexander von Bunge, merece también unas líneas.
Fue un botánico germano-ruso nacido en Kiev en 1803, gran explorador de la
flora asiática. Participó en expediciones por Siberia, China, Mongolia y Persia
y describió numerosas plantas desconocidas entonces para la botánica europea. Ceratostigma
plumbaginoides apareció publicado por él en 1833 en su catálogo de las
plantas del norte de China.
Desde entonces la planta ha hecho
un viaje considerable: desde las regiones templadas de China hasta rocallas y
jardines de medio mundo. Y lo ha conseguido sin desarrollar flores enormes,
perfumes embriagadores, troncos cubiertos de aguijones ni ninguna de las
extravagancias de otras protagonistas de esta serie veraniega. Le bastan veinte
centímetros de altura.
Primero extiende tranquilamente
sus tallos entre las piedras. Después, cuando termina el verano, enciende
pequeñas flores de un azul casi imposible. Y justo cuando uno cree que ya ha
mostrado todo lo que sabe hacer, convierte las hojas en una alfombra roja.
Para ser una planta que apenas
levanta un palmo del suelo, tiene un considerable sentido del espectáculo.