Las redes sociales tienen la
extraordinaria virtud de resolver en unos cuantos caracteres problemas que han
mantenido ocupados a los historiadores durante siglos. Uno de ellos es
determinar cuándo nació España. En un hilo de X, evidentemente xenófobo y ultraderechista,
me encuentro con el texto que transcribo en negritas (he dejado, además, las
faltas de ortografía que, entre otras cosas, delatan la ausencia de sindéresis):
Queridos Moros, vamos a
reírnos un rato, venga, a ver si sabéis responder...
-Adivina ¿Cómo se llamaba la
zona de la península ibérica con los fenicios?
I-SPN-YA
-Adivina ¿Cómo se llamaba con
los romanos?
HISPANIA
-Adivina ¿Cómo se llamaba con
los visigodos?
SPANIA
-Adivina ¿Cómo la llamaron los
omeyas?
AL-ANDALUS
-Adivina ¿Cómo se llamaba esta
tierra en la edad media?
ESPANNA
-Adivina ¿Cómo se llamaba en
la edad moderna?
ESPAÑA
Entonces, adivina ¿de dónde
viene el nombre actual de España?
Fenicios → I-SPN-YA
Romanos → HISPANIA
Visigodos → SPANIA
Edad Media → ESPANNA
Actualidad → ESPAÑA
Así, queridos moros, es como
uno demuestra la continuidad etimológica de un nombre que proviene desde
muchísimos siglos antes de que Ala hiciera aparición en la historia.
Podéis cambiar vuestra
historia por una inventada, podéis modificar fronteras, reinos, dinastías y
gobiernos, pero lo realmente complicado es borrar más de 2.000 años de historia
de un nombre evolucionado que Marruecos no tiene y España SI.
Por cierto, para aquellos que
dicen que España no existía antes de 1492, estáis muy equivocados y solo tenéis
que leer el documento «Estoria de España» de Alfonso X el Sabio, redactada
hacia 1270 y que se encuentra en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial,
Madrid y del que os dejo su portada aqui abajo
En ese documento ya se dice y
en varias ocasiones:
- «Aqui se comiença la Estoria
de Espanna que fizo el muy noble rey don Alfonsso...»
-«...los fechos que
contescieron en Espanna...»
-«...púsol nombre
"Espanna"... assí como lo auemos Nós departido en la nuestra Estoria
de Espanna...»
Que curioso...Espanna ¿Os
suena? Quizás por que esta puesto por arriba, justo en este mismo
texto...Bueno, por si alguien quiere consultarlo, este es el enlace
https://rbme.patrimonionacional.es/s/rbme/item/13129#?xywh=-153%2C-75%2C1204%2C1497
...Eso si, son mas de 400 paginas de códice, del que os dejo la portada
"moderna" porque la original se diluyo con el tiempo y una de sus
hojas subrayada donde pone Espanna...hay mas, pero no me da la vida.
FIN
La respuesta es admirablemente
sencilla: España existe desde hace más de dos mil años porque su nombre también
existe desde entonces. Los fenicios habrían llamado a la Península I-SPN-YA;
los romanos, Hispania; los visigodos, Spania; en la Edad Media se convirtió en Espanna
y finalmente llegamos a España. Caso cerrado.
Voy ahora con un comentario
general, con el que trato de dar respuesta razonada y fundamentada a una
pregunta clave que permite entrar en la discusión sin adoptar el tono xenófobo
del hilo y conduce exactamente al problema histórico interesante: España no
nació una sola vez.
En general, en ese texto hay un
pequeño inconveniente: los nombres de los territorios y los Estados que los
ocupan no son la misma cosa.
Empecemos, sin embargo,
concediendo al argumento lo que tiene de cierto, que no es poco. El nombre de
España es antiquísimo. Hispania era el término empleado por los romanos para
designar la península ibérica y de él proceden tanto España como Espagne, Spain
y formas equivalentes en otras lenguas. Antes de los romanos encontramos
probablemente un antecedente fenicio, pero aquí las cosas empiezan a ser
bastante menos seguras de lo que sugiere el hilo.
La conocida explicación según la
cual los fenicios llamaron a la Península algo parecido a I-spn-ya,
«tierra de conejos», es una hipótesis etimológica tradicional, no una certeza
documental. Se ha relacionado la raíz semítica š-p-n con el damán, un
pequeño mamífero de Oriente Próximo que los fenicios pudieron confundir con los
abundantísimos conejos ibéricos. Se han propuesto, sin embargo, otras
etimologías. Convertir I-SPN-YA en una especie de nombre oficial de la
España fenicia, escrito además como si dispusiéramos de su partida de
nacimiento, es conceder a una hipótesis lingüística una seguridad que no posee.
Con Roma pisamos terreno mucho
más firme. Hispania aparece abundantemente en las fuentes y designaba un
territorio geográfico que los romanos dividieron sucesivamente en distintas
provincias. Pero nadie concluiría de ello que existía un Estado llamado España.
Hispania pertenecía al Imperio romano de la misma manera que la Galia, Britania
o Siria. Que Francia ocupe buena parte de la antigua Galia no convierte ni a
Vercingétorix ni a Asterix en ciudadanos franceses.
Con los visigodos la cuestión se
vuelve más interesante. Después del hundimiento del Imperio romano de
Occidente, la monarquía visigoda llegó a controlar la mayor parte de la
Península y empleó Hispania y Spania para referirse a ella. Pero tampoco debemos
dejarnos engañar por una palabra conocida. El reino visigodo no era el Reino de
España moderno trasladado mágicamente al siglo VII. Además, Spania tuvo incluso
un significado político mucho más concreto: los bizantinos utilizaron el
término para denominar la provincia que conservaron durante algún tiempo en el
sur y sureste peninsular. Una misma palabra podía designar cosas diferentes.
Y entonces llegaron los
musulmanes. Aquí el argumento que circula por las redes tropieza con una
paradoja bastante divertida. Su cadena pretende demostrar una continuidad
perfecta:
Fenicios → I-SPN-YA → romanos → Hispania →
visigodos → Spania → Edad Media → Espanna → España.
Pero entre los visigodos y la
Espanna medieval han desaparecido, como por arte de magia, varios siglos de
historia peninsular. Al-Andalus no era una errata histórica ni un paréntesis
sin consecuencias. Fue el nombre aplicado por los musulmanes a los territorios
peninsulares bajo su dominio, cuya extensión cambió enormemente entre el siglo
VIII y el XV. Durante esos mismos siglos continuaron utilizándose Hispania y
sus derivados en ámbitos cristianos y latinos. Los nombres pueden coexistir
porque los nombres geográficos no necesitan disponer de aduanas.
Y llegamos a Alfonso X el Sabio,
que proporciona la prueba estrella del hilo. Aquí los datos son auténticos.
Hacia 1270 comenzó a redactarse la Estoria de España, y el manuscrito
Y-I-2 conservado en la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial pertenece al escritorio regio alfonsí. En él aparece, efectivamente,
Espanna. Nada hay que objetar.
Salvo una cosa bastante
importante: Alfonso X no era rey de España. Era rey de Castilla y León. Cuando
se redactaba la Estoria de España, la península ibérica estaba repartida
entre varias entidades políticas: la Corona de Castilla, la Corona de Aragón,
los reinos de Navarra y Portugal y el emirato nazarí de Granada. Algunas
guerreaban entre sí; otras establecían alianzas; todas tenían sus propias
instituciones e intereses. Portugal, por cierto, estaba tan dentro de aquella
España geográfica heredera de Hispania como Castilla.
Esto último resulta fundamental.
Cuando un autor medieval escribía Hispania o Espanna, no necesariamente estaba
hablando del territorio del actual Estado español. Con frecuencia estaba
hablando de la Península. La propia descripción moderna que Patrimonio Nacional
hace de la obra de Alfonso X resulta reveladora: el proyecto pretendía narrar
la historia peninsular desde sus orígenes hasta el reinado del monarca.
Por tanto, la Estoria de
España demuestra de manera magnífica que en 1270 existía el nombre España y
también una concepción histórica y geográfica de España. Lo que no demuestra es
que existiera un Estado español.
Confundir ambas cosas conduce a
resultados curiosos. Los griegos utilizaban Aigyptos hace más de dos mil
años y seguimos diciendo Egipto, pero nadie sostiene que el Estado gobernado
por Ramsés II sea políticamente el mismo que la actual República Árabe de Egipto.
El nombre Macedonia sobrevivió durante más de dos milenios sin que eso
convierta automáticamente en compatriotas a Alejandro Magno y a los ciudadanos
de la actual Macedonia del Norte. Italia es también un nombre antiquísimo:
aparece muchos siglos antes de que el Reino de Italia naciera en 1861. Dante
podía hablar de Italia en el siglo XIV sin poseer por ello pasaporte italiano. España
no constituye ninguna excepción.
Tampoco sirve demasiado elegir
1492 como fecha exacta de su nacimiento. Es un año irresistible para los
manuales escolares: conquista de Granada, viaje de Colón y expulsión de los
judíos. Pero Isabel de Castilla y Fernando de Aragón no fundieron sus coronas
en un único Estado. La unión de los Reyes Católicos fue esencialmente
dinástica. Castilla y Aragón conservaron leyes, instituciones, Cortes,
fiscalidad y administraciones diferentes. Navarra ni siquiera fue incorporada a
la Corona de Castilla hasta comienzos del siglo XVI.
La construcción política de
España fue un proceso. Avanzó con la monarquía de los Austrias, adquirió
características nuevas con los Borbones y los decretos de Nueva Planta del
siglo XVIII y continuó transformándose con el constitucionalismo del XIX. Buscar
un minuto exacto en el que alguien pudiera haber anunciado «acaba de nacer
España» resulta tan difícil como determinar el segundo exacto en que un niño se
convierte en adulto.
Queda finalmente otro argumento
del hilo que merece atención porque revela hasta qué punto la lingüística puede
utilizarse para fabricar historia: España poseería una legitimidad especial
porque conserva un nombre de más de dos mil años que «Marruecos no tiene».
La comparación carece de sentido.
La antigüedad de un topónimo no concede derechos históricos sobre los
territorios ni establece categorías entre países. Los nombres cambian. Los
Estados cambian. Las fronteras cambian. Marruecos recibe en las lenguas europeas
un nombre relacionado con Marrakech, una de las grandes capitales históricas de
las dinastías marroquíes, mientras que en árabe el país es al-Maghrib, «el
Occidente». Que su nombre internacional tenga una historia distinta de Hispania
no hace a Marruecos un país más joven, más viejo, más auténtico ni menos
auténtico. Sencillamente demuestra que las palabras también tienen historia.
Por eso podemos aceptar
tranquilamente una parte de la afirmación de ese texto en X: España se llama
España porque el nombre procede, a través del latín Hispania, de una tradición
lingüística antiquísima que probablemente tiene antecedentes fenicios. Y
también podemos aceptar que Alfonso X utilizaba Espanna más de dos siglos antes
de 1492.
Lo que no podemos hacer es dar el
salto siguiente: como el nombre es antiguo, el Estado también lo es. Eso sería
confundir geografía, etimología, nación y Estado, cuatro conceptos que algunas
veces coinciden y muchas otras no.
Alfonso X proporciona, además,
una ironía espléndida para terminar. El rey que hizo escribir una Estoria de
España gobernaba solamente una parte de aquella España. En sus páginas
podían aparecer territorios cuyos habitantes obedecían a otros reyes cristianos
o a un emir musulmán. Había España, pero no había un rey de España.
Así que a la pregunta «¿existía
España antes de 1492?» la única respuesta históricamente sensata es otra
pregunta: ¿qué entendemos por España? Si hablamos del nombre, desde luego que
sí, y desde muchos siglos antes. Si hablamos de un espacio geográfico e incluso
de una comunidad histórica imaginada por autores medievales, también. Si
hablamos del Estado español moderno, no.
La historia tiene la costumbre de resistirse a los
eslóganes. Quizá por eso resulta bastante más interesante que ellos.
Continúa aquí: https://www.sobreestoyaquello.com/2026/08/cuando-nacio-realmente-espana-2.html