Vistas de página en total

viernes, 9 de enero de 2026

DE LA JUNGLA FRÍA AL TRÓPICO: UNA NUEVA MIRADA A LOS ORÍGENES DE LOS PRIMATES

 

Macacos de Hokaido, Japón. Foto de Jasper Doest.

Cuando pensamos en el origen de los primates —el grupo que incluye, entre otros a los lémures, los monos, los simios y, por supuesto, a los humanos—, la imagen casi universal es la de un pequeño antepasado balanceándose alegremente entre lianas bajo un sol tropical. La idea de que nuestros ancestros surgieron en selvas húmedas y cálidas ha sido un pilar de la paleoantropología durante décadas. Pero nuevos datos están reescribiendo este relato de forma radical.

Un estudio reciente publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) por Jorge Avaria-Llautureo —un biólogo chileno que actualmente trabaja en la universidad de Reading— y colegas sugiere que los primeros primates no surgieron en climas cálidos y estables, sino en entornos fríos, estacionales y cambiantes del hemisferio norte hace unos 66 millones de años. Esta investigación desafía lo que se ha llamado el “dogma tropical” de la evolución de los primates.

La hipótesis tradicional, la del dogma tropical, sostiene que los primates evolucionaron en bosques tropicales cálidos porque estos ambientes proporcionan recursos abundantes, especialmente frutas durante todo el año, lo que habría favorecido la aparición de características como manos prensiles, visión estereoscópica y cerebros relativamente grandes. Esta visión fue reforzada por la presencia de muchos fósiles de primates en regiones que hoy son ecuatoriales y por las similitudes del comportamiento de los primates modernos en lugares como África central y Madagascar.

Sin embargo, esa interpretación depende de suposiciones sobre los climas del pasado que resultan ser más inciertas de lo que se pensaba. El nuevo estudio combina datos fósiles con reconstrucciones climáticas detalladas para rastrear no solo dónde vivieron los ancestros de los primates, sino también cómo eran los ambientes en esos lugares en diferentes momentos del pasado profundo.

Los datos que cambian la historia y apuntan hacia el frío surgen del trabajo de Avaria-Llautureo y su equipo, quienes analizaron el registro fósil de primates tempranos junto con modelos climáticos que reconstruyen la temperatura y las precipitaciones en distintas regiones del planeta hace decenas de millones de años. Para su sorpresa, los resultados muestran que el ancestro común de todos los primates actuales vivió en latitudes altas del hemisferio norte, en lo que hoy serían zonas templadas o incluso boreales, con estaciones frías marcadas y cambios climáticos significativos a lo largo del año.

Estas condiciones no eran las de un paraíso tropical permanente. Más bien eran entornos con inviernos fríos, variaciones estacionales pronunciadas y recursos alimentarios poco predecibles. Este contexto obliga a replantear el escenario evolutivo: nuestros antepasados aprendieron primero a lidiar con la adversidad climática antes de conquistar los trópicos.

Un punto clave del estudio es cómo los primates antiguos respondieron a estas condiciones exigentes. Ante la escasez estacional de alimento —como frutas, que son más abundantes en climas tropicales—, estos primeros primates no pudieron depender de una dieta especializada. Se volvieron generalistas en su alimentación, capaces de consumir insectos, brotes, corteza e incluso otros recursos menos predecibles cuando las frutas escaseaban.

Más aún, los investigadores encontraron que primates que pudieron moverse grandes distancias en respuesta a cambios locales de clima o precipitación tenían más éxito evolutivo. La capacidad de dispersarse era una ventaja crucial: facilitaba no solo la supervivencia sino también la diversificación en nuevas especies durante millones de años.

Este patrón de movilidad y adaptación a condiciones variables ayuda a explicar por qué los primates se diversificaron eventualmente en una amplia gama de nichos ecológicos y geográficos. Lejos de ser frágiles habitantes de selvas siempre verdes, estos ancestros eran viajeros resilientes ante los grandes cambios ambientales.

Si los primates evolucionaron en climas fríos, ¿por qué hoy la mayor parte de las especies vive en regiones tropicales? La respuesta no es contradictoria, sino complementaria: los trópicos actuaron como un refugio y luego como un terreno fértil para la explosión de diversidad.

Hace decenas de millones de años, cuando el clima global empezó a cambiar, los primates que ya tenían una “caja de herramientas” adaptativa construida a partir de experiencias en condiciones duras encontraron en los trópicos un ambiente más benigno y rico en recursos, ideal para diversificarse y expandirse. En otras palabras, el trópico no fue donde nacieron los primates, sino donde florecieron.

Más allá de ofrecer una versión más rica de nuestro pasado, este nuevo paradigma tiene lecciones importantes para el presente. Comprender cómo los primates ancestrales respondieron a cambios climáticos drásticos —incluyendo variaciones en temperatura y disponibilidad de agua— es crucial para prever cómo las especies actuales enfrentarán el calentamiento global acelerado.

Hoy, muchas poblaciones de primates están restringidas a fragmentos de hábitats tropicales debido a la deforestación y la presión humana. A diferencia de sus antepasados, estas poblaciones no pueden moverse libremente para escapar de condiciones adversas o explorar nuevos nichos. Esto aumenta su vulnerabilidad frente a cambios rápidos del clima y pérdida de biodiversidad.

Además, la historia evolutiva de resiliencia climática que revela este estudio sugiere que la capacidad de adaptación metabólica —como la que permitió a los primeros primates tolerar inviernos duros— ha sido una fuerza motriz en nuestra propia trayectoria evolutiva. Quizás esta historia de resistencia nos dice algo sobre las posibilidades —y los límites— de la adaptación humana en un planeta que cambia a gran velocidad.

Conclusión: reiniciando la historia de los primates

El artículo de Avaria-Llautureo y colegas ofrece una visión renovada de cómo y dónde comenzaron los primates. Contrariamente a la noción tradicional de un origen tropical, los primates surgieron en climas fríos, enfrentaron la variabilidad ambiental con flexibilidad dietética y movilidad, y solo millones de años después ocuparon los climas cálidos que hoy asociamos con ellos.

Este nuevo relato no solo transforma nuestra comprensión de los primeros capítulos evolutivos del linaje que conduce a los humanos, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo el clima ha sido y sigue siendo un motor fundamental de la vida en la Tierra.