Páginas vistas en total

jueves, 4 de agosto de 2016

Muerte accidental de un anarquista

Quizás Muerte accidental de un anarquista sea la obra más conocida del dramaturgo italiano y premio Nobel de Literatura Dario Fo[1]. El contexto político social en el que se produce es el de una Italia en la que se desata la estrategia de la tensión de clara tendencia fascista, que consiste en provocar una fuerte represión de las fuerzas progresistas a través de varios atentados a lo largo y lo ancho del país. Uno de los acontecimientos más sangrientos es el de los atentados de Milán en 1969, y en especial el que ocurre en el banco de Piazza Fontana.

La masacre de Piazza Fontana de Milán  fue un atentado terrorista que tuvo lugar el 12 de diciembre de 1969 contra las oficinas centrales de la Banca Nazionale dell'Agricoltura, ubicada en la milanesa plaza de aquel nombre. Como consecuencia del mismo, murieron 17 personas y otras 88 resultaron heridas. Inicialmente, el atentado fue atribuido a los anarquistas. Después de que se hubieran realizado unos 80 arrestos en la inmediata redada de "monstruos anarquistas", el principal sospechoso, Giuseppe Pinelli, un trabajador ferroviario anarquista nacido en 1928, falleció tras caer desde un cuarto piso en la Jefatura de Policía de Milán en la que estaba detenido. Según el relato policial, que fue inmediatamente apoyado por las autoridades políticas, Pinelli se había suicidado al arrojarse por una ventana durante un interrogatorio de rutina.


Los cargos por homicidio contra Luigi Calabresi, uno de los policías que estaba de guardia en ese tiempo (al que asesinarían en 1972), así como los que momentáneamente pesaron sobre otros policías, fueron desestimados por el entonces juez de instrucción por falta de evidencias. El juez llegó a la conclusión de que la caída de Pinelli se había debido a un trastorno mental transitorio. La versión fue criticada y de hecho, como ocurre con el caso de Enrique Ruano, muerto en circunstancias similares en la Dirección General de Seguridad de la madrileña Puerta del Sol, la mayoría de los italianos continúa creyendo que Pinelli fue asesinado por la policía. El 3 de mayo de 2005 finalizó el último juicio realizado sobre el caso, sin que nadie haya sido declarado culpable por el ataque.

En diciembre de 1970, una semana antes del primer aniversario del "vuelo" de Pinelli, cuya instrucción había sido archivada por la magistratura, Fo estrena Muerte accidental de un anarquista en una antigua fábrica de Milán, cuyas naves se convierten en punto de encuentro y debate, con asambleas, proyecciones y coloquios. En 1972 Fo escribe ¡Pum, pum! ¿Quién es? ¡La Policía!,  en la que retoma el discurso iniciado con "Muerte accidental", traslada la farsa al centro operativo de la campaña desestabilizadora, los despachos de "asuntos reservados" del Ministerio del Interior.

El editor comunista Giangiacomo Feltrinelli.
Fuente
Entre ambas obras, en el bienio negro 1970-1972, se producen los procesos-farsa a militantes de izquierdas, se archiva la instrucción sobre el caso Pinelli, mueren en "accidente" cinco anarquistas testigos de cargo, así como otros testigos, un abogado fallece al "caer" desde un hospital, Andreotti llega a la jefatura del gobierno apoyado por los fascistas, siguen los falsos procesos contra militantes del "Manifestó" y "Lotta Continua", y en marzo de 1972 aparece el cadáver de un "terrorista", muerto al estallar en un cobertizo de Milán una carga de explosivos. El "terrorista" es el editor Feltrinelli, que había desaparecido... ¡en diciembre de 1969! Años oscuros, años de plomo, de fascistización de la vida política, que obligan a la movilización y al desenmascaramiento del terrorismo de Estado.

Para contar la historia del ferroviario Pinelli, Fo utiliza un artificio que introduce en el prólogo. La historia se presenta como un suceso que había ocurrido en 1921 en Estados Unidos. Sin embargo, Fo continúa diciendo que

Para actualizar la historia, haciéndola al tiempo más dramática, nos hemos tomado la libertad de recurrir a uno de esos trucos que se suelen emplear en el teatro: hemos trasladado la historia a nuestros días, y la hemos ambientado, no ya en Nueva York, sino en una ciudad italiana cualquiera… por ejemplo, en Milán Lógicamente, para evitar anacronismos, hemos llamado comisarios a los sheriffs, comisario jefe al inspector, etc.

Para curarse irónicamente en salud, Fo advierte que cualquier analogía con 
sucesos y personajes de nuestra crónica, el fenómeno deberá atribuirse a esa imponderable magia constante en el teatro, que en infinitas ocasiones ha logrado que incluso historias disparatadas, completamente inventadas, hayan sido impunemente imitadas por la realidad.

El sarcasmo y la ironía que recorren los monólogos y diálogos que he seleccionado como núcleo central de lo que ocurrió con las investigaciones del juez. Aunque en la obra actúan seis personajes, en el fondo subyacen solo dos protagonistas antagónicos: un personaje múltiple (Loco, Sospechoso, Juez, Obispo, Señor con barba por un lado), y el poder policial por el otro (Comisario de la Brigada Política, Comisario Jefe, Comisario Bertozzo, Agente).

Los cuatro personajes que representan al poder policial aparecen como cuatro matices de una misma idea, cuatro caras de un mismo personaje, que actúan y piensan de una manera tan parecida que el espectador o lector de la obra puede llegar a confundirlos entre sí. Fo introduce también a una periodista en la segunda mitad de la obra, como encarnación de los medios de comunicación. Es un personaje débil, gris, que busca la verdad pero también la noticia, se deja manipular y se encuentra un tanto descolocado en medio del delirante y sorprendente ritmo de los acontecimientos.

Siguiendo la tradición de los bufones de la corte o del fool (loco) de Shakespeare, Fo crea el personaje protagonista, el cual, a través de múltiples disfraces y escudándose en su aparente inanidad, consigue decir y a la vez descubrir la verdad respecto a la “muerte accidental del anarquista”. ¿Es un loco, un transformista o un fabulador? El personaje representa un buscador de la verdad que sirviéndose de su inteligencia y su capacidad de encarnar distintos personajes a través de trucos de maquillaje o manos y barbas postizas, consigue desmontar el falso relato policial respecto a las circunstancias de la muerte del ferroviario. El Sospechoso, el Loco, se transforma en Juez y Obispo, y utilizando tanto el poder que le confieren tales títulos como el miedo de quienes se saben culpables, consigue arrancarles la verdad.

El texto es una reseña literaria de una pieza de teatro que da cuenta de la trama, el contexto político social y la intención que tuvo Fo para ponerla en escena. La relevancia de presentar un texto de esta naturaleza radica esencialmente en el papel que el teatro ha jugado tradicionalmente como difusor de la ideología del poder, pero también como un espacio de controversia, discusión y protesta. La politización del teatro y su contenido ideológico anclan en sus orígenes y tiene un rol fundamental en la educación del ciudadano. No olvidemos que en el teatro se encarnan los más destacados discursos sobre la libertad del hombre. Por estas razones, seguir las manifestaciones culturales, tales como la de Fo en el caso que nos ocupa, es dialogar artísticamente con el espectador y hacerlo reflexionar sobre las dinámicas de poder.

En el fragmento que he seleccionado, un diálogo del segundo acto, el Loco, que asume el papel de Juez enviado a investigar los acontecimientos y a ayudar a los policías en su intento de encontrar un relato creíble que les eximiera de cualquier culpa con respecto la muerte del anarquista, utiliza sus preguntas como armas de doble filo, se sitúa aparentemente en el lado de los policías para conseguir su confianza y a través de ella sus confesiones.
FRAGMENTO
Loco – Nuestro anarquista, en pleno rapto… ya veremos luego cómo encontrar entre todos un motivo más verosímil para ese gesto insensato… se levanta de un salto, toma carrerilla… Un momento ¿Quién le sirvió de estribo?Comisario – ¿De estribo?Loco – Sí, ¿quién de ustedes se colocó junto a la ventana, con las manos cruzadas a la altura del vientre, así, para que él apoyara el pie, y ¡zas!, tomara impulso para volar por encima del parapeto?Comisario – Pero, ¿qué está diciendo, señor juez, no pensará que nosotros…?Loco – No, por favor, no se altere, simplemente preguntaba… Es que, al ser un salto  tan grande con tan poca carrerilla, sin ayuda de nadie… pues no quisiera que alguien dudara…Comisario – No hay nada que dudar, señor juez, se lo aseguro. ¡Lo hizo todo solo!Loco – ¿No había ni una de esas tarimas de competición?Comisario – No.Loco – ¿El saltarín llevaba zapatos con tacón elástico?Comisario – No, nada de tacones.Loco – Bien así que tenemos, por un lado, un hombre de 1.60 escasos, solo, sin ayuda, ni escalera… por otro, media docena de policías que, pese a encontrarse a pocos metros, uno incluso junto a la ventana, no llegan a tiempo de intervenir…Comisario – Es que fue tan repentino…Agente – No se figura lo ágil que era ese demonio, por poco no consigo sujetarle el pie.Loco – Oh, ya ven mi técnica de provocación funciona… ¿Le sujetó del pie?Agente – Sí, pero me quedé con el zapato en la mano, y él se cayó.Loco – No importa. Lo importante es que se quedara el zapato. El zapato es la prueba irrefutable de su voluntad de salvarle.Comisario ¡Claro, irrefutable!
Comisario Jefe  – (Al agente) ¡Bravo!
Agente – Gracias señor comi...Comisario Jefe    ¡Calla!
Loco – Un momento: aquí hay algo que no cuadra... (Muestra un papel) ¿El suicida llevaba tres zapatos?
Comisario Jefe  – ¿Cómo tres zapatos?
Loco -  Pues sí, uno se le quedó en las manos al agente, él mismo lo declaró a los pocos días de la desgracia... (Muestra el papel) Aquí está.Comisario - Es cierto, se lo contó a un periodista.Loco - Pero aquí, en este otro atestado, se dice que el anarquista moribundo en el suelo del patio seguía calzando los dos zapatos, según testificaron los periodistas presentes.Comisario - No comprendo cómo pudo ser.Loco - Yo tampoco. A menos que este agente tan rápido haya tenido tiempo, lanzándose por las escaleras, de bajar al descansillo del segundo piso, asomarse a la ventana antes de que pasara el suicida, calzarle el zapato al vuelo, y volver a subir como un rayo al cuarto piso en el preciso instante en que el suicida llegó al suelo.Comisario Jefe - Ya estamos, se da cuenta, otra vez con sus ironías...Loco - Tiene razón, no puedo remediarlo, disculpe. Entonces, tres zapatos. ;No recuerdan si por casualidad era trípedo?
Comisario Jefe - ¿Quién?
Loco - El ferroviario suicida. Si tenía tres pies, era lógico que llevase tres zapatos.Comisario Jefe (Molesto) - No, no era trípedo.Loco - No se moleste, por favor... de un anarquista cabe esperar cualquier cosa.Agente - Eso es verdad.Comisario Jefe - ¡Calla!
Comisario - Qué desastre, maldita sea... hay que encontrar una razón plausible o...Loco - Yo la he encontrado.Comisario Jefe - Le escuchamos.Loco - Ahí va. No hay duda de que uno de los zapatos le quedaba grande, y entonces, al no tener a mano una plantilla, se calzó un zapato más estrecho antes de calzarse el ancho.Comisario - ¿Dos zapatos en el mismo pie?
Loco - ¿Qué tiene de raro? Como los chanclos, ¿recuerdan? Ese calzado de goma, que antes se llevaba encima de los zapatos...Comisario Jefe - Eso, antes.Loco - Pero hay gente que aún los lleva. ¿Saben qué les digo? Que lo que le quedó al agente en las manos no era un zapato, sino un chanclo.Comisario - No, es imposible, ¡un anarquista con chanclos! Son cosas de gente anticuada, conservadora...Loco - Los anarquistas son muy conservadores.Comisario Jefe - ¡ Ya, por eso matan reyes!Loco - Claro, para poder conservarlos embalsamados. Si esperas a que se mueran de viejos, apergaminados, consumidos por las enfermedades, después se deshacen, se descomponen, y ya no hay quien los conserve. En cambio así, recién matados...Comisario - Se lo ruego, señor juez, con ciertos temas no me gusta...Comisario Jefe - A mí tampoco.Loco - Vaya, les creía nostálgicos, pero no precisamente de la monarquía... De todos modos, si no les valen los chanclos, ni la historia de los tres zapatos...[…]

Toda la obra es una sucesión de momentos como ese, un encadenamiento de escenas tragicómicas y sarcásticas, a veces delirantes, a través de las cuales se descubre poco a poco el asesinato del operario de ferrocarriles a manos de los policías y la inocencia de la víctima con respecto a los atentados.

Muerte accidental de un anarquista no es solo un compendio de elementos de creación dramática llevados casi a la perfección, sino también una obra que invita a la reflexión sobre las caras y los instrumentos de los que se puede adueñar el poder en un momento determinado para acosar a un ciudadano de a pie. La obra, un manifiesto y un grito contra la injusticia, la mentira y la falsedad que regala episodios memorables, entretiene, sorprende y hace pensar a todos aquellos que la han disfrutado desde la butaca de un teatro o que hayan hecho lo que yo, tomarse el tiempo para leerla.


[1] Darío Fo (1926-), intérprete, director y escritor teatral nacido en San Giano, Varese, era hijo de una campesina y un ferroviario que era actor aficionado. Fo estudió en la Academia de Bellas Artes de Brera, Milán, con la intención de convertirse en arquitecto. Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven Fo participó con su padre en la resistencia contra nazis y fascistas. En la década de los 50 inició a su trayectoria como actor, participando en diversos grupos teatrales independientes. Al mismo tiempo escribió sus primeras obras teatrales y radiofónicas y redactó algunos guiones cinematográficos.
En 1954 Darío se casó con la actriz Franca Rame, con la que constituyó en 1959 una compañía teatral. Algunas de las obras representadas en este período, siempre con elevada carga social y política y muchas de ellas censuradas por el gobierno transalpino, fueron Los arcángeles no juegan a las máquinas de petaco” (1959), Tenía dos pistolas con los ojos blancos y negros” (1960), Quien roba un pie es afortunado en amores (1961), Isabela, tres carabelas y un charlatán (1963) o La culpa siempre es del diablo” (1965). Sus guiones para el programa televisivo Canzonissima en la RAI (1962) también sufrieron la censura de los dirigentes políticos italianos.
En 1968 Fo y su mujer se implicaron más en política, aproximándose al Partido Comunista, un acercamiento que se fue perdiendo con el paso del tiempo con el desencanto del comunismo totalitario soviético. En este año fundaron el grupo teatral Nuova Scena, con el que se desvincularon del partido para crear en 1970 el Colletivo Teatrale La Comuna. En el año 1973 Franca fue secuestrada, torturada y violada por un grupo de neofascistas, hecho que no acabó con las actividades del matrimonio en pos de expresar sus ideas y pensamientos, siempre con actitud comprometida y con los temas sociales y políticos como principales referentes. Misterio Bufo (1969), Muerte accidental de un anarquista (1970), Fedayin (1971) o Aquí no paga nadie (1974) son algunos de sus títulos más importantes de este período.
 En 1997 recibió el Premio Nobel de literatura y cinco años más tarde apareció su autobiografía, El país de los murciélagos (2002). Algunos de sus últimos libros son las novelas históricas Lucrecia Borgia, la hija del Papa (2014) y Hay un rey loco en Dinamarca” (2015).