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viernes, 19 de agosto de 2016

¡Malditas eléctricas!

Cuando a primeros de septiembre regrese a casa después del mes de vacaciones ya sé lo que me voy a encontrar: contra toda lógica, mi factura doméstica de electricidad seguirá siendo igual o más elevada que la de los restantes meses del año. Yo ya no hago la reflexión que se hacen los españoles: «¿Pero si he estado todo el mes fuera, cómo es posible que no lo note en el consumo? ¡Malditas eléctricas!».

Trataré de explicar el porqué su caso no es el único, para que así pueda descartar que las eléctricas estén aprovechando el descanso estival para cobrarle de más suponiendo que el verano haya borrado de tu cerebro la funesta manía de consultar la factura o que el calor le haya derretido la sesera. No se preocupe: su caso no es particular. La causa de este mal de muchos es la configuración del sistema eléctrico español en el que el lobby de las eléctricas hace lo que la banca en los casinos de Las Vegas: siempre gana.

Arranquemos de un concepto fundamental: el llamado “mix energético”. La generación de energía eléctrica de cualquier país se realiza a través de fuentes primarias de energía que se generan en centrales repartidas por toda su geografía, en enclaves que cumplen determinados requisitos que no vienen al caso, aunque cualquiera puede suponer que si la fuente energética proviene de una central hidroeléctrica, esta deberá estar en vecindad de un salto de agua o, en el caso de que provenga de un parque eólico, éste deberá estar ubicado en una posición donde haya vientos potentes y regulares.

En España, las centrales generadoras de energía eléctrica que aseguran el abastecimiento público masivo generalmente pertenecen a las grandes compañías eléctricas; estas introducen la energía que producen en la red de transporte, que en el caso de España pertenece al consorcio empresarial Red Eléctrica de España (REE), responsable de llevar la energía producida hasta los grandes núcleos de consumo donde finalmente serán de nuevo las compañías eléctricas las que se encarguen de llevarla hasta los consumidores finales.

Tengamos también en cuenta algo elemental: no existe dispositivo alguno capaz de acumular la energía eléctrica producida a gran escala.  En su automóvil, la electricidad que genera su alternador se acumula en la batería, pero no hay batería alguna capaz de acumular la energía producida por un simple aerogenerador eléctrico. Por lo tanto, uno de los grandes problemas de la energía eléctrica es que su consumo debe ser inmediato, por lo que el sistema debe estimar milimétricamente la energía que va a consumir un país en cada momento. Esto se realiza día a día mediante perfiles estadísticos, que darán una curva estimada, a la que se ajustas la producción.

Figura 1
La Figura 1 muestra la imagen que ofrece REE de la demanda de energía eléctrica (en megavatios) en tiempo real de España, lo que permite ver a cada instante cuánta electricidad que se está consumiendo y cuál es la previsión de demanda. La línea amarilla representa la demanda real, es decir, refleja el valor instantáneo de la demanda eléctrica. La curva verde representa la previsión de la demanda y es elaborada por REE con valores de consumo en periodos precedentes similares, corrigiéndola mediante una serie de factores que influyen en el consumo, como son la actividad económica o la  climatología. La programación horaria operativa (línea roja) es la producción programada para los grupos de generación a los que se haya adjudicado el suministro de energía en la casación de los mercados diario e intradiario, así como en los mercados de gestión de desvíos y regulación terciaria. Estos dos últimos son gestionados por REE teniendo en cuenta la evolución de la demanda.

La curva roja varía muy poco día tras día. La variación más notable se produce en los días festivos y fines de semana. En ella se dan dos situaciones opuestas: horas punta y horas valle. Las primeras son aquellas en las que la demanda energética es muy elevada, lo que generalmente sucede entre las 7 y las 10 am y las 8 y 11 pm. En esta situación, la mayor parte de las centrales deben estar a pleno funcionamiento, aunque conviene resaltar que en esos momentos generalmente las energías renovables no aportan gran cantidad de energía eléctrica a la red. Las horas valle son aquellas en las que progresivamente se va reduciendo el consumo eléctrico. Por lo tanto, el sistema debe dejar de producir electricidad también progresivamente.

¿Qué tipo de energía es la que lidera el mix energético? Los datos que entrega REE en su informe del sistema eléctrico español 2015 se resumen en la Figura 2. Si analizamos estos datos, se pueden observar dos puntos interesantes. El primero y más significativo es el crecimiento de la demanda respecto al año 2014. El informe anual de REE aseguraba que en el conjunto del año 2015 la demanda peninsular prevista de energía eléctrica era de 248.000 gigavatios hora, un 1,8% más que en el año 2014. A su vez, la tabla muestra que la energía nuclear y el carbón siguen (pese a todo) liderando el mix energético, puesto que aportan un 21,5% respectivamente de la demanda total nacional.

Figura 2
El segundo punto se refiere al marcado descenso de las renovables, cuyo aporte anual al mix en el balance anual previsto de REE se estimaba en un 37,1%, lo que significa un descenso al compararlo con el 42,8% que aportaron las energías limpias en el 2014. Según REE, el descenso se debe a la baja que presentó la generación hidráulica, que descendió un 28,2% respecto al año anterior debido a las pocas lluvias que se registraron en el país.

Pasemos ahora a la chicha de los precios. ¿Cómo funciona el sistema? El precio mayorista de la electricidad varía en función de la tecnología abastecedora cada hora en cada día del año. El precio se establece a través de un mercado mayorista que cada hora marca el precio con un sistema de márgenes. Es decir, primero se compra todo el stock de la energía más barata disponible. De ahí se pasa a comprar las más caras hasta llegar a cubrir toda la demanda prevista. Eso significa que las primeras fuentes de energía en acceder al mercado son las renovables y la energía nuclear (que externaliza la mayoría de sus costes ambientales).

Si hace falta más electricidad para satisfacer toda la demanda, entran en funcionamiento centrales con costes y emisiones contaminantes mucho mayores como las de carbón, gas o ciclo combinado. Al final, todas ellas recibirán por la electricidad vendida al mercado mayorista el mismo precio: el de la última tecnología en entrar, es decir, la más cara. Por lo tanto, cuanto menos energías renovables entren en el mercado, mayor será el precio mayorista de la electricidad ya que aumentará la probabilidad de que haga falta utilizar las centrales más caras para cubrir las necesidades de electricidad en cada momento. En resumidas cuentas: se consume desde pan a caviar, pero todo a precio de caviar.

Prácticamente todos los años en los meses de enero, junio y julio ocurren dos cosas: un aumento de la demanda de electricidad a causa del repunte del frío o del calor (calefacción y aire acondicionado, respectivamente). En verano, normalmente, también hay menos viento y, dado nuestro ciclo hidrológico, menos disponibilidad de agua en las centrales hidroeléctricas. Estos dos factores hacen que se haga necesario comprar más energía de fuentes caras para poder cubrir la demanda.

Como usted es un lector avispado (y paciente si ha llegado hasta aquí), habrá pensado que da igual: en julio y agosto nos sobra energía solar, por lo que podremos compensar la bajada de otras renovables. ¡Pues no señor! En el país del sol tenemos muy poca energía solar instalada (4,8 GW). En Italia tienen cuatro veces más y en Alemania diez veces más. Además, gracias al señor Rajoy y compañeros mártires, desde 2012 casi no se instala nueva capacidad de energía solar en España. Al no tener cómo sacarle partido a la colosal cantidad de energía que nos regala el verano, no tenemos más remedio que acudir a centrales térmicas que queman carbón y gas y que, además de subir la factura, empeoran la calidad del aire que respiramos.

El precio que se paga en la factura eléctrica de cada cual depende de muchos más factores que el precio mayorista que se establece en el mercado intradiario, pero eso no descarta que cada vez que llega el verano y el viento y el agua menguan, se note el efecto del que estamos hablando reflejado en la factura.

La solución: avanzar hacia un modelo renovable, que permita abaratar costes y reducir el impacto ambiental. Pero para ello hay que luchar contra un sector eléctrico que se ha acostumbrado a dirigir la política energética del país pensando únicamente en garantizar sus beneficios y que es capaz de lograr sacar adelante, junto con el actual Gobierno, despropósitos como el "impuesto al Sol".