Páginas vistas en total

miércoles, 31 de agosto de 2016

Sexo salvaje

Todos los miembros del reino animal lo practican, desde las minúsculas moscas de la fruta a las gigantescas ballenas azules. Pero si usted piensa que los humanos gastamos demasiado tiempo buscando una cita con el sexo opuesto, pruebe a ligar mientras que le persigue un grupo de depredadores asesinos o pruebe a copular en un medio extremadamente inhóspito para la vida como un tórrido desierto, un acantilado extraplomado  o el cráter de un volcán. El reino animal es un mundo salvaje que encierra modos de apareamiento singulares. La vida sexual de nuestros parientes animales es terriblemente difícil, infinitamente variada, a menudo muy violenta  y absolutamente fascinante.

La bióloga Carin Bondar, una escritora y divulgadora científica que se ha hecho popular en Estados Unidos gracias a su web "Wild Sex", que ha recibido más de 14 millones de visitas, acaba de publicar en aquel país un libro, Wild Sex: The Science Behind Mating in the Animal Kingdom (Sexo salvaje: la ciencia detrás del apareamiento en el reino Animal), que es un brillante compendio sobre la vida sexual de los animales.

En Sexo salvaje, la doctora Carin Bondar transporta a los lectores en un viaje apasionante por el reino animal mientras explora el diverso e inabarcable universo de la vida sexual en la naturaleza. Bondar analiza la evolución de los órganos sexuales (y cómo han servido para conformar las jerarquías sociales), las tácticas de seducción, y la mecánica del sexo. Describe una amplia gama de temas tales como si los animales experimentan placer al practicar sexo a lo que sucede cuando las hembras tienen el poder del acto de la reproducción. En el camino, uno se encuentra con penes afilados como cuchillas, caníbales asesinos y un arsenal químico que se emplea en la batalla épica entre los sexos.

Puede que los animales no estén tan obsesionados como nosotros con el sexo, pero eso no significa que sus hábitos de apareamiento no sean tan interesantes. Veamos, por ejemplo, a las abejas. Las abejas no gozan de los mismos estímulos visuales que nosotros; de hecho, prácticamente no ven a los miembros del sexo opuesto, así que, inmersos en una especie de discoteca oscura, en vez de ligar con la vista dependen en gran medida de los olores para atraer a sus parejas. Un zángano puede mostrar a una hembra que es más fuerte y que está más en forma que otros volando hasta flores muy alejadas de la colmena para luego alardear de su aroma en el cortejo. Pero además de amantes primorosos, las abejas también pueden llegar a ser unas feroces criaturas celosas: los zánganos peor dotados para atraer a las hembras son capaces de matar a sus congéneres mejor dotados para arrancarles las patas y robarles los aromas. Ese es sólo uno de muchos ejemplos contenidos en el libro de Carin Bondar, que profundiza en el complejo y fascinante mundo de la reproducción animal.

Como los humanos, algunos animales emplean parte de su tiempo y de sus esfuerzos en desarrollar complicados cortejos diseñados para identificar y atraer a la pareja adecuada. Por ejemplo, las orangutanas han encontrado una manera de probar el comportamiento de sus parejas potenciales. Las hembras roban a propósito comida a los machos con objeto de comprobar cómo reaccionan y para medir la agresividad con la que responden. Es es una manera muy eficaz para poner a prueba el temperamento potencial de un compañero.

Bondar también aborda un tema tabú, el del sexo entre individuos de diferentes especies.  El fenómeno se presenta con mayor frecuencia en el mundo de los invertebrados y aunque existen muchas teorías acerca de por qué sucede, parece que es más común entre algunos pequeños insectos de aspecto muy similar, que son tan parecidos que incluso la perfecta visión del ojo humano es incapaz de distinguirlos por su aspecto externo. 

Más difíciles de explicar, y desde luego no como errores, son los casos de tríos heterosexuales, la práctica sexual entre individuos del mismo sexo o la cópula entre especies de grupos taxonómicos tan diferentes como mamíferos y aves, como puede verse en la fotografía adjunta y en este vídeo en el que un lobo marino intenta copular con un pingüino. Al verlo, a uno se le ocurre pensar que los seres humanos no son los únicos animales que utilizan juguetes sexuales o que utilizan diferentes tipos de estímulos que no nos parecen…. políticamente correctos.


El libro es excitante, estimulante, divertido, sorprendente y fascinante, y garantiza que después de leerlo se tendrá una visión absolutamente diferente sobre el sexo. Si usted quiere borrar de su cabeza los hábitos que se consideran sexualmente correctos, lea el libro y se sentirá más libre.