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jueves, 25 de agosto de 2016

Guerra al azúcar en Estados Unidos

En Estados Unidos las empresas de bebidas carbónicas (los refrescos popularmente conocidos como “sodas”) emplean un doble lenguaje para desviar la atención del exceso de azúcar en sus productos. Un "impuesto a los comestibles" suena mucho peor que un "impuesto a los refrescos", ¿verdad? Sí, Big Soda [1] lo cree así.

Antes de volver a mi relato, permítanme que haga un inciso. No se trata de demonizar a los azúcares en general, porque son indispensables en nuestro metabolismo y, por tanto, debemos ingerirlos en nuestra dieta. También el agua es indispensable, pero el exceso de agua te puede ahogar ¿o no? El azúcar es una importante fuente de calorías en la dieta alimenticia moderna, pero se asocia frecuentemente a calorías vacías debido a la completa ausencia de vitaminas y minerales.

El cuerpo de este artículo se refiere a la ingesta de «azúcares libres». Estos incluyen los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta. El gran problema de las bebidas gaseosas y de muchos alimentos industrializados es que el porcentaje de azúcar puede llegar al 80%. Los azúcares libres se diferencian de los «azúcares intrínsecos» que se  encuentran en las frutas y las verduras frescas. Como no hay pruebas de que el consumo de azúcares intrínsecos tenga efectos adversos para la salud, las recomendaciones para la ingesta restringida de azúcares no se aplican al consumo de azúcares intrínsecos presentes en las frutas y las verduras enteras frescas. Con su permiso, vuelvo ahora a mi relato.

El folleto proclama que Pablo Martínez, un tendero de ultramarinos,
dice que el impuesto sobre los comestibles perjudica a sus clientes
Cuando pasé este verano por la ciudad de Oakland, California, en la caja del supermercado y muy visible para los clientes, había un montón de folletos publicitarios como los que muestro en la imagen anexa. «¿Impuestos sobre comestibles? -le pregunto a un colega americano- ¿Alguna vez has oído hablar de un nuevo impuesto de ese tipo?». Me lo aclara: no existe ningún impuesto nuevo sobre los comestibles en general; la gente informada sabe que ese doble lenguaje se refiere a un nueva tasa sobre los refrescos. Pero, como dijo el premio Nobel de Medicina Peter Medawar, « un párrafo opaco siempre se oculta un ignorante o una trama delictiva»

La tasa, que cuando se planteó hace algún tiempo parecía un sueño de activistas radicales, se está imponiendo en Estados Unidos y si se impone allí no tardará en extenderse por todo el mundo. Las tasas sobre las bebidas gaseosas se están aplicando en Filadelfia desde junio. En noviembre, serán votados en San Francisco, Oakland y, posiblemente, en Boulder, Colorado. En San Francisco, la votación se repetirá por segunda vez, ya que el intento de imponerla hace dos años no salió adelante en la votación del Pleno municipal.

En todas esas ciudades, la idea básica es esencialmente la misma: El consumo de bebidas azucaradas induce a la obesidad y a la diabetes, y provoca muchos otros problemas de salud. Dado que las compañías de refrescos enfocan preferentemente sus objetivos comerciales en los residentes de los barrios pobres, en particular en los ocupados por latinos y personas de color, las estadísticas de prevención sanitaria reflejan que esos colectivos tienden de manera desproporcionada a enfermar por consumir demasiados refrescos.

La tasa hace que las bebidas azucaradas (no las bebidas gaseosas, sino también cualquier zumo, té, helado o productos industriales similares con azúcares añadidos), resulten más caros, lo que en teoría hace que muchos consumidores dejen de comprarlos. El dinero recaudado por esa tasa se destinará a programas tales como la educación preescolar gratuita, que redundarán en beneficio de los colectivos más perjudicados por las bebidas gaseosas y los alimentos edulcorados.

Por supuesto, las compañías de refrescos están en contra de esas tasas, por lo que, como hizo durante décadas la industria tabaquera, se están gastando mucho dinero para luchar 0contra ellas. La última vez que se sometió a votación en San Francisco una tasa a los refrescos , la American Beverage Association (ABA), el grupo de presión de la industria de refrescos, se gastó  9,1 millones de dólares en propaganda para derrotarlo. Y le funcionó.

Eso se debe en buena parte a que la ABA emplea a unos genios del marketing que han ideado el lema “impuestos sobre comestibles”. Aunque por lo general los estadounidenses pagan religiosamente sus impuestos, cada vez que oyen la palabra se ponen en guardia. El lobby sostiene que es una descripción exacta debido a la forma en que se están estructurando esas nuevas tasas. En realidad, la tasa no se aplica directamente a las bebidas azucaradas que se compran en cualquier tienda. En vez de ello, se aplican en origen como un impuesto a los distribuidores que venden las bebidas azucaradas a los minoristas y a las grandes superficies. Lo que hacen los distribuidores al por mayor es trasladar el impuesto a los minoristas mediante el aumento de precios. Los comerciantes pueden decidir cómo compensar ese incremento como más les convenga. Lo ideal sería que incrementaran el precio de las bebidas gaseosas. Pero si quieren mantener el precio y seguir con sus márgenes de ganancias habituales, son muy libres de subir los precios de cualquier otra mercancía. Nadie se lo impide.

«Eso significa que tanto si usted compra o no compra [sodas), su factura de supermercado se incrementará», puede leerse en la web No a los impuestos sobre Comestibles en Oakland, que está financiada de tapadillo por la ABA. Pero no todo el mundo se traga la píldora. Tres concejales de Oakland han denunciado que esa campaña es fraudulenta. Según uno de esos representantes, la concejal Rebecca Kaplan, la campaña ha estado mintiendo a los votantes de Oakland, tratando de asustar a la gente induciéndoles a pensar que alguien va a gravar los comestibles.


¿Quién tiene razón? La cuestión de fondo es si los comerciantes sólo aplicarán el impuesto a las bebidas azucarados o, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Sacramento por Oakland, lo extenderán a todo tipo de comestibles. Joe Arellano, un activista profesional pagado por la propia ABA, que se presenta ladinamente como un simple vecino portavoz de la campaña, mantiene que su grupo ha realizado “inspecciones aleatorias” en las tiendas en Berkeley y han detectado que los dueños de las tiendas no están subiendo los precios de las bebidas gaseosas.

Mientras tanto, un grupo de investigación en salud pública de la Universidad de California en Berkeley (UCB) que analiza el impacto de la tasa ha encontrado exactamente lo contrario: la mayoría de los propietarios de la tiendas de Berkeley han subido los precios de las bebidas azucaradas. Otros dos grupos de investigadores tuvieron resultados similares (1, 2). Merece la pena señalar que esos tres estudios se publicaron en revistas sometidas a revisión científica por pares, a diferencia de los controles sobre el terreno que la campaña anti tasas dice haber llevado a cabo sin que nadie pueda demostrarlo.

Los que defienden la tasa a los refrescos esperan que la demanda de bebidas azucaradas siga cayendo y que los minoristas finalmente dejen de comercializar las bebidas gaseosas. Parece utópico, pero ¿se acuerdan de los antiguos puntos de venta de tabaco? Se hace camino al andar.

Hay algunas pruebas de que el plan está funcionando. En un estudio recientemente publicado por un equipo de la Universidad de California en Berkeley, los investigadores encontraron que, desde que la ciudad de Berkeley, que fue la pionera nacional, aprobó la tasa el año pasado, el consumo de refrescos en los barrios pobres ha disminuido en un 21%. Un investigador dice que los datos son muy " alentadores. También mostró que las personas estaban bebiendo un 63% más de agua. Pero ojo con tirar cohetes: puede que haya habido otros factores que pudieran haber contribuido a cambiar de las sodas al agua, como por ejemplo una campaña de sensibilización que se hizo en esa ciudad informando sobre los peligros para la salud de las bebidas gaseosas. Otra señal positiva: después de que en México se aprobara una tasa federal sobre las bebidas gaseosas, la venta de refrescos disminuyó un 12%, mientras que las de agua embotellada se incrementaron en un 4%.

Cada uno de los alimentos incluidos en los
seis recuadros equivale a
6 cucharaditas (teaspoons) americanas
Mientras que escribo estas líneas, en la última semana de agosto, la Asociación Americana de Cardiología (AHA por sus siglas en inglés) ha emitido un comunicado en el que recomienda que los niños consuman un máximo de seis cucharaditas (alrededor de 100 calorías) de azúcar añadida al día. Un estudio realizado por la AHA ha detectado que los niños toman actualmente una media de 80 gramos de azúcar diarios, aproximadamente unas 19 cucharaditas, que es más de tres veces el límite recomendado.

Ese límite de seis cucharaditas de azúcar añadida es menor que el que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que recomienda que los azúcares no deben aportar más del 10% de las calorías diarias tanto en niños como en adultos. Para una dieta de 2.000 calorías, son unos 50 gramos de azúcar, el equivalente a unas 12 cucharillas de café. La media en Europa occidental ronda los 100 gramos, por lo que la reducción debería de ser de la mitad del consumo medio.

¿Qué cuánto son seis cucharaditas (teaspoons) de azúcar según las medidas americanas? En la figura adjunta incluyo un gráfico realizado por la organización de activistas Mother Jones en el que aparecen algunos productos y su contenido en cucharaditas. Es muy ilustrativo…. y preocupante.


[1] Big soda es un término utilizado por los medios de comunicación y varios grupos de activistas  para describir a la industria de los refrescos como una entidad colectiva. El término connota el negocio y el poder de lobby de las compañías de bebidas gaseosas, y se utiliza normalmente en relación con los tres gigantes del mercado de las bebidas no alcohólicas: Coca-Cola , PepsiCo y Dr Pepper Snapple, aunque el término también se utiliza en relación con la industria de los refrescos en general.