Vistas de página en total

sábado, 28 de febrero de 2026

CUANDO EL PLÁTANO DE PASEO "ESTORNUDA" EN PRIMAVERA

 

Quienes se aventuren a pasear por cualquier ciudad esquivando con elegancia olímpica las cacas de perro —deporte urbano no reconocido por el COI, pero merecedor de medalla— quizá, entre salto y salto, levanten la vista lo justo para fijarse en el suelo al pie de los plátanos de paseo. Allí descubrirán un paisaje de pequeñas tragedias botánicas: ramitas tronchadas, astillas dispersas y, en ocasiones, auténticos ramones que parecen haber perdido una pelea con un gigante invisible. No es vandalismo vegetal; es la vida moderna.

El plátano de paseo (Platanus × hispanica) es el Chuck Norris del arbolado urbano: aguanta la contaminación, sobrevive a podas que rozan la cirugía medieval y tolera con estoicismo esa manía municipal de embutirle las raíces bajo toneladas de cemento, como si el árbol fuera un enchufe que conviene sellar bien. En algunas ciudades lo practican con entusiasmo; en Alcalá, al menos hasta donde alcanzan mis suelas zigzagueantes, no he detectado semejante sadismo paisajístico. Lo cual es de agradecer: bastante tiene el pobre titán con sostener el cielo, filtrar el aire y servir de diana involuntaria para las palomas.

De la descripción de los plátanos de paseo de Alcalá me ocupé en otro artículo, así que alertado por algún convecino, hoy voy a ocuparme de algunas enfermedades que los afectan. Empezaré por decir que el plátano de paseo es resistente, sí, pero no invulnerable. De vez en cuando “tose”. Y esa tos puede tener varios diagnósticos. Los tres sospechosos habituales son:

La antracnosis, causada por el hongo Apiognomonia veneta;

El oídio, provocado por especies del género Erysiphe;

La enfermedad de Massaria, asociada a Splanchnonema platani.

Parecen nombres de personajes secundarios de una novela rusa, pero conviene aprender a distinguirlos. No todo follaje triste anuncia el Apocalipsis vegetal.

Antracnosis: la falsa helada primaveral

La antracnosis es la más melodramática… en primavera. Aparece al inicio de la brotación, tras periodos fríos y húmedos como los que hemos tenido recientemente. Las hojas jóvenes se necrosan, se arrugan o se quedan a medio abrir. Se observan manchas marrones irregulares que siguen las nervaduras. Puede haber muerte de puntas de brotes.

El árbol puede perder muchas hojas en mayo… y luego rebrotar como si nada hubiera pasado. El truco está en el calendario: si el árbol parece “quemado” justo después de una primavera lluviosa y fría, probablemente sea antracnosis. A menudo se confunde con daño por helada, pero la clave diferencial es que la antracnosis afecta sobre todo tejido joven y coincide con la brotación primaveral temprana.

Los árboles de Alcalá están sufriendo esta enfermedad causada por el hongo Apiognomonia veneta. Estos son los síntomas y las causas:

Actúa durante la brotación primaveral.

Afecta brotes jóvenes y ramillas del año.

Puede provocar necrosis en la base de brotes tiernos.

Las pequeñas ramitas se secan y se desprenden.

Es más intensa tras períodos fríos y lluviosos seguidos de temperaturas cálidas bien primaverales, bien debidas a las falsas primaveras provocadas por el cambio climático. En esta época el hongo infecta tejidos jóvenes muy sensibles, y el árbol “sacrifica” esas partes dañadas. Lo que vemos en el suelo son las bajas de esa batalla microscópica.

La abundancia de ramas secas de este año es consecuencia de la primavera lluviosa del año pasado cuando el hongo tuvo condiciones de desarrollarse a sus anchas. Las rachas de viento de las últimas semanas han provocado su caída masiva.

Centro: ramas de Platanus x hispanica sobre el carril bici del Campus Universitario. Derecha: típicas malformaciones (ramas con forma de muñones) que junto con los chancros (izquierda) son características de la antracnosis del plátano de paseo.

Oídio: el plátano enharinado

El oídio es menos dramático, pero más fácil de detectar. Aparece como un polvillo blanco o grisáceo en la superficie de la hoja, que puede darse en primavera o verano. Las hojas se deforman ligeramente, pero rara vez se necrosan por completo. No suele causar defoliaciones masivas. Es la enfermedad más estética del trío: parece que alguien hubiera espolvoreado azúcar glas sobre el árbol. La clave para diferenciarlo es sencilla: si ve polvo blanco superficial, es oídio. La antracnosis no produce ese recubrimiento harinoso.

Ataque de oidios (Erysiphe platani) en hojas de plátano de paseo. Las manchas farinosas son típicas de estas infecciones que, a la vez, deforman las hojas.

Massaria: el problema que viene de arriba

La enfermedad de Massaria se llama así por el nombre del hongo que originalmente se consideró su agente causal: el género Massaria. Es decir, aunque suene a nombre mitológico femenino, no es un nombre poético ni geográfico, sino taxonómico. La taxonomía fúngica es un terreno movedizo. Con los estudios moleculares modernos se reclasificó la especie responsable como: Splanchnonema platani. Como es más que comprensible, no es lo mismo pronunciar “Esplanchnonemosis” que Massaria, así que como el nombre vulgar Massaria ya estaba consolidado en la literatura técnica y en la arboricultura urbana, y así se quedó.

Síntomas de ataques de Massaria sobre plátanos de paseo. 1: rama principal fragmentada en el punto señalado por la flecha. 2a y b: secciones longitudinales de dos ramas con ataque de Massaria (flechas negras). 3a y b: secciones transversales de las mismas ramas. Las flechas negras señalan las zonas infectadas oor el hongo. 4: el descortezamiento permite ver las típicas extensiones negras del micelio del hongo señaladas por la flecha.

La enfermedad de Massaria es más insidiosa. No empieza en las hojas, sino en las ramas gruesas, y tiene cierta predilección por la parte superior de las mismas. Produce lesiones alargadas y oscuras en la parte superior de las ramas. La corteza se agrieta y puede desprenderse. Las ramas afectadas pueden quebrarse sin previo aviso. No depende tanto de primaveras frías como la antracnosis. Es la más preocupante en entornos urbanos porque puede comprometer la estabilidad de ramas grandes. La clave para diferenciarla es que si el problema principal está en ramas estructurales (no en hojas jóvenes), hay que sospechar de Massaria, como todo indica que está pasando con los plátanos complutenses.

Durante décadas, la enfermedad de Massaria fue poco más que una nota a pie de página en manuales de patología forestal. Y, sin embargo, a partir de los años 2000 empezó a mencionarse con creciente frecuencia en informes técnicos de arbolado urbano en Alemania, Suiza, Francia, Italia o España. ¿Qué pasó?

Uno de los factores más señalados por los especialistas es el aumento de temperaturas y la mayor frecuencia de veranos secos y calurosos en Europa central y meridional desde finales del siglo XX. Massaria prospera especialmente en condiciones cálidas. Este hongo encuentra un terreno favorable en árboles debilitados. El cambio climático no “crea” la enfermedad, pero reduce la capacidad de defensa del árbol y favorece el desarrollo del patógeno.

Los plátanos urbanos viven en condiciones que ningún árbol elegiría voluntariamente: suelos compactados; espacio radicular limitado; contaminación; islas de calor urbanas y podas intensivas. Ese estrés crónico hace que las ramas superiores —especialmente las horizontales gruesas— sean más vulnerables a infecciones oportunistas. Massaria tiene una peculiaridad preocupante: coloniza preferentemente la parte superior de ramas gruesas, donde la humedad puede acumularse tras las lluvias. Desde allí provoca necrosis del tejido cortical y puede comprometer la resistencia mecánica.

¿El enfermo está grave?

El plátano de paseo es, en esencia, un superviviente urbano con una tolerancia admirable al maltrato humano y micológico. Por eso, la buena noticia es que, en la mayoría de los casos, los plátanos sobreviven sin grandes dramas. La antracnosis rara vez mata árboles adultos; simplemente los hace pasar una primavera deprimente. El oídio suele ser un problema cosmético. Massaria sí puede requerir intervención por riesgo estructural de desprendimiento de ramas grandes, aunque por lo general solo provoca desprendimiento de ramitas y brotes.

Consejos prácticos de prevención y control

No existen soluciones mágicas, pero sí sentido común arborícola.

1. Mejorar ventilación; evitar copas excesivamente densas ayuda a reducir humedad persistente. Una poda técnica bien planificada favorece la aireación (nunca mutilaciones indiscriminadas).

2. Retirar hojas infectadas. Con antracnosis, recoger hojas caídas reduce el inóculo para la siguiente primavera.

3. Poda sanitaria. Con Massaria eliminar las ramas afectadas es crucial. Debe hacerlo personal cualificado, especialmente en arbolado urbano.

4. Fungicidas (con prudencia). Para la antracnosis los tratamientos solo son realmente eficaces los preventivos y muy tempranos. Para el oídio pueden utilizarse si el problema es severo. Con Massaria, el tratamiento químico no suele ser la solución principal; prima la gestión estructural. En arbolado urbano adulto, el tratamiento químico suele ser poco práctico y a menudo innecesario.

5. Mantener el árbol vigoroso: riego adecuado en sequías prolongadas; evitar compactación del suelo; reducir estrés mecánico y podas excesivas. Un árbol vigoroso tolera mejor cualquier hongo oportunista.

El drama vegetal de la ciudad

Curiosamente, muchas de estas enfermedades prosperan en condiciones que nosotros mismos favorecemos: podas agresivas, estrés hídrico, suelos compactados, primaveras alteradas por el cambio climático.

El plátano de paseo no eligió vivir alineado en bulevares; simplemente se adaptó. Y cuando enferma, no siempre es señal de decadencia irreversible. A menudo es solo la manifestación de un equilibrio alterado.

La próxima vez que vea hojas marrones en mayo o polvo blanco en junio, no imagine el fin de la avenida. Observe el calendario, mire dónde están los síntomas y recuerde: los árboles, como las ciudades, tienen achaques estacionales. Y casi siempre, si se les deja respirar, vuelven a vestirse de verde.